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Ciudadanos Fieles: Un Asunto de Conciencia
¡Atención, atención! ¡Llamando a todos los católicos adultos! ¡Formen su conciencia¡ Vean este breve video para aprender cómo los valores católicos pueden formar su conciencia y ayudarles a tomar decisiones sólidas en cuestiones de ámbito público (En español, 10 minutos de duración).






Reflexión Teológica

Les daré dentro de los muros de mi casa
un monumento de piedra y un nombre que vale
más que hijos e hijas,
una fama que nunca se acabará o se olvidará. . .
Los llevaré a mi cerro santo
y haré que se sientan felices en mi Casa de oración.
Serán aceptados los holocaustos y sacrificios
que hagan sobre mi altar,
ya que mi casa será llamada
Casa de oración para todo el mundo.
Esto dice el Señor Yavé,
que reúne a todos los israelitas que estaban dispersos:
Agregaré todavía más gente
a todos los que ha se habían juntado (Is. 56:5, 7-8)


Nuestra Diversidad Humana

Cada uno de nosotros está hecho a imagen y semejanza de Dios. Cada uno de nosotros es un regalo de Dios para el mundo, y cada uno es muy singular. Yo soy del color, de la raza, y de la cultura que soy, y soy algo más. Soy americano: africano-americano, asiático-americano, hispano-americano, europeo-americano, nativo-americano, y tengo antepasados de más de uno y soy algo más. Mis raíces se encuentran en África, Asia, Sudamérica, Centroamérica, el Caribe, Europa, el Cercano Oriente, Norteamérica, y soy algo más. Vivo en la ciudad y en un pueblo pequeño; vivo en los suburbios y en una comunidad privada, y soy algo más.


Nuestros Estilos de Vida

Soy madre y padre, hermana e hija, hijo y hermano, amigo y colega, y soy algo más. Soy trabajador de construcción y enfermera, soy doctor y obrero, trabajo en casa y viajo grandes distancias, y soy algo más. Viajo constantemente de ciudad en ciudad y he vivido en el mismo lugar por generaciones. Soy un padre para quien los hijos son vida y alegría y soy una madre soltera que se esfuerza por educar a sus tres hijos, y soy una religiosa enriquecida por la experiencia de trabajar con los demás. Tengo quince años y doy gracias a Dios por la iglesia que me es familiar y tengo sesenta años y me siento perdida buscando desesperadamente mi lugar en la iglesia a la que estaba acostumbrada, y soy algo más. Soy un padre divorciado que veo a mis hijos cada dos semanas y soy una madre que ha escogido su familia sobre una profesión. Disfruto de muy buena salud y sufro por mis enfermedades, y soy algo más. Soy un joven soltero y estoy recién casada. Estoy rodeado de maravillosos amigos y me siento sola buscando una buena amiga, y soy algo más.


Nuestra Vida en la Comunidad de Fe

Vivo mi fe a diario en mi centro laboral y mi trabajo es velar por los pobres de mi comunidad. Soy un abogado que defiende a los oprimidos y un trabajador que construye casas para los desamparados. Visito a los enfermos, consuelo a los que están solos, sufro con quienes lloran a un ser querido. Soy un campesino que provee comida en la mesa y un ministro de la Eucaristía que lleva alimento a los enfermos. Soy un catequista que enseña a la juventud en la fe y soy madrina de catecúmenos adultos. Pertenezco a un grupo interreligioso y soy miembro de una pequeña comunidad eclesial. Soy una padre orgulloso por la confirmación de mi hija y una madre preocupada por la participación de mi hijo en un grupo religioso nuevo. Soy un carismático renovado por el poder del Espíritu y soy una contemplativa postrada ante el silencio de un gran misterio. Soy católico y crecí en un país donde los cristianos son una minoría pequeña. Mi cultura es vista como una religión, pero mi cultura es una parte integral de mi fe católica. Soy una persona mayor que conserva las tradiciones de la Iglesia y soy una joven llena de energía que descubre nuevas formas de vivir esas tradiciones. Soy un miembro de la parroquia y, sin embargo, no me siento en casa.

Soy quien soy porque Dios me ama. Es Dios quien me busca. Es Dios quien me amó primero. Es Dios quien tiene un lugar para mí en su casa.


Compartiendo la Visión del Encuentro 2000

"Soy" describe algunos de los muchos rostros de la Iglesia en Estados Unidos. "Soy" también nombra a Aquel que está dentro de esos rostros. Como tal, "soy" ofrece una visión de muchos lugares, culturas, situaciones y contextos que describen una realidad multicultural verdaderamente bendecida, y que hoy ofrece un nuevo significado al multiculturalismo en Estados Unidos. Encuentro 2000 propone estas dos visiones un Único Señor y los muchos rostros. Encuentro 2000 reconoce que la vida en Estados Unidos nos encuentra en diferentes relaciones unos con otros y con el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Esta desconcertante variedad de relaciones puede ser vista como un obstáculo para ser familia, comunidad, sociedad y, finalmente, Iglesia. Sin embargo, Encuentro 2000 ve a Jesús abriendo la puerta, llevándonos más allá de cada uno de estos obstáculos, invitándonos a pasar y repitiendo las palabras del profeta Isaías:

Los llevaré a mi cerro santo y haré que se sientan
felices en mi Casa de oración.
Serán aceptados los holocaustos y sacrificios
que hagan sobre mi altar,
ya que mi casa será llamada
Casa de oración para todo el mundo (56:7)

Jesús describe una hospitalidad amable y transformadora al abrirnos la puerta e invitarnos a pasar. Es amable porque Jesús se nos presenta en medio de esta variedad de pueblos y de relaciones que parecerían puertas cerradas, y que ahora están abiertas. Esta hospitalidad es transformadora porque Jesús nos invita a cruzar el umbral de esa puerta abierta hacia una casa nueva, una casa de oración para todos los pueblos.

Debemos seguir al Señor y convertirnos en amables anfitriones al reconocer y abrazar nuestra diversidad cultural, étnica, y lingüistica y honrar la presencia única de Dios en nuestras vidas, historias y culturas. Esta hospitalidad amable y transformadora también describe el significado verdaderamente cristiano del multiculturalismo. Un multiculturalismo que se enfoca menos en un lugar donde se reúnen muchos pueblos y más en una hospitalidad amable que crea un espacio de bienvenida para cada uno de estos rostros. Encuentro 2000, entonces, ve a la Iglesia del tercer milenio como Jesús que lava los pies de sus discípulos, como el anfitrión de la casa para todos los pueblos. Esa visión nos llama a convertirnos en el amable Señor, en el cordial anfitrión de un mundo lleno de conversaciones disonantes y sin sentido. Se nos pide empezar una nueva conversación en esta casa de oración. Tal sentido de hospitalidad transforma las diferencias culturales, raciales, sociales, de género, de lenguaje y las distintas circunstancias, en una invitación a hablar desde los más profundos anhelos de nuestro corazón. Tal hospitalidad reconoce la invitación del anfitrión, que nos conoce mejor que nosotros mismos, de convertirnos en anfitriones unos de otros. Como tal, esta visión de amable hospitalidad transforma cualquier obstáculo a la fidelidad en oportunidades de hablar desde lo más profundo de nuestro corazón. En esta casa de bienvenida, incluso aquellos que se encuentran sin rumbo, cansados y temerosos en este mundo, pueden escuchar las palabras de Isaías:

Esto dice el Señor Yavé,
que reúne a todos los israelitas que estaban dispersos:
Agregaré todavía más gente a todos
los que ya se habían juntado. (56:8)


Haciendo Realidad la Visión del Encuentro 2000

Encuentro 2000 nos llama hacia una nueva primavera del Cristianismo al entrar en el tercer milenio. Nos extiende una invitación abierta hacia una hospitalidad amable que nos invita a sentirnos en casa. Tal llamada a la hospitalidad acepta sin condiciones nuestros dones y contribuciones al banquete de sueños futuros que celebramos en la mesa de la cocina. Nos llama a la sala para compartir nuestro álbum de fotografías y contar nuestras historias familiares. Nos llama hacia la puerta cerrada con rabia, para ofrecer una confesión de errores y palabras de perdón que puedan llevarnos hacia la reconciliación y a sanar las heridas. Nos llama al patio para tener una nueva experiencia del jardín como un lugar de oración para todos los pueblos. Finalmente, nos llama a la mesa eucarística para compartir nuestras alegrías y dolores con Aquel que es al mismo tiempo nuestro Señor y nuestro Anfitrión, en una deslumbrante visión de comunión. El Cuerpo de Cristo reunido en la mesa del banquete es cima y fuente de la hospitalidad transformadora. Es la casa de oración en donde habitan los muchos rostros de la casa de Dios.

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