Simposio Sobre El Directorio Nacional Para La Catequesis
Reflecciones Sobre el Contenido del Directorio Nacional para la Catequesis
(Monseñor Donald W. Wuerl, Obispo de Pittsburg)
A mí me pidieron que hablara sobre el Directorio Nacional para la Catequesis, el cual fue aprobado recientemente y saldrá a publicación muy pronto. Me complace mucho tener esta oportunidad para revisar el contenido del directorio ya que éste impactará profundamente nuestros esfuerzos catequéticos actuales en el país. Como lo dice el propio directorio, éste es un momento nuevo en la Iglesia en lo que se refiere a la renovación de la catequesis y el directorio trae consigo su propia visión para esta empresa de toda la Iglesia en Estados Unidos.
En el Evangelio de San Juan leemos: “Al escucharlo, cierto numero de discípulos de Jesús dijeron: ‘¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?’ Jesús les dijo: ‘las palabras que les he dicho son espíritu y vida’…A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús pregunto a los Doce: ‘¿Quieren marcharse también ustedes?’ Pedro le contesto: ‘Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios’” (Jn 6.60-69).
Recurrimos a Jesús y, por lo tanto, a su Iglesia hoy a fin de poder escuchar, aceptar y vivir las palabras de espíritu y verdad—las palabras de vida eterna. Lo que es importante en la catequesis es introducir a las personas a un nivel superior de vida y a un nuevo modo de vivir.
En la primera plegaria Eucarística, el sacerdote, con las manos impuestas sobre el pan y el vino, invoca el poder del espíritu Santo y reza: “Bendice y acepta nuestra ofrenda: encuentra aceptable esta ofrenda en espíritu y en verdad. Has que se convierta para nosotros en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor”.
Vivimos en el poder transformador del espíritu y eso se nos ha permitido puesto que caminamos en la verdad de la revelación de Dios. La verdad y la vida están íntimamente ligadas precisamente porque la entrada a una nueva vida, una realidad supernatural que trasciende los parámetros de esta vida humana, ocurre precisamente en la medida en que escuchamos y recibimos la verdad que nos abre a esta transformación espiritual.
Ya que todos ustedes tienen el índice del directorio, no voy a repetir aquello que es evidente, sino más bien, voy a reflexionar sobre por qué el directorio contiene lo que contiene y qué es lo que nos está diciendo. Al discutir el contenido del Directorio Nacional para la Catequesis, voy a mencionar algunos puntos, entre ellos:
- El marco general que el directorio ofrece para la catequesis, esto es, la nueva evangelización;
- El contexto del directorio, esto es, el estado actual de la fe religiosa en el Iglesia en Estados Unidos. Esto explicará en gran parte la diferencia entre el directorio nacional actual y el primero, Sharing the Light of Faith, publicado en 1978;
- El impacto de la cultura en la recepción de la fe y la esperanza de que la fe deberá moldear y transformar la cultura. La inculturacion como condición para una catequesis exitosa;
- Lo que yo llamaría la “confianza nueva” que es parte de la vida de la Iglesia hoy y que se está empezando a sentir en forma más generalizada en la presentación de la fe. Este nuevo “nivel de comodidad” con la doctrina de la Iglesia se debe mucho a la influencia y al énfasis del Papa Juan Pablo II;
- La dimensión eclesial de la catequesis y la naturaleza orgánica de la Iglesia al proclamar y vivir la fe. Aquí veremos la interconexión de muchísimos elementos catequeticos;
- El énfasis en la comunión espiritual y la naturaleza sacramental de la Iglesia Católica como medio de salvación;
- La Eucaristía permanece claramente como el centro no sólo de la vida de la Iglesia sino del proceso de la catequesis por el cual uno está más íntimamente identificado con Cristo y con su Iglesia;
- El reconocimiento de la importancia de una metodología apropiada en el proceso catequético y la necesidad de contar con materiales apropiados;
- Finalmente, me gustaría concluir con un reconocimiento de que ya que estamos en un nuevo momento en la vida de la Iglesia, éste debe ser un momento de gran optimismo para todos al reconocer no sólo los desafíos sino también el enorme potencial de las circunstancias de nuestros tiempos.
Necesitamos empezar con lo que, claramente, es un nuevo momento para la catequesis en la Iglesia en Estados Unidos. Contemplando nuestra historia y remontándonos a la publicación del
Directorio Catequético General en la Pascua de 1971 hasta hoy, y la aprobación del nuevo
Directorio Nacional para la Catequesis, vemos el surgimiento de unos instrumentos que ofrecen una guía magisterial importante en este proceso mundial y la manera en que, por cierto, se viene articulando en la Iglesia en Estados Unidos.
Empezando con la publicación del
Catecismo de la Iglesia Católica en 1993 y la renovación general de los textos catequéticos en Estados Unidos mediante la labor del Comité Ad Hoc para Supervisar el Uso del Catecismo, y a lo largo de la elaboración del un nuevo
Catecismo Católico para Adultos en Estados Unidos así como la publicación del
Directorio General para la Catequesis y nuestro propio
Directorio Nacional para la Catequesis, encontramos un clima muy diferente.
Muchos recordarán la gran cantidad de diferentes iniciativas catequéticas que surgieron en la década de los 70 y hasta a principios de los 80 en las cuales, en muchas ocasiones, no se podía encontrar un punto de referencia para la fe que estuviese bien definido o bien expresado. Esto nos llevó a hacer esfuerzos en nuestra propia Conferencia de Obispos para, en 1990, producir
Guidelines for Doctrinally Sound Catechetical Materials a fin de indicar claramente el contenido que se debía incluir en los materiales catequéticos. Hoy, aunque la implementación pueda estar un poco fragmentaria en algunos lugares, el
Directorio General para la Catequesis y el
Catecismo para la Iglesia Católica y la adaptación de ambos para Estados Unidos, son y serán cada vez más los documentos normativos para una buena catequesis. Por lo tanto, hoy tenemos un nuevo marco de referencia que simplemente no estuvo disponible para el directorio anterior.
Parte de la visión del nuevo directorio nacional se encuentra en su modo y en su estilo y en la forma en que presenta la visión del Evangelio de la fe como el portal para entrar al campo del Espíritu.
Al inicio de la Misa nos preparamos “para celebrar los sagrados misterios”. Haciendo eco a las palabras de San Pablo en el Nuevo Testamento y a las palabras de Jesús en la Ultima Cena, la Iglesia siempre ha entendido que el discipulado es algo más que simplemente la manera de relacionarnos unos con otros. Es una relación nueva y transformadora con Dios que realmente altera nuestro ser. San Pablo habla de ser hijos adoptivos de Dios por el poder transformador del Espíritu Santo (Ef. 1.5; Gal. 4.5-7). El también describe al discipulado como el inicio de una nueva creación (2 Cor. 5.17).
Nosotros, al enfocar el misterio de la fe reconocemos que en el acto de fe y por medio del poder del Espíritu, Dios realmente viene a este mundo y a nuestras vidas. La realidad trascendente de Dios entra en este mundo por el poder del Espíritu y continúa manifestándose en la realidad sobrenatural que es la Iglesia y en sus acciones, los sacramentos.
Por lo tanto, la entrada a este nuevo mundo de vida que no se nos quitará, empieza con un acto de fe basado en la aceptación de la Palabra de Dios como la proclama y la presenta la Iglesia en cada era.
El recientemente aprobado
Directorio Nacional para la Catequesis hace eco al tono y al espíritu de Ambrosio, Agustín, Gregorio y Juan Crisóstomo. Reconoce que el aspecto principal y esencial de la proclamación de la fe, la evangelización y la catequesis es traer a nuestro mundo el mensaje transformador de la Palabra/revelación de Dios. Es en esta acción que el mundo, incluyéndonos a nosotros, se transforma. La experiencia humana es un factor importante en este proceso al extremo que puede ofrecer un punto de partida para que la semilla de la Palabra de Dios pueda asirse, crecer y dar fruto. No puede, sin embargo, sustituir a la semilla o a su flor.
Esto nos lleva a lo que yo llamaría un nuevo marco para la comprensión de la catequesis. Uno de los discernimientos más útiles en el
Directorio General para la Catequesis es su contextualización de todo el esfuerzo catequético en la gran iniciativa de evangelización.
Al presentar su visión, el directorio nacional resalta la renovación de la catequesis a la cual nos llama el Concilio Vaticano II y su relación a la evangelización. En su exhortación apostólica
Evangelii Nuntiandi (Sobre la evangelización en el mundo contemporáneo), el Papa Pablo VI habla sobre un principio importante para la renovación de la catequesis cuando describe a la catequesis como una labor de evangelización en el contenido de la misión de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II desarrolló aún más este concepto en su exhortación apostólica
Catechesi Tradendae (Sobre la catequesis en nuestro tiempo), en la cual describe a la catequesis como un momento sobresaliente “en todo el proceso de evangelización”. A lo largo de su pontificado, el Papa Juan Pablo II ha contribuido incansablemente a la renovación de la catequesis en todo el mundo por medio de sus muchas encíclicas, exhortaciones apostólicas y discursos (DNC pp. 6-7).
En resumen, lo que dice el directorio y lo que reconoce la nueva evangelización es que existen muchas opciones seculares que obtienen su inspiración desde una variedad de fuentes, presentando otras visiones, estilos de vida y opiniones, desafiando directamente la visión y la vida ofrecidas por Jesús y su Iglesia. La tentación de muchos es decir que lo que la Iglesia ofrece es un “lenguaje duro”, “quién lo querrá”. Por otro lado, lo que el directorio nos ofrece como una visión y fuerza motivadora es el reconocimiento de “Señor, tú tienes palabras de vida eterna”. Lo que el directorio nos anima a hacer es ver la catequesis como la presentación de una invitación a todo un nuevo orden de vida y a una nueva manera de ser y de pensar.
Tanto el directorio general como el directorio nacional hoy colocan la catequesis en el contexto de la nueva evangelización a la cual nuestro Santo Padre ha llamado a la Iglesia por más de dos décadas. En el prólogo de la primera parte leemos que “los conceptos de Palabra de Dios, Evangelio, Reino de Dios y Tradición….fundamentan el significado de catequesis. Junto a ellos, el concepto de evangelización es referente obligado para la catequesis” (35).
Así como el directorio nos dice, citando a
Ecclesia in America, “la nueva evangelización es principalmente la ‘clara e inequívoca proclamación de la persona de Jesucristo, esto es, la predicación de su nombre, sus enseñanzas, su vida, sus promesas y el Reino que él alcanzó para nosotros por su Misterio Pascual’. Esta involucra la participación activa de todo cristiano en la proclamación y demostración que la fe cristiana es la única respuesta total y válida para los problemas y esperanzas que la vida le presenta a cada persona y sociedad” (p. 60).
Evangelizar a personas no es suficiente. El Evangelio está destinado a todo pueblo y nación; éste encuentra un hogar en cada cultura. Aquellos que proclaman el mensaje cristiano deben conocer la cultura y amar a la gente a quien le llevan el mensaje a fin de que éste pueda transformar la cultura y el pueblo y hacerlos nuevos en Cristo. “La nueva evangelización exige un esfuerzo concebido claramente, serio y bien organizado para evangelizar la cultura”. El dinamismo inherente en la nueva evangelización exige tanto la inculturacion del Evangelio como la transformación de la cultura por el Evangelio.
El propósito de esta evangelización es producir una fe y una conversión a Cristo. La fe involucra un cambio profundo de mente y de corazón, un cambio de vida, una
“metanoia”. Tal cambio sólo puede producirse desde lo más profundo de nuestro ser, allí donde uno enfrenta los cuestionamientos verdaderamente importantes sobre la vida humana. Tal cambio, engendrado en la acción del Espíritu Santo, se muestra en la transformación de la vida de uno. Uno empieza a vivir “en Cristo” y está apto para confesar con San Pablo: “Sin embargo, vivo, ya no yo, sino Cristo vive en mi”.
La nueva evangelización—como se presenta en la visión del directorio—encuentra un suelo fértil para la semilla del sembrador. Entre algunos de nuestros jóvenes hay un sentir que el mundo secular, material, no les brinda las respuestas suficientes para su vida. Una y otra vez, el fenómeno de las reuniones juveniles, desde una tan grande como la Jornada Mundial de la Juventud hasta una muy modesta como algún pequeño programa parroquial, manifiestan estar buscando valores y dirección que caracteriza a una cantidad cada vez más grande de nuestros fieles. Hay un hambre de Dios y de las cosas del Espíritu pero éste necesita ser animado, informado y dirigido.
Inclusive entre aquellos que no tienen un buen entendimiento de la fe, encontramos que en todo lugar hay un anhelo de algún tipo de fe y el deseo de una vida de amor generoso cuando el mundo les falla cruelmente y desean hallarle un sentido duradero a sus vidas.
Al realizar mi labor de extensión con la juventud, he sido testigo de su apertura, de su sentido de búsqueda y de su deseo de una afirmación clara de la fe. Las verdades básicas de la fe usualmente producen en ellos una respuesta positiva y afirmativa. Al leer el DNC veo que éste reconoce el mundo que muchos de nosotros, los que estamos involucrados en la evangelización, la catequesis y la proclamación de la palabra, enfrentamos hoy. Las intuiciones del directorio parecen brotar de la experiencia que escuchamos de muchos catequistas y de todos aquellos involucrados en la proclamación de la fe.
El ambiente o el contexto para la nueva evangelización es el mundo cada vez más secular en el que vivimos. La poderosa influencia de un marco moral y de una serie de valores, o la falta de ellos, generados por lo que se ha descrito como la influencia de los medios de difusión y entretenimiento, crea una visión del mundo que no sólo es diferente sino que es realmente contraria al entendimiento de una vida basada en los valores evangélicos.
Así como lo hace el directorio, debemos reconocer las muchas culturas y herencias nacionales y étnicas que forman parte de la Iglesia en Estados Unidos y los valores del Evangelio que encierran muchas de esas culturas. Al mismo tiempo, debemos distinguir estas culturas de la cultura secular generalizada que domina nuestro país y que, a veces, influye en forma tan negativa en los esfuerzos que se hacen para proclamar la fe.
Concomitante con el reconocimiento de la influencia de la cultura secular en nuestra fe, está la desintegración de las estructuras comunitarias y sociales que en el pasado apoyaban la fe religiosa y fomentaban la vida familiar. En verdad, el gran énfasis que se pone en el individuo y sus derechos ha erosionado profundamente el concepto del bien común y su capacidad de llamar a las personas a hacer algo por los demás. Esto impacta profundamente nuestra capacidad para invitar a la gente a aceptar la doctrina revelada que no puede ser cambiada mediante un proceso democrático y un imperativo moral absoluto que no es el resultado de una aprobación popular anterior.
En forma subyacente y haciendo surgir este enfoque en la evangelización se haya el reconocimiento que hoy en día realizamos nuestras actividades catequéticas dentro de circunstancias en las que, con frecuencia, se puede asumir cierto conocimiento de la fe y donde la labor de enseñar es introducir a alguien en la fe como también lo es fortalecer y profundizar el conocimiento actual que pudiesen tener de la fe.
En nuestro ministerio catequético hemos hecho esfuerzos para invitar a personas a la fe quienes poco conocen a Cristo de una manera personal o significante. Trabajamos con personas y tratamos de enseñarles a algunas de ellas que realmente no han disfrutado del gozo de una fe personal o quienes han encontrado muy pocas razones para creer. El
Directorio General para la Catequesis nos recuerda lo que sabemos: que una gran cantidad de nuestra gente “han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio” (DGC 58). Nuestro directorio nacional desarrolla ampliamente los desafíos para la catequesis desde las condiciones sociales y culturales de nuestro país (cf. p. 14).
En pocas palabras, en nuestros esfuerzos catequéticos no podemos asumir como cierto ni el nivel más básico de entendimiento y adhesión a la fe. Más bien, debemos tomar esta tarea como si por primera vez estuviésemos presentando a Cristo a nuestros estudiantes y escuchas.
El directorio nacional nos recuerda que el desafío para la catequesis es integrar la fe y la vida en las creencias religiosas y en las opciones morales, y para los catequistas es ver toda la vida como una respuesta al llamado de Dios. La catequesis necesita presentar la vida cristiana como una respuesta a la invitación de Cristo a seguirlo—en la vida personal y en la familia de uno, en la parroquia y en la comunidad humana en general” (DNC p. 17)
No debe sorprendernos, por lo tanto, que el primer capítulo del
Directorio Nacional para la Catequesis nos hable de las características generales de la cultura estadounidense cuando se refiere al tema de la proclamación del Evangelio en Estados Unidos. Se han hecho esfuerzos también en el recientemente aprobado
Catecismo Católico para Adultos en Estados Unidos a fin contextualizar sus enseñanzas en la misma manera.
Las características de nuestra cultura son portadoras de muchas bendiciones aunque también son portadoras de una igual cantidad de desafíos. Hablar sobre la libertad personal, la libertad religiosa, la libertad económica, un sentido de pragmatismo, un interés en la ciencia y la tecnología, una toma de conciencia y una apertura hacia la globalización y lo móvil de nuestra población en general, es reconocer las categorías básicas del pensamiento y de la vida y sus consecuencias en nuestra nación.
En el mismo capítulo, el directorio se refiere a la diversidad que existe en la cultura estadounidense—diversidad cultural, diversidad religiosa, diversidad regional así como también la diversidad dentro de la misma Iglesia.
El directorio es muy claro cuando se refiere a la diversidad cultural y étnica: “Así como todas las razas, etnias y culturas del mundo están representadas en la población de Estados Unidos, así también ellas encuentran un hogar dentro de la Iglesia Católica. Cada grupo trae consigo su propio idioma, historia, costumbres, rituales y tradiciones para ‘edificar el Cuerpo de Cristo’. Ya que las personas sólo pueden alcanzar su humanidad plena por medio de la cultura, la Iglesia Católica en Estados Unidos, abraza el rico pluralismo cultural de todos los fieles, alienta la identidad singular de cada grupo cultural y urge el enriquecimiento mutuo. Al mismo tiempo, la Iglesia Católica fomenta una unidad de fe dentro de la diversidad multicultural de los pueblos” (DNC p. 37).
El directorio nos ofrece asimismo un perfil de los católicos en Estados Unidos enfocando la demografía y la vida pastoral de hoy. El texto habla luego sobre el hogar y la familia en nuestro país.
Al cierre de esta sección, el directorio nacional nos ofrece, a mi parecer, unas palabras de apoyo llenas de un profundo significado. El texto nos recuerda que “en el proceso de proclamar abiertamente el Evangelio a esta cultura y a las culturas discretas que hay dentro de ella, la Iglesia mantiene firmemente que mediante el misterio de la Encarnación, los pueblos de todas las culturas son capaces de recibir el Evangelio y que, mediante el Evangelio, los pueblos de todas las culturas pueden experimentar la conversión a Jesucristo y comprometerse a seguirlo a fin de estar en comunión con la Iglesia Universal. Ya que la catequesis siempre ocurre dentro de un contexto social y cultural, los catequistas deberán considerar cuidadosamente la integridad del mensaje cristiano que ellos anuncian así como las circunstancias especiales en las cuales lo anuncian. Esto lo hacen dentro de la comunidad de la Iglesia y con la plena confianza que el Maestro y primer Evangelizador estará con ellos “hasta el final de los tiempos” (51-52).
Nunca ha habido un momento en el cual el Evangelio no haya encontrado desafíos y, muchas veces, hasta le ha dado mucha protección a la cultura. El hecho de que ahora nos rodee una nueva serie de circunstancias no debe, por ningún motivo, disminuir nuestro entusiasmo por el mandato del Evangelio. Se nos ha enviado a enseñar todo lo que Cristo nos enseñó sabiendo que el Espíritu permanecerá con nosotros hasta el final de los tiempos.
Quisiera también hacer una breve comparación entre
Sharing the Light of Faith (SLF) y el
Directorio Nacional para la Catequesis (DNC). Aunque uno puede encontrar mucha similitud en áreas importantes y uno pueda fácilmente ver ciertos paralelos en ambos documentos, lo que distingue al Directorio Nacional para la
Catequesis del documento anterior
Sharing the Ligth of Faith es esa amplia perspectiva de evangelización que caracteriza no sólo al directorio sino también su entendimiento de cómo debe verse la catequesis hoy. Es por esta razón que la sección sobre la catequesis dentro de la misión de evangelización de la Iglesia continua inmediatamente después de la descripción que el directorio hace de la cultura y del contexto de la catequesis hoy en día.
Quizás una de las razones por las que existe un contraste en las circunstancias que rodean la transmisión de la fe, como se percibe en el directorio nacional actual, y anteriormente en
Sharing the Light of Faith, es porque la disparidad entre los valores seculares del mundo hoy y los valores cristianos del Evangelio no eran tan obvios en las décadas de los años 60 y 70 como lo son en la actualidad.
El directorio se beneficia por el hecho que el
Catecismo de la Iglesia Católica no sólo ya había sido publicado sino que éste influenciaba ya en el contexto de los materiales catequéticos cuando se publicó el Directorio General y la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos había empezado a adaptarlo en la nación. Por lo tanto, el presente directorio se beneficia de la suposición que el contenido de la fe está a disposición de los catequistas en el
Catecismo de la Iglesia Católica y en su adaptación para la Iglesia en Estados Unidos, en el
Catecismo Católico para Adultos en Estados Unidos.
Otra área de desarrollo importante desde la publicación de
Sharing the Light of Faith es la atención prestada al concepto de la inculturación. Tanto el DGC como el DNC prestan seria atención a la importancia de inculturar el mensaje cristiano y a la necesidad de que el Evangelio moldee la cultura. El encuentro de la fe con la cultura tiene un dinamismo doble. Por un lado, existe el reconocimiento que la cultura es un vehículo para la fe y que la recepción de la fe puede estar fuertemente condicionada por las influencias culturales y, al mismo tiempo, la profunda realización que el Evangelio debe influenciar e informar cada cultura.
No nos debe sorprender ver que nuestro propio directorio nacional le preste más atención a las necesidades de las personas de diferentes antecedentes étnicos y a las personas que viven con discapacidades que lo que se presentó en
Sharing the Light of Faith. Creo que ésta es una muestra de la toma de conciencia en nuestra cultura de la riqueza de la diversidad étnica y nuestra necesidad de ser más atentos con las personas que tienen necesidades especiales. Podremos esperar que esto redunde directamente en la manera en que realizamos nuestro ministerio de evangelización y catequesis.
Quizás no ha habido una sola fuente de influencia y énfasis en el ministerio catequético en los últimos 25 años que el Papa Juan Pablo II. Prosiguiendo en su 27vo año como Pastor de la Iglesia Universal, su corpus de enseñanza continúa creciendo. No sólo ha producido un extraordinario número de encíclicas—14—sino que también es autor de 14 exhortaciones apostólicas post-sinodales. Todos estos materiales en sí cubren casi todos los aspectos de la vida y de la doctrina de la Iglesia. Junto con el
Catecismo de la Iglesia Católica, el cual tiene como fuente principal la Sagrada Escritura y luego el Concilio Vaticano II, el magisterio papal y las exposiciones clásicas de la fe, el Papa ha influenciado el modo de pensar de tantos fieles en todo el mundo, incluyendo a muchos de nosotros involucrados en la catequesis, y nos ha traído una renovada confianza en la fe.
Un tema que el Santo Padre siempre repite es “no tengan miedo”. El se propuso restaurar la confianza, especialmente entre los que proclaman y enseñan la fe, que las propias palabras del mensaje son, en verdad, dadoras de vida. El ha mostrado en todos sus viajes, los cuales lo han llevado a casi todas las naciones de este planeta, el tema constante que la integridad de la fe descansa en la palabra revelada de Dios presentada en su Iglesia. Por lo tanto, la proclamación plena de la enseñanza de la Iglesia deberá formar parte de una auténtica catequesis.
En octubre de 1978, cuando el papa dio su homilía en su Misa de toma de posesión como Pastor de la Iglesia Universal en la Basílica de San Pedro, la inició con un desafío que se ha venido repitiendo alrededor del mundo a lo largo de los últimos 26 años. “Abre de par en par las puertas de tu corazón a Cristo”. El habló en italiano y utilizó una palabra italiana muy interesante que significa abrir las puertas de tal forma que se rompan las bisagras.
Sus comentarios, discursos, exhortaciones y homilías en las jornadas mundiales de la juventud son un diálogo dramático de aliento. Con qué frecuencia él les ha dicho a los jóvenes “no tengan miedo”, “siéntanse orgullosos de su fe”, “conozcan su fe”, “vivan su fe”, “amen su fe”.
Me conmovió mucho cuando, durante su visita a Denver hace ya varios años atrás, el Papa, al finalizar su homilía les dijo al medio millón de jóvenes allí reunidos en ese inmenso campo en las afueras de la ciudad: “¡Nunca se avergüencen de su fe!”. Luego de hacer una pausa, miró al papel que tenía en las manos y les dijo: “Eso no es lo que quise decir. Lo que quise decir es ‘estén orgullosos de su fe’”.
Los capítulos tres, cinco y seis están dedicados a la reflexión y presentación de todo lo que abarca la enseñanza católica. El directorio sigue la misma estructura que encontramos en el
Catecismo de la Iglesia Católica y nos llama a reconocer la necesidad de presentar la fe en forma total y completa. El tono de estos capítulos es uno de confianza al reflexionar sobre la profunda verdad de la doctrina de la Iglesia aún cuando ésta es opuesta a la cultural tan secular de hoy
En el Nuevo Testamento, los seguidores de Jesús se maravillaron que, a diferencia de los otros maestros, él enseñaba con autoridad. Por ejemplo, en el Evangelio de Mateo leemos: “Cuando Jesús terminó este discurso, la gente estaba admirada de cómo enseñaba porque lo hacía con autoridad y no como sus maestros de la Ley” (Mt 7.28-29). San Marcos recuerda cómo Jesús “empezó a enseñar en la Sinagoga…Su manera de enseñar impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad” (Mc 1.21-22).
Jesús tenía autoridad por ser quien era. El proclamó “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14.6). La verdad—la realidad misma de quién es Jesús—es lo que él comparte con nosotros a través de la Iglesia.
Cuando juzgaban a Jesús, Pilato le preguntó: “¿tú eres rey?” Jesús le respondió: “Para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está de lado de la verdad escucha mi voz” (Jn 18.37).
Nuestra confianza en la proclamación de la fe descansa en la identidad de la Iglesia y, por lo tanto, en nuestra identidad como fieles miembros del Cuerpo de Cristo viva en una tradición apostólica que se remonta a los tiempos de los apóstoles y que hace eco al mensaje del Evangelio en nuestro mundo.
Para evitar esta confusión y la posibilidad de no entender bien la palabra de Dios, Jesús escogió a los apóstoles y les dio, tanto a ellos como a sus sucesores, la responsabilidad de enseñar la fe verdadera, asegurando que ésta se presente en forma clara y que se aplique a los problemas y a las necesidades del día.
La fe católica auténtica nunca es parcial ni selectiva. Siempre es universal. Le decimos “sí” a todo el misterio de la fe y a cada uno de sus elementos por nuestra fe personal en Dios. Creemos en la verdad que Dios revela porque creemos a Dios, y creemos que Dios aún está enseñando en la Iglesia y por medio de ella.
Cuando Pedro se dio cuenta realmente que Dios estaba en Cristo, él estaba preparado para creer la palabra de Cristo ya que para Pedro estaba claro que siempre se le cree a Dios. “Tu tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6.68-69).
Aunque cada cristiano comparte la misión de proclamar la verdad y de dar testimonio del Evangelio, los apóstoles, los obispos, tienen la primera responsabilidad de guardar, proclamar y verificar el mensaje del Evangelio.
Bajo el concepto de dimensión eclesial de la catequesis deseo hablar sobre la función del obispo y de todos aquellos a quienes se les ha dado el poder o se les ha encargado participar en la acción catequizadora de la Iglesia. En los capítulos 8 y 9, encontramos un diálogo sobre aquellos que catequizan y la organización del ministerio catequético. El punto de partida, es obviamente, la Iglesia. La fe se vive y se transmite dentro del contexto de la Iglesia. Por lo tanto, en ambas secciones se destaca la función del obispo ya que éste tiene la responsabilidad, primero, de enseñar en forma activa y directa y, luego, de supervisar todo el ministerio de enseñanza que se realiza en la Iglesia diocesana a nombre de la Iglesia. El directorio se refiere entonces al ministerio de la Iglesia en general bajo la guía del obispo y luego habla de la expresión de ese ministerio en la parroquia que es la realización y experiencia más común de la Iglesia diocesana en la vida de los fieles.
Ya que el directorio nacional contempla la fe como el portal a toda la magnitud del reino que construimos en nuestro mundo y ya que esa fe nos llega por medio de la proclamación, predicación o presentación y testimonio de los demás, toda catequesis es, fundamentalmente, eclesial. Por lo tanto, en el directorio vemos que se enfatiza la función del obispo como el catequista principal y luego una indicación de aquellos que son encargados por él, ya sea por medio del sacramento de órdenes sagradas o por habérseles delegado la labor o habérseles nombrado como catequistas, para participar en la proclamación de la fe en la Iglesia.
El directorio destaca y valora la función de todos los catequistas. Muestra una lista de las varias manifestaciones de actividad catequética en la Iglesia y elogia su participación en la misión docente de la Iglesia hoy.
Seria redundante enumerar la cantidad de expresiones fructíferas de ánimo y dirección que tratan con la gran gama de experiencias catequéticas. Sin embargo, quiero mencionar un punto que se hace en el capítulo 9 relacionado a la organización del ministerio catequético. Aquí se nos recuerda que así como el obispo es el liturgista principal en la diócesis, él es también el catequista principal y debe estar, en lo posible, directamente involucrado en la animación y supervisión del ministerio catequético. La dimensión eclesial de la proclamación de la fe refleja la renovación en la vida litúrgica de la Iglesia, particularmente, en el Rito de Iniciación Cristiana para Adultos donde la dimensión eclesial de la jornada personal de fe de un individuo se subraya como esencial y dadora de vida.
En la vida de la Iglesia en Estados Unidos, los párrocos, ordenados como compañeros de trabajo del obispo, tienen la responsabilidad de la proclamación de la fe y de la supervisión de su enseñanza en la parroquia.
La educación religiosa se realiza en una variedad de formatos desde la introducción del niño que toma conciencia de la fe hasta la formación continua de adultos en la fe. El directorio menciona el programa de la Conferencia para la formación de adultos en la fe “Sentíamos arder nuestro corazón” a fin de destacar el importante rol de la formación de adultos en la fe.
El directorio reconoce también que la educación religiosa es un proceso de toda la vida. Antes que nada, ésta empieza con el simple reconocimiento que la palabra de Dios, la revelación que se nos dio en Jesucristo, la verdad que se nos presentó en Cristo, va mucho más allá de nosotros. Reconocer esto involucra un acto de humildad. Al hecho de obedecer y aceptar la palabra de Dios a veces se le describe como una “genuflexión de la voluntad”: “Quizás yo no entienda completamente el misterio de lo que dices, Dios, pero en humildad, y reconociendo mi propia limitación, acepto tu palabra”.
El siguiente paso es tratar de comprender. La tarea de comprender esto ha sido la labor de la Iglesia por dos mil años. ¿Qué significa decir que Cristo vino entre nosotros, murió, resucitó de entre los muertos y nos salvó? ¿Qué significa decir que estamos justificados, que hemos sido redimidos, que algún día estaremos unidos a Cristo en gloria? ¿Qué significa decir que ahora tengo la obligación de aplicar los mandamientos y las bienaventuranzas, el Sermón de la Montaña, y las labores de misericordia a mi vida diaria? Por lo tanto, la Iglesia nos empieza a mostrar esa revelación y a aplicarla a nuestra vida diaria.
El directorio nacional pone énfasis en quiénes somos como pueblo de Dios. De esta manera, existe un sentido en el cual estamos todos involucrados en la tarea de vivir y de invitar a todos al misterio. La dinámica del nuevo directorio incluye la comprensión que se nos identifica como pueblo por nuestra fe dentro de una realidad supernatural total que simplemente no puede verificarse experimentalmente. La entrada a este gran misterio, al misterio pascual presente en nuestra vida en los sacramentos y, especialmente, en la Eucaristía, es algo que trasciende la experiencia humana básica.
Se nos llama a reconocer la importancia de la vida sacramental de la Iglesia y ver la realidad de la venida de Dios entre nosotros, de Jesús como Dios-con-nosotros, del singular rol mediador de la Iglesia como continuación de la misión y ministerio de Jesús y de los sacramentos como momentos privilegiados de encuentro con Cristo vivo.
El directorio nacional está siendo publicado en el contexto mismo del Año de la Eucaristía. Este próximo octubre nuestro Santo Padre presidirá un sínodo sobre la Eucaristía a fin de destacar nuevamente el lugar esencial e indispensable de la Eucaristía en el misterio de la redención y, por lo tanto, de toda evangelización y catequesis. La encíclica de nuestro Santo Padre
Ecclesia de Eucaristía (Sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia) es un lindo recordatorio del misterio inexplicable de nuestra participación sacramental en la muerte y resurrección de Cristo pero, por cierto, de cuando entramos en el misterio de la Eucaristía.
“Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y ‘se realiza la obra de nuestra redención’. Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre
sólo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente. Ésta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas” (11).
Uno de los puntos más fuertes de este directorio es el énfasis que pone en el uso de una metodología apropiada y el hecho que dedica un capítulo entero a la metodología divina y humana y a los elementos de la metodología humana. Otro punto fuerte del directorio es que reconoce la necesidad de contar con los materiales apropiados para la catequesis. Mientras que el directorio fija el contenido y el contexto de nuestra evangelización catequética en el ámbito de la revelación y de la proclamación de la Iglesia en el don del Espíritu, también toma plena conciencia de: que estamos catequizando al pueblo de Dios en diversos entornos; que existen funciones diferentes para aquellos que catequizan; que debe haber una formación y preparación continua de los catequistas; y que debe darse muchísima atención a la buena organización del ministerio catequético.
Podríamos dedicar toda una presentación hoy solamente a los materiales que hay para una buena catequesis. Los materiales producidos por la Santa Sede y por nuestra Conferencia de Obispos sólo en la última década podrían ser el tema de toda una nueva discusión. El directorio reconoce claramente la importancia de estos materiales y habla asimismo de su significado en la empresa de la catequesis.
Al concluir estas reflexiones, deseo recalcar algo que creo yo nos hemos dado cuenta todos. Este es un nuevo momento para comprometer a la generación venidera en la experiencia vivida de Jesucristo. Según un comentario hecho recientemente por una revista nacional, muchísima más gente ha visto vivir a nuestro Santo Padre que a ninguna otra persona en toda la historia de la humanidad. Aunque el hecho en sí es extraordinario, el comentario también notó que su influencia y su impacto, aunque en expresiones intangibles, es identificablemente mucho más significativo que ninguna otra persona, grupo de personas o inclusive instituciones o grupos de instituciones en el mundo hoy, especialmente como fenómeno contracultural.
Su mensaje es uno sencillo, sistemático, persistente e insistente. Dios nos ama, Cristo vino entre nosotros para llevarnos al Padre.
Recuerdo que cuando yo era un joven sacerdote, le pregunté a otro sacerdote mucho mayor y más sensato que yo qué es lo que podríamos hacer nosotros cuando la gente no parece escuchar las lecciones que, domingo a domingo, proclamamos desde el púlpito. El me contestó: “Sólo hay una respuesta. Tú predicas el Evangelio. Lo dices de la mejor forma posible. Y luego lo repites una y otra vez”.
Hay días en que pienso si quizás pudiésemos recurrir a otros medios para proclamar el evangelio una y otra vez pero luego pienso en la sabiduría de ese respetado y sabio sacerdote. El nuestro es un ministerio de proclamación. Estamos llamados a enseñar, exhortar, convencer, persuadir y, en la medida en que lo hacemos, en esa medida seremos fieles a nuestro ministerio.
El gran consuelo que extraje del documento
Pastores gregis, una exhortación apostólica dedicada a los obispos pero, creo yo, igualmente aplicable a todos los que estamos en esta conferencia, es el reconocimiento que me dice que aunque yo no tenga los dones de un Ignacio de Antioquia o de un Agustín o de un Juan Crisóstomo o de un Basilio o de un Gregorio, yo todavía puedo hacer todo lo que esté a mi alcance para enseñar en palabra, en obras pastorales y dando testimonio.
Pienso que esto es verdad para todos nosotros que estamos comprometidos con la empresa de la catequesis. Aunque no tengamos todas las maravillosas cualidades de Luisa de Marillac, de Elizabeth Ann Seton, o de Catherine Drexel, todavía podemos hacer lo mejor que podamos para modelar la fe en nuestra vida, proclamar la buena nueva de Cristo y nuestro encuentro con él e invitar a aquellos a quienes se nos ha confiado su cuidado a la celebración de la Eucaristía para que todos nosotros podamos unirnos en ese estribillo lleno de gozo que nos continúa sosteniendo hoy: Cristo ha muerto. Cristo ha resucitado. Cristo vendrá otra vez.
Gracias.