Print | Share | Calendar | Diocesan Locator
|   Go to English versionIN ENGLISH
FOLLOW US  Click to go to Facebook.  Click to go to Twitter.  Click to go to YouTube.   TEXT SIZE Click to make text small. Click for medium-sized text. Click to make text large.  
 

Letter on Current Global Agricultural Trade Negotiations

 

24 de marzo de 2003

Honorable Robert B. Zoellick
Representante de Comercio de EE.UU.
600 17th Street, N.W.
Washington, DC 20508

Estimado Embajador Zoellick:

El 11 de febrero de 2003, le escribimos con respecto al tratado de comercio propuesto para Centroamérica, expresándole nuestra inquietud sobre el efecto potencial de un acuerdo regional de comercio en el desarrollo agrícola y rural de Centroamérica. Ahora le escribimos de parte de los Comités de Política Doméstica e Internacional de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos referente a las negociaciones actuales sobre agricultura global que está siendo auspiciado por la Organización Mundial del Comercio.

Más comercio e inversión pueden ser realmente de beneficio, generando mayores ingresos y oportunidades de empleo para muchas personas. Los acuerdos comerciales deben ser estructurados de manera que no sólo eleven los indicadores económicos sino que respeten la dignidad humana de todas las personas afectadas, particularmente de los pobres. Nosotros creemos que una meta de los acuerdos comerciales debe ser la reducción de la pobreza. Estamos profundamente involucrados en las comunidades que pudieran ganar y perder mucho debido a los acuerdos comerciales. Como parte de una iglesia internacional, también tenemos fuertes conexiones con la Iglesia y con la gente de Latinoamérica, del Africa y de otras partes del mundo en vías de desarrollo. Nuestra experiencia a través de Catholic Relief Services, agencia que promueve proyectos de desarrollo agrícola local en más de 80 países, nos brinda una perspectiva adicional sobre las maneras en que los acuerdos económicos afectan las vidas, la dignidad y los derechos especialmente de los millones de personas pobres y carenciadas en estos países.

También estamos profundamente comprometidos con el fortalecimiento de un sistema agrícola familiar estadounidense viable y sostenible. Desde nuestro punto de vista, el comercio agrícola no sólo se trata de arreglos contractuales o de reglas técnicas. El alimento no es tan sólo otro producto sino que es absolutamente necesario para la misma vida. Nuestra esperanza es que un acuerdo internacional de comercio protegerá los intereses de las granjas de escala pequeña y mediana acá en los Estados Unidos, así como los intereses de la gente más pobre de los países en desarrollo.

Respaldamos el compromiso hecho en la ronda de negociaciones de Doha en noviembre del 2001 para atender específicamente las necesidades de los países en desarrollo. Su énfasis en la agricultura como punto de partida para las negociaciones es sabio. La mayoría de la gente de los países en desarrollo depende de la agricultura y de las actividades de desarrollo económico rural para su subsistencia. Atender sus necesidades es crítico para la salud social, política y económica de sus países. Apoyamos el esfuerzo de desarrollar un sistema de comercio global más abierto. Nuestra esperanza es que un acuerdo comercial agrícola de la OMC puede proveer oportunidades genuinas a la gente de las naciones más pobres para desarrollar su agricultura y así aprovechar los beneficios de un sistema de comercio más justo.

Las necesidades especiales del agricultor pobre y del trabajador del agro pobre del mundo nos llevan a apoyar un trato especial y diferente para los países en desarrollo. Los subsidios, aranceles y cuotas de Europa, Japón y de Estados Unidos excluyen la posibilidad de un sistema de comercio más justo que abriría mercados para los países en desarrollo y que les proveería mayor autoridad sobre su desarrollo agrícola y rural. Los actuales sistemas de subsidio de las naciones más ricas promueven la sobreproducción llevando a suplir el mercado mundial con excesos, prácticas que ponen en desventaja la producción agrícola de los países más pobres. Aún si todas las ventajas especiales de las que ahora gozan los países desarrollados se terminaran, los países en desarrollo aún necesitarían apoyos especiales para desarrollar adecuadamente su agricultura, alimentar a su gente y aprovechar los mercados más abiertos.

Para corregir esta situación, se necesita rebalancear la relación entre los países más ricos y los más pobres. Los países más ricos necesitan reducir sustancialmente, más pronto que tarde, su uso de subsidios de productos y otras prácticas comerciales que distorsionan los precios. A la vez, los países más pobres necesitan mayor flexibilidad en el uso de estos instrumentos, incluyendo períodos de implementación menos rígidos y, en algunos casos, la retención indefinida de mecanismos de apoyo. Esta flexibilidad se necesita para proteger a sus agricultores de la competencia injusta, para proveer la seguridad alimentaria de su ciudadanía y para lograr la seguridad de los ingresos de sus agricultores y trabajadores del campo.

Reconocemos la complejidad de los programas de subsidio y su valor histórico para el desarrollo de la agricultura doméstica. Nuestra preocupación desde hace tiempo por el bienestar de nuestras familias estadounidenses que se dedican a la agricultura nos lleva a apoyar los subsidios domésticos destinados al agricultor de pequeña y mediana escala; aquellos que sirven al bien común, como para la conservación de los suelos y para el agua más limpia; y aquellos que distorsionan el comercio lo menos posible. Las granjas administradas por familias, que comprenden la mayoría de las granjas pequeñas y medianas, contribuyen grandemente a la seguridad alimentaria de Estados Unidos. Sin embargo, nuestro sistema de subsidios domésticos está sesgado, proveyendo la mayoría de los beneficios limitados disponibles a un número relativamente pequeño de productores de gran escala y a las grandes compañías comerciales. Como los subsidios agrícolas estadounidenses favorecen principalmente a los intereses más grandes y no logran servir al bien común, debe haber suficiente espacio para reducirlos sustancialmente, al igual que otras medidas protectivas que ponen en desventaja la producción de los países en desarrollo o que niegan el acceso a sus agricultores al mercado estadounidense.

Debido al escándalo de tanta gente hambrienta en el mundo, la ayuda alimenticia es un componente esencial de la seguridad alimentaria. Aunque animamos a los países desarrollados a que sean tan generosos como fuera posible, los programas de ayuda alimenticia deben proveerse dentro del contexto más amplio de la promoción del desarrollo de estrategias de la seguridad alimentaria de los países más pobres que ayuden a alcanzar las necesidades nutritivas y de ingresos de toda su gente, pero en particular de los pobres. La ayuda alimenticia no debe ser un medio para que las naciones más ricas simplemente creen nuevos mercados o se deshagan del exceso de sus productos distorsionando así los mercados locales. Ambas ayudas de emergencia y de no emergencia deben proveerse a través de organizaciones no gubernamentales, además de las agencias especializadas de las Naciones Unidas. Las organizaciones no gubernamentales tienen una experiencia considerable y éxito utilizando la ayuda alimenticia para promover el desarrollo agrícola local.

Finalmente, la gente tiene el derecho a participar en la vida económica de la sociedad. Dada la desigualdad económica cada día más amplia entre las naciones más ricas y las más pobres, es especialmente importante que los gobiernos al igual que la ciudadanía de los países en desarrollo, tengan un lugar pleno en la mesa de negociación, con igual peso, derechos y oportunidades. Es imperante que las negociaciones sean transparentes y que aquellos que dan voz a los pobres, ya sea en Estados Unidos o en los países en desarrollo, tengan suficiente información, ayuda técnica, y tiempo para participar plenamente en las negociaciones. Esto ayudará a asegurar que los acuerdos comerciales son el producto de un debate público bien informado.

El comercio agrícola es un elemento esencial del sistema económico global de hoy en día. Estructurado apropiadamente, el comercio de productos agrícolas puede ayudar a terminar con el hambre y a sacar a millones de personas pobres de la pobreza. Sin embargo, esto se puede hacer solamente cuando estos acuerdos son justos y adecuados para todos los implicados. Al realizarse la próxima ronda de negociaciones de comercio agrícola a finales de marzo, le instamos que haga del comercio justo de las naciones en desarrollo el tema clave para un exitoso acuerdo comercial internacional agrícola.

Gracias por dar consideración a nuestros puntos de vista.

Sinceramente,

Cardenal Theodore McCarrick
Arzobispo de Washington
Presidente, Comité de Política Domestica

Monseñor John H. Ricard, SSJ
Obispo de Pensacola-Tallahassee
Presidente, Comité de Política Internacional

 


By accepting this message, you will be leaving the website of the United States Conference of Catholic Bishops. This link is provided solely for the user's convenience. By providing this link, the United States Conference of Catholic Bishops assumes no responsibility for, nor does it necessarily endorse, the website, its content, or sponsoring organizations.

cancel  continue