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September 17, 2017

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Living as Missionary Disciples

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50 YEARS AFTER ITS PUBLICATION

The ministry of the Word is a fundamental element of evangelization through all its stages, because it involves the proclamation of Jesus Christ, the eternal Word of God.

“The word of God nourishes both evangelizers and those who are being evangelized so that each one may continue to grow in his or her Christian life”

(National Directory for Catechesis [NDC] [Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 2005], no. 17).

 

Adulto Formacion de Fe - Padre Dick Hauser SJ

 

Catechetical Sunday 2016 Poster in Spanish

Seguir a Cristo en el Espíritu Santo: El discernimiento del Espíritu Santo

por el P. Dick Hauser, SJ

Los cristianos están llamados a ser discípulos de Jesucristo. El discipulado comienza con el encuentro con Cristo, cuando uno decide seguir a Jesús. Guardar los Diez Mandamientos viene después, cuando uno se encuentra con Cristo y decide hacer su voluntad. Este es un proceso de dos etapas de conversión inicial y permanente, de asentimiento interno y externo que puede suceder simultáneamente a medida que maduramos como cristianos. Esta maduración nos lleva a un nivel cada vez más profundo del discipulado con Cristo. El Espíritu Santo nos mueve desde una conformidad externa de acciones a una respuesta interna a Cristo, para seguir a Cristo en el Espíritu Santo. "La Redención realizada por el Hijo en el ámbito de la historia terrena del hombre —realizada por su 'partida' a través de la Cruz y Resurrección— es al mismo tiempo, en toda su fuerza salvífica, transmitida al Espíritu Santo: que 'recibirá de lo mío'" (Dominum et vivificantem, no. 11) Toda la espiritualidad cristiana fluye de responder al Espíritu Santo. De aquí , por lo tanto, la palabra "espiritualidad".

Sabemos que la oración es un don del Espíritu Santo. Implica dejar las preocupaciones externas y escuchar y responder a la voz interna del Espíritu Santo que se eleva dentro de nuestro corazón. San Pablo es claro en esto cuando dice: "El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen" (Rm 8:26-27).

El discernimiento del Espíritu Santo es también un don del Espíritu Santo. Nuestras reflexiones se centran en la presencia de Dios a través del Espíritu Santo, que se nos ha dado a través de la fe y el bautismo. El discernimiento del Espíritu Santo es escuchar y responder a la voz del Espíritu Santo que se alza en medio de las actividades cotidianas. Es ser consciente de las fluctuaciones internas de nuestro corazón y aprender a discernir los movimientos que fluyen del Espíritu Santo de los que no lo hacen. Las Epístolas y los Evangelios nos invitan a ser discípulos "en el Espíritu Santo", la tercera persona de la Santísima Trinidad.

Discernir el Espíritu Santo: San Pablo

La carta de san Pablo a los gálatas es útil para captar el discernimiento del Espíritu Santo. Como buenos judíos, los gálatas vivían su pacto con Dios con la fidelidad a la ley externa. Los judíos fieles observaban concienzudamente la totalidad de los 613 preceptos de la Torá. San Pablo aseveró que en cierto sentido se han convertido en esclavos de la ley externa. A continuación, san Pablo explicó que la conversión a Cristo trae una nueva libertad. El eje de la observancia religiosa se ha desplazado de responder a la ley externa a responder a la ley interna del Espíritu Santo escrita en sus corazones.

Pero, advierte san Pablo, no se puede confiar en todos los movimientos internos del corazón. Los gálatas deben aprender a distinguir los movimientos interiores del corazón que fluyen desde el Espíritu Santo de los que no lo hacen: los que provienen de la carne. "Los exhorto, pues, a que vivan de acuerdo con las exigencias del Espíritu; así no se dejarán arrastrar por el desorden egoísta del hombre. Este desorden está en contra de Espíritu de Dios, y el Espíritu está en contra de ese desorden. Y esta oposición es tan radical, que les impide a ustedes hacer lo que querrían hacer. Pero si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley" (Ga 5:16-18).

Luego, san Pablo señala ejemplos de obras de la carne: lujuria, impureza, libertinaje, idolatría, enemistades, rivalidades, celos, egoísmo, divisiones, discordias, orgías: "Les advierto, como ya lo hice antes, que quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios" (Ga 5:21). También señala ejemplos de obras del Espíritu Santo o "frutos": amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, generosidad, fidelidad, bondad, dominio de sí mismo. San Pablo concluye simplemente: "Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu" (Ga 5:25).

Discernir el Espíritu Santo: Jesús

Jesús da pautas concretas para reconocer el Espíritu Santo y vivir en él: los mandamientos sobre el amor. Un maestro de la ley estaba poniendo a prueba a Jesús y preguntando sobre la herencia de la vida eterna. "Jesús le dijo: '¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?' El doctor de la ley respondió: 'Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo'.  Jesús le dijo: 'Has contestado bien; si haces eso, vivirás'" (Lc 10:27-28).

Las pautas de Jesús para vivir en el Espíritu Santo se centran en el movimiento interior de nuestro corazón hacia el amor. El criterio de Jesús para reconocer el Espíritu Santo es claro: en la medida en que nuestro corazón se mueve por el deseo de amar y servir a Dios, a nuestro prójimo y a nosotros mismos, nuestro corazón se mueve en el Espíritu Santo; en la medida en que nuestro corazón no se mueve por estos deseos, nuestro corazón no se mueve en el Espíritu Santo.

Y adviértase que el criterio de Jesús se relaciona directamente con los frutos del Espíritu de san Pablo: amor, alegría, paz, paciencia. El amor que se alza dentro de nuestro corazón se convierte para Jesús y para san Pablo en el criterio central para discernir el Espíritu Santo. Este amor va normalmente acompañado de paz y alegría.

Pero después de que Jesús habló, el maestro de la ley le preguntó: "¿Y quién es mi prójimo?" Y Jesús aclaró su respuesta, dando la parábola del buen samaritano. El mandamiento de amar se extiende a todos los seres humanos: no sólo a los familiares y amigos. El buen samaritano ni siquiera conocía a la persona a la que se detuvo a ayudar: de hecho, era considerado un paria intocable por los judíos porque era samaritano. El sacerdote y el levita, por lo tanto, ignoraron a la persona. Jesús alabó al samaritano.

Además, en el Sermón de la Montaña, Jesús amplía el mandamiento del amor para incluir incluso a los enemigos. "Han oído ustedes que se dijo: 'Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo'; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos… Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto" (Mt 5:43-45, 48).

Jesús nos invita a amar a Dios, a nuestro prójimo y a nosotros mismos "con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser". Claramente, Jesús quiere que sus seguidores amen, no sólo con acciones exteriores, sino con una calidad interior del corazón que refleje el amor de Dios: "Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto" (Mt 5:48). Para Jesús, el discernimiento del Espíritu Santo se centra principalmente en la calidad interior de nuestro corazón. ¡En la medida en que respondamos al Espíritu Santo, seremos amorosos y perfectos, al igual que nuestro Padre celestial!

Reconocer obstáculos al Espíritu Santo

La disciplina clave para un cristiano que sigue a Cristo en el Espíritu Santo es la conciencia de su calidad de corazón. Todos experimentamos fluctuaciones del corazón cotidianamente. Algunas se derivan de nuestra propensión al pecado. La conversión inicial y permanente en la vida del discípulo es crucial. En esta búsqueda, la pregunta básica para los cristianos conscientes pasa a ser: "¿En qué situaciones en mi jornada mi corazón no se mueve con el deseo de amar, y por lo tanto no experimenta la paz del Espíritu Santo?" Del mismo modo en que la experiencia de la paz acompaña normalmente la respuesta al Espíritu Santo, la ausencia de esta paz —ansiedad e inquietud— acompaña normalmente nuestra falta de respuesta.

Es importante ser concreto al nombrar obstáculos al Espíritu Santo. ¿A qué sucesos o personas en mi programa diario me acerco sin el deseo de amar y servir a Dios? Además, ¿qué situaciones me perturban habitualmente, derivadas del gobierno local o nacional, o incluso de la administración de la Iglesia? Y quizás lo más importante, ¿qué cosas en mi vida personal o familiar causan estrés, tales como la salud, las finanzas, el empleo, las relaciones?

Cuando ignoramos las situaciones que provocan ansiedad e inquietud, ellas seguirán influyendo en nuestros pensamientos y acciones y no nos moveremos con el deseo de amar y servir a Dios. Pero cuando hemos nombrado concretamente estas situaciones, podemos lidiar con ellas. Con la gracia de Dios, podemos reemplazar la ansiedad y la inquietud con buenos deseos, y luego responder a esos buenos deseos. ¡Hemos sido redimidos por Cristo y sellados con el Espíritu Santo! La gracia en nosotros es más fuerte que el pecado en nosotros. Podemos confiar en que el Espíritu de Cristo nos dé la fuerza que necesitamos para vivir nuestra vocación cristiana y seguir a Cristo en el Espíritu Santo.

Seguir a Cristo en el Espíritu Santo implica crecer en la conciencia de la inhabitación de Cristo en nuestro corazón a través del Espíritu Santo. Los cristianos conscientes pasarán algún tiempo cada día revisando su conciencia de esta presencia y su respuesta a ella. La revisión incluye normalmente cinco momentos.

Primero, rogamos al Espíritu Santo para que nos ilumine. Este examen es una reflexión guiada por el Espíritu Santo sobre la calidad de nuestro corazón durante la jornada. Segundo, damos gracias a Dios por nuestras bendiciones invitando al Espíritu Santo a que nos haga más conscientes de la presencia y las bendiciones de Dios en nuestras actividades. A menudo, esta es la parte más importante del examen. Tomando distancia y reflexionando sobre nuestra jornada, nos hacemos conscientes de la presencia permanente y apacible de Dios. Tercero, pedimos al Espíritu Santo que revele dónde no hemos respondido fielmente a la presencia de Dios. Si estuvo presente algún obstáculo importante, esto por lo general salta inmediatamente al primer plano de nuestra conciencia. Cuarto, pedimos perdón por cualquier infidelidad. Quinto, dirigimos la mirada hacia el próximo periodo y pedimos la ayuda del Espíritu.

Conclusión

El Nuevo Testamento presenta el discernimiento del Espíritu Santo como central para el discipulado cristiano, especialmente para los cristianos adultos. La invitación a recuperar el Espíritu Santo ha sido una característica de casi todos los concilios principales de la Iglesia. El Concilio Vaticano II nos ha dado una invitación a recobrar esta dimensión tradicional de la espiritualidad del Nuevo Testamento. Los catequistas tenemos que preguntarnos si hemos presentado plenamente esta dimensión del Evangelio.

 

Nota: Discernir la voluntad de Dios

La reflexión anterior se centró en el discernimiento del Espíritu Santo en la vida cotidiana y no en el discernimiento de la voluntad de Dios para decisiones importantes específicas. Los signos del Espíritu Santo —amor, alegría, paz, paciencia— también son claves para encontrar la voluntad de Dios para las decisiones importantes de la vida. Al presentársenos dos alternativas para servir a Dios, podemos pedir a Dios que revele su voluntad asignando estas experiencias a una de las opciones. Si estamos verdaderamente libres de afectos personales desordenados y estamos abiertos a la voluntad de Dios, la pervivencia de los frutos del Espíritu en una de las alternativas puede ser el signo de la voluntad personal de Dios para nosotros.

Nota: San Ignacio de Loyola (1491-1556)

San Ignacio es el fundador de la Compañía de Jesús (1540) y el autor de un manual de retiro de treinta días llamado Los ejercicios espirituales de San Ignacio (1548). Este manual contiene directrices denominadas "Reglas para el discernimiento de los espíritus". Sus directrices son una importante contribución al misticismo cristiano. Mis reflexiones son un intento de poner su texto en el lenguaje del Nuevo Testamento.



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