La Opción Preferencial Por Y Con Los Pobres

Explorar opciones para y con comunidades de bajos ingresos

Contenido

Introducción
PRIMERA SEMANA: Creados a imagen de Dios
SEGUNDA SEMANA: La responsabilidad de la Alianza
TERCERA SEMANA: Una comunidad de justicia
CUARTA SEMANA: Conversión: la opción preferencial por los pobres
QUINTA SEMANA: Llamado a la acción: la opción preferencial con los pobres
SEXTA SEMANA: CCHD: La doctrina social católica en acción
Conclusión

Introducción

Las personas pobres y desamparadas tienen un lugar especial en la doctrina social católica. Una prueba moral básica es cómo prosperan los miembros más indefensos. Esto no es una nueva idea; es la lección de la parábola del Juicio Final (ver Mateo 25:31-46). Nuestra tradición nos pide que pongamos las necesidades de los pobres y desamparados en primer plano. Como cristianos, estamos llamados a responder a las necesidades de todos nuestros hermanos y hermanas, pero los que tienen necesidades más urgentes exigen la respuesta más inmediata. Debemos buscar maneras creativas de extender el énfasis que dieron los fundadores de nuestra nación a los derechos y libertades individuales, con la extensión de los ideales democráticos a la vida económica y así asegurarnos de que los requisitos básicos para una vida con dignidad sean accesibles a todos." (A Century of Social Teaching: A Common Heritage, a Continuing Challenge, págs 6-7; sólo en inglés)

Este folleto ha sido preparado para dar la oportunidad de explorar la doctrina social católica a pequeños grupos que comparten la fe sobre el tema de la opción preferencial con y por los pobres. En cada una de las seis sesiones semanales se consideran subtemas tales como los seres humanos creados a la imagen de Dios, la Alianza sagrada con Dios, la búsqueda por la justicia y las opciones preferenciales citadas en la doctrina social de la Iglesia.

Cada reunión (excepto la primera), comienza con una reflexión del diálogo y acción de la semana anterior. A continuación, uno de los miembros del grupo lee un pasaje de la Sagrada Escritura, y todos son invitados a una reflexión en silencio del pasaje bíblico. Notarán muchas otras referencias bíblicas y a documentos de la Iglesia en el curso de las reflexiones. Estas permitirán al grupo aprender más sobre la rica tradición de la doctrina social católica. Se aconseja que cada miembro lea semanalmente y, antes de la reunión del grupo, los materiales para cada sesión. Esto permitirá que los participantes sigan la pista de las referencias que encuentran más interesantes y compartan sus descubrimientos con el grupo. Preparación de antemano fortalecerá las lecturas del grupo reunido y permitirá más tiempo para la oración y la reflexión.

Las preguntas que se enfocan se ofrecen para ayudar a estimular el diálogo y la exploración del subtema y sus implicaciones. La confianza de los participantes en el poder y la gracia del Espíritu Santo, proveerá un diálogo enérgico que los lleve a una mayor apertura al mensaje de Dios sobre la justicia social.

A continuación ofrecemos sugerencias para oraciones de apertura y de clausura. Se puede usar cualquier otra forma de oración con la cual el grupo se sienta cómodo.

Para comenzar a compartir una experiencia en grupo, se puede usar la siguiente oración:

Bendito seas, Dios y Señor nuestro.
Al juntarnos para reflexionar sobre la Sagrada Escritura,
Te pedimos, Padre bondadoso,
Nos des a conocer tu voluntad
Para que, complaciéndote en todo,
Podamos prosperar en toda obra buena.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

Al finalizar la sesión, puede usarse la siguiente oración:

Que Dios, fuente de paciencia y de valor
Nos permita vivir en perfecta armonía con los demás
En el espíritu de Jesucristo.
Con un corazón y una voz
Glorifiquemos a Dios ahora y siempre. Amén.*

Acciones Sugeridas
El formato que presentamos aquí es sólo una sugerencia. Cada comunidad puede modificarlo como lo considere necesario para ajustarse a sus circunstancias particulares. Por ejemplo, un grupo puede desear enfocar una acción conjunta durante las seis semanas en vez de hacerlo en una diferente cada semana. Independientemente del formato que usen, los urgimos a que durante esas seis semanas, se haga el esfuerzo para que los participantes, individualmente o en grupo, visiten una comunidad con personas de bajos ingresos. Deberán escoger una localidad cerca del trabajo, la parroquia o la casa y visitar un vecindario dos o tres veces durante las seis semanas de reuniones. Los animamos a adquirir el sentido de actividades, sitios locales, negocios, escuelas, oportunidades recreativas y gente del área. Esto concretizará el diálogo sobre las acciones y enriquecerá su oración y reflexión mientras el grupo se constituye en una comunidad de fe.

La Campaña Católica para el Desarrollo Humano es un programa de educación/acción de los obispos católicos de Estados Unidos para promover la justicia social. Con la ayuda de los fieles católicos, la Campaña Católica para el Desarrollo Humano realiza esta misión de dos modos: primero, financia y apoya a grupos de auto-ayuda cuyos miembros son, en su mayoría, personas de bajos recursos económicos que se organizan para mejorar las condiciones que afectan su vida; y segundo, educa a los católicos de Estados Unidos sobre asuntos de justicia social especialmente aquellos relacionados a las personas con bajos ingresos. En el centro de ambos esfuerzos está la esperanza de dar poder a las personas pobres para que participen y disfruten plenamente de la libertad, los derechos y los deberes que nuestra comunidad, nuestra nación y el mundo, les ofrecen.

Los documentos de la Iglesia se citan con estas abreviaciones:

CA Centesimus annus (Papa Juan Pablo II, 1991)
GS Gaudium et spes (Vaticano II, 1965)
JE Justicia económica para todos (Obispos de EE.UU., 1986)
MM Mater et Magistra (Papa Juan XXIII, 1961)
PP Populorum progressio (Papa Pablo VI, 1967)
PT Pacem in terris (Papa Juan XXIII, 1963)
SR Sollicitudo rei socialis (Papa Juan Pablo II, 1987)

Algunos de estos textos y de otros documentos de la Iglesia se pueden obtener en español de USCC Office for Publishing and Promotion Services, llamando a la línea gratis 800-235-8722. La Campaña Católica para el Desarrollo Humano ha producido un folleto de 37 páginas sobre los temas principales de la doctrina social de la Iglesia: Principles, Prophecy and a Pastoral Response que se puede obtener directamente de la Campaña llamando al 800-946-4CHD. Sólo en inglés.

*Las oraciones para comenzar y terminar han sido tomadas de Catholic Household Blessings and Prayers que puede solicitar a USCC, 3211 Fourth Street, N.E., Washington, DC 20017-1194 o llamando al 800-235-USCC. Sólo en inglés.

Segunda Semana

Tema Para La Semana
La responsabilidad de la Alianza

Oración De Apertura

Reflexión en Grupo
Reflexionar en grupo sobre la sesión y las acciones de la semana pasada.

Lectura de la Sagrada Escritura
Deuteronomio 24:17-20

No violarás el derecho del forastero, ni del huérfano, ni tomarás en prenda las ropas de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que Yavé, tu Dios, te rescató. Por eso te mando hacer esto. Cuando cortes el trigo en tu campo, si se te cae alguna gavilla, no volverás a recogerla, sino que quedará para el forastero, el huérfano y la viuda. Así Yavé te bendecirá en todos tus trabajos. Cuando coseches tus olivos, no pasarás otra vez para sacudirlos: el resto será para el forastero, el huérfano y la viuda.

Reflexión del Grupo en Silencio

Reflexión
Antes de liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto, Dios estableció una Alianza con ellos. Por parte de Dios, Él sería el soberano de Israel, los amaría y habitaría en medio de ellos. Israel, por su parte, guardaría los mandamientos de Dios. La lectura del Deuteronomio presenta uno de los códigos éticos más antiguos pedidos por Dios. Nota el lenguaje declarativo: "No violarás. . . no pasarás. . . ." Este subraya dos elementos: La naturaleza de la relación entre Dios y el pueblo, y la naturaleza inequívoca del mandamiento.

El código resalta tres grupos de personas considerados como los más pobres y desamparados del mundo israelita: viudas, huérfanos y extranjeros. En la sociedad antigua, las mujeres no contaban para nada (cf. Mateo 14:21), y cuando una mujer se casaba pasaba a ser propiedad de su marido y de su clan. En el caso de su muerte, la viuda no pertenecía a nadie; quedaba sin dinero, y virtualmente pasaba a ser una persona totalmente desamparada a menos que la acogiera en su casa algún cuñado o pariente. El huérfano, semejante a la viuda, no pertenecía a nadie y dejaba de estar bajo el cuidado de alguien. Por definición, los extranjeros eran extraños en una tierra fuera de su tribu y tampoco tenían pertenencia alguna, carecían de vivienda, así como del apoyo familiar. El común denominador para estas personas es que, por virtud de las circunstancias, se convertían en los miembros más pobres de la sociedad.

El cuidado de Dios por este grupo tripartito de gente empobrecida: viudas, huérfanos y extranjeros (incluyendo inmigrantes, refugiados y extraños), es un asunto que prevalece en la Escritura hebrea (Cf. Deuteronomio 10:17-18; 24:17; 26:12; 27:19; Levítico 19:9-10; 23:22; Isaías 1:17; Jeremías 7:5-6; Job 22:9). En el libro del Éxodo, vemos la preocupación profunda del pueblo de Dios por los pobres y vulnerables: "Si ustedes [les hacen daño], ellos clamarán a mí, y yo escucharé su clamor, se despertará mi enojo y a ustedes los mataré a espada; viudas quedarán sus esposas y huérfanos sus hijos" (Éxodo 22:20-23).

Dios une el cuidado de Israel por los más vulnerables con el rescate de los israelitas por parte de Dios, cuando Israel era el más vulnerable. Los israelitas estuvieron alguna vez en circunstancias similares durante su exilio en Egipto. Fue entonces cuando Dios los rescató del cautiverio y Dios pide lo mismo por parte de ellos: ayudar a los menos afortunados.

Es Isaías quien exalta la promesa de Dios para todos aquellos que cuidan de los pueblos: "Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo. . . . Entonces tu luz surgirá como la aurora y tus heridas sanarán rápidamente. . . . Entonces, si llamas a Yavé, responderá. Cuando lo llames, dirá: 'Aquí estoy'" (Isaías 58:7-9).

En la vivencia de la opción por los pobres, al igual que los israelitas, somos llamados a recordar nuestra Alianza con Dios. Jesús resume nuestra responsabilidad con la Alianza, cuando dice: "En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí" (Mateo 25:40). Al estar en solidaridad con los pobres y marginados, estamos en solidaridad con Dios y mantenemos nuestro deber de cumplir la Alianza.

A la luz de esta responsabilidad, la creciente pobreza de los pobres en nuestra sociedad se convierte en un elemento crucial. El Papa Juan Pablo II nos urge a: "abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor. . . Ignorarlo significaría parecernos al 'rico Epulón' que fingía no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su puerta (cf. Lucas 16:19-31)" (SR, 42.4).

Los obispos estadounidenses han declarado que el creciente número de pobres nos presenta "como nación con un urgente desafío moral y humano: la formación de una sociedad en los que ninguna persona carezca de las necesidades materiales requeridas para la dignidad y el crecimiento humanos" (JE, 172).

Aunque un examen de conciencia puede ser desconcertante, también puede ser vigorizante. El Papa Pablo VI nos ofrece algunos aportes: "No se trata sólo de vencer el hambre, ni siquiera de retroceder la pobreza, el combate contra la miseria, urgente y necesario, es insuficiente. Se trata de construir un mundo donde todo [ser humano], pueda vivir una vida plenamente humana, emancipado de las servidumbres que le vienen de la parte de los hombres y de una naturaleza insuficientemente dominada. . . . A cada cual toca examinar su conciencia, que tiene una nueva voz para nuestra época" (PP, 47).

  • ¿Estamos preparados para apoyar, bajo nuestra responsabilidad, proyectos para ayudar a los más necesitados?

  • ¿Estamos preparados a pagar más impuestos para que las autoridades públicas puedan intensificar sus esfuerzos en el trabajo del desarrollo? (cf. PP, 47)

Preguntas de Enfoque Para El Diálogo en Grupo

  1. ¿Qué es lo más significativo para ti de las lecturas de la Sagrada Escritura o de la reflexión? Explica.

  2. Cuando escuchas el término: "los pobres", ¿qué sientes? ¿Qué provoca esos sentimientos?

  3. Es muy común el hecho de tener estereotipos para los pobres. ¿Qué estereotipos tienes tú o las personas que conoces, acerca de los pobres? ¿De qué forma intentas romper con estos estereotipos?

  4. ¿Quiénes son los "extranjeros, las viudas y los huérfanos" de tu comunidad?

Acciones Sugeridas

  1. Lee (o vuelve a leer) Justicia económica para todos: Carta pastoral sobre la enseñanza social católica y la economía de los E.U.A.

  2. Comunícate con tu oficina diocesana de Justicia y Paz y pregunta por el análisis legislativo local o nacional y sobre la forma en que éste afecta a los pobres. Pide ayuda para iniciar una red legislativa en tu parroquia.

  3. Como grupo, escriban una carta al editor de su periódico católico local expresando sus sentimientos sobre los estereotipos acerca de los pobres y cómo esos se han perpetuado en tu comunidad. Nota el papel especial que la Iglesia católica juega en desacreditar esos estereotipos.

Oración De Clausura

Conclusión
Durante la primera visita del Papa Juan Pablo II a Estados Unidos, él elogió a los católicos estadounidenses por su generosidad en apoyar las obras caritativas de la Iglesia que sirven a las personas necesitadas.

"Pero eso no es suficiente," dijo el Papa. Los cristianos en cooperación con otros deberán "buscar las razones estructurales que ocasionan la pobreza. . . No se echen atrás ante las reformas -aunque sean profundas- de actitudes y estructuras que son necesarias para crear una y otra vez las condiciones necesarias para los desaventajados si es que van a tener una nueva oportunidad en las duras luchas de la vida."

Los obispos de EE.UU. reflejaron ese mismo tema cuando citaron la existencia de la red caritativa de la Iglesia que sirve a las necesidades de los pobres, los enfermos y los marginados. "La Iglesia ya sirve. . . por uno de los sistemas más grandes de servicios humanitarios en nuestro país." Y los obispos agregaron: "Sin embargo no basta la pura caridad para corregir todas los males económicos. La responsabilidad por socorrer a los necesitados recae sobre todos los ciudadanos, colaborando por medio de las distintas organizaciones de la sociedad y por medio del gobierno. . . y deben empeñarse en aliviar las injusticias que impiden que algunas personas participen plenamente en la vida económica" (JE, 356, 357).

Ante los enormes problemas sociales de hoy y el reto que representan para los cristianos que profesan sentirse llamados a renovar la faz de la tierra, es preciso confiar en la virtud de la esperanza. La esperanza cristiana no es una droga eufórica. Sino una esperanza que desarma a la desesperación, porque cuando estamos llenos de esperanza no hay lugar para la desesperanza. La esperanza es el estimulante que nos energiza para mejorar las cosas.

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