Comience la sesión hacienda referencia a una mesa: ¿Quién se puede sentar alrededor de la mesa de la vida? Pídales a los jóvenes que cierren los ojos y se imaginen la mesa de un banquete que ha sido preparada para una fiesta. Déles tiempo para que, en silencio, se la imaginen, o quizás quiera pedirles que hagan un dibujo de quienes están sentados alrededor de la mesa.
Déles
tiempo para que cada estudiante nombre y describa algunas de las personas que
están sentadas alrededor de la mesa. A continuación, pregúnteles si alguien
tiene lugares reservados alrededor de la mesa para los prisioneros, los
extranjeros, los enfermos, los hambrientos o los que no tienen hogar.
Jesús nos dice que debemos dar la bienvenida a los extranjeros, dar de comer a
los hambrientos, visitar a los encarcelados y a los enfermos. ¡Jesús incluso
dice más! Oremos y escuchemos la lectura del Evangelio.
Oremos.
Padre de amor y bondad, tú nos das todo lo que tenemos. Espíritu de compasión,
ayúdanos a compartir lo que tenemos con los menos afortunados. Ayúdanos también
a defender a los necesitados de nuestra comunidad, nación y del mundo entero, y
a trabajar para que desaparezca la pobreza y para promover la justicia en
nuestro mundo. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Pida a los estudiantes que se sienten. El catequista toma la Biblia de donde está colocada reverentemente y proclama la lectura. Asegúrese de marcar la lectura con antelación.
Proclame la lectura (Mateo 25:31-46):
Lectura del Evangelio según san Mateo…
Al terminar la lectura, guarde un breve periodo de silencio. A continuación, pregunte a los niños estas preguntas u otras similares:
Después de las primeras respuestas de los niños, lea de nuevo la lectura.
Lectura del Evangelio según san Mateo…
A continuación, hágales las siguientes preguntas:
El catequista pasa de la reflexión sobre la Sagrada Escritura al diálogo
acerca de la enseñanza de la Iglesia.
Jesús amaba de una forma especial a quienes estaban hambrientos, sedientos,
enfermos o en la cárcel. Amaba de una forma especial a los pobres y los
débiles. La Iglesia continúa las enseñanzas de Jesús. La Iglesia nos enseña que
debemos ayudar a los pobres y débiles.
Los pobres ocupan un lugar especial en la Iglesia. Los obispos norteamericanos
dicen: "Mientras que el bien común abarca a todos, quienes son
débiles, vulnerables y están más necesitados se merecen ser objeto de una
opción preferencial." (Ciudadanos
fieles, no. 50). Deberíamos poner las necesidades de los pobres en primer
lugar.
[Nota: Si los estudiantes tienen preguntas acerca de porqué cuidamos especialmente de los pobres y los vulnerables (a fin de cuentas, ¿no deberíamos cuidar de todos los hijos e hijas de Dios?), quizás le ayude si les pide que se imaginen que un padre o madre está caminando por la playa con sus dos hijos. Si las olas se llevan a uno de ellos, ¿tratará el padre o la madre a los dos hijos por igual? Si los estudiantes no tienen experiencia con la playa, dígales: Si un padre o madre está caminando por la calle con sus dos hijos y uno se cae, se raspa la rodilla y le empieza a sangrar, ¿tratará a los dos hijos por igual? No, el padre responde de una manera especial al hijo que tiene la mayor necesidad, aunque el padre ama a sus dos hijos. Lo mismo sucede con nuestros hermanos y hermanas más necesitados. Los pobres y los vulnerables se merecen nuestra especial preocupación y atención.]
La Iglesia
también nos dice que cuando cuidamos de los pobres, estamos siendo no sólo
buenos discípulos, sino también buenos ciudadanos. Los líderes de nuestras
ciudades, pueblos y del país también deben demostrar su preocupación por los
pobres (Ciudadanos fieles, no. 47).
La Biblia y las enseñanzas de la Iglesia nos dicen que debemos poner nuestro
amor en acción. Esto significa que debemos hacer algo para ayudar a los pobres (Ciudadanos
fieles, no. 51).
Al terminar esta parte del diálogo, converse con los niños sobre pasos específicos que pueden tomar para cuidar de los pobres. Desarrollen, como grupo, un plan mediante el cual la clase ponga las necesidades de los pobres en primer lugar. He aquí algunos ejemplos:
Regresen a donde están reunidos los adultos o al círculo de oración. Acuérdense de la imagen de la mesa que usaron al principio de la sesión. Reúna a los niños, haga que guarden silencio para realizar la oración.
Oremos.
Padre bondadoso y bueno, gracias por todo lo que nos has dado.
Oramos ahora por los pobres y los enfermos.
Oramos por quienes hemos invitado ahora a nuestra mesa.
Ayúdanos a seguir tus enseñanzas, ayudando a los necesitados y promoviendo la justicia y la paz.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, tu Hijo, y por el poder del Espíritu Santo,
un Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
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