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La Pobreza Y El Aborto Un Círculo Vicioso

 
“Mi novio Jimmy y yo íbamos de refugio en refugio simplemente para estar abrigados cuando el frío del invierno nos azotaba. Yo estaba con Jimmy y embarazada”.
– Anna*


“En varias ocasiones, tuvimos que sufrir la falta de techo. Recuerdo dormir en el banco de un parque y en paradas de autobuses… En el año 2009, me enteré de que estaba embarazada, de mi hija Mia. Y antes de estar embarazada de ella, había estado embarazada antes. Aborté… Entonces esta vez, quería hacer las cosas bien. Quería elegir la vida”.
– Jacqueline*

El Papa Francisco ve una conexión más profunda entre los pobres y los niños por nacer. Ambos se encuentran entre las primeras víctimas de una “sociedad del descarte”, una actitud que ve a las personas como descartables cuando no cumplen los intereses egoístas de quienes tienen más poder.


Anna y Jacqueline* describen una situación grave que es demasiado común. En todo caso, las encuestas indican que las mujeres de bajos recursos están en contra del aborto más que otras mujeres. Sin embargo, las realidades económicas presionan a muchas para que actúen en contra de sus convicciones. Desde hace tiempo esto es una realidad alarmante, y está empeorando.

En un estudio de 2005, el 73% de las mujeres que abortaron dijo que el no poder hacer frente a los gastos para un bebé en ese momento era uno motivo para abortar. Esa cifra se elevó al 81% para las mujeres clasificadas federalmente como pobres.1 Y aunque la tasa de abortos para las mujeres de EE. UU. cayó un 8% entre 2000 y 2008, entre las mujeres pobres de EE. UU. Aumentó un 18%.2

La presión económica y la política del gobierno sobre el aborto pueden combinarse para empeorar las cosas. Un estudio descubrió que las mujeres pobres que tienen Medicaid duplican la tasa de aborto de otras mujeres en su estado. Si el pro grama de Medicaid del estado paga los abortos optativos, su tasa de aborto era más de cuatro veces la de otras mujeres.3 Al ofrecer abortos “gratuitos”, el gobierno efectivamente pone el dedo en la balanza para favorecer la muerte del niño por nacer. En contraste, si estos programas continúan financiando la atención de madres y bebés pero dejan de financiar abortos, los abortos entre mujeres del programa se reducen hasta un 35%.4

Durante muchos años, los legisladores han debatido si deberíamos reducir los abortos combatiendo la pobreza o aprobando leyes en favor de la vida. La pregunta está fuera de lugar. No es cuestión de una cosa o la otra, sino de las dos. Se necesita abordar la pobreza y las malas políticas de aborto.

Así que la pobreza puede llevar a un aumento de los abortos. ¿De qué manera el aborto afecta la pobreza?

Aquí tenemos que considerar una tendencia denominada “la feminización de la pobreza”. Las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de ser pobres, y de estar en la “pobreza extrema” (con un ingreso menor que la mitad de la línea de pobreza federal). Las cifras de la Oficina de Censos de EE. UU. muestran que 5 millones más de mujeres que hombres eran pobres en 2012. Casi el 31% de los hogares encabezados por una mujer soltera se clasifican como pobres, en comparación a un 6% de los hogares encabezados por una pareja casada.5 Las mujeres encabezan más del 80% de los hogares monoparentales, y casi la mitad de los niños que viven solamente con su madre es pobre.6 Por tanto, la pobreza en Estados Unidos por lo general es una historia de mujeres y niños pobres, sin un hombre en el hogar.

Algunos observadores sociales alguna vez pensaron que la legalización del aborto solucionaría este problema. Si las mujeres pobres solteras tuvieran acceso al aborto, podrían evitar las dificultades de tratar de criar a un hijo solas sin recursos. Pero después de más de cuarenta años de la legalización del aborto, los nacimientos fuera del matrimonio han aumentado, y la crisis de las mujeres pobres ha empeorado.

A partir de la década de 1990, investigaciones innovadoras han demostrado que el “shock tecnológico” del aborto y los anticonceptivos ampliamente disponibles ha aumentado los nacimientos extramatrimoniales. Anteriormente, se aceptaba en gran medida que un embarazo no deseado fuera del matrimonio debía llevar al hombre a ofrecer matrimonio. Una vez que el uso de los anticonceptivos y el aborto se extendieron, el mismo embarazo llegó a verse como responsabilidad de la mujer, y como su problema. La obligación del hombre puede terminar con una oferta de pagar el aborto; si la mujer se niega, por lo general enseguida termina siendo una madre soltera. Hoy más del 40% de los nacimientos son extramatrimoniales.7

¿Qué sucede si la mujer se practica el aborto? Además de sufrir cargas psicológicas y espirituales como persona, podría encontrar que el aborto ha envenenado sus relaciones. Se dice que la tasa de rupturas matrimoniales y disolución de relaciones después de un aborto está entre un 40 y 75 por ciento, por lo general relacionadas con una ruptura en la intimidad y la confianza.8 Y eso por lo general deja a las mujeres solas para ocuparse de ellas y de sus otros hijos. De hecho, el sesenta por ciento de los abortos se realizan a mujeres que ya tienen uno o más hijos.

Se ha llamado al matrimonio “la mayor arma de Estados Unido contra la pobreza infantil”.9  Así también, todo lo que interrumpa las relaciones duraderas socava la capacidad de hombres y mujeres de unirse para tener un futuro prometedor para ellos y sus hijos. En resumen, la pobreza puede llevar al aborto, y el aborto puede llevar a más pobreza.

El Papa Francisco ve una conexión más profunda entre los pobres y los niños por nacer. Ambos se encuentran entre las primeras víctimas de una “sociedad del descarte”, una actitud que ve a las personas como descartables cuando no cumplen los intereses egoístas de quienes tienen más poder.

En Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio),10 el Papa Francisco rededicó la Iglesia a la solidaridad con los pobres y marginados, incluidas las mujeres que son “doblemente pobres” porque “sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia”. Agregó: “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos”. A quienes abandonarían a los niños por nacer para ser más “progresistas”, insistió: “No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”. Luego dijo que no se ha hecho lo suficiente para “acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza” (nos. 212-214).

Al defender a los niños por nacer, a quien la Madre Teresa llamaba “los pobres entre los pobres”, resistimos una actitud de “la ley del más fuerte” que ignora a los  necesitados, incluidas las mujeres pobres, muchas de las cuales se sienten presionadas a abortar. Y al defender las necesidades de los pobres, nos oponemos a una mentalidad que trata la misma vida de algunos seres humanos, cualquier ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, como sin importancia o molesta.

Anna y Jacqueline tuvieron suerte. Encontraron una red de apoyo de la Iglesia que brinda apoyo material, emocional y espiritual para mujeres con embarazos no deseados. Miles de centros para atención del embarazo de todo el país brindan ese apoyo todos los días, asegurando a las mujeres que atraviesan una crisis que ella y sus hijos por nacer realmente importan.**

Debemos apoyar estos centros y ofrecernos como voluntarios o abrir nuestro hogar a una embarazada necesitada. Y todos podemos apoyar a animar a nuestro gobierno y a otras instituciones a que apoyen la vida. Siempre deben ayudar y apoyar a las madres e hijos, y nunca ofrecer pagar la destrucción de la vida como una “solución” a los desafíos que enfrentan las mujeres. El llamado a defender la dignidad y el bienestar de las mujeres y los de sus hijos por nacer, es uno y el mismo.

* Se han cambiado los nombres para proteger la privacidad de las personas mencionadas.
** Para enterarte sobre recursos en tu área, comunícate
con la oficina diocesana Pro Vida o Respetemos la Vida.


1 L. Finer et al. en Perspectives on Sexual and Reproductive Health, sept. 2005, págs. 110-118 en 115.
2 R. Jones y M. Kavanaugh, en Obstetrics & Gynecology, junio de 2011, págs. 1358-1366 en 1362.
3 R. Jones et al. en Perspectives on Sexual and Reproductive Health, sept./oct. 2002, págs. 226-35 en 231.
4 S. Henshaw y R. Jones, Guttmacher Institute, 20 sept. de 2007, en http://paa2008.princeton.edu/papers/80673.
5 “Poverty in the United States: A Snapshot,” National Center for Law and Economic Justice, en http://www.nclej.org/poverty-inthe-
us.php (acceso julio de 2014).
6 “Single Mother Statistics”, 23 de junio de 2014, en http://singlemotherguide.com/single-mother-statistics/.
7 Vea H. Alvare in Villanova Law Review (2013), págs. 379-436 en 408-11, http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=
2272821.
8 The deVeber Institute, Women's Health after Abortion: The Medical and Psychological Evidence, Capítulo 15, en http://www.deveber.org/text/whealth.html#fifteen (acceso julio de 2014).
9 R. Rector, Heritage Foundation Backgrounder #2465, 16 de sept. de 2010, en http://www.heritage.org/research/reports/2012/09/marriage-americas-greatest-weapon-against-childpoverty#_ftn1.
10 Ver Papa Francisco La alegría del Evangelio (Evangelii gaudium). (Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2013).

Extractos de La alegría del Evangelio (Evangelii gaudium). © 2013 Libreria Editrice Vaticana. Se usa con permiso. Se reservan todos los derechos.

 

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