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"Salvaguardar la dignidad de toda persona humana"

El ministerio de la palabra es un elemento fundamental de la evangelización en todas sus etapas porque implica la proclamación de Jesucristo, la Palabra eterna de Dios.

"La palabra de Dios nutre tanto a los evangelizadores como a quienes son evangelizados, por eso cada uno de ellos puede continuar creciendo en su vida cristiana"

(Directorio Nacional para la Catequesis [DNC] [Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 2005], no. 17).

 

Recurso Para el Parroquia - Rev. John Nuelle

 
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La misión de la evangelización en el mundo de hoy

por el Rev. John R. Nuelle, MS, PHL, STL
Director ejecutivo
Asociación Misionera Católica de Estados Unidos

Misión

En los Evangelios, "misión" es siempre una realidad dinámica. Transmitiendo el sentido de empoderar a alguien para que lleve a cabo una tarea de especial importancia, se utilizan diversas formas del verbo "enviar" más de doscientas veces. Jesús fue el Enviado vivificante empoderado por el Padre (Catecismo de la Iglesia Católica [CIC], segunda edición [Washington, DC: Libreria Editrice Vaticana–United States Conference of Catholic Bishops, 2001], no. 858). Es evidente que en la mente de los escritores de los Evangelios, la misión fue vista como un espíritu dinámico conferido a alguien —sobre todo Jesús y sus discípulos— para iniciar el "reino" de Dios, del cual la Iglesia iba a ser el signo y el "sacramento universal de salvación" (véase Concilio Vaticano II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia [Ad Gentes (AG)], no. 1, http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html).

Durante siglos, la Iglesia hizo hincapié en el papel dinámico de la misión como la actividad vivificante de anunciar la Palabra de Dios a los que supieran poco o nada de Jesús (CIC, no. 854). En este anuncio del Evangelio, comúnmente conocido como "ad gentes", había y hay una vitalidad que se desarrolla con energía y que es, en sí misma, un reflejo de la Trinidad:

  • El Padre, que tanto amó al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él tenga vida eterna (Jn 3,16)
  • El Hijo, que vino para que la gente pueda tener vida en abundancia (Jn 10,10)
  • El Espíritu Santo, el Abogado que es la fuerza dinámica que enseña todo lo que el Hijo reveló (Jn 14,26)

De hecho, fue en volverse a esta realidad trinitaria de Dios que el Concilio Vaticano II puso el origen de la misión, que, por su propia naturaleza, es parte integral de ser cristiano e Iglesia (AG, no. 2). Atraída a la vida de la propia Trinidad, ¿puede la Iglesia ser otra cosa que misionera?

Evangelización

Jesús reveló su propósito al proclamar: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10,10). Por su obediencia, incluso hasta la muerte en una cruz, Jesús fue exaltado en la gloria (Flp 2,7-9) para el beneficio de toda la humanidad (Jn 12,32). La muerte no tenía poder duradero sobre él (Jn 10,17). En la muerte y resurrección de entre los muertos, la misión dinámica de salvación de Jesús fue concluida de una vez por todas en él mismo [AG, no. 5]. En la alegría de la Pascua, el Señor compartió el fruto de su Muerte y Resurrección con sus apóstoles, diciendo: "Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo" (Jn 20,21). Luego sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban al Espíritu Santo" (Jn 20,22). De esta manera, los unió a la misión que él había recibido del Padre, simultáneamente les confirió el agente principal que los llevaría hacia delante, y les dio el coraje para abrir nuevos caminos. El don del Espíritu Santo no les fue conferido para que lo guardaran para sí. "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28,18-20).

En el dinamismo sobrenatural de Pentecostés, los discípulos de Jesús dieron por primera vez su audaz testimonio al mundo. Al hacerlo, nacieron tanto la Iglesia como su actividad misionera, la evangelización. "La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre" (AG, no. 2). A partir de ese momento y "hasta el fin del mundo," todos los discípulos de Jesús son llamados a dar testimonio de él y de su fe. "Es así como la Iglesia recibe la misión de evangelizar y como la actividad de cada miembro constituye algo importante para el conjunto" (Pablo VI, La evangelización en el mundo contemporáneo [Evangelii Nuntiandi (EN)], no. 15, http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi_sp.html). "El que ha sido evangelizado evangeliza a su vez. He ahí la prueba de la verdad, la piedra de toque de la evangelización: es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia" (EN, no. 24).

El mundo de hoy

Vivimos en tiempos extraordinarios. Las ideas e imaginaciones de una sociedad, previamente limitadas geográficamente, ahora están universalmente disponibles a través de la World Wide Web. La investigación y el descubrimiento científicos, anteriormente restringidos a unos pocos privilegiados, son fácilmente accesibles para muchos. Injusticias y atrocidades cometidas en una parte del mundo son comunicadas rápidamente a través de los medios sociales. Culturas y religiones diversificadas, por las cuales las personas ejercen sus creencias, filosofías, valores y creatividad, ahora nos tocan a través de la vida de nuestros vecinos de al lado. La libertad, el individualismo, la ecología, el consumismo, la educación, el diálogo, el desarrollo económico, la pobreza, la migración y la globalización son partes integrales de la sociedad moderna. En ese sentido, todos los aspectos de la vida humana están influenciados (Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual [Gaudium et Spes], nos. 4, 5, 6, http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html).

Debajo de este avance y transformación global, el hambre y la sed básicos de ser plenamente humanos, plenamente vivos, se mantiene sin cambios. La búsqueda de sentido en la vida perdura, y el anhelo de una relación con Dios —el Supremo, el Último, el Alfa y la Omega— persiste. "La actividad misional tiene también una conexión íntima con la misma naturaleza humana y sus aspiraciones" (AG, no. 8). La cuestión siempre actual para la Iglesia en el mundo de hoy es cómo contextualizar "la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social, del hombre" con el fin de evangelizarlo (EN, no. 29).

Adaptando la sabiduría tradicional a la tecnología de hoy, reconocemos que los métodos de evangelización varían según las diferentes circunstancias de tiempo, lugar y cultura y presentan así un continuo desafío a nuestra capacidad de descubrimiento y adaptación. Aunque los métodos pueden variar, algunos elementos y aspectos de la evangelización se mantienen constantes.

  • El "agente principal" de la misión de la Iglesia es el Espíritu Santo quien dirige a la compañía de creyentes para formar una comunidad, a ser Iglesia (CIC, nos. 852, 858).
  • "No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios" (EN, no. 22).
  • El mandato divino de anunciar el Evangelio a toda creatura ha sido y sigue siendo principalmente el deber de la Iglesia a la que Cristo dio su Espíritu (EN, no. 59).

Misionera por su misma naturaleza, la obra de evangelización es uno de los deberes más básicos del pueblo de Dios (AG, no. 35) y el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada individuo y a la humanidad entera en el mundo moderno. Dentro de la Iglesia, la responsabilidad incumbe principalmente a los obispos, sucesores de los apóstoles (CIC, no. 862). Sin embargo, la responsabilidad no termina con ellos. Los obispos deben educar a los fieles para que toda la Iglesia pueda reconocer verdaderamente su vocación misionera y todo el pueblo de Dios pueda cumplir con su obligación misionera (Papa Pablo VI, Ecclesiae Sanctae introducción al Capítulo 3, www.vatican.va/holy_father/paul_vi/motu_proprio/documents/hf_p-vi_motu-proprio_19660806_ecclesiae-sanctae_en.html); Constitución dogmática sobre la Iglesia [Lumen Gentium], no. 17, http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html).

Desde la perspectiva del mundo de hoy, nunca se insistirá bastante en que la misión de la evangelización consiste en más que la predicación y la enseñanza de una doctrina. El Evangelio debe ser anunciado por un testimonio —verbal y no verbal, personal y comunal— que mueva a otros a cuestionarse a sí mismos (EN, no. 21). Siguiendo el ejemplo de Jesús, el punto de partida de la evangelización siempre debe centrarse en la vida (Jn 10,10) y dirigirse a la persona. La vida que Jesús vino a restaurar será otorgada a aquellos que puedan abrir sus corazones a relaciones amorosas y reconciliadoras con Dios y entre ellos mismos, cuidando bastante de alimentar a los hambrientos, socorrer a los enfermos y acoger a los extranjeros en medio de ellos (Mt 25,35-40).

Uno de los propósitos centrales de la misión de evangelización es reunir a la gente en la escucha del Evangelio, en la comunión fraterna, en la oración y en la Eucaristía (Hechos 2,42). Uno de los mayores desafíos para la Iglesia de hoy está representado por el hambre de vastas poblaciones descristianizadas que han perdido todo sentido de ser "el pueblo de Dios". Para ayudarlas a redescubrir a quien es "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6), se necesita encender un renovado sentido de la oración (EN, no. 28) y celo apostólico en los corazones de los discípulos modernos de hoy (Lc 12,49). Para anunciar el Evangelio en la Iglesia peregrina primitiva, los mensajeros apostólicos viajaban por los caminos construidos por la ingeniería romana. La navegación hoy implica entrar a lo digital. Casi un tercio de la población mundial utiliza la autopista de la información, la Internet, diariamente. Es el lenguaje nuevo de mayor crecimiento en el mundo, que atraviesa libremente todas las fronteras. Evangelizar a través de la autopista de la información requiere un cambio de paradigma. ¿Puede desarrollarse como una herramienta catequética que empodere a nuestros hermanos y hermanas descristianizados en su búsqueda de Cristo, en su anhelo de sentido y plenitud de la vida (Juan Pablo II, Sobre la permanente validez del mandato misionero [Redemptoris Missio], no. 37c,http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio_sp.html)?

Misionera por naturaleza, la Iglesia debe emplear cuantos medios apropiados estén a su disposición para dar testimonio "hasta los confines de la tierra". Esto incluye estar al tanto de los posibles beneficios, desafíos y peligros de las redes sociales.


Copyright © 2013, United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C. Reservados todos los derechos. Se autoriza la reproducción de esta obra, sin adaptaciones, para uso no comercial.

Las citas del Catecismo de la Iglesia Católica, segunda edición, © 2001, Libreria Editrice Vaticana–United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C. Utilizadas con permiso. Todos los derechos reservados.

Las citas de los documentos papales han sido extraídas de la página Web oficial del Vaticano. Utilizadas con permiso. Todos los derechos reservados.

Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de setiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este trabajo puede ser reproducida o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio, electrónico o mecánico, fotocopia, grabación, o por cualquier sistema de almacenamiento y recuperación, sin el permiso escrito del titular del copyright.



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