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La Catequesis y el Compromiso Profético de la Iglesia hacia la Familia en Nuestros Días

 

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La Catequesis y el Compromiso Profético de la Iglesia hacia la Familia en Nuestros Días

Maria G. Covarrubias

"Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda la creación" (Mc 16,15). Este mandato de Cristo nos llama a cada uno a proclamar la Buena Nueva de Jesús y a transmitir su mensaje a las generaciones futuras profesando, viviendo y celebrando nuestra fe.  El Directorio Nacional para la Catequesis explica que la evangelización y la catequesis se cuentan entre los principales e indispensables recursos mediante los cuales la Iglesia transmite la fe (DNC #15).  Por medio de la catequesis se transmiten los hechos y las palabras de la Revelación de Dios a  través de la proclamación y narración; se esclarecen los misterios de fe; se Interpretan los signos de los tiempos y la vida de los hombres y mujeres a la luz de la revelación de Dios, ya que en ellos se realiza el designio de Dios para la salvación del mundo.

El propósito de la evangelización y la catequesis es dar lugar a la fe y la conversión. La conversión "es fruto de la gracia de Dios y de la libre respuesta a la efusión del Espíritu Santo". Esta conversión es la aceptación de una relación personal con Cristo e implica un compromiso genuino con Él y una decisión personal de seguirlo como su discípulo (DNC #15B).  La evangelización y la catequesis buscan tanto el cambio interior de la persona como la transformación externa de las sociedades.

El Directorio General para la Catequesis plantea que los padres de familia son los primeros educadores en la fe de sus hijos.  La familia es el ámbito donde la catequesis se da de una forma natural y espontánea.  El testimonio de vida cristiana, ofrecido por los padres en el seno de la familia, llega a los niños envuelto en el cariño y el respeto materno y paterno. Los hijos perciben y viven gozosamente la cercanía de Dios y de Jesús que los padres manifiestan, hasta tal punto, que esta primera experiencia cristiana deja frecuentemente en ellos una huella decisiva que dura toda la vida. Este despertar religioso infantil en el ambiente familiar tiene, por ello, un carácter "insustituible" (DGC 226).

En un momento histórico en que el matrimonio y la familia son objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirlos o deformarlos, la Iglesia consiente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculados al bien del matrimonio y la  familia, siente de manera más viva y urgente su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad así como su promoción humana y cristiana, contribuyendo de este modo a la renovación de la sociedad y del mismo pueblo de Dios (Santo Papa Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 1981).

El compromiso profético de la Iglesia la lleva a analizar los "signos de los tiempos"  y a dar una respuesta al llamado de Dios en el momento y situación donde nos encontremos, abordando el significado de la acción de Dios en nuestras vidas cotidianas y exigiendo justicia de individuos y comunidades.  Este compromiso profético con y por la familia y el matrimonio nos confronta con el pecado que daña la familia y las relaciones matrimoniales; pero a la vez nos ofrece la esperanza de que Dios siempre permanece con nosotros amándonos, cuidándonos, y fortaleciéndonos para alcanzar la vida en abundancia que nos ha prometido.  

Señales recientes de este profundo compromiso de la Iglesia por la familia y el matrimonio han sido los acontecimientos de los dos últimos años a favor de estos dos pilares de la Iglesia y la sociedad.  La III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, convocada por el Papa Francisco bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización».  Esta asamblea se llevó a cabo en la Ciudad  del Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre de 2014.  A principios del 2015, aquí en los Estados Unidos,  la Arquidiócesis de Filadelfia presentó una catequesis preparatoria para el Octavo Encuentro Mundial de las Familias basada en el tema El Amor es Nuestra Misión: La Familia Plenamente Viva. Este Octavo Encuentro de las Familias tuvo lugar en Filadelfia del 22 al 27 de septiembre de 2015.  En este mismo año, del 4 al 25 de octubre de 2015 se celebró  la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos sobre el tema «la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo» para reflexionar sobre los puntos tratados en el Sínodo extraordinario de obispos sobre la familia, con el fin de formular orientaciones pastorales adecuadas para la atención pastoral de la persona y la familia.  Y para coronar todos estos esfuerzos, el Santo Padre Francisco presentó a la Iglesia universal la Exhortación Apostólica Postsinodal "Amoris Laeitia"  (La Alegría en el Amor) el 19 de marzo del 2016. En esta exhortación el Santo Padre recoge los aportes de los dos recientes Sínodos sobre la familia, e incluye sus propias consideraciones para orientar hacia la reflexión, el dialogo o la praxis pastoral, ofreciendo  aliento, estímulo y ayuda a las familias en su entrega y en sus dificultades.  Esta exhortación, en primer lugar, es una propuesta para las familias cristianas, para que las estimule a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia. En segundo lugar, procura alentar a todos para que sean signos de misericordia y cercanía allí donde la vida familiar no se realiza perfectamente o no se desarrolla con paz y gozo (La Alegría en el Amor p 5).

La familia latina o hispana

En general, la familia latina o hispana Católica tiene un instinto natural para transmitir la fe y los valores cristianos.  Su sentido profundo de comunidad nos hace caminar juntos con amor y esperanza; compartiendo lo bueno, apoyándonos en los momentos difíciles y celebrando todas las etapas de la vida.

La mayoría de las familias latinas o hispanas viven su fe con confianza y abandonamiento en Dios  haciendo posible la transmisión de la fe.  Pero, ¿Cómo sucede esto? A continuación propongo algunas respuestas a esta pregunta.  La familia latina o hispana:    

  • Tiene un gran sentido de esperanza, acompañamiento y encuentro.  Esto se ve en el fervor de las peregrinaciones y las celebraciones familiares… Hay cantos que expresan esto como Santa Maria del Camino, Caminaré, Juntos como Hermanos; y más. Creemos que estamos en el camino, y entendemos que esta vida no es nuestro destino.

  • Vive el sufrimiento con esperanza y como medio para su salvación. Demuestra confianza en la providencia de Dios con un sentido de dependencia en su misericordia. 

  • Tiene una espiritualidad Mariana muy profunda. Un fuerte sentido del amor maternal de Dios a través de Maria. María es considerada madre y el camino para llegar a Jesús.

  • Utiliza la religiosidad popular como medio para expresar y fortalecer la fe a través de las novenas, los rosarios, las bendiciones cotidianas, las mandas, las peregrinaciones, los rituales, etc.

  • Confía en los santos y en su intercesión.

  • Ora por los fieles difuntos y los lleva en la mente y el corazón. 

  • Ejercita una fuerte estima por la familia, incluyendo la familia extensa. Fomenta el valor y respeto por la comunidad, aspecto muy importante de nuestra fe católica.

  • Fomenta un gran sentido de celebración - ¡Celebrando aún la muerte!

  • Teje la fe en la tela de la vida que incluye el pasado, el presente y el futuro.

Estos signos de fe y esperanza deben cuidarse y fomentarse reconociendo que la transmisión de la fe en nuestras familias requiere de esfuerzos intencionados. Más que nunca, los padres y madres deben de estudiar y practicar su fe regularmente.  Es de vital importancia, que el papá acepte el papel tan importante que tienen en la  transmisión de la fe en sus familias. Hoy más que nunca se necesitan hombres que así como inspiran en sus hijos el amor al deporte también muestren esa misma pasión en transmitir la fe. Que intencionalmente oren con su familia, que hablen de su experiencia  de Dios, que lean y reflexionen sobre las enseñanzas de la biblia con sus hijos; y que sean claros en los valores cristianos que desean enseñarles. La transmisión de la fe es responsabilidad de todo padre y madre. 

Con íntimo gozo y profunda consolación, la Iglesia mira a las familias que permanecen fieles a las enseñanzas del Evangelio, agradeciéndoles el testimonio que dan y alentándolas.  La Iglesia es familia de familias, constantemente enriquecida por la vida de todas las iglesias domésticas. La Iglesia es un bien para la familia, la familia es un bien para la Iglesia. Custodiar este don sacramental del Señor corresponde no solo a la familia individualmente sino a toda la comunidad cristiana (La Alegría del Amor 86-87). ¡Con ánimo, comprometámonos a seguir siendo transmisores de la fe!  

 

Referencias:

Directorio Nacional Para la Catequesis, United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C., 2005.

Directorio General Para la Catequesis, Librería Editrice Vaticana, Citta del Vaticano, 1997.

John Paul II, Familiaris Consortio, Citta del Vaticano, 1981.

Papa Francisco, La Alegria del Amor, Citta del Vaticano, 2,016.

La Biblia Latinoamericana, Editorial Verbo Divino, España, 1995.

 


© 2016 Maria Covarrubias

María G. Covarrubias es directora del Ministerio para la Catequesis en la Diócesis de San Bernardino en California. Es autora de la Iniciativa Diocesana para el matrimonio y la familia en su diócesis. Ha sido conferencista a nivel local, regional y nacional sobre la catequesis, la familia y el matrimonio.  Fue la primera presidenta de la Federación Nacional para la Catequesis con Hispanos. Tiene una Maestría en Estudios Religiosos de la Universidad de Mount St. Mary's.  

 



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