Una reflexión teológica/pastoral
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Para ayudarnos a entender la gran cantidad de sugerencias recibidas, el Comité para los Laicos preparó una reflexión teológica/pastoral sobre la encuesta. Esta ofrece algunas ideas sobre el significado teológico y pastoral de las respuestas.
El innegable número de respuestas a la Encuesta para los Laicos muestra que la Iglesia en Estados Unidos está viva y llena de energía. La increíble y amplia gama de respuestas revela que muchos católicos muestran gran interés en la vida y en la misión de la Iglesia. Asimismo, muestra cuán grandes son las expectativas de los católicos respecto a la Iglesia. En ningún otro sitio se demuestra esto más claramente que en la resonante respuesta al primer tema, formación y educación en la fe para adultos (seleccionada por 41,177 respondientes).
Una reflexión sobre los resultados de la encuesta podría enfocarse en tres temas: Iglesia, Liturgia y Formación de los Ministros Eclesiales Laicos. La gran mayoría de las preocupaciones que expresaron los respondientes puede colocarse bajo estos tres encabezamientos. Por las respuestas recibidas, es obvio que los católicos varían considerablemente en su entendimiento de la Iglesia y su tradición. Esto nos lleva nuevamente al tema de la formación en la fe para adultos. Las respuestas confirman también la importancia primordial de la liturgia, especialmente la Eucaristía, en la vida de los católicos. Finalmente, las respuestas y las necesidades de los católicos para la formación del adulto y una sólida experiencia litúrgica, indican la necesidad de un mayor desarrollo de los ministerios eclesiales laicos.
Una mirada a las respuestas refleja, en general, lo que toda persona que han estado involucrada en un ministerio diocesano o parroquial ha escuchado de los fieles o ha leído en los periódicos locales. En las respuestas se puede encontrar todos los logros de los últimos años, las desilusiones y críticas, las esperanzas y recomendaciones que se han hecho y se continúan haciendo. El hecho de que todos los respondientes se consideren católicos, a pesar que sus respuestas cubren una amplia gama de temas, demuestra la extraordinaria habilidad de la Iglesia para mantener juntos los diversos métodos teológicos y pastorales en la unidad de lo que es esencial en la tradición católica.
Los resultados de una encuesta como ésta pueden servir como motivo para llevar a cabo un debate dentro de la Iglesia y como un llamado a la paciencia y a la comprensión en medio de éste. Hace más de cien años, el Cardenal Newman, al reflexionar sobre el fenómeno del debate constante a lo largo de la historia de la Iglesia, describió a los católicos como si ellos "hubiesen sido traídos a una especie de factoría moral para fundirlos, refinarlos, y moldearlos por medio de un proceso incesantemente estrepitoso, de la materia prima de la naturaleza humana, tan excelente, tan peligroso, tan capaz de los propósitos divinos". (Apologia pro Vita Sua, 1873, Capítulo V).
Sin embargo, no todas las respuestas tienen igual validez o urgencia ya que no todos los participantes en el debate están versados por igual en la tradición de la Iglesia o conscientes de los desafíos que presenta la cultura contemporánea a la Iglesia. Es aquí en donde entran en juego asuntos tales como el conocimiento de la fe y la formación. No obstante, no hay duda alguna que los católicos están buscando ese conocimiento y formación (cf. las respuestas a 1A-1D y 3A-3E). Un mejor ejemplo es el número de respuestas a la manera en que la parroquia puede ayudar a las personas a orar como comunidad (26,845) y como personas individuales (27,927). Las parroquias necesitan continuar desarrollando programas de educación y formación continua. Como lo ha pedido el Papa Juan Pablo II, se necesitan escuelas de oración para desarrollar una espiritualidad de comunión (cf. Novo Millenio Ineunte, nos. 33 y 43). Es dentro de esta espiritualidad de comunión que los fieles pueden desarrollar el hábito para el diálogo constructivo y para la colaboración mediante estructuras de consulta contempladas hoy por el Derecho Canónico (cf. NMI, no. 45).
Ya que la liturgia es la forma de oración más elevada de la Iglesia y su acción formativa más importante, es necesario dar una mirada a los asuntos relacionados a la liturgia que surgieron en la encuesta.
Es obvio que el pueblo desea una buena liturgia, especialmente la Eucaristía. Después del gran número de respuestas relacionadas a la manera en que la parroquia celebra la liturgia dominical (33,148), están las respuestas relacionadas a la prédica (32,201). Sin embargo, la prédica es mencionada frecuentemente en otras respuestas a la encuesta y, por esa razón, amerita una atención especial especialmente porque está estrechamente ligada a la sed de información y de conocimientos expresada frecuentemente en la encuesta, y que muestra su urgencia debido a la falta de familiaridad con la plenitud de la tradición católica, de parte de algunos respondientes. Una prédica más efectiva también puede crear más armonía y consenso entre los católicos respecto a los asuntos dentro y fuera de la Iglesia.
La homilía dominical necesita mayor atención ya que ésta ofrece más contacto con el mayor número de católicos en un horario regular. Tres aspectos de la homilía son quizás los que responden en forma más eficaz a las necesidades expresadas en la encuesta.
- Las homilías deberán apelar a la imaginación. Al igual que las Escrituras, las homilías deben ofrecer ricas imágenes. Las imágenes sirven muchas funciones, pero dos de ellas son particularmente relevantes a la luz de la encuesta. Antes que todo, las imágenes pueden fomentar la unidad. Las imágenes tienen una manera de unir a las personas que tienen diferentes puntos de vista y hacerlas llegar a un consenso de acción y de pensamiento. Por lo tanto, estas imágenes pueden servir para motivar a la gente. Una imagen que cause impresión puede movilizar el corazón de las personas a la acción. Para el homilista, las propias Escrituras son una fuente infinita de imágenes.
- Las homilías deberán ser formativas. El pueblo desea formación (cf. especialmente en las respuestas a 3A, 3B, 3E, 4A-D, 6A-F). Finalmente, la formación significa una conversión continua de mente y corazón que conduce a una vida diaria mucho más de acuerdo con el Evangelio. Por lo tanto, el objetivo de la homilía es esta conversión continua, encendida por estos llamados a la imaginación y fundamentada en unos conocimientos sólidos.
- Por lo tanto, las homilías también deberán ser informativas. El pueblo quiere saber lo que significan las Escrituras (cf. 1C), lo que son las Escrituras, qué significado tienen los tiempos litúrgicos, cuál es la enseñanza de la Iglesia (cf. 1A, 1B y 1D, aunque esto también se ve mucho en las otras respuestas). Aunque la homilía no es una catequesis en todo el sentido de la palabra, siempre hay lugar para impartir información.
Muchas de las respuestas dejan entrever la gran expectativa que tienen los católicos por el liderazgo y las enseñanzas de obispos y sacerdotes. Esto coloca una tremenda responsabilidad en ellos, en su función de predicadores especialmente en la homilía dominical. Pudiese parecer irónico que esta encuesta para los laicos destaque tan claramente el papel del clero. Pero la importancia que los católicos le dan a la Eucaristía, la homilía, y la formación reafirma la función que tienen en ellas obispos y sacerdotes y el requisito que ellos deberán mostrar competencia en el cumplimiento de esa función. Lo que si surge como algo apremiante son programas de formación continua para el clero para que puedan seguir desarrollando esta habilidad.
También es evidente que muchos católicos desean poder participar más activamente en la Eucaristía, aunque un cierto número de respuestas indican que, al menos, algunos católicos prefieren ser más pasivos. Esto muestra la necesidad de más educación en lo que respecta a la liturgia. Muchos indicaron también su deseo de contar con un mayor sentido de lo sacro en las celebraciones litúrgicas. Esto hacer pensar nuevamente en el cultivo de parroquias como escuelas de oración para todos–laicos y clero–para que la comunidad de oración traiga ese sentido de devoción a sus celebraciones litúrgicas.
La cantidad de respuestas sobre los ministerios laicos (cf. 3D y 5F) indican que también existe una gran necesidad para un mayor desarrollo en la formación de ministros eclesiales laicos. (Los ministros eclesiales laicos son personas laicas que prestan servicios en un papel de liderazgo formal en el nombre de la Iglesia. Ver Ministro Eclesial Laico: Estado de las Interrogantes para una descripción más detallada). Las exigencias para la formación de adultos en las parroquias piden no sólo los esfuerzos del clero sino también la labor de un laicado muy capacitado. La encuesta nos lleva a la conclusión que lo que parece ser cada vez más imperativo es la formación integral y profesional de los laicos para servir a nivel diocesano, inter-parroquial y parroquial. Por integral se entiende una formación humana, espiritual, intelectual, y pastoral. Por profesional se entiende una formación que conduce también a un grado académico. No hay seguridad que treinta y seis créditos para una maestría en teología sean suficientes para el futuro o suficientes para responder a las necesidades expresadas en la encuesta. En colaboración con sacerdotes y de acuerdo con los principios de ministerios similares, los ministros eclesiales laicos necesitarán ser capaces de trabajar con el laicado no sólo en el magisterio sino también en la formación espiritual, algo que sólo se puede lograr mediante una formación integral que tome en consideración su propio desarrollo humano y espiritual.
La cantidad de respuestas que piden que la parroquia ayude a las parejas a crecer en su compromiso con la vida matrimonial (21,079) les muestra a los ministros eclesiales laicos un enfoque muy importante y apropiado. Muchos de los respondientes también buscan alguna guía en sus parroquias para poder vivir el Evangelio en el contexto de su profesión y de su trabajo. Esta también es una área importante que los ministros eclesiales laicos deberán enfocar.
Hubo muchas esperanzas y expectativas que se expresaron en las respuestas respecto a la diversidad, la evangelización, la justicia, el servicio y la corresponsabilidad. La Iglesia vive en comunidades parroquiales y su vitalidad se intensifica por la vitalidad de sus parroquias. Esto se logra cuando las parroquias se convierten en escuelas de oración con una espiritualidad de comunión, vigorizadas por unas liturgias piadosas y una prédica superior, y están servidas por un clero y unos ministros eclesiales laicos bien formados.