Prayers for the Holy Father and Readings from Scripture on Sickness

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Oraciones

Señor Jesús, Buen Pastor de su rebaño,   BCL
mire con bondad a su santidad Juan Pablo II,
tu vicario aquí en la tierra
y concédele alivio de sus sufrimientos.

A éste heraldo que ha proclamado el Evangelio con tanta valentía,
dale la consolación de tu palabra.
A éste guardián tan fiel de tu Iglesia,
mande un ángel para guardarle y protegerle.
A éste Sacerdote que ha confortado y ungido a los enfermos,
le bendiga con la paz en su tiempo de aflicción.

Escuche las oraciones de los que en tí confian,
O Señor Resucitado y Salvador del Mundo,
sentado a la derecha del Padre,
en la unidad del Espíritu Santo,
que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

*

Padre celestial,
dale al Papa Juan Pablo II alivio en sus sufrimentos.
Cuando tenga miedo, concédele valor;
cuando se sienta afligido, dale paciencia;
cuando se sienta deprimido, concédele esperanza;
y cuando se sienta solo, dale la compañia
de tu pueblo santo.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

*

Padre nuestro,
tu Hijo aceptó nuestros sufrimientos
para enseñarnos la virtud de la paciencia
en el dolor humano.
Escucha las oraciones que te ofrecemos
por el Santo Padre.
Que todos los que sufren dolores,
enfermedades o males
se den cuenta de que han sido escogidos
para ser santos
y para conocer que están unidos a Cristo,
que sufre por la salvación del mundo.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

**

Intercesiones para el Santo Padre

Para que el Señor
alivie los sufrimientos del Santo Padre
y lo conforte en su enfermedad;
roguemos al Señor:

Para que el Papa
continúe siendo
una señal de la resurrección del Señor;
roguemos al Señor:

Para que el Papa Juan Pablo II
experimente la paciencia y compasión de Cristo,
que sana el cuerpo y corazón;
roguemos al Señor:

Para que el Santo Padre,
consciente de su fragilidad humana,
encuentre la fuerza
para enfrentar con valentía sus sufrimientos,
roguemos al Señor:

**

Lecturas

Lectura del segundo libro de los Reyes 20, 1-6

En aquellos días, el rey Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a visitarlo y le dijo: "Esto te manda decir el Señor: `Haz tu testamento, porque ciertamente vas a morir' ".

Entonces Ezequías volvió la cara hacia la pared y oró al Señor, diciendo: "Señor, recuerda que te he servido fiel y sinceramente, haciendo lo que te agrada". Y se puso a llorar copiosamente.

Y antes de que Isaías saliera del patio central, recibió esta orden del Señor: "Regresa y dile a Ezequías, jefe de mi pueblo: `Esto te manda decir el Señor, Dios de tu padre, David: He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días podrás subir al templo. Te voy a conceder quince años más de vida. Voy a librarte de las manos del rey de Asiria, a tí y a Jerusalén, en atención a mí y a mi siervo David' ".

o

Salmo 102 (101)

Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco, escúchame en seguida.

Él agotó mis fuerzas en el camino,
acortó mis días;
y yo dije: "Dios mío, no me arrebates
en la mitad de mis días".
Tus años duran por todas las generaciones.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor:
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.

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Lectura del libro del profeta Isaías 53, 1-5. 10-11

Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelará el poder del Señor?

Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en él desierto. No tenía gracia ni belleza.

No vimos en él ningún aspecto atrayente;
despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, habituado al sufrimiento;
como uno del cual se aparta la mirada,

El soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo tuvimos por leproso,
herido por Dios y humillado,
traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
El soportó el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.
Cuando entregue su vida como expiación,
verá a sus descendientes, prolongará sus años
y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mí siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.

o

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 28, 7-10

Había en los alrededores una propiedad perteneciente al hombre más importante de la isla de Malta, llamado Publio. Este nos recibió y nos brindó cordial hospitalidad durante tres días. El padre de Publio estaba en cama, con fiebre y disentería. Pablo fue a verlo; oró, le impuso las manos y lo curó.

A raíz de esto, se presentaron los otros enfermos de la isla y fueron curados. Luego nos colmaron de toda clase de atenciones, y cuando nos embarcamos, nos proveyeron de lo necesario.

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Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios 4, 10-18

Hermanos: Llevamos siempre y por todas partes la muerte de Jesús en nuestro cuerpo, para que en este mismo cuerpo se manifieste también la vida de Jesús. Nuestra vida es un continuo estar expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De modo que la muerte actúa en nosotros, y en ustedes, la vida.

Y como poseemos el mismo espíritu de fe que se expresa en aquel texto de la Escritura: Creo, por eso hablo, también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que aquel que resucitó a, Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos colocará a su lado con ustedes. Y todo esto es para bien de ustedes, de manera que, al extenderse la gracia a más y más personas, se multiplique la acción de gracias para gloria de Dios.
Por esta razón no nos acobardamos; pues aunque nuestro cuerpo se va desgastando, nuestro espíritu se renueva de día en día. Nuestros sufrimientos momentáneos y ligeros nos producen una riqueza eterna, una gloria que los sobrepasa con exceso.

Nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, sino en lo que no se ve, porque lo que se ve es transitorio y lo que no se ve es eterno.

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Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios 12, 7-10

Hermanos: Para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las
revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto, pero él me ha respondido: "Te basta mi gracia, porque mí poder se manifiesta en la debilidad".

Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades, para que se manifieste en mí el poder de Cristo. Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y l?s dificultades que sufro por Cristo, porque cuando soy más débil, soy más fuerte.

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Lectura de de la carta de Santiago 5: 13-16

Hermanos míos: ¿Sufre alguno de ustedes? Que haga oración. ¿Está de buen humor? Que entone cantos al Señor. ¿Hay alguno enfermo? Que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con aceite, invocando al Señor. La oración hecha con fe le dará la salud al enfermo y el Señor hará que se levante; y si tiene pecados, se le perdonarán.

Por tanto, confiesen sus pecados los unos a l?s otros y oren los unos por los otros para que se curen. Mucho puede la oración insistente del justo: Elías era un hombre igual a no?otros, y cuando oró con insistencia para que no lloviera, no llovió en tres años y medio; volvió a orar, y el cielo dio su lluvia, y la tierra, sus cosechas.

Hermanos míos, si alguno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver al buen camino, tengan presente que quien hace volver a un pecador de su extravío, salvará su propia alma de la muerte y sepultará una multitud de pecados.

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Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8:14—17

En aquel tiempo, al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. As? se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades cargó con nuestros dolores.

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Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mí nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos".

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.

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Lectura del santo Evangelio según san Lucas 22, 39-43

En aquel tiempo, salió Jesús, como de costumbre, al monte de los
Olivos y lo acompañaron los discípulos. Al llegar a ese sitio, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación". Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Se le apareció entonces un ángel para confortarlo.

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Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo soy la verdadera vid y mí Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.

Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde".

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan le que quieran y se les concederá. La gloría de mí Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos".

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