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2012 Declaración para el mes respetemos la vida

 

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Cardenal Daniel N. DiNardo, Presidente
Comité para las Actividades Pro-Vida
Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

25 de septiembre de 2012

Este mes de octubre la Iglesia Católica en los Estados Unidos observará el Mes Respetemos la Vida. Esta tradición anual está en su cuadragésimo primer año.

A partir del 7 de octubre, Domingo Respetemos la Vida, los católicos de nuestra nación serán llamados a renovar su compromiso personal para defender toda vida humana, en especial los miembros más vulnerables de la familia humana. Demostrarán su compromiso de diversas maneras: participando en actos de oración y conferencias educativas, dando testimonios públicos y abogando por la vida, y ayudando a ofrecer a los necesitados servicios eclesiales y comunitarios.

El tema del Programa Respetemos la Vida de este año es uno que el papa Benedicto XVI ha expresado: “La fe abre nuestros ojos a la vida humana en toda su belleza y su esplendor”. Reiteró esta idea durante su reciente visita a Líbano:

La eficacia del compromiso por la paz depende de la concepción que el mundo tenga de la vida humana. Si queremos la paz, defendamos la vida. Esta lógica no solamente descalifica la guerra y los actos terroristas, sino también todo atentado contra la vida del ser humano, una criatura querida por Dios. […] La grandeza y la razón de ser de toda persona solo se encuentra en Dios.  Así, el reconocimiento incondicional de la dignidad de todo ser humano, de cada uno de nosotros, y la del carácter sagrado de la vida, comportan la responsabilidad de todos ante Dios.  Por tanto, debemos unir nuestras fuerzas para desarrollar una sana antropología […] de la persona. Sin ella, no será posible construir la paz verdadera.

Estos vínculos entre la fe, la dignidad inherente y los derechos de los seres humanos, y una sociedad justa y pacífica también eran comprendidos por los Padres Fundadores de Estados Unidos. Como señaló George Washington en su “Discurso de despedida”: Sólo a base de una gran cautela podríamos lisonjearnos con la suposición de que la moralidad pueda sostenerse sin la religión. … [L]a razón y la experiencia nos impiden confiar en que la moralidad nacional pueda existir eliminando los principios de la religión.

¿Cómo pueden las personas coexistir, mucho menos prosperar, en una sociedad que carece de la creencia compartida que estamos llamados a cuidar a los que no son capaces de cuidarse a sí mismos, a no abandonarlos, abusarlos ni asesinarlos? Esos principios morales básicos han sido útiles a la civilización durante miles de años.

Sin embargo en las últimas décadas, muchas personas que influencian la política pública han promovido diversas excepciones a estos principios.

Inicialmente, el abandono médico de las personas más vulnerables al comienzo y final de la vida —quienes tienen discapacidades o una enfermedad posiblemente fatal— se toleraba como una excepción a las normas aceptadas de cuidados médicos. Con el tiempo, el abandono llevó a la aceptación de medidas activas para poner fin a la vida de los seres humanos, cuya existencia se veía como una “carga”. Ahora la inducción temprana y el aborto en embarazos avanzados por “anormalidades en el feto”, y la muerte asistida por los médicos mediante una sobredosis a los enfermos y ancianos, no solo están aprobadas por el estado sino que incluso están financiadas con fondos públicos en algunos estados.

En esta nación, hasta los niños sanos en gestación corren el riesgo de ser asesinados en cualquier momento antes del nacimiento, en base a Roe vs. Wade.

Muchos procedimientos de fertilidad utilizados para ayudar a las parejas a llevar un bebé a su hogar resultan en la muerte de muchos embriones por cada uno que nace. Cuando los bebés “excedentes” se implantan exitosamente y se desarrollan en el seno de la madre o de la madre de alquiler, los especialistas en fertilidad a menudo proponen una “reducción selectiva”, induciendo un ataque cardíaco en cada niño “excedente”.  Los National Institutes of Health aún financian la investigación con células madre embrionarias humanas (CMEh), que implica el asesinato de los embriones humanos para recolectar sus células madre, a pesar del extraordinario historial de células madre adultas y de la sangre del cordón umbilical para ayudar a los pacientes con 72 enfermedades y la falta de resultados similares con las CMEh.

Hasta hace poco, al menos había excepciones para los profesionales de la salud que, por cuestiones de fe y conciencia, no participaban en asesinatos o en otros procedimientos que creían que eran gravemente malos. Sin embargo ahora muchos funcionarios del gobierno creen que el máximo acceso a todos los “derechos reproductivos”, es decir, aborto, esterilización, anticonceptivos y drogas abortivas, termina con el derecho de los creyentes de vivir y actuar conforme a su fe.

Conforme al mandato de “servicios preventivos” de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio, los empleados católicos y la mayoría de las instituciones católicas que ofrecen cobertura de salud a sus empleados, serán obligados a cubrir todos estos elementos inaceptables. Según la norma de la administración, incluso las personas que trabajan para estas instituciones católicas no tendrán derecho a rechazar dicha cobertura para sí mismos o sus hijos menores de edad.

Como siempre, los materiales educativos en el Programa Respetemos la Vida de este año cubren una amplia gama de temas relacionados con la promoción de la dignidad humana y los derechos humanos, el primero de los cuales es el derecho a la vida. El aborto sigue siendo una preocupación primordial, aunque ciertamente no la única, al cercarnos al 40mo. aniversario de Roe v. Wade en enero de 2013.

El número de muertos por abortos en todo el país desde 1973 es sorprendente, equivalente a todas las poblaciones juntas de California, Oregón, Washington, Idaho, Utah y Nevada. Para decirlo de otro modo, es como si cada hombre, mujer y niño que ahora vive en los estados de la Costa del Golfo desde Texas a Florida, o cada persona que vive en los estados de la Costa Atlántica desde Maine hasta Virginia, hayan perecido.

Y, sin embargo, la cantidad de muertes solas no puede comenzar a transmitir el pleno impacto de la pérdida para las familias y para nuestra nación de cada ser humano único e irrepetible, que fue creado con la capacidad de amar, aprender, compartir y contribuir a sus familias y a nuestro país. Ni tampoco pueden las cifras transmitir la profundidad de la pena y el dolor que sufren los padres y abuelos de los niños abortados, muchos de los cuales se contactan con el ministerio posaborto de la Iglesia Católica (Ministerio Proyecto Raquel) para recibir alivio de su sufrimiento, sanación, perdón y esperanza.

¿Puede alguien decir que nuestro país está mejor ahora gracias a Roe v. Wade que hace cuarenta años? Los lazos cercanos, los compromisos y sacrificios por los demás que las familias y los barrios, organizaciones civiles y comunidades antes emulaban, gradualmente han ido desapareciendo.

Gracias a Dios, están emergiendo señales positivas que dan razones para tener esperanza. Las encuestas muestran que los habitantes de EE. UU. se identifican cada vez más como pro vida.  En los estados, en los últimos años el cambio ha resultado en la aprobación de cantidades de leyes pro vida, lo cual sin duda contribuye a una sostenida baja en la cantidad de abortos. Los jóvenes que han llegado a ser mayores de edad después de que el Beato Papa Juan Pablo II inaugurara la Jornada Mundial de la Juventud no solo abrazan la causa de la vida, sino que participan de manera activa en la promoción de la vida mediante los medios de comunicación sociales y los servicios a los necesitados. También los católicos adultos, que han estado expuestos durante años a las caricaturas de los medios sobre la doctrina católica, a menudo se sorprenden por la sabiduría y santidad de esas enseñanzas cuando se les ofrece una oportunidad de aprender más acerca de ellas. Es por eso que el Mes Respetemos la Vida y el Año de la Fe son de vital importancia. Durante octubre, y durante todo el Año de la Fe anunciado por el Papa Benedicto XVI y que comenzará el 11 de octubre, los católicos están invitados a aprender más profundamente sobre las doctrinas de nuestra fe. Por nuestra parte, necesitamos vivir estas doctrinas con mayor fidelidad, dar testimonio de ellas de manera resplandeciente en nuestras acciones y proponerlas a otros de maneras originales y atractivas.

Por nuestra defensa inquebrantable de la vida humana y la libertad religiosa, por nuestro testimonio de la naturaleza trascendente de la persona humana, y por nuestro servicio compasivo a nuestros hermanos y hermanas necesitados, que suscitemos una renovación de amor y compromiso al verdadero bien de nuestro prójimo. Solamente un amor que busca servir a los más necesitados, sin importar nuestro costo personal, es lo suficientemente fuerte para vencer la cultura de la muerte y construir una civilización digna de seres humanos creados a imagen de Dios.



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