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Reverendísimo Joseph F. Naumann - Misa para iniciar la Vigilia Nacional de Oración por la Vida, 2020

 

Misa en la Vigilia de la Marcha por la Vida
Misa votiva en agradecimiento por el don de la vida humana
Basílica del Santuario de la Inmaculada Concepción
Washington, D.C.,
23 de enero de 2020

Lecturas: 2 Macabeos 7,1.20-31; Romanos 11,33-36; Lucas 1,39-56

I
Dimensión desconocida

Cuando tenía la edad de la mayora de la asamblea de esta noche, en el milenio pasado (un montón de años), me encantaba mirar La dimensión desconocida. Para su época, se consideraba ciencia ficción de vanguardia. Un capítulo completo se filmó en una sala de hospital. Los médicos y los enfermeros llevaban barbijos para proteger a la paciente de infecciones. A medida que el programa avanzaba, era evidente que la paciente, cuyo rostro estaba completamente vendado, se había sometido a una serie de cirugías plásticas en un intento por corregir una grave desfiguración.

El cirujano principal le informó a la paciente atribulada que solo les quedaba intentar una cirugía más. Sin embargo, el médico tenía esperanzas de que esta vez tendrían éxito. Gran parte del capítulo creaba suspenso en el resultado de esta última cirugía. En la última escena, la cirugía final se había completado unos días atrás. Ahora es el momento de la verdad. Los enfermeros retiran las vendas y descubren el rostro de la paciente. La mujer es tremendamente bella.

No obstante, los médicos y los enfermeros sacuden la cabeza con escepticismo y consternación. Se disculpaban con la paciente por su fracaso mientras se quitaban los barbijos y revelaban su aspecto grotesco y abominable. Se oye la música de cierre mientras uno comienza a darse cuenta de que, en este mundo ficticio de La dimensión desconocida, lo bello es feo y lo horrendo es hermoso.

II
Moraleja de La dimensión desconocida

Nos reunimos estos días por la sombría conmemoración del 470 aniversario de las decisiones dobles trágicamente fallidas de la Suprema Corte: Roe v. Wade y Doe v. Bolton. La lógica retorcida de la Corte instituyó un supuesto derecho a una acción inherentemente perversa: el asesinato de niños por nacer inocentes. Las decisiones de 1973 del Alto Tribunal abrieron la puerta para una dimensión desconocida moral en la que se venera el mal como si fuera el bien.

Tristemente, durante los últimos 37 años, los partidarios del aborto se han vuelto más radicales e intolerantes. La fachada de hacer que el aborto sea seguro, legal y poco frecuente se ha reducido únicamente a mantener su legalidad. El asesinato del hijo propio se exalta como un acto heroico y valiente. Incluso la reglamentación de los centros para abortos para la protección de la salud de las mujeres encuentra una fuerte oposición.

Las feministas pioneras Susan B. Anthony y Alice Paul describieron el aborto como la máxima explotación de las mujeres, pero en esta dimensión desconocida éticamente enrevesada, ahora es aclamado como el pilar fundamental de los derechos de las mujeres.

Margaret Sanger, racista y eugenista, quien procura librar al mundo de demasiados niños pobres e indeseables, es aclamada como una noble humanitaria. Mientras tanto, el difunto Dr. Jerome LeJeune, que identificó la anormalidad cromosómica que ocasionaba el síndrome de Down, es denigrado por sus propios colegas porque se oponía a utilizar su descubrimiento para abortar a los niños a los que procuraba ayudar.

III
La coerción reemplaza a la elección

Tristemente, los días se han vuelto más oscuros, de muchas maneras, para los defensores de la vida. En los últimos años, los partidarios del aborto han abandonado su ingenioso eslogan de la elección. Los antiguos promotores de la elección ahora buscan coaccionar a los estadounidenses pro vida para que se vuelvan cómplices del asesinato de hijos en el vientre. Así lo demuestran los exigentes abortos financiados con impuestos, lo que obliga a ministerios como las Hermanitas de los Pobres a suministrar abortivos en sus planes de salud e iniciativas para forzar a los hospitales católicos a realizar abortos.

IV
El valor de una madre y sus siete hijos

La primera lectura de 2 Macabeos nos presenta el heroísmo de una madre judía y sus siete hijos. Un rey malvado procura forzar por medio de torturas y amenazas de muerte a siete hermanos a traicionar su fe judía violando sus leyes alimenticias y rindiendo culto a ídolos paganos. Cuando la tortura y el asesinato de cada uno de sus seis hermanos mayores no logró motivar a que abandonaran su fe en el Dios de Israel, el rey le promete amistad, riqueza y poder al más joven de ellos.

No obstante, el séptimo hermano rechaza las promesas de riqueza material y bienestar del sanguinario rey y, como sus seis hermanos, acata la exhortación de su heroica madre, que dice: “No sé cómo aparecieron ustedes en mis entrañas; no fui yo quien les dio la vida y el aliento, ni quien organizó su cuerpo. Es el creador del mundo, que hizo todas las cosas, quien forma al hombre desde el primer momento. Él, en su misericordia, les devolverá la vida y el aliento, pues ustedes, por las leyes de Dios, no piensan en ustedes mismos."

Jóvenes queridos, Jesús nunca prometió que ser discípulo sería fácil. Les dijo a sus primeros discípulos que, para seguir a Nuestro Señor, deben estar dispuestos a tomar su cruz. Debemos estar dispuestos a seguir a Jesús hasta el Calvario. En la actualidad se necesita heroísmo para respaldar la santidad de la vida humana.

En esta dimensión desconocida cultural y moral, para respaldar la santidad de la vida de los niños en el vientre materno, deberán enfrentar el ridículo y la exclusión social. Es posible que los sancionen en la academia y en su lugar de trabajo. Si los extremistas partidarios del aborto logran sus objetivos, ustedes y yo podríamos afrontar multas e incluso la encarcelación por nuestra negativa a cooperar con la vileza intrínseca que es el aborto.

V
Motivos para tener esperanza

¡Gracias a Dios no todo es pesimismo y desolación! En estos primeros días de 2020, hay signos de esperanza. A pesar de los medios seculares sesgados, décadas de persistentes iniciativas educativas provida han logrado que los jóvenes de nuestra nación sean más pro vida que sus padres. Más del 70 % de los estadounidenses se oponen al aborto en el 2o trimestre y más del 85 % se oponen al aborto en el tercer trimestre.

Los esfuerzos de más de 2700 centros de recursos para embarazos, que brindan amor y asistencia práctica a más de medio millón de madres por año, han ayudado a reducir de forma progresiva y considerable tanto el número como la tasa de abortos en nuestro país durante los últimos 30 años. También hay motivo para esperar que la Suprema Corte de Estados Unidos, que impuso por orden judicial nuestra actual política de aborto liberal, esté lista para regresar a los estados una mayor capacidad para proteger la vida de los niños por nacer.

VI
Aniversario de plata del Evangelio de la Vida

En poco más de dos meses, conmemoraremos otro aniversario importante. El 25 de marzo de 2020 es la Fiesta de la Anunciación, cuando el ángel le anunció a María que, por medio del poder el Espíritu Santo, concebiría en su vientre un embrión (un niño) que sería su hijo y el Hijo de Dios. También señala el 25o aniversario del hito y la encíclica profética de San Juan Pablo El Evangelio de la Vida.

San Juan Pablo no hizo referencia a ningún capítulo de La dimensión desconocida, pero nos advirtió sobre lo que denominaba “… un peligro sumamente grave y mortal: el de la confusión entre el bien y el mal, precisamente en relación con el derecho fundamental a la vida” (24). San Juan Pablo aconsejó: “Cuando la conciencia, este luminoso ojo del alma (Mt 6:22-23), llama al mal bien y al bien mal (Is 5:20), camina ya hacia su degradación más inquietante y hacia la más tenebrosa ceguera moral” (24).

San Juan Pablo escribió que la confusión moral se genera en parte a partir de una noción distorsionada de la libertad, una libertad que está desconectada de la verdad. Nuestra noción contemporánea cultural de la libertad es la capacidad de hacer lo que queramos, cuándo queramos, siempre que no lastimemos demasiado a otra persona. Esta es una libertad falsa que les permite a los fuertes imponer sus deseos sobre los débiles (19). La libertad separada de la verdad al final crea un Estado tirano que permite e incluso anima la eliminación de la vida en su estado más débil” (20).

VII
Protección de la santidad de la vida

San Juan Pablo alentó a los católicos a proteger la vida humana y la dignidad de la persona humana dondequiera y como sea que se las ataque. El Evangelio de la Vida no solo trata de la protección contra el aborto de los niños por nacer o contra la eutanasia de los adultos mayores. Juan Pablo escribió:

¿Y cómo dejar de considerar la violencia contra la vida practicada contra millones de seres humanos, especialmente niños, que son forzados a la pobreza, la malnutrición y el hambre por la injusta distribución de los recursos entre los pueblos y entre las clases sociales? ¿Y qué hay de la violencia inherente no solo a las guerras en cuanto tales, sino también al escandaloso tráfico de armas que engendra los muchos conflictos armados que manchan de sangre nuestro mundo? ¿Qué pasa con la propagación de la muerte causada por la alteración temeraria del equilibrio ecológico mundial, por el criminal tráfico de drogas o por la promoción de ciertos tipos de actividad sexual que, además de ser moralmente inaceptables, también suponen graves riesgos para la vida? Es imposible catalogar completamente la inmensa variedad de amenazas para la vida humanas, ¡son tantas las maneras, ya sean explícitas u ocultas, en las que aparecen en la actualidad!

Toda vez que la vida se vea amenazada o se menoscabe la dignidad de la persona humana, debemos levantarnos, como personas y como Iglesia, para defender a quienes no pueden defenderse.

VIII
Prioridad preponderante

Al mismo tiempo, San Juan Pablo expresó claramente que se debe prestar atención especial a los temas del aborto y la eutanasia. En ese sentido, mencionó tres razones por las cuales la protección de los niños por nacer debe ser una prioridad. En primer lugar, porque las leyes no defienden la vida de los niños por nacer, sino que destacan el aborto como un bien positivo y un derecho (11). En segundo lugar, el aborto ataca la vida humana “en el momento de su mayor fragilidad, cuando carece de los medios para autodefenderse” (11). Por último, San Juan Pablo observó que las consecuencias personales y sociales son más graves debido a que este “… se lleva a cabo en el corazón mismo y con la complicidad de la familia —la familia, que constitutivamente está llamada a ser el 'santuario de la vida'” (11). Además, la magnitud de la cantidad de vidas humanas destruidas por el aborto aumenta su importancia en comparación con otras amenazas para la vida. Desde 1973, 61 millones de niños por nacer han sido asesinados por medio del aborto y tienen una madre y un padre que han quedado marcados por la muerte de su hijo.

En noviembre, los obispos de Estados Unidos aprobaron un documento, Formando conciencias para una ciudadanía fiel, en el que intentaban ofrecer orientación para los católicos con respecto al ejercicio de su responsabilidad como votantes. Este documento incluye muchos temas sociales importantes que tienen una gran relevancia moral, como la reforma de la inmigración, el recibimiento y la atención de los refugiados, el cuidado de los pobres, el acceso a la atención médica, el rechazo del racismo y la intolerancia, la promoción de la libertad religiosa y el cuidado de la creación. Si bien todos estos temas y otros más son importantes y significativos para las decisiones que tomamos como votantes, por los motivos mencionados por San Juan Pablo, los obispos afirmaron que la protección de los niños por nacer sigue siendo una prioridad preponderante.

VIII
Caminar con las madres necesitadas: un año sirviendo

También en el mes de noviembre, los obispos recibieron con entusiasmo una iniciativa titulada Caminar con las madres necesitadas: un año sirviendo como la manera más apropiada de conmemorar el 25o Aniversario de la promulgación de El Evangelio de la Vida. Se anima a todas las diócesis y parroquias de Estados Unidos a evaluar la asistencia práctica y pastoral que actualmente está disponible para las madres embarazadas y las familias.

También les pedimos a las diócesis y parroquias que evalúen la eficacia de cómo damos a conocer los recursos disponibles para madres que atraviesan un embarazo complicado. Las dificultades pueden ser inmensas para las mujeres con embarazos inoportunos, especialmente las mujeres que están en la pobreza. De acuerdo con las estadísticas de prestadores de servicios de aborto, las mujeres que optaron por el aborto eran pobres, jóvenes y solteras: 75 % tenían bajos ingresos, 60 % tenían entre 20 y 30 años y 86 % eran solteras. ¿Imaginan las adversidades que enfrentaron estas mujeres?
 
En nuestras parroquias y vecindarios hay madres embarazadas y que crían hijos que también están necesitadas. Si bien muchos recursos para los embarazos se coordinan adecuadamente en los ámbitos regional y diocesano, es más fácil acercarse a las madres que padecen necesidades en cada localidad. Tenemos más de 17,000 parroquias católicas en Estados Unidos. Cada parroquia está en mejor posición para identificar los recursos de asistencia para embarazadas que están disponibles actualmente y para identificar las posibles carencias.

Como nos recuerda el Papa Francisco, nuestras parroquias son llamadas a ser “islas de misericordia en medio de un mar de indiferencia”. El 25o aniversario de El Evangelio de la Vida nos ofrece una maravillosa oportunidad para evaluar, ampliar y dar a conocer los recursos para las madres embarazadas y las familias que padecen necesidades. Caminar con madres necesitadas: un año sirviendo comienza oficialmente el 25 de marzo de marzo de 2020. Animo a cada uno de ustedes a ayudar a su parroquia a implementar esta iniciativa. También los animo a preguntar en su centro local de recursos para embarazadas de qué manera pueden ayudar. Por medio del amor podemos rescatar las vidas que actualmente no podemos proteger por ley.

Además de identificar carencias o áreas con recursos insuficientes, nuestra meta es tomar medidas concretas para ampliar la ayuda disponible para las madres, no solo durante el embarazo sino por meses e incluso años después del nacimiento del niño. Deseamos hacer todo lo posible para ayudar tanto a la madre como al niño, no solo a sobrevivir sino a prosperar.

En el Evangelio de esta noche, María nos ofrece el ejemplo perfecto cuando se traslada a una gran distancia en un terreno complicado para acompañar a Isabel durante los últimos meses de su embarazo. Todos podemos hacer algo para ayudar a las mujeres en nuestras comunidades que han dicho Sí y han dado la bienvenida al niño que llevan en el vientre.

IX
El Papa nos respalda

Por último, me reuní con el Papa Francisco la semana pasada, junto con otros 14 obispos de Kansas, Iowa, Missouri y Nebraska. Al principio de nuestra reunión, el Papa nos invitó a hacerle cualquier pregunta, plantear cualquier inquietud e incluso criticarlo. Nos pidió que fuéramos francos con él; de lo contrario, nuestra reunión sería una oportunidad desperdiciada. El Papa Francisco pasó casi tres horas con nosotros y nos permitió hablar sobre cualquier cosa que hubiera en nuestro corazón.

El Santo Padre se mostró entusiasmado cuando le hablé sobre la iniciativa Caminar con las madres necesitadas. El Papa Francisco estaba encantado con este esfuerzo para acompañar a las madres con embarazos complicados.

También le comuniqué que, en nuestra reunión de noviembre, los obispos de Estados Unidos afirmaron que la protección de los niños en el vientre materno sigue siendo una prioridad preponderante. Le dije que fuimos criticados y que incluso hasta nos acusaron de insultar al Papa.

El Papa Francisco se mostró muy sorprendido. Preguntó por qué. Le dije que se debía a que definimos que la protección de los niños en el vientre materno era una prioridad preponderante. Su respuesta inmediata fue que se trata de una prioridad preponderante. El Papa Francisco dijo que, si no defendemos la vida, ningún otro derecho tiene importancia.

El Santo Padre dijo que el aborto es, en primer lugar, una cuestión de derechos humanos. Por supuesto, nuestra fe explica y motiva nuestra preocupación por los niños en el vientre materno, pero la protección de esas vidas no es un asunto de fe religiosa sino la defensa del derecho humano más fundamental. El Papa Francisco estaba al tanto de la Marcha por la Vida en Estados Unidos y se alegró al saber la gran cantidad de peregrinos prevista, especialmente la participación de tantos jóvenes.

Al principio de nuestra reunión, el Papa Francisco dijo que solicitó que nuestra conversación fuera confidencial para que tanto él como nosotros pudiéramos hablar libremente. Sin embargo, el Santo Padre me alentó y, me animo a decir, me ordenó que les dijera a los peregrinos en la Marcha por la Vida y a toda la comunidad Pro Vida: “¡El Papa está ustedes!”. ¡El reza por ustedes! ¡Él los apoya! ¡Los anima a perseverar! El Santo Padre me pidió que les agradeciera especialmente a quienes trabajan en nuestros centros de recursos para embarazadas por acompañar a estas mujeres que atraviesan embarazos complicados, por ser parte de estas islas de misericordia. Dios y catorces obispos son mis testigos de que el Papa Francisco apoya con gran entusiasmo las iniciativas Pro Vida de la Iglesia. El sucesor de Pedro nos respalda.

X
La vida vencerá

Cuando te nombran obispo, te invitan a escoger un lema episcopal. Por lo general, el lema es una frase de la Sagrada Escritura. En mi caso, es: La vida vencerá. ¡No es de la Sagrada Escritura sino de El Evangelio de la Vida del Papa Juan Pablo!

En parte, escogí este lema debido a mi larga participación en el apostolado Pro Vida de la Iglesia. Este expresa una confianza en que Dios bendecirá nuestros esfuerzos y, con Su divina ayuda, lograremos restaurar el respeto por la santidad de toda vida humana, sin importar la edad ni la etapa de desarrollo, sin importar la raza ni la etnia, sin importar las capacidades mentales o físicas.

Lo escogí incluso más porque rezo para que mi ministerio como obispo traiga esperanza a otros, una esperanza que no se base en la sabiduría ni la fortaleza humanas, sino en el amor de Dios revelado en el embrión concebido en el vientre de María, el bebé que nació en la cueva en Belén, el hombre que, por medio de Su ministerio, liberó a muchos de la esclavitud del pecado, quien, en última instancia, dio Su vida por nosotros en el Calvario y venció el poder de la muerte por medio de Su Resurrección, la máxima victoria de la vida.

Nuestro Señor ya obtuvo la victoria de la vida y ustedes y yo tenemos el privilegio de ser parte de su desarrollo en este lugar particular y este momento en la historia. La verdad de Su Evangelio puede liberarnos y nos libera de la confusión moral y el caos de nuestro tiempo.

Jesús no les prometió a sus discípulos que el esfuerzo sería sencillo. Pero les enseñó que Su yugo es suave y Su carga liviana. No se trata de que lo que Él nos pide no sea difícil, sino que Nuestro Señor nos promete acompañarnos y sostenernos. También prometió que, si perdemos la vida por seguirlo, tendremos vida abundante en este mundo y vida eterna con él por siempre en Su Reino Celestial. ¡Jesús es el Señor de la Vida! De hecho, ¡la vida vencerá! Amén.



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