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September 15, 2019

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“The word of God nourishes both evangelizers and those who are being evangelized so that each one may continue to grow in his or her Christian life”

(National Directory for Catechesis [NDC] [Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 2005], no. 17).

 

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La familia católica se prepara para celebrar el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación

por Joseph D. White, Ph.D.

El Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación

En algunos adultos, el debate sobre el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, también llamado a veces "confesión", evoca sentimientos de ansiedad. Pueden imaginarse confesionarios oscuros y ominosos, o recordar sentimientos de vergüenza o culpa asociados con una catequesis incorrecta en torno al sacramento. En primer lugar, el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación es una poderosa experiencia del perdón y la misericordia de Dios. Es un signo tangible del deseo de Dios de llegarse a nosotros a lo largo de nuestra vida, incluso en nuestra pecaminosidad, y ayudarnos a reconciliarnos con él y con nuestros hermanos y hermanas, reparar el daño causado por el pecado y crecer en nuestra relación con Dios.

La palabra pecado proviene de una antigua palabra griega que se utilizaba en el tiro con arco. Significa literalmente "errar el blanco". Dios tiene un plan para nuestra vida, un plan para la bondad y el amor. Cuando hacemos elecciones que no son amorosas, "erramos el blanco": nos conformamos con menos que la bondad para la que fuimos creados.

El pecado altera nuestra relación con Dios y con la comunidad. Jesús ilustró el aspecto comunitario del perdón de los pecados cuando perdonó a los que se habían alienado de otros, como Zaqueo el recaudador de impuestos y María la prostituta, y les ayudó a reincorporarse a la comunidad (Catecismo de la Iglesia Católica, 1443). En el Sacramento de la Reconciliación, el sacerdote representa tanto a Cristo como a la comunidad cristiana, un signo de la restauración de nuestra relación con Dios y de nuestra hermandad unos con otros.

El Catecismo de la Iglesia Católica (1448) describe dos elementos principales del Sacramento de la Reconciliación: nuestras acciones y las acciones de Dios. Nuestras acciones se componen de contrición, o sentirnos verdaderamente apesadumbrados por nuestro pecado; confesión de nuestro pecado al sacerdote, y satisfacción: la intención de hacer todo lo posible para reparar el daño que hemos hecho a través del pecado. Las acciones de Dios en el sacramento incluyen restaurarnos a su gracia y reconciliarnos con él mismo y con la Iglesia.

Hay tres formas del Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación (CIC, 1480-1483). Muy a menudo, el penitente (la persona que se confiesa) se reúne con el sacerdote individualmente. El sacerdote da la bienvenida y bendice al penitente, y puede leer las Escrituras. Luego, el penitente confiesa sus pecados al sacerdote. El sacerdote da al penitente una penitencia (un trabajo especial para ayudar a reparar el daño causado por los pecados confesados), y luego dice las palabras de absolución. El ritual termina con una oración de acción de gracias y alabanza y una bendición del sacerdote. Cuando el sacramento se celebra en un contexto comunitario, las personas se reúnen para escuchar la palabra de Dios y hacer un examen de conciencia. La asamblea puede entonar canciones y rezar juntos el Acto de contrición. Luego se celebran confesiones individuales. En una tercera forma del ritual, la celebración comunitaria con confesión general y absolución general, los pecados no son confesados individualmente al sacerdote, sino que el sacerdote concede la absolución a toda la asamblea.

El Bautismo nos imparte el don gratuito de Dios del perdón. Pero cada uno de nosotros sigue haciendo a veces elecciones sin amor. Dios desea estar cerca de nosotros y ayudarnos a amarlo a él y a los demás. El Sacramento de la Reconciliación es como un regalo que se puede abrir una y otra vez. La misericordia y el perdón de Dios están siempre presentes, y son siempre nuevos.

La comprensión del pecado y el perdón de Dios por los niños

Cuando los niños llegan a la edad de la razón (por lo general alrededor de los siete años), los cambios en su pensamiento motivados por su desarrollo los hacen más conscientes del hecho de que el mundo funciona de acuerdo a reglas. Comprenden las leyes de causa y efecto y aprenden que las reglas y pautas ponen orden en nuestras vidas y comunidades. A medida que aprenden sobre las reglas de Dios, se darán cuenta al mismo tiempo de que no siempre las han seguido. Esto puede causar en algunos niños culpa y vergüenza. Podemos ayudarles a sentirse bien acerca de lo que son, pero también a darse cuenta de la necesidad de seguir creciendo en la bondad, diciéndoles lo siguiente: "Todos hemos pecado, pero cuando pecamos, estamos siendo menos de lo que fuimos hechos para ser. Dios es misericordioso y nos perdona cuando lo lamentamos verdaderamente. A través de la gracia de Dios y de nuestra cooperación con ella, podemos crecer en bondad".

Los niños pueden a veces necesitar ayuda para comprender la diferencia entre un pecado y un accidente. Necesitan tener la certeza de que el pecado consiste en un acto intencional y que derramar un vaso de leche, por ejemplo, no es pecado. Es importante también que seamos pacientes con los percances que provoquen sin intención. Podemos confundirlos si tratamos un accidente como un acto deliberado.

Preparación para el Sacramento

Hay varias maneras en que las familias pueden prepararse para la primera celebración del Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación de un niño:

Padres, procuren ser modelo de perdón para sus hijos, tanto dentro como fuera del hogar. Que ellos los vean solucionando las cosas con los demás. Ustedes tienen la oportunidad única de ser modelo de misericordia, gracia y perdón cuando dicen "lo siento", se piden perdón entre sí y se perdonan mutuamente. No discutan delante de sus hijos sobre las reglas de comportamiento de éstos, cuestiones propias de adultos o asuntos de índole emocional que puedan dar lugar a una discusión acalorada. Sin embargo, en cuestiones de menor importancia, procuren que ellos los vean expresar diferentes puntos de vista y llegar a un compromiso.

Practiquen la "penitencia" en el hogar. Cuando se han producido heridas entre miembros de la familia, aliéntenlos a hacer algo para ayudar a reparar la relación. Por ejemplo, al hermano mayor que pasó de la chanza juguetona al abuso se le puede pedir que haga algo realmente agradable por el hermano al que ofendió.

Sean un buen ejemplo. Es fundamental que cuando los niños aprendan sobre las leyes de Dios, vean a sus padres que trabajan para seguirlas fielmente. Por ejemplo, cuando los niños aprenden que el tercer mandamiento (santificar el día de reposo) significa, para los católicos, ir a misa todos los domingos, los niños pueden confundirse si sus padres están optando por no ir a misa. Esto pone a los niños en un dilema muy difícil, en que tienen que elegir entre creer que sus padres están en pecado o que las leyes de Dios no importan realmente. Los niños de esta edad son pensadores muy concretos. Necesitan vernos practicar lo que predicamos.

Ayuden a los niños a ver las conexiones entre los mandamientos de Dios y sus acciones cotidianas. Por ejemplo, señalen cuándo están honrando a su madre y a su padre y cuándo no lo están. Rétenlos a ver la conexión entre el décimo mandamiento (no codiciar los bienes ajenos) y mostrar gratitud, en lugar de celos, hacia un hermano.

Tengan un "examen de conciencia" familiar, en que, como familia, discutan las maneras en que han mostrado amor a Dios y a los demás y maneras en que necesitan crecer. Utilizar una explicación de los Diez Mandamientos y las Bienaventuranzas apropiada para los niños puede ser útil para esta actividad.

Como familia, recen el Acto de contrición y otras oraciones católicas tradicionales (algunas de las cuales podrían darse como penitencia en el sacramento). Elijan una oración diferente cada noche y recen antes de acostarse, o recen una oración en el auto de camino a la escuela o a hacer recados.

Que los niños los vean (y a otros miembros de la familia, como los hermanos mayores) que van a celebrar el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación. Una oportunidad particularmente buena sería en un servicio de penitencia de toda la parroquia con confesión individual. Muchas parroquias tienen estos servicios en Adviento y Cuaresma. Desde luego, celebrar los sacramentos durante todo el año como práctica familiar es el objetivo final de cada familia. En estos servicios, los niños a menudo pueden ver la celebración del sacramento (aunque, desde luego, no escuchan lo que se dice). Asimismo, es importante que los niños vean que tambien sus padres necesitan el perdón de Dios, y la celebración del sacramento también nos permite participar de la gracia de Dios a medida que construimos un hogar de amor y reconciliación.

La primera celebración del Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación de un niño puede ser una poderosa experiencia familiar de la misericordia y el amor de Dios. Es un hito importante para su hijo en su camino a todas las cosas buenas que Dios ha planeado para su vida, un medio de experimentar, de manera muy particular y poderosa, el amor y la misericordia de Dios.

Pasos en el Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación

1.Examen de conciencia del penitente

2.Bienvenida y bendición

3.Confesión del pecado

4.Asignación de la penitencia

5.Acto de contrición

6.Absolución


Examen de conciencia familiar

1.¿He puesto a Dios en primer lugar en mi vida? ¿Tiene prioridad en nuestro hogar?

2.¿Utilizo el nombre de Dios con cuidado?

3.¿Debo asistir y participar en la misa el domingo? ¿Guardo el domingo como día de adoración y reposo?

4.(Para niños) ¿Honro a mi madre y a mi padre? (Para padres) ¿Soy paciente y amable para que mis hijos puedan respetarme fácilmente?

5.¿He hecho daño a los demás, con palabras o con acciones?

6.¿He tratado mi cuerpo y los cuerpos de los demás con respeto?

7.¿He respetado las pertenencias de los demás?

8.¿He dicho la verdad? ¿He sido abierto y honesto con los demás?

9.¿He mantenido puros mi mente y mis pensamientos?

10.¿He sido feliz con lo que tengo en lugar de ser celoso de los demás?

 


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