Miércoles de Ceniza, 2003 Una Llamada a la Paz
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San Pablo, en la Carta a los Corintios capta bien el momento histórico actual: "Pues bien, ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación..." En un momento crítico en la historia, la iglesia ofrece un mensaje de redención esperanzadora al mundo.
En estos últimos meses, toda la humanidad ha experimentado un sentido creciente de gran aprensión por el peligro de una guerra en una región del mundo que ya es muy volátil. Cada día, al pasar el tiempo, experimentamos un sentimiento de estar llegando a un momento de crisis. Es por eso que la Iglesia nos llama a un período de oración, de ayuno y a hacer obras de caridad.
Nuestras obras de penitencia son actos de reconocimiento de que las semillas del odio y de la guerra, que están creciendo tan rápidamente en la pantalla nacional, están enraizadas en nuestros propios corazones. "Pues mi maldad conozco, cargo siempre mi culpa en la conciencia."
Sin embargo, como cristianos, no somos un pueblo sin esperanza. Como embajadores de Cristo, anunciamos al mundo que nunca debe perder la esperanza. Como hermanos y hermanas del Príncipe de la Paz, estamos llamados a andar el camino de la paz y de la justicia. En las palabras del Papa Juan Pablo II: "Es necesario que los creyentes, independientemente de la religión a la que pertenezcan, proclamen que jamás podremos ser felices los unos contra los otros; jamás el terrorismo y la lógica de la guerra podrán asegurar el futuro de la humanidad." Nunca podemos abandonar el camino estrecho, el camino que proclama el perdón y el amor hacia nuestros enemigos. Al final, es el único camino a una paz verdadera y perdurable.
Vivimos en un mundo donde el mal y el odio son muy comunes. A través de los siglos, la Iglesia ha desarrollado una tradición de reflexión ética sobre la paz y la guerra que nos brinda directrices para enfrentar el mal que nos rodea. Según esta tradición, los gobiernos tienen el derecho y el deber de defender el bien común contra cualquier agresividad. (Vea el resumen de la enseñanza de la Iglesia en la página del USCCB en el Internet). Ahora nuestro país se enfrenta a grandes decisiones sobre la paz y la guerra, decisiones sobre las cuales personas de buena voluntad no piensan de la misma manera. Tenemos que rezar por sabiduría y prudencia mientras nuestros líderes elegidos toman decisiones difíciles sobre la paz y la guerra. Como ciudadanos laicos católicos llamados a transformar el orden social a la luz del Evangelio, debemos dedicar unos momentos para reflexionar sobre las enseñanzas de la Iglesia sobre la paz y la guerra, para tomar en consideración las preocupaciones que el Santo Padre y otros líderes de la Iglesia tienen sobre la guerra en Irak y para discernir, en la mejor manera posible, como podemos vivir mejor nuestra vocación de ser "testigos y agentes de paz y justicia" (Catecismo de la Iglesia Católica, # 2442) en estos tiempos.
En este Miércoles de Ceniza, nosotros, reunidos para observar la Cuaresma, dirigimos la atención a una de las bienaventuranzas: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios".
Estamos llamados no solamente a rezar por la paz del mundo, sino a enfrentar en nuestra vida y a nuestro alrededor, el egoísmo, las mentiras, la violencia y el odio que nos impide cumplir con la voluntad de Dios. Hoy, recibiremos las cenizas y escucharemos estas palabras: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio". En un mundo que frecuentemente entiende sólo lo superficial de lo externo, nuestro Dios nos llama a 'enlutar su corazón y no sus vestidos".
La última estrofa del salmo responsorial capta bien nuestra situación actual. Después de confesar ante Dios que hemos pecado, oremos con confianza: "Devuélveme la alegría de tu salvación , afiánzame con espíritu generoso".
RESPONSORIO:
Dios del amor, escucha nuestra oración.
Que las naciones del mundo evitarán una guerra en el Medioeste;
Roguemos al Señor.
Que podamos dejar el egoísmo, el odio, y la violencia que está enraizada en nuestros corazones;
Roguemos al Señor.
Para todos los que luchan por la paz, para que formen puentes de paz en el mundo;
Roguemos al Señor.
Para que las más profundas causas de la guerra, la pobreza y la injusticia, que aquejan la humanidad hoy;
Roguemos al Señor.
Para que cada uno de nosotros sean portavoces de la esperanza a un mundo oprimido por tantos problemas;
Roguemos al Señor.
Para que nuestras familias sean escuelas de la paz;
Roguemos al Señor.