Al Compartir La Tradición, Moldeamos El Futuro

Experiencia de fe compartida
para uso de las comunidades cristianas


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Contenido

Clave de los documentos papales y episcopales

Introducción

PRIMERA SEMANA: Vida y dignidad del ser humano
SEGUNDA SEMANA: Llamado a ser familia, a ser comunidad y a participar
TERCERA SEMANA: Derechos y deberes del ser humano
CUARTA SEMANA: Opción preferencial por y con los pobres y vulnerables
QUINTA SEMANA: Dignidad del trabajo y los derechos del trabajador
SEXTA SEMANA: Solidaridad
SÉPTIMA SEMANA: Cuidado de la Creación de Dios

Con miras al futuro

Clave de Los Documentos Papales y Episcopales Usados en Este Libro

Título en español Título en latín (si existe) y el autor/año
Sobre el capital y el trabajo Rerum novarum (Papa León XIII, 1891)
Paz en la tierra Pacem in terris (Papa Juan XXIII, 1963)
La Iglesia en el mundo contemporáneo Gaudium et spes (Concilio Vaticano II, 1965)
Sobre el trabajo humano Laborem exercens (Papa Juan Pablo II, 1981)
Justicia económica para todos Obispos católicos de EE.UU., 1986
Sobre la cuestión social Sollicitudo rei socialis (Papa Juan Pablo II, 1987)
A Century of Catholic Social Teaching [Un siglo de doctrina social] Obispos católicos de EE.UU., 1990; sólo en inglés
En el centenario de la "Rerum Novarum" Centesimus Annus (Papa Juan Pablo II, 1991)
Renovando la Tierra Obispos católicos de EE.UU., 1991
La Iglesia en América Ecclesia in America (Papa Juan Pablo II, 1997)

Introducción

Este folleto para pequeños grupos ha sido preparado para permitir que los adultos participen en la tradición de justicia social de la Iglesia católica y desarrollen su percepción de la misma. Desde el inicio de la tradición, el llamado de Dios a la justicia ha sido muy claro. Durante más de cien años, la Iglesia ha contribuido a esa tradición mediante varias encíclicas papales y cartas pastorales de los obispos.

El Papa Juan Pablo II, en su encíclica Sobre el trabajo humano, comenta sobre ese rico patrimonio católico de doctrina social:

[L]a doctrina social de la Iglesia tiene su fuente en la Sagrada Escritura, comenzando por el libro del Génesis y, en particular, en el Evangelio y en los escritos apostólicos. Esa doctrina perteneció desde el principio a la enseñanza de la Iglesia misma. . . . Este patrimonio tradicional ha sido después heredado y desarrollado por las enseñanzas de los Pontífices sobre la moderna "cuestión social", empezando por la Encíclica Rerum novarum en 1891. (no. 3)

Invitamos a los lectores a que entren en el mundo de la doctrina social católica usando segmentos semanales que destacan siete temas escogidos por los obispos católicos. Seis de los temas provienen del mensaje de 1990 A Century of Social Teaching: A Common Heritage, a Continuing Challenge [Un siglo de doctrina social: Una herencia común, un reto continuo]. El séptimo proviene de su declaración de 1991, Renovando la tierra.

Para aquellos grupos que los usen, estos segmentos se han diseñado no como instrumentos de enseñanza en sí, sino como medios para revelar lo que la doctrina social católica significa en el contexto del grupo. El grupo puede explorar cómo esta doctrina básica afecta nuestra vida individual. Con el Espíritu Santo como guía, el grupo puede lograr una nueva comprensión de cómo adelantar el trabajo del Reino de Dios.

El trabajo de la justicia social no es un trabajo para unos pocos "expertos". Es un trabajo que deberá afectar la vida de todos. Venimos de muy variados entornos y tenemos muchos dones diferentes que compartir; pero como cristianos bautizados compartimos el desafío de hacer el trabajo de Dios.

Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo. Hemos sido bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo. . . .Y todos hemos bebido del único Espíritu. (1 Cor 12:12-13)

Cada una de las siete sesiones semanales empieza con una lectura del Evangelio por alguien del grupo, seguida de unos momentos de reflexión en silencio basada en la lectura. Un miembro del grupo, luego lee la breve reflexión preparada. Se incluyen algunas preguntas que se pueden usar para iniciar el diálogo, confiando en que el poder y la gracia del Espíritu Santo los guiará a una mayor comprensión del mensaje de Dios sobre la justicia social.

El proceso que se ofrece es sólo una sugerencia. Los grupos individuales se deben sentir libres para alterar la experiencia de la manera que crean más apropiada. Por ejemplo, un grupo podría querer enfocarse en una acción que realizarán juntos en el curso de las siete semanas, en vez de realizar actividades acciones individuales cada semana. Más abajo incluimos sugerencias para oraciones de apertura y clausura. Se puede usar cualquier otro tipo de oración con la que el grupo esté familiarizado y se sienta cómodo.

Para empezar una experiencia para compartir en grupo, se puede utilizar la siguiente oración:

Bendito seas, Dios y Señor nuestro.
Al juntarnos para reflexionar sobre la Sagrada Escritura,
Te pedimos, Padre bondadoso,
Nos des a conocer tu voluntad
Para que, complaciéndote en todo,
Podamos prosperar en toda obra buena.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.*

Al finalizar la sesión, puede usarse la siguiente oración:

Que Dios, fuente de paciencia y de valor
Nos permita vivir en perfecta armonía con los demás
En el espíritu de Jesucristo.
Con un corazón y una voz
Glorifiquemos a Dios ahora y siempre. Amén.*

Este folleto fue preparado por el personal educativo de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano. La Campaña Católica para el Desarrollo Humano es un programa de educación/acción de los obispos católicos de Estados Unidos para promover la justicia social. Con la ayuda de los fieles católicos y de otros contribuyentes, la Campaña Católica para el Desarrollo Humano realiza esta misión de dos modos: primero, financia y apoya a grupos de auto-ayuda cuyos miembros son, en su mayoría, personas de bajos recursos económicos que se organizan para mejorar las condiciones que afectan su vida; y segundo, educa a los católicos de Estados Unidos sobre asuntos de justicia social en los EE.UU. En el centro de ambos esfuerzos está la esperanza de potenciar a las personas pobres para que participen y disfruten plenamente de la libertad, los derechos y los deberes que nuestra comunidad, nuestra nación y el mundo les ofrecen.

*Estas oraciones han sido tomadas de Catholic Household Blessing and Prayers (sólo en inglés) que se puede solicitar a USCCB Publishing, 3211 Fourth Street, N.E., Washington, DC 20017-1194 o llamando al 800-235-USCC. En el área metropolitana de Washington llame al 202-722-8716. El número de referencia es 292-6.


Tercera Semana

Tercera Semana
Derechos y deberes del ser humano

Oración Inicial

Reflexión en Grupo
Dialoguen como grupo sobre la acción o las acciones en que participaron durante la semana pasada inspirados por las reflexiones de la última sesión.

Lectura de La Sagrada Escritura
Lucas 16:19-31

Había un hombre rico que se vestía con ropa finísima y comía regiamente todos los días. Había también un pobre, llamado Lázaro, todo cubierto de llagas, que estaba tendido a la puerta del rico. Hubiera deseado saciarse con lo que caía de la mesa del rico, y hasta los perros venían a lamerle las llagas. Pues bien, murió el pobre y fue llevado por los ángeles al cielo junto a Abrahán. También murió el rico, y lo sepultaron. Estando en el infierno, en medio de los tormentos, el rico levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro con él en su regazo. Entonces gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí, y manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me atormentan estas llamas." Abrahán le respondió: "Hijo, recuerda que tú recibiste tus bienes durante la vida, mientras que Lázaro recibió males. Ahora él encuentra aquí consuelo y tú, en cambio, tormentos. Además, entre ustedes y nosotros hay un abismo tremendo, de tal manera que los que quieran cruzar desde aquí hasta ustedes no puedan hacerlo, y tampoco lo puedan hacer del lado de ustedes al nuestro." El otro replicó: "Entonces te ruego, padre Abrahán, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, a mis cinco hermanos: que vaya a darles su testimonio para que no vengan también ellos a parar a este lugar de tormento." Abrahán le contestó: "Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen." El rico insistió: "No lo harán, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos fuera donde ellos, se arrepentirían." Abrahán le replicó: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, aunque resucite uno de entre los muertos, no se convencerán."

Reflexión del Grupo en Silencio

Reflexión
En la lectura de esta semana, Jesús nos cuenta la historia de un hombre rico que poseía todos los bienes del mundo y vivía al lado del pobre Lázaro que no tenía nada. Cuando ambos mueren, su condición cambia. Lázaro, el hombre pobre, descansa en paz en el seno de Abraham disfrutando del banquete eterno, mientras que el hombre rico no puede obtener ni siquiera un trago de agua.

Una vez más, Jesús relaciona el cuidado de los pobres con el corazón mismo del Evangelio. No se nos dice qué tipo de persona es el hombre rico, ni siquiera su nombre. Puede ser un buen esposo y padre de familia, tal vez un hombre destacado en su comunidad. Tampoco sabemos mucho sobre Lázaro. Sólo sabemos que era pobre. Pero Jesús nos dice que Lázaro recibió una gran recompensa, y también nos pinta un futuro sin esperanza para el rico.

La parábola no es sobre la visión de la vida después de la muerte; el énfasis está en el vínculo entre la justicia y vivir el Evangelio. El hombre rico es parte de una tradición religiosa que hace hincapié en el cuidado de los pobres, las viudas, los huérfanos y los forasteros. Pero a pesar de eso, él escoge vivir una vida de lujos comparada a la de alguien que vive del otro lado de su puerta. Él no permite que las enseñanzas de Moisés y los profetas entren en su mundo. Si lo hiciera, él compartiría su abundancia para suplir las necesidades de Lázaro.

Este relato ilustra la doctrina social de la Iglesia sobre los derechos y los deberes del ser humano. Todos nosotros, al igual que Lázaro, tenemos derechos básicos. Tenemos derecho a satisfacer nuestras necesidades físicas y sociales, y también vivir nuestra vida en libertad y con la autonomía que escojamos. Lázaro, al igual que el hombre rico, fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero estaba enfermo, hambriento e impedido de participar en su comunidad. Por eso, no tenía libertad ni autonomía; solamente podía sufrir.

En su encíclica Paz en la tierra, el Papa Juan XXIII hablando de los derechos, nota que las personas tienen "como expresión de su dignidad, la obligación de exigirlos, mientras los demás tienen el deber de reconocerlos y respetarlos" (no. 44).

El hombre rico no estaba equivocado a causa de su riqueza. El Papa Juan Pablo II nos dice que fue condenado porque no prestó atención a una persona necesitada, porque no cumplió con su deber de proteger los derechos básicos de la otra persona. A pesar de su tradición religiosa, él vivió sin tener en cuenta los deberes hacia los demás que han sido ordenados por Dios.

Igual que el hombre rico, vivimos en un tiempo y un país de abundancia, pero diariamente nos enfrentamos en nuestras calles y en los medios de comunicación con los rostros de los pobres. A pesar de que hay lo suficiente para satisfacer las necesidades de alimento, ropa, vivienda, seguridad y cuidados médicos y sociales de todos, nos enfrentamos a un mundo en el que muchas personas carecen de una o de todas esas necesidades básicas. Si no se proporcionan esas necesidades humanas básicas, no puede existir ni la libertad ni la autonomía personal. Sin embargo, el Papa Pío XI nos advirtió que las limosnas caritativas no nos eximen de los grandes deberes que impone la justicia. La injusticia social no radica en la riqueza, sino en la mala distribución de la riqueza ante la necesidad. En el pasaje del Evangelio que hemos leído, ni el hombre rico ni ninguna otra persona en aquella comunidad, respondió al ver a uno de los hijos de Dios viviendo tan inhumanamente.

Preguntas Para Analizar el Diálogo en Grupo

  1. ΏQué debería haber hecho el hombre rico? ΏPor qué nadie más hizo nada por Lázaro?

  2. ΏQuién en su comunidad, en la nación o en el mundo es representado por Lázaro?

  3. ΏQuién protagoniza hoy el relato de Lázaro y el hombre rico? ΏCuál es el deber de ustedes con respecto a los bienes materiales? ΏQué derechos tienen otros a los bienes materiales?

Acciones Sugeridas

  1. Si su comunidad tiene un proyecto para construir o reparar viviendas de bajo costo para los pobres, ofrezcan su tiempo voluntariamente. Si no hay tal proyecto, averigüen cómo pueden iniciar tal proyecto o uno similar.

  2. Trabajen con el comité de acción social de su parroquia y desarrollen ideas para ayudar a los pobres de su comunidad.

  3. Contacten al director diocesano de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano para enterarse de qué manera los grupos de personas de bajos ingresos se ayudan a sí mismos, y ofrezcan su tiempo para trabajar con un grupo.

Compromiso a La Acción

Dialoguen sobre su compromiso personal o de grupo para realizar una acción o acciones específicas durante esta semana. Identifiquen una actividad que pueden hacer con los pobres.

Oración de Clausura


Con Miras Al Futuro

En su enseñanza y predicación, Jesús continuamente proclamó que el reino de Dios estaba cerca. Pero al mirar a nuestro alrededor, demasiado frecuentemente vemos que el mensaje de Jesús sobre el amor y la justicia hacia los demás no está vigente en el mundo. Como católicos, no estamos llamados a esperar que Dios corrija todos los males que azotan nuestro mundo, pero sí estamos llamados a empezar a construir el Reino de Dios, a obrar con fe bajo la guía del Espíritu Santo.

Como el Papa Juan Pablo II nos dice en su encíclica En el centenario de la "Rerum Novarum":

Hoy más que nunca, la Iglesia es consciente de que su mensaje social se hará creíble por el testimonio de las obras, antes que por su coherencia y lógica interna. (no. 57)

Una vez más en las palabras del Papa Juan Pablo II, de su exhortación apostólica La Iglesia en América:

En efecto, se trata no sólo de aliviar las necesidades más graves y urgentes mediante acciones individuales y esporádicas, sino de poner de relieve las raíces del mal, proponiendo intervenciones que den a las estructuras sociales, políticas y económicas una configuración más justa y solidaria. (no. 18)

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