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Carta al Presidente Bush sobre Iraq

 

Obispo Wilton D. Gregory
13 de setiembre de 2002

Excelentísimo Señor
Presidente George W. Bush
La Casa Blanca
Washington, D.C. 20500

Estimado señor Presidente:

Los 60 miembros del Comité Administrativo de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, durante su reunión de la semana pasada, me pidieron que le escribiera sobre la situación en Iraq. Hemos recibido con agrado sus esfuerzos para enfocar la atención mundial en la necesidad de tratar con la represión en Iraq y su búsqueda de armas de destrucción masiva, en desafío a las Naciones Unidas. Aunque nuestro Comité se reunió antes de su discurso ante las Naciones Unidas, consideré importante expresarle nuestras serias interrogantes sobre la legitimidad moral de cualquier uso preventivo y unilateral de la fuerza militar para derrocar al gobierno de Iraq.

Hace un año, mi antecesor, monseñor Joseph Fiorenza, le escribió respecto a la respuesta de Estados Unidos a los horríficos ataques que conmemoramos la semana pasada. El le manifestó que, a nuestro juicio, el uso de la fuerza contra Afganistán podría ser justificado si es que se llevaba a cabo de acuerdo a las normas de la guerra justa y como parte de unos esfuerzos mucho más grandes, no-militares, para lidiar con el terrorismo. Creemos que Iraq es un caso distinto. Dado los precedentes y los riesgos envueltos, encontramos difícil justificar que la guerra contra el terrorismo se extienda a Iraq, ya que no hay una evidencia clara y satisfactoria que implique a Iraq en los ataques del 11 de setiembre o en un ataque grave inminente.

Los Estados Unidos y la comunidad internacional tienen dos obligaciones morales serias: la de proteger el bien común contra la amenaza iraquí a la paz y hacerla en una manera que se ajuste a las normas morales tradicionales. No nos hacemos ilusiones sobre el comportamiento o las intenciones del gobierno iraquí. El liderazgo iraquí debe cesar su represión interna, poner fin a las amenazas a sus vecinos, detener todo apoyo al terrorismo, abandonar sus esfuerzos para crear armas de destrucción masiva, y cumplir con las resoluciones de las Naciones Unidas. El movilizar a las naciones del mundo para que reconozcan y lidien con la amenaza de Iraq a la paz y a la estabilidad mediante nuevas acciones de parte de la ONU y mediante un compromiso común para asegurar que Iraq cumpla con sus compromisos, es una alternativa legítima y necesaria al uso unilateral de la fuerza militar. Acogemos con beneplácito su decisión de buscar una acción de parte de las Naciones Unidas, pero también deberá haber una respuesta a las interrogantes sobre los fines y los medios.

No hay una respuesta fácil. Las personas de buena voluntad pueden aplicar los principios éticos y llegar a hacer juicios moderados diferentes, dependiendo en la evaluación de los hechos presentados y otros asuntos. Basados en la información que conocemos, hemos concluido que el empleo preventivo y unilateral de la fuerza es difícil de justificar en estos momentos. Tememos que recurrir a la fuerza, bajo estas circunstancias, no llenaria las estrictas condiciones de las enseñanzas católicas para invalidar la firme presunción contra el uso de la fuerza militar. Una preocupación especial se centra en el criterio tradicional de la guerra justa por causa justa, en la autoridad legítima, en las condiciones serias de éxito, la proporcionalidad, y la inmunidad a los no combatientes.

Causa justa. "Cuál es la casus belli para un ataque militar a Iraq? El Catecismo de la Iglesia Católica, reflejando limitaciones morales y legales ampliamente aceptadas sobre por qué se debe usar la fuerza militar, limita la causa justa a los casos en que "el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de naciones sea duradero, grave y cierto" (#2309). "Hay alguna evidencia clara y satisfactoria de una conexión directa entre Iraq y los ataques del 11 de setiembre o una evidencia satisfactoria sobre un ataque serio inminente? "Es prudente extender en forma espectacular los límites morales y legales tradicionales sobre la causa justa para incluir el uso preventivo de la fuerza militar a fin de derrocar regímenes amenazantes o enfrentar la proliferación de armas de destrucción masiva? "Acaso no debería haber una distinción entre los esfuerzos para cambiar las conductas inaceptables de un gobierno y los esfuerzos para poner fin a la existencia de ese gobierno?

Autoridad legítima. La credibilidad moral respecto al uso de la fuerza militar también depende grandemente de la existencia de una autoridad legítima para usar la fuerza para derrocar al gobierno de Iraq. A nuestro juicio, las decisiones graves como éstas exigen el cumplimiento de los mandatos constitucionales de Estados Unidos, un amplio consenso dentro de nuestra nación, y alguna forma de sanción internacional, preferentemente, de parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es por eso que nuestra decisión de obtener la aprobación del Congreso y de las Naciones Unidas es muy importante. Junto a la Santa Sede, estaríamos muy escépticos sobre los usos unilaterales de la fuerza militar, especialmente por los preocupantes precedentes ya sentados.

Probabilidades de éxito y proporcionalidad. El uso de la fuerza deberá tener "condiciones serias de éxito" y no deberá entrañar "males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar" (Catecismo #2309). La guerra contra Iraq podría tener consecuencias imprevisibles no sólo para Iraq, sino también para la paz y la estabilidad del Medio Oriente. "Podría la fuerza preventiva tener éxito en frustrar las amenazas serias o, quizás, provocar los mismísimos ataques que debería evitar? "En qué forma impactaría a la población civil otra guerra en Iraq, a corto y a largo plazo? "Cuántas más personas inocentes sufrirían y morirían, o se quedarían sin vivienda o sin las necesidades básicas, y sin trabajo? "Se comprometerían Estados Unidos y la comunidad internacional a la larga y ardua labor de asegurar una paz justa o es que Iraq--después de Sadam-- continuaría estando plagada de conflictos civiles y represión, y seguir siendo una fuerza desestabilizadora en la región? "Podría el uso de la fuerza militar conducir a mayores conflictos e inestabilidad? "Podría la guerra contra Iraq mermar nuestra responsabilidad de ayudar a construir un orden justo y estable en Afganistán y socavar la amplia coalición en contra del terrorismo?

Normas que gobiernan la conducta de guerra. Aunque reconocemos una mejor capacidad y unos serios esfuerzos para evitar un ataque directo a la población civil en la guerra, el uso de una fuerza militar masiva para derrocar al actual gobierno de Iraq podría tener consecuencias incalculables en una población civil que ha sufrido mucho a causa de la guerra, de la represión, y de un embargo debilitante.

Exponemos estas preocupantes interrogantes a fin de contribuir al vital debate nacional sobre los fines y los medios, los factores de riesgo y las opciones que reflejan nuestras responsabilidades como pastores y maestros. Nuestra evaluación de estas interrogantes nos lleva a exhortarle a buscar en forma enérgica alternativas a la guerra. Esperamos que usted insista en el difícil y frustrante desafío de conseguir un amplio apoyo internacional para establecer un método más constructivo y eficaz para presionar al gobierno iraquí a cumplir con sus obligaciones internacionales. Este enfoque pudiese incluir la continuación de los esfuerzos diplomáticos dirigidos, en parte, a reanudar unas inspecciones más meticulosas y válidas; el cumplimiento eficaz del embargo militar; el mantenimiento de las sanciones políticas y de sanciones económicas mucho más precisas que no amenacen la vida de inocentes civiles iraquíes; el apoyo no-militar para iraquíes que ofrezcan alternativas democráticas; y otras formas legítimas para contener y disuadir las acciones agresivas de los iraquíes. Le exhortamos respetuosamente a desistir de los planes de guerra y ayudar al mundo a actuar juntos para elaborar una respuesta global efectiva a las amenazas de Iraq de acuerdo con los límites morales tradicionales sobre el uso de la fuerza militar.

Sinceramente suyo,

Reverendísimo Wilton D. Gregory
Obispo de Bellesville
Presidente 



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