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Normas Para La Distribución y Recepción de La Sagrada Comunión Bajo Dos Especies en Las Diócesis de Los Estados Unidos de América
Aprobado por United States Conference
of Catholic Bishops
el 14 de junio de 2001
Sagrada Comunión: El Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús
- La noche antes de morir, Cristo reunió a sus Apóstoles en la
sala superior para celebrar la Última Cena y darnos el
inestimable don de su Cuerpo y Sangre para: "perpetuar por los
siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y a confiar
así a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y
resurrección."" (1) Así en la liturgia de la comunión, nos unimos a
Cristo en el altar de la cruz y alrededor de la mesa de la sala
superior en "el memorial sacrificial en que se perpetúa el
sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el
Cuerpo y la Sangre del Señor." (2)
- Al igual que todos los actos de la sagrada liturgia, la
Eucaristía usa signos para comunicar realidades sagradas. La
Constitución sobre la Sagrada Liturgia: Sacrosanctum Concilium
nos recuerda que en la liturgia "los signos sensibles significan
y cada uno a su manera realiza la santificación del hombre". (3) De
manera preeminente la liturgia de la comunión usa los signos del
pan y el vino en obediencia al mandato del Señor y después de su
transformación nos los da como Cuerpo y Sangre de Cristo en el
acto de la comunión. Cuando recibimos y compartimos el pan y el
cáliz eucarístico ""signos sensibles"" es que obedecemos el mandato
del Señor y aumentamos nuestra semejanza al Señor cuyo Cuerpo y
Sangre significamos y ambos significan y contienen.
- La Eucaristía constituye "todo el bien espiritual de la
Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo". (4) Es
el "sacramento de sacramentos". (5) Por su mediación "logramos
nuestra redención." (6) Él, que es el "pan vivo bajado del cielo" (Jn
6:51) nos asegura: "El que come mi carne y bebe mi sangre, vive
de vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es
comida verdadera y mi sangre es bebida verdadera." (Jn 6:54-55)
- Los ojos de la fe permiten al creyente reconocer las
profundidades inefables del misterio que es la Sagrada
Eucaristía. El Catecismo de la Iglesia Católica nos ofrece un
número de imágenes tomadas de nuestra tradición para referirse a
esta realidad sagrada: asamblea eucarística (synaxis), acción de
gracias, fracción del pan, memorial, Santo Sacrificio, Cena del
Señor, santa y divina liturgia, Sagrada Comunión y Santa Misa. (7)
Las especies eucarísticas de pan y vino provienen del trabajo de
manos humanas. En la acción de la Eucaristía este pan y vino se
transforman y se convierten en nuestra comida y bebida
espiritual. Es Cristo, la verdadera viña, quien da vida a las
ramas (Cf. Jn 15:1-6). Como pan del cielo (Cf. Jn 6:41), pan de
ángeles, cáliz de salvación y medicina de inmortalidad, (8) la
Eucaristía es la promesa de vida eterna para todos los que la
comen y la beben (cha Jn 6:50-51). La Eucaristía es una comida
sagrada, "sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de
caridad", (9) en el que Cristo nos llama como amigos para compartir
en el banquete del reino de los cielos (cha Jn 15:15). Este pan y
cáliz se entregaron a los discípulos en la Última Cena. Esta
comida espiritual ha sido el pan de cada día y el sustento para
sus discípulos en el curso de los siglos. El pan y el vino de la
Cena del Señor "su Cuerpo y Sangre" al ser partido y derramado
constituyen la comida irremplazable para la jornada de la Iglesia
peregrina en la tierra." (10) La Eucaristía perpetúa el sacrificio de
Cristo, que fue ofrecido una vez por todas y por nuestra
salvación, haciendo presente la victoria y el triunfo de la
muerte de Cristo. (11) Es la fuerza para los que caminan con
esperanza por la vida y desean vivir con Dios en la vida futura.
Nuestra última recepción de la Eucaristía es el viaticum, la
comida del viaje último del creyente en camino al cielo. Mediante
todas esta imágenes la Iglesia nos ayuda a ver la Eucaristía como
la unión con Cristo de quien la Iglesia procede, por quien vive y
hacia quien dirige su vida. (12)
- Aunque el corazón de la celebración de la Eucaristía es la
oración eucarística, la consumación de la Misa es la Sagrada
Comunión, en la que aquellos que fueron rescatados por el Padre
por su amado Hijo comen y beben el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Allí se unen como miembros del Cuerpo místico de Cristo, comparten
la vida del Espíritu. En el gran sacramento del altar, se unen a
Cristo Jesús y mutuamente a los demás.
También fue la voluntad de Cristo que este sacramento se
recibiese como la comida espiritual del alma para alimentar
a los que viven por su vida, como él dijo: "Quien me come a
mí tendrá de mí la vida" (Jn 6:57). Este sacramento es
también un remedio para librarnos de nuestros defectos de
cada día y alejarnos del pecado mortal. Fue la voluntad de
Cristo, además, que este sacramento fuese una promesa de
nuestra futura gloria y nuestra felicidad eterna y, también,
un símbolo de ese cuerpo del que Él es la cabeza (Cf. Lc
22:19 y 1 Cor 11:3). Fue su deseo que nosotros, como
miembros de su cuerpo, nos uniésemos a ese sacramento con
firmes vínculos de fe, esperanza y amor, para que todos
dijésemos lo mismo, y no hubiese disensión entre nosotros
(Cf. 1 Cor 1:10). (13)
Como católicos participamos plenamente en la celebración de
la Eucaristía cuando recibimos la Sagrada Comunión. Se nos
anima a recibir la Comunión devota y frecuentemente. Para
estar bien dispuestos a recibir la Comunión, los
participantes deberán estar conscientes de no tener pecado
grave y normalmente deberán ayunar por una hora. Una persona
que está consciente de pecado grave no deberá recibir el
Cuerpo y la Sangre del Señor sin hacer primero una confesión
sacramental excepto por una grave causa donde no haya
oportunidad para confesarse. En este caso la persona deberá
estar consciente de su obligación de hacer un acto de
perfecta contrición, incluyendo la intención de confesarse
lo más pronto posible (canon 916). Todos deberán ser
animados a recibir con frecuencia el Sacramento de la
Penitencia. (14)
- El Señor mismo nos dio la Eucaristía en la Última Cena. El
sacrificio eucarístico "está totalmente orientado hacia la unión
intima de los fieles con Cristo por medio de la comunión." (15) Es el
mismo Cristo que se recibe en la Sagrada Comunión, que dijo a sus
discípulos: "Tomad y comed, este es mi cuerpo." Dando gracias tomó
el cáliz y dijo: "Tomad y bebed, éste es el cáliz de mi sangre.
Haced esto en conmemoración mía". (Mt 26:26-27; 1 Cor 11:25)
- El pan y el vino son presentados por los fieles y colocados en
el altar por el sacerdote. Estos son dones simples, pero son
anunciados en el Antiguo Testamento y escogidos por el mismo
Cristo para el sacrificio eucarístico. Cuando estos dones de pan
y vino son ofrecidos al Padre por el sacerdote, en nombre de la
Iglesia durante la gran Plegaria Eucarística de acción de
gracias, se transforman por el Espíritu Santo en el Cuerpo y la
Sangre del Hijo único del Padre. Finalmente, cuando un pan se
parte, "se expresa la unidad de los fieles" [y mediante la
Comunión ellos] reciben de un sólo pan el Cuerpo y la Sangre del
Señor de la misma manera que los apóstoles los recibieron de las
manos del mismo Cristo." (16) Por tanto la importancia de las
palabras del himno adoptado del Dídache:
- Como el grano esparcido en las laderas
- se hizo uno en este pan partido,
- que así, de todos los pueblos se reúna tu Iglesia
para formar el reino de tu Hijo. (17)
- Cristo está "verdaderamente, realmente y substancialmente
contenido (18) en la Sagrada Comunión. "Su presencia no se significa
momentaria ni simplemente, sino total y permanentemente real bajo
cada uno de las especies consagradas del pan y del vino." (19)
- El Concilio de Trento enseña que "el verdadero Cuerpo y Sangre
de nuestro Señor, junto con su alma y divinidad, existen bajo las
especies de pan y vino. Su cuerpo existe bajo las especies de pan
y su sangre bajo las especies de vino, según el propio peso de
sus palabras." (20)
- La Iglesia también enseña y cree que "inmediatamente después
de la consagración, el verdadero cuerpo de nuestro Señor y su
verdadera sangre existen junto con su alma y divinidad bajo la
forma de pan y vino. El cuerpo está presente bajo la forma de pan
y la sangre bajo la forma de vino, por virtud de las palabras [de
Cristo]. El mismo cuerpo, sin embargo, está bajo la forma de vino
y la sangre bajo la forma de pan, y el alma bajo cualquiera de
ambas formas, en virtud del vínculo y concomitancia natural que
une mutuamente las partes de Cristo el Señor, quien ha resucitado
de entre los muertos y no morirá más." (21)
- Desde entonces, sin embargo, por razón de su valor como
señal, compartir ambas especies eucarísticas es un reflejo más
pleno de las realidades sagradas de lo que la liturgia significa,
la Iglesia en su sabiduría ha hecho provisiones en los años
recientes para que la más frecuente participación eucarística
tanto de la sagrada hostia como del cáliz de salvación pudiera
ser posible para los laicos de la Iglesia latina.
- La presencia de Cristo en la Eucaristía es un reto para el
entendimiento humano, para la lógica y en última instancia para
la razón. Su presencia no puede conocerse por los sentidos, sino
por la fe (22) "una fe que continuamente se profundiza mediante la
comunión que tiene lugar entre el Señor y sus fieles en el acto
mismo de la celebración de la Eucaristía. Así es que los Padres
con frecuencia advertían a los fieles que si sólo confiaban en
los sentidos, verían pan y vino únicamente. Ellos, al contrario,
exhortaban a los miembros de la Iglesia a recordar las palabras
de Cristo mediante cuyo poder el pan y el vino se habían
transformado en su propio Cuerpo y Sangre. (23)
- La enseñanza de San Cirilo de Jerusalén ayuda a la Iglesia
aún en nuestros días a comprender este gran misterio:
Hemos sido instruidos en estos asuntos y llenos de una fe
inconmovible que lo que parece ser pan no es pan, aunque
sepa a pan, sino el Cuerpo de Cristo; y lo que parece ser
vino no es vino, aunque sepa a vino, sino la Sangre de
Cristo. (24)
- El acto de Comunión, por tanto, es también un acto de fe.
Porque cuando el ministro dice, "El Cuerpo de Cristo" o "La
Sangre de Cristo," y el comulgante dice "Amén", es una profesión
en la presencia del Cristo salvador, Cuerpo y Sangre, alma y
divinidad, quien ahora da vida al creyente.
- El comulgante hace su acto de fe en la presencia total del
Señor Jesucristo ya sea en la Comunión bajo una especie o bajo las dos especies. Nunca deberá llegarse a la
conclusión de que la Comunión bajo la forma de pan solamente o la
Comunión bajo la forma de vino solamente es de alguna manera un
acto incompleto o que Cristo no está completamente presente al
comulgante. La enseñanza inalterable la Iglesia desde el tiempo
de los Padres y en el curso de los siglos "notablemente en los
concilios ecuménicos de Letrán IV, Constancia, Florencia, Trento
y el Vaticano II" han dado testimonio de la constante unidad de
la fe en la presencia de Cristo en ambos elementos. (25) Claramente
hay algunas circunstancias pastorales que requieren el compartir
eucarístico en una sola especie, tal como cuando la Comunión se
lleva a los enfermos o cuando uno no puede recibir ya sea el
Cuerpo del Señor o su Preciosa Sangre a causa de enfermedad.
Hasta en los días iniciales de la vida de la Iglesia, cuando la
Comunión bajo ambas especies era la norma, siempre había
instancias cuando la Eucaristía se recibía sólo bajo la forma de
pan o vino. Los que recibían la Sagrada Comunión en la casa o
estaban enfermos, generalmente recibían bajo una sola especie,
como también lo hacía toda la Iglesia durante la liturgia del
Viernes Santo. (26) Por tanto, la Iglesia siempre ha enseñado la
doctrina de la concomitancia, por la cual sabemos que bajo cada
especie sola, Cristo está totalmente presente y nosotros
"recibimos todos los frutos de la gracia eucarística." (27)
- Al mismo tiempo, un aprecio por la recepción de "todo el
Cristo" mediante una especie, no deberá disminuir de ninguna
manera el valor más pleno de la recepción de la Sagrada Comunión
bajo las dos especies. Porque así como Cristo se ofreció
completamente, Cuerpo y Sangre, en sacrificio por nuestros
pecados, así también es nuestra recepción de su Cuerpo y Sangre
bajo ambas especies una participación especialmente apta en el
memorial de la vida eterna.
- Desde los primeros días de la celebración de la Eucaristía en
la Iglesia, la Sagrada Comunión consistía de la recepción de
ambas especies en cumplimiento del mandamiento del Señor: "tomen
y coman... tomen y beban." La distribución de la Sagrada Comunión
a los fieles bajo ambas especies fue la norma por más de un
milenio de práctica litúrgica católica.
- La práctica de la Sagrada Comunión bajo ambas especies en la
Misa continuó hasta fines del siglo XI, cuando la costumbre de
distribuir la Eucaristía a los fieles bajo la forma del pan
solamente empezó a propagarse. Para el siglo XII ya teólogos como
Pedro Cantor hablaban de la Comunión bajo una especie como un
tipo de "costumbre" de la Iglesia. (28) Esta práctica se propagó
hasta que el Concilio de Constancia en 1415 decretó que la
Sagrada Comunión sólo sería distribuida a los fieles bajo la
forma de pan únicamente.
- En 1963, los Padres del Concilio Vaticano II autorizaron la
extensión de la facultad para Sagrada Comunión bajo ambas
especies en Sacrosanctum Concilium:
Manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por
el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies
puede concederse, en los casos que la Sede Apostólica
determine, tanto a los clérigos y religiosos como a los
laicos" (29)
- La decisión del Concilio de restaurar la Sagrada Comunión
bajo ambas especies según la discreción del obispo se expresó en
la primera edición del Missale Romanum y disfruta de una
aplicación hasta más generosa en la tercera edición típica del
Missale Romanum:
La Sagrada Comunión tiene una forma más completa como signo
cuando se recibe bajo ambas especies. Porque de esta manera
de recibir se revela una señal más completa del banquete
eucarístico. Además hay una expresión más clara de esa
voluntad por la cual la nueva y eterna alianza se ratifica
con la sangre del Señor, y de la relación del banquete
eucarístico al banquete escatológico en el reino del
Padre. (30)
La Instrucción General explica además que "al mismo tiempo los
fieles deberán ser guiados hacia el deseo de participar más
intensamente en un rito sagrado en el que la señal de la comida
eucarística se destaca más explícitamente." (31)
- La extensión de la facultad para la distribución de la
Sagrada Comunión bajo dos especies no representa un cambio en la
creencia inmemorial de la Iglesia sobre la Sagrada Eucaristía.
Más bien, hoy, la Iglesia encuentra que es saludable restaurar
una práctica, cuando es apropiado, que por varias razones no era
oportuna cuando el Concilio de Trento se reunió en 1545. (32) Pero
con el paso del tiempo, y bajo la guía del Espíritu Santo, la
reforma del Concilio Vaticano II tuvo como resultado la
restauración de una práctica que permite a los fieles tener la
experiencia de "una señal más completa del banquete eucarístico." (33)
Normas para la distribución de la Sagrada Comunión bajo dos
especies
- En respuesta a la provisión de la Instrucción General del
Misal Romano, la United States Conference of Catholic Bishops
describe aquí "los métodos de distribuir la Sagrada Comunión a los
fieles bajo ambas especies" y aprueba las siguientes "normas, con
la debida recognitio de la Sede Apostólica." (34) El propósito de
estas normas es asegurar la distribución reverente y cuidadosa de
la Sagrada Comunión bajo ambas especies.
- El Missale Romanum revisado, tercera edición típica, expande
ampliamente esas oportunidades cuando la Sagrada Comunión puede
ofrecerse bajo ambas especies. Además de esas circunstancias
especificadas en los ritos individuales, la Instrucción General
declara que la Comunión bajo dos especies se puede permitir en
estos casos:
- para sacerdotes que no puedan celebrar ni concelebrar
- para el diácono y otros que desempeñan algún papel en la
Misa
- para los miembros de la comunidad en su Misa conventual
o en la que en algunos casos se conoce como la Misa
"comunitaria", para seminaristas, [y] para todos aquellos
que están de retiro o participan en un encuentro
espiritual o pastoral (35)
- La Instrucción General luego indica que
el obispo diocesano puede establecer normas para la
distribución de la Comunión bajo dos especies para su
propia diócesis, que deberán ser observadas." El obispo
diocesano también tiene la facultad de permitir la Comunión
bajo ambas especies, siempre que el sacerdote encargado
como párroco de una comunidad lo considere apropiado, con
la provisión de que los fieles hayan sido bien instruidos y
no haya peligro de la profanación del Sacramento o que el
rito sea difícil de llevarse a cabo debido al número de
participantes o por alguna otra razón. (36)
En la práctica, la necesidad de evitar el obscurecer el
papel del sacerdote y del diácono como ministros ordinarios
de la Sagrada Comunión por un uso exceso de ministros
extraordinarios podría, en algunas circunstancias,
constituir una razón para limitar o sea la distribución de
la Sagrada Comunión bajo dos especies o para utilizar
intinción en lugar de distribuir la Preciosa Sangre del
cáliz.
Las normas establecidas por el obispo diocesano deberán ser
observadas donde quiera que la Eucaristía se celebre en la
diócesis, "aun en las iglesias de órdenes religiosas y en
celebraciones con grupos pequeños." (37)
- Cuando el obispo diocesano introduce la Comunión bajo dos
especies por primera vez y también cada vez que se presente una
oportunidad para la instrucción, los fieles deberán ser
catequizados apropiadamente, a la luz de la enseñanza y
directivas de la Instrucción General, sobre los asuntos a
continuación :
- la naturaleza eclesial de la Eucaristía como propiedad
común de toda la Iglesia;
- la Eucaristía como el memorial del sacrificio de
Cristo, su muerte y resurrección, y como banquete
sagrado;
- la presencia real de Cristo en los elementos
eucarísticos, completo e íntegro "en cada elemento del pan
y el vino consagrado (doctrina de la concomitancia);
- los tipos de reverencia hacia el sacramento, ya sean
dentro de la liturgia de la comunión o fuera de la
celebración; (38) y
- el papel que los ministros ordinarios de la Eucaristía,
y si es necesario, el que los ministros extraordinarios
desempeñan en la asamblea eucarística
- En virtud de su ordenación sagrada, el obispo o presbítero
ofrece el sacrificio en la persona de Cristo, Cabeza de la
Iglesia. Él recibe los dones de pan y vino de los fieles, ofrece
el sacrifico a Dios y les devuelve el Cuerpo y la Sangre de
Cristo, como si fueran de las manos del mismo Cristo. (39) Por tanto
los obispos y presbíteros se consideran los ministros ordinarios
de la Sagrada Comunión. Además el diácono que ayuda al obispo o
al presbítero en la distribución de la Comunión es un ministro
ordinario de la Sagrada Comunión. Cuando la Eucaristía se
distribuye bajo ambas especies: "el diácono presenta el cáliz". (40)
- En cada celebración de la Eucaristía deberá haber un número
suficiente de ministros de la Sagrada Comunión para que pueda ser
distribuida de manera ordenada y reverente. Obispos, presbíteros
y diáconos distribuyen la Sagrada Comunión en virtud de su oficio
como ministros ordinarios del Cuerpo y de la Sangre del Señor. (41) æ
- Cuando el tamaño de la congregación o la incapacidad del
obispo, presbítero o diácono lo requiere, el celebrante puede ser
asistido por otros obispos, presbíteros o diáconos. (42) Si no están
presentes esos ministros ordinarios de la Sagrada Comunión: "el
presbítero podría pedir ayuda a los ministros extraordinarios,
i.e., acólitos formalmente instituidos o a algunos de los fieles
que hayan sido comisionados según el rito prescrito. En caso de
necesidad, el presbítero también puede comisionar miembros aptos
de entre los fieles para esas ocasiones." (43) Los ministros
extraordinarios de la Sagrada Comunión deberán recibir suficiente
ayuda espiritual, teológica y preparación práctica para
desempeñar su papel con conocimiento y reverencia. En todas esas
cosas deberán seguir la guía del obispo diocesano. Cuando sea
necesario recurrir a ministros extraordinarios de la Sagrada
Comunión, sobre todo en la distribución de la Sagrada Comunión
bajo dos especies, su número no debería ser aumentado más que lo
exigido para la distribución ordenada y reverente del Cuerpo y la
Sangre del Señor. En todos los asuntos tales ministros
extraordinarios de la Sagrada Comunión deberían seguir los
mandatos del obispo diocesano.
- Todos los ministros de la Sagrada Comunión deberán mostrar la
mayor reverencia por la Santísima Eucaristía con su
comportamiento, su atuendo y la manera en que manejan el pan y el
vino consagrados. En caso de algún accidente "como por ejemplo,
en caso de que se derramase vino del cáliz" el "área afectada ""
deberá ser lavada y el agua vaciada en el sagrario." (44)
- Cuando la Sagrada Comunión será distribuida bajo dos
especies, la planificación deberá hacerse cuidadosamente de modo
que:
- se tenga suficiente pan y vino para la comunión de los
fieles en cada Misa. (45) Como regla general, la Sagrada
Comunión se da de las hostias consagradas en la misma
Misa y no de las que han sido puestas en reserva en el
tabernáculo. La Preciosa Sangre no se puede reservar de
una Misa para ser usada en otra (46); y
- se disponga de un número adecuado de ministros de la
Sagrada Comunión en cada Misa. Para la Comunión del cáliz,
es provechoso que se tengan dos ministros de la Preciosa
Sangre por cada ministro del Cuerpo de Cristo, para
impedir que la celebración litúrgica se prolongue
indebidamente.
- Aunque la Comunión sea ofrecida a la congregación en
forma de pan sólo, se deberán proporcionar suficientes
cantidades de los elementos consagrados para que Preciosa
Sangre pueda ser distribuida a todos los presbíteros que
concelebran.
- Antes de que la Misa empiece, el vino y las hostias
deberán estar en vasos de tamaño y número apropiados. La
presencia sobre el altar de un solo cáliz y una patena
grande puede significar el pan único y el solo cáliz por
el que nos reunimos para que "seamos en Cristo, víctima
viva para alabanza." (47) Cuando esto no es posible, se
deberá procurar que el número de vasos no exceda la
necesidad.
- La unidad de todos en el único pan será expresada
mejor cuando el pan que se fraccione es suficientemente
grande para que al menos algunos de los fieles puedan
recibir un pedazo que provenga de él. Cuando el número de
fieles es grande, sin embargo, un simple pan grande se
podrá usar para partir el pan, con pequeños pedazos de
pan para el resto de los fieles. (48)
- Sacred vessels, which "hold a place of honor," should
be of noble materials, appropriate to their use, and in
conformity to the requirements of liturgical law, as
specified in the General Instruction of the Roman Missal,
nos. 327-332.Los vasos sagrados, que "ocupan un lugar de
honor", deberán ser de materiales nobles, apropiados para
su uso y en conformidad con los requisitos de las leyes
litúrgicas según las especificaciones de la Instrucción
General del Misal Romano, nn. 327-332. (49)
- Antes de ser usados, los vasos para la celebración
deberán ser bendecidos por el obispo o presbítero según el
Rito de bendición para el cáliz y la patena. (50)
- El altar se prepara con corporal, purificador, Misal
Romano y cáliz (a menos que el cáliz se prepare en la mesa
del lado) por el diácono y los acólitos. Los dones del
pan y el vino lo presentan los fieles y son recibidos por
el presbítero o diácono en un lugar conveniente. (51)
- Cuando comience el canto del Cordero de Dios, sólo el
obispo o el sacerdote, o con la ayuda del diácono, y, si
es necesario la ayuda de uno de los sacerdotes
concelebrantes, rompe el pan eucarístico.
Otros cálices vacíos y copones o patenas se llevan
entonces hasta el altar si es necesario. El diácono o el
sacerdote reparte el pan consagrado en varios copones o
patenas y, si es necesario, vierte la Preciosa Sangre en
los cálices adicionales según la necesidad para la
distribución de la Sagrada Comunión. Si no es posible
realizarse esta distribución en un tiempo razonable, el
celebrante puede pedir la ayuda de otros diáconos o
sacerdotes concelebrantes. Esta acción regularmente se
lleva a cabo sobre el altar, para que se pueda significar
el compartir de un solo cáliz; en el caso de asambleas
muy numerosas, se podría hacer en la mesa aparte dentro
del presbiterio.
- Si los ministros extraordinarios de la Sagrada
Comunión son exigidos por la necesidad pastoral, se
acercan al altar mientras el sacerdote recibe la Sagrada
Comunión. Después de que el sacerdote celebrante se haya
comulgado, él distribuye la Sagrada Comunión a los
ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, ayudado
por el diácono, y entonces el sacerdote entrega los vasos
sagrados a los ministros extraordinarios de la Sagrada
Comunión para la distribución de la Sagrada Comunión al
pueblo.
- Todos reciben la Sagrada Comunión en la manera
descrita por la Instrucción General del Misal Romano, ya
sean presbíteros concelebrantes (Cf. IGMR, nn. 159, 242,
243, 246), diáconos (Cf. IGMR, nn. 182, 244, 246), o
ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión (Cf.
IGMR, n. 284). Ni los diáconos ni los ministros laicos
pueden recibir la Sagrada Comunión como si fueran
presbíteros concelebrantes. La práctica de los ministros
extraordinarios de la Sagrada Comunión de esperar para
recibir la Sagrada Comunión hasta después de la
distribución de la Sagrada Comunión no está en conformidad
con las normas litúrgicas.
- Después de que todos los ministros eucarísticos hayan
recibido la Comunión, el obispo o el presbítero celebrante
le entregan reverentemente los vasos que contienen el
Cuerpo y la Sangre del Señor a los diáconos o a los
ministros extraordinarios que ayudarán con la
distribución de la Sagrada Comunión. En asambleas
grandes, él podría ser asistido en esta acción por otros
ministros. El diácono puede ayudar al presbítero en el
manejo de los vasos que contienen el Cuerpo y la Sangre
del Señor a los ministros extraordinarios de la Sagrada
Comunión.
- La Sagrada Comunión bajo la forma de pan se ofrece a
los comulgantes con las palabras "El Cuerpo de Cristo." El
comulgante puede recibir el Cuerpo de Cristo en la mano o
en la lengua. Cuando la recibe en la mano, el comulgante
deberá ser guiado por las palabras de San Cirilo de
Jerusalén: "Cuando se acerque, tenga el cuidado de no
hacerlo con la mano extendida y los dedos abiertos o
separados, más bien coloque la mano izquierda como un
trono debajo de la derecha, como es propio de uno que
está a punto de recibir al Rey. Luego recíbalo, procurando
que nada se pierda." (52)
- Entre las maneras de distribuir la Preciosa Sangre
según las especificaciones de la Instrucción General del
Misal Romano, la Comunión del cáliz es la forma
generalmente preferida para suministrar la Preciosa
Sangre en la Iglesia Latina, con tal de que pueda ser
suministrada apropiadamente según las normas y sin riesgo
de aún una aparente irreverencia hacia la Preciosa
Sangre. (53)
- El cáliz se ofrece al comulgante con las palabras: "La
Sangre de Cristo", y el comulgante responde :"Amén."
- El cáliz no podrá nunca dejarse sobre el altar o sobre
otro lugar para que el comulgante lo tome por sí mismo
para comulgar él o ella mismo (excepto en el caso de
obispos o presbíteros concelebrantes), ni se puede pasar
el cáliz de un comulgante al otro. Deberá haber un
ministro del cáliz.
- Después de que cada comulgante haya recibido la
Sangre de Cristo, el ministro muy cuidadosamente limpia
ambos lados del borde del cáliz con un purificador. Esta
acción es una manera tanto de reverencia como de higiene.
Por la misma razón, el ministro gira el cáliz ligeramente
después de que cada comulgante haya recibido la Preciosa
Sangre.
- Es la decisión del comulgante, no del ministro, si
quiere comulgar del cáliz.
- A los niños se les anima a recibir la Comunión bajo
las dos especies siempre que hayan sido instruidos
adecuadamente y que sean de suficiente edad para comulgar
del cáliz.
- Distribución de la Preciosa Sangre mediante una
cuchara o una pajilla no se acostumbra en las diócesis
del rito latino de los Estados Unidos de América.
- Con el permiso del obispo diocesano, la Sagrada
Comunión se puede distribuir por intinción de la manera
siguiente: "el comulgante, con la patena bajo la
barbilla, se acerca al presbítero que sostiene el cáliz y
quien tiene a su lado al ministro con el copón de las
hostias. El presbítero toma la hostia, la introduce en el
cáliz y mostrándola dice: "El Cuerpo y la Sangre de
Cristo." El comulgante responde: "Amén", y recibe el
Sacramento en la lengua de manos del presbítero. Luego el
comulgante regresa a su asiento." (54)
- El comulgante, incluyendo el ministro extraordinario,
nunca tiene permiso para auto comunicarse, ni aún por
intinción. La Comunión bajo cualquiera de las dos formas,
pan o vino, deberá siempre darse por un ministro
ordinario o extraordinario de la Sagrada Comunión.
- Después de la Comunión el pan consagrado que queda se
reserva en el tabernáculo. Deberá tenerse cuidado de que
no quede ningún fragmento en el corporal ni en los vasos
sagrados. El diácono regresa al altar con el presbítero y
recoge y consume cualquier fragmento que quede.
- Cuando quede más Preciosa Sangre que la necesaria
para la Comunión, y no fuese consumida por el obispo o
presbítero celebrante, "el diácono inmediatamente y con
reverencia consume frente al altar toda la Sangre de
Cristo que quede; podría ser asistido, si la necesidad así
lo dicta, por otros diáconos y presbíteros." (55) Cuando haya
ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, ellos
podrán consumir lo que quede de la distribución de la
Preciosa Sangre del cáliz, con permiso del obispo
diocesano.
- El cáliz y otros vasos pueden llevarse a una mesa
aparte, donde se limpian y se arreglan en la manera
usual. Otros vasos sagrados que contenían la Preciosa
Sangre se purifican de la misma manera que los copones.
Con tal que el pan consagrado sea consumido o reservado y
la Preciosa Sangre que quede sea consumida, "está
permitido dejar los vasos" aptamente cubiertos y en la
mesa aparte sobre un corporal, para ser limpiados
inmediatamente después de la Misa y después de que los
fieles hayan sido despedidos." (56) Cuando no haya un número
suficiente de presbíteros o diáconos, los ministros
extraordinarios de la Sagrada Comunión pueden purificar
los vasos, con previa aprobación del obispo diocesano.
- La Preciosa Sangre no puede reservarse, excepto para
dar la Sagrada Comunión a alguien que esté enfermo. Sólo
los enfermos que no pueden recibir la Comunión bajo la
forma de pan pueden recibirla bajo la forma de vino y
solamente a la discreción del presbítero. Si no se
consagra en la Misa en la presencia del enfermo, la
Sangre del Señor se guarda propiamente cubierta y se
coloca en el tabernáculo después de la Comunión. La
Preciosa Sangre deberá llevarse a los enfermos en un vaso
cerrado de tal manera que se elimine toda posibilidad de
derramarla. Si algo de la Preciosa Sangre permanece
después de que el enfermo haya recibido la Comunión,
deberá ser consumida por el ministro, quien también deberá
purificar el vaso apropiadamente.
- La reverencia que se debe a la Preciosa Sangre del
Señor exige que sea consumida debidamente después de que
concluya la Comunión y nunca deberá vaciarse en la tierra
ni en el sagrario.
- Las normas y directivas establecidas por la Iglesia
para la celebración de cualquier rito litúrgico siempre
tienen como su meta inmediata una cuidadosa celebración
de esos ritos. Sin embargo, tales normas también tienen
como propósito fomentar las celebraciones que glorifican
a Dios y profundizan la fe, la esperanza y la caridad de
los participantes en el culto litúrgico. La preparación y
celebración ordenada de la Misa, y de la Sagrada Comunión
en particular, deberán siempre afectar profundamente a
los comulgantes en todos sus aspectos y dimensiones. En
el caso de la distribución de la Sagrada Comunión bajo
ambas especies, que ahora ha sido restaurada en la
Iglesia latina, la fe cristiana en la presencia real de
Cristo en la Sagrada Eucaristía será renovada y
profundizada en la vida de los fieles mediante esta
práctica estimada.
- En todos los demás asuntos con respecto al Rito de la
Comunión bajo ambas especies, se deberán consultar las
normas de la Instrucción General, nn. 281-287.
1. Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium: Constitución sobre la
sagrada liturgia[SC] (4 de diciembre, 1963), n. 47. (Todas las citas del
Vaticano II que se usan provienen de la edición de Biblioteca de Autores
Cristianos, de La Editorial Católica, S.A., Madrid, 1967.)
2. United States Catholic Conference"Libreria Editrice Vaticana,
Catecismo de la Iglesia Católica [CIC] (2000), n. 1382.
3. SC, n. 7.
4. Concilio Vaticano II, Presbyterorum Ordinis: Decreto sobre el
ministerio y la vida de los presbíteros [PO] (7 de diciembre, 1965), n. 5.
5. Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,
Instrucción General del Misal Romano [IGMR] (2000), n. 368.
6. Sacramentario, Prayer Over the Gifts, Evening Mass of the Lord"s
Supper, p. 138.
7. CIC, nn. 1328-1332.
8. Cf. St. Ignatius of Antioch, Ad. Eph., 20, 2.
9. SC, n. 47.
10. Sacramentario, Oración Eucarística III, p. 554.
11. SC, n. 6.
12. Cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium: Constitución dogmática sobre
la Iglesia(21 de noviembre, 1964), n. 3.
13. Concilio de Trento, Sesión xiii (Octubre 11, 1551), De ratione
institutionis ss. huius sacramenti. (El texto en latín aparece en Henricus
Denzinger and Adolfus Schönmetzer, eds., Enchiridion Symbolorum: Definitionum
et Declarationum de Rebus Fidei et Morum [DS] [Barcinone: Herder, 1976], 1638.
El texto en inglés está en John F. Clarkson et al., The Church Teaches [TCT]
[St. Louis, MO: B. Herder, 1955], 720.). Traducción al español es directa.
14. National Conference of Catholic Bishops, Guidelines for the Reception
of Communion (Washington, D.C., 1996).
15. CIC, n. 1382.
16. IGMR, n. 72(3).
17. F. Bland Tucker, trans., "Father, We Thank Thee, Who Hast Planted,"
himno adaptado del Dídache, c. 110 (The Church Pension Fund, 1940).
18. Concilio de Trento, Sesión xiii (11 de octubre, 1551), Cánones de ss.
Eucharistiae sacramento, can. 1 (DS 1651; TCT 728).
19. Cf. Concilio de Trento, Sesión xiii (11 de octubre, 1551), Decretum
de ss. Eucharistiae sacramento, cap. IV, De transubstantione (DS 1642; TCT
722): "Porque Cristo nuestro Redentor dijo que era verdaderamente su cuerpo
que él ofrecía bajo las especies de pan (ver Mateo 26:26ff.; Marcos 14:22ff.;
Lucas 22:19ff.; 1 Corintios 11:24ff.), siempre ha sido la convicción dela
Iglesia, y este santo concilio ahora lo declara nuevamente que, por la
consagración del pan y el vino ocurre un cambio mediante el cual toda la
sustancia del pan se transforma en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro
Señor y toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. La Santa
Iglesia Católica, apta y apropiadamente, llama este cambio
transubstanciación."
20. Concilio de Trento, Sesión xiii (octubre 11, 1551), Decretum de ss.
Eucaristía sacramento, cap. III, De excellentia ss. Eucharistiae super reliqua
sacramenta (DS 1640; TCT 721).
21. Ibid. (DS 1640; Norman P. Tanner, ed., Decrees of the Ecumenical
Councils, Vol. 2: Trent to Vatican II [London: Sheed & Ward, 1990], 695.)
22. Cf. CIC, n. 1381.
23. Cf. Pablo VI, Mysterium Fidei: Sobre el culto a la Sagrada Eucaristía
(3 de septiembre, 1965), n. 47 (in International Committee on English in the
Liturgy, Documents on the Liturgy, 1963-1979: Conciliar, Papal, and Curial
Texts [DOL] [1982] 176, n. 1192).
24. Ibid., n. 48 (DOL 176, n. 1193).
25. Cf. IGMR, n. 281.
26. Cf. San Cipriano, De Lapsis, 25, sobre la Comunión de infantes y
niños; sobre la Comunión de enfermos y moribundos, Cf. Statuta ecclesiae
antiqua, can. 76.
27. CIC, n. 1390.
28. Cf. Petrus Cantor, Summa de Sacramentis et Animae Consiliis, ed. J.-A. Dugauquier, Analecta Medievalis Namurcensia, vol. 4 (Louvain/Lille, 1954),
I, 144.
29. SC, n. 55.
30. IGMR, n. 281. El IGMR continúa diciendo: "Para los fieles que toman
parte en el rito o están presentes en él, los párrocos deberán procurar
recordarles, de manera apropiada, la enseñanza católica según el Concilio de
Trento sobre la manera de recibir la Comunión. Sobre todo, deberán instruir a
los fieles cristianos que, según la fe católica, Cristo, completo y entero, y
también verdadero Sacramento, se recibe bajo una especie solamente, y que por
tanto, en cuanto a los efectos se refiere, aquellos que reciben de esta
manera, no están privados de ninguna de las gracias necesarias para la
salvación.
"Los párrocos también deberán enseñar que la Iglesia tiene poder en su
administración de los sacramentos, siempre que la sustancia permanezca
intacta, para establecer reglas y cambios que, en vista de las diferentes
condiciones, del tiempo y el lugar, ella decida son para beneficio de la
reverencia a los sacramentos o el bienestar de los recipientes" (n. 282).
31. Ibid., n. 282.
32. Cf. Concilio de Trento, Sesión xxi (16 de julio, 1562), De doctrina
de communione sub utraque specie et parvulorum (DS 1725-1734; TCT 739-745).
33. Ibid.
34. IGMR, n. 283.
35. Ibid.
36. Ibid.
37. Ibid.
38. Cf. Congregación de Ritos, Eucharisticum Mysterium: El culto de la
Eucaristía [EM] (25 de mayo, 1967), parte I, "Principios generales que deben
ser prominentes en la catequesis del pueblo sobre el Misterio Eucarístico"
(DOL 179, nn. 1234-1244).
39. Cf. IGMR, n. 93.
40. IGMR, n. 182.
41. Cf. IGMR, n. 108.
42. Cf. IGMR, n. 162.
43. IGMR, n. 162. Cf. also Sacred Congregation for the Discipline of the
Sacraments, Immensae Caritatis: Instruction on Facilitating Reception of
Communion in Certain Circumstances, section 1.I.c (DOL 264, n. 2075).
44. IGMR, n. 280.
45. Cf. EM, n. 31 (DOL 179, n. 1260): "Los fieles comparten más plenamente
en la celebración de la Eucaristía mediante la comunión sacramental. Es muy
recomendable que como regla general ellos deberán recibirla en la Misa misma y
en el momento de la celebración prescrito por el rito, es decir,
inmediatamente después de la comunión del presbítero celebrante.
"Para que la comunión se destaque más claramente hasta por los signos
como una participación en el sacrificio que se celebra, se deben implementar
medidas que permitan a los fieles recibir hostias consagradas en esa Misa."
46. Cf. IGMR, n. 284b: "En cada caso el resto de la Sangre [después de la
distribución de la Sagrada Comunión] deberá ser consumida en el altar por el
presbítero o el diácono o un acólito constituido que administre el cáliz. . .
."
47. Sacramentario, Oración Eucarística IV.
48. Cf. IGMR, n. 321.
49. Cf. IGMR, nn. 327-332. Cf. también National Conference of Catholic
Bishops, Built of Living Stones: Art, Architecture, and Worship (Washington,
D.C.: United States Catholic Conference, 2000), nn. 164-165.
50. Cf. IGMR, n. 333.
51. Cf. ibid., n. 73.
52. Cat. Myst. V, 21-22.
53. Cf. Congregación para el culto divino, Sacramentali Communione:
Instruction Extending the Practice of Communion Under Both Kinds (June 29,
1970), n. 6 (DOL 270, n. 2115).
54. IGMR, n. 287.
55. IGMR, n. 182.
56. IGMR, n. 183.
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