La Plegaria Eucarística

La Plegaria Eucarística o Canon de la Misa es la oración central de toda la celebración. La mayoría de los católicos han tomado conciencia desde los inicios, que durante la Plegaria Eucarística el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Sin embargo, de lo que muchos católicos no han tomado conciencia es que la Plegaria Eucarística es más que la adoración a Cristo que se hace presente en medio de nosotros.

La Iglesia nos dice que la liturgia (y la Misa es el punto culminante y el corazón de la liturgia) es la acción de Cristo Sacerdote y Su Cuerpo que es la Iglesia. En la celebración de la Misa, durante la Plegaria Eucarística, no sólo Cristo se hace presente, en su cuerpo y sangre, alma y divinidad, bajo las formas del pan y del vino, sino que también la acción salvadora de Cristo, Su pasión, muerte y resurrección se realiza nuevamente y es ofrecida al Padre por el mismo Cristo en la persona del sacerdote y de todos los presentes.

"¡Ésta es una verdad de enorme trascendencia! Esta acción de Cristo que nos trajo la redención del pecado y de la muerte eterna, ofrecida una vez y por todos en el Calvario se realiza de nuevo, para nosotros aquí y ahora, en este tiempo y lugar, de modo que nos podamos unir a la ofrenda perfecta de Cristo y podamos nosotros mismos participar en Su culto perfecto.

Lean cuidadosamente cualquiera de las Plegarias Eucarísticas. Se darán cuenta de que la oración es dirigida no a Cristo sino al Padre: "Padre, eres verdaderamente santo..."; "Padre, estas ofrendas Te las presentamos..."; "Padre, te rogamos...". Es un culto ofrecido al Padre por Cristo tal como fue en el momento de Su pasión, muerte y resurrección, pero ahora es ofrecido por medio del sacerdote que actúa en la persona de Cristo y es, asimismo, ofrecida por todos nosotros que formamos parte del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Ésta es la acción del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, en la Misa.

Cuando el sacerdote eleva esta plegaria, dice: "te ofrecemos estos dones "; "te pedimos"; "te ofrecemos". Este "nosotros" significa que todos los bautizados que están presentes en esta celebración Eucarística hacen este ofrecimiento en unión con Cristo, rezan esta plegaria en unión con Él y lo que es más importante aún, no ofrecemos solo a Cristo al Padre, sino que estamos llamados a ofrecernos a nosotros mismos, nuestras vidas, nuestros esfuerzos individuales, para asemejarnos aún más a Cristo y ofrecer nuestros aportes, como comunidad de creyentes, para difundir la Palabra de Dios y servir al pueblo de Dios, al Padre, en unión con Cristo, a través de las manos del sacerdote. Lo más maravilloso de todo es que a pesar de que nuestra ofrenda en sí misma sea imperfecta, uniéndose con la de Cristo se transforma en una alabanza y acción de gracias perfecta al Padre.

También durante la Plegaria Eucarística en la Misa, tenemos mucho más que hacer que simplemente esperar el momento de la consagración, y quedarnos allí pasivamente, mientras continúa la oración del sacerdote. Notemos que antes de la consagración nos unimos a la oración de alabanza y acción de gracias al Padre, conocida como el Prefacio, y afirmamos esa alabanza y acción de gracias con nuestro canto a quien es tres veces Santo. Después de la consagración, nos unimos todos en la Aclamación Memorial que proclama nuestra fe común en la presencia real de Cristo y expresa nuestra gratitud a Cristo por Su maravilloso regalo de salvación. Más aún, nuestra plegaria cambia su sentido y somos invitados a ofrecer a Cristo y a nosotros mismos, con Cristo, al Padre: "Te ofrecemos, Padre, este sacrificio vivo y santo..." Somos invitados a orar junto con el sacerdote por nosotros que “alimentados por Su Cuerpo y por Su Sangre, seamos colmados del Espíritu Santo y seamos un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo; luego, unimos nuestras plegarias a las de Santa María Virgen y todos los santos intercediendo por nuestro Santo Padre, el Papa, nuestros obispos y el clero y todo el pueblo de Dios, vivos y difuntos. Al concluir la Plegaria Eucarística, el sacerdote resume todo lo ocurrido previamente: “Por Cristo, con Él (Cristo) y en Él (Cristo) a Tí Dios Padre Omnipotente en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos”. Nosotros, que somos privilegiados de poder contando hacer nuestro propio ofrecimiento, por, con y en Cristo, respondemos con la aclamación más importante de la Misa, que es el gran AMÉN, con el cual profesamos que la acción de Cristo es también nuestra acción.

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