MRS > Migration Policy and Public Affair Office > Unidad en la Diversidad Guía para entender la enseñanza social católica sobre la inmigración y el movimiento de personas

Uso De Este Recurso En La Parroquia

La declaración pastoral Acogiendo al forastero entre nosotros: Unidad en la diversidad, de los Obispos de EEUU, se basa firmemente en la enseñanza social de la Iglesia. Entender y apreciar la enseñanza social católica nos ayuda a poner nuestra fe en acción. ¿Está su comunidad parroquial buscando oportunidades para un mejor entendimiento y práctica de lo que nuestra fe enseña? El uso de este recurso como guía de estudio, generador de discusiones y guía para la acción puede brindar tales oportunidades.

¿A qué grupos parroquiales va destinado?

  • Personal parroquial, particularmente educadores y catequistas: Este recurso ayudará a educarlos mejor en la enseñanza social católica en lo que atañe a la declaración pastoral y los asistirá a enseñar a otros.
  • Grupos de RICA (Rito de Iniciación Cristiana para Adultos), grupos de adultos jóvenes y pequeñas comunidades de fe: Este recurso puede ser copiado y distribuido a dichos grupos para su uso como guía de estudio y discusión y como guía para la acción.

Visión Bíblica Del Amor Por Los Forasteros

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento relatan conmovedoras historias de refugiados obligados a huir de la opresión. El Éxodo cuenta la historia del Pueblo Elegido, Israel, víctima de amarga esclavitud en Egipto. Los israelitas se encontraban completamente desamparados, pero con la poderosa intervención de Dios pudieron escapar y refugiarse en el desierto. Vivieron cuarenta años como vagabundos, sin patria. Finalmente, Dios cumplió con su antigua promesa y los estableció en la tierra que finalmente pudieron llamar hogar.

La experiencia de los israelitas de vivir como extranjeros sin hogar fue tan dolorosa y aterradora que Dios ordenó a su pueblo que por siempre jamás dedicara especial cuidado a los extraños: "Al forastero que viva con ustedes lo mirarán como a uno de ustedes y lo amarás como a ti mismo, pues ustedes también fueron forasteros en Egipto" (Lev 19: 33-34).

El Nuevo Testamento empieza con el relato que hace Mateo del escape de José y María a Egipto con su recién nacido, Jesús, porque el paranoico y celoso rey Herodes quería matar al infante. Nuestro Salvador mismo vivió como refugiado porque su propia tierra no era segura.

Jesús reitera el mandamiento del Antiguo Testamento de amar y cuidar del forastero, uno de los criterios por los que seremos juzgados: "Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa" (Mt 25:35).

El Apóstol Pablo afirma la absoluta igualdad de todas las personas ante Dios: "Ya no hay diferencia entre judío y griego... pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús" (Gál 3:28). En Cristo, la raza humana es una ante Dios, igual en dignidad y derechos.


Tres Principios Básicos De La Enseñanza Social Católica Sobre La Inmigración

Aunque la teología católica siempre ha promovido los derechos humanos basados en la ley natural y la revelación de Dios, fue la encíclica Rerum Novarum (Sobre la condición de los obreros) de 1891 la que desarrolló una sistemática presentación de principios de los derechos y responsabilidades de las personas. Rerum Novarum incluyó comentarios sobre la situación de los inmigrantes; en documentos posteriores, papas y conferencias episcopales han sintetizado la tradición teológica católica para dar expresión a tres principios básicos sobre la inmigración.

Primer principio: Las personas tienen el derecho de migrar para sostener su vida y la vida de sus familias.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, con la caída del imperio nazi y la posterior creación de la "Cortina de Hierro" soviética, Europa enfrentó la inmigración sin precedentes de millones de personas que buscaban seguridad, alimento y libertad. En esa época, el papa Pío XII escribió Exsul Familia (La familia emigrada), poniendo de lleno a la Iglesia del lado de los que buscan una vida mejor huyendo de sus hogares.

Cuando hay un movimiento de personas en masa, como durante una guerra, desastre natural o hambruna, las tierras que reciben a estas personas desplazadas pueden verse amenazadas. El ingreso de tantas personas puede hacer imposible que la población del lugar viva con seguridad, pues la tierra puede no tener recursos suficientes para mantener a todos. Incluso en inmigraciones más ordenadas, como en Estados Unidos, ciudadanos y residentes del país pueden temer que los recién llegados les quitarán empleos, tierras y recursos, empobreciendo a las personas ya presentes.

Debido a la creencia de que los recién llegados compiten por recursos escasos, a veces los inmigrantes y refugiados son objeto de rechazo, resentimiento o desprecio. Sin embargo, el primer principio de la enseñanza social católica respecto de los inmigrantes es que las personas tienen el derecho a migrar para sostener su vida y la vida de sus familias. Esto se basa en la enseñanza bíblica y cristiana antigua de que los bienes de la tierra pertenecen a todas las personas. Aunque el derecho a la propiedad privada es defendido en la enseñanza social católica, los individuos no tienen derecho a usar la propiedad privada haciendo caso omiso del bien común.

Todas las personas tiene igual derecho a recibir de la tierra lo necesario para la vida: alimento, vestido, cobijo. Además, toda persona tiene derecho a la educación, atención médica, religión y expresión de su cultura. En muchos lugares las personas viven en el temor, el peligro o una deshumanizante pobreza. Ciertamente, no es voluntad de Dios que algunos de sus hijos vivan en el lujo mientras que otros no tienen nada. En el Evangelio de Lucas, el hombre rico fue condenado por vivir bien mientras el hombre pobre moría de hambre a su puerta (Lc 16:19-31).

El natural de un país no tiene derechos superiores sobre el inmigrante. Ante Dios todos son iguales; la tierra fue dada por Dios a todos. Cuando una persona no puede alcanzar una vida que tenga sentido en su propia tierra, dicha persona tiene el derecho a emigrar.

Segundo principio: Un país tiene el derecho a regular sus fronteras y controlar la inmigración.

El principio general de toda la enseñanza social católica es que los individuos deben tomar decisiones económicas, políticas y sociales no por un miope interés egoísta, sino tomando en consideración el bien común. Esto significa que una persona moral no puede considerar sólo lo que es bueno para sí y su familia, sino que debe actuar teniendo como principio rector el bien de todas las personas.

Aunque los individuos tienen el derecho a emigrar en busca de una vida segura y humana, ningún país está obligado a aceptar a quienes deseen reestablecerse allí. Con este principio la Iglesia reconoce que en su mayor parte la inmigración no es en último término algo que pueda celebrarse. Ordinariamente, las personas no abandonan la seguridad de su propia tierra y cultura sólo por buscar la aventura en un lugar nuevo o simplemente por mejorar su nivel de vida. Por el contrario, migran porque están desesperadas y porque la oportunidad de una vida segura y tranquila no existe en su propia tierra. Los inmigrantes y refugiados soportan muchas penurias y suelen añorar los hogares que dejaron. Como estadounidenses, debemos apreciar y celebrar las contribuciones de los inmigrantes y sus culturas; sin embargo, debemos trabajar para hacer innecesario que las personas abandonen su propia tierra.

Como parece no haber fin a la pobreza, guerra y miseria en el mundo, las naciones desarrolladas seguirán experimentando la presión de muchas personas que desean reasentarse en sus tierras. La enseñanza social católica es realista: Aunque las personas tienen el derecho a emigrar, ningún país tiene el deber de recibir a tantos inmigrantes que se ponga en riesgo su vida social y económica.

Por esta razón, los católicos no deben considerar negativo o perverso el trabajo del gobierno federal y su control inmigratorio. Quienes trabajan para aplicar las leyes inmigratorias de nuestra nación suelen hacerlo con un sentido de lealtad al bien común y compasión por las personas pobres que buscan una vida mejor. En un mundo ideal no habría necesidad de control migratorio. La Iglesia reconoce que este mundo ideal no ha sido alcanzado todavía.

Tercer principio: Un país debe regular sus fronteras con justicia y misericordia.

Pareciera que el segundo principio de la enseñanza social católica niega el primer principio. Sin embargo, los principios uno y dos deben ser entendidos en el contexto del principio tres. Y toda la enseñanza social católica debe ser entendida a la luz de la absoluta igualdad de todas las personas y del compromiso con el bien común.

Las regulaciones fronterizas y controles migratorios de un país deben regirse por la preocupación por todas las personas y por la justicia y la misericordia. Una nación no puede simplemente decidir que quiere ver por su propio pueblo y no por los demás. Debe prevalecer un sincero compromiso con las necesidades de todos.

En nuestro mundo moderno, donde la comunicación y los viajes son mucho más fáciles, la carga de las emergencias no puede ponerse solamente sobre las naciones inmediatamente contiguas a la crisis. La justicia dicta que la comunidad mundial contribuya con recursos para dar cobijo, alimento, servicios médicos y bienestar básico.

Aun en el caso de migraciones menos urgentes, el derecho de una nación desarrollada a limitar la migración debe basarse en la justicia, la misericordia y el bien común, no en el egoísmo. Además, las políticas inmigratorias deben tener en cuenta otros valores importantes, como el derecho de las familias a que sus miembros vivan juntos. Una política inmigratoria no debe obligar a parejas casadas o hijos a vivir separados de sus familias por largos periodos.

Los inmigrantes indocumentados generan una preocupación especial. A menudo su presencia es considerada criminal, pues llegan sin permiso legal. Bajo el más severo punto de vista, puede considerarse que las personas indocumentadas no son merecedoras de derechos o servicios. Este no el punto de vista de la enseñanza social católica. La Iglesia Católica enseña que toda persona tiene derechos humanos básicos, y derecho también a llenar sus necesidades humanas básicas: alimento, cobijo, vestido, educación y atención en salud. Las personas indocumentadas son particularmente vulnerables a la explotación de los empleadores, y no pueden quejarse por el temor a ser descubiertas y deportadas. La actual política inmigratoria, que penaliza el simple intento de inmigrar y encarcela a inmigrantes que no han cometido delito alguno o que ya han cumplido una sentencia justa por un delito, es inmoral. En la Biblia, Dios promete que nuestro juicio se basará en el tratamiento que hayamos dado a los más vulnerables. Ante Dios no podemos excusarnos de tratar inhumanamente a ciertas personas con el argumento de que el no tener residencia legal los priva de derechos dados por el Creador.

Finalmente, la política inmigratoria que permite a gran número de personas vivir aquí y contribuir a la sociedad muchos años, pero se niega a ofrecerles la oportunidad de alcanzar la residencia legal, no sirve al bien común. La presencia de millones de personas que viven sin fácil acceso a derechos y necesidades humanas básicas es una gran injusticia.

Es la posición de la Iglesia Católica que los servicios pastorales, educativos, médicos y sociales brindados por la Iglesia nunca estén condicionados a la residencia legal. Todas las personas están invitadas a participar en nuestras parroquias, asistir a nuestras escuelas y recibir otros servicios ofrecidos por nuestras instituciones y programas.


Preguntas Para La Discusión Y Actividades Para Las Parroquias

Actividades sugeridas para reconocer que Estados Unidos es una nación de inmigrantes

  • Haga que los participantes relaten la historia de la inmigración de sus propias familias a Estados Unidos. Compare las historias de los que acaban de inmigrar con las de quienes inmigraron hace muchos años, para demostrar que las razones para inmigrar no han cambiado.
  • Pida a los participantes que reflexionen sobre los cambios en la composición étnica de la parroquia y el barrio en el curso de su historia.
  • Pida a los participantes que ofrezcan ejemplos de cómo la inmigración y la diversidad cultural han cambiado Estados Unidos. Haga que evalúen estos cambios.

¿A qué se refiere la Iglesia al hablar de "derecho a migrar"?
  • ¿Acepta usted que toda persona tiene el derecho a migrar para encontrar los medios que sustenten su vida? ¿Hay limitaciones a este derecho?
  • ¿Cree que las personas tienen alguna obligación de permanecer en su propia tierra y tratar de mejorarla?
  • ¿Cree que ciertos inmigrantes tienen un derecho superior a migrar? Por ejemplo, considere un refugiado que huye de la guerra, una familia pobre que busca una vida mejor y un ingeniero en computación que busca un mejor empleo. ¿A quién favorece la política inmigratoria de EEUU? ¿Cuál debiera ser nuestra política?
¿Qué derecho le asiste a la nación de regular la inmigración y controlar sus fronteras?
    ¿Cree usted que la política inmigratoria estadounidense es misericordiosa y justa? ¿Por qué sí o por qué no?
  • ¿Cuál es su parecer sobre quienes aplican las leyes inmigratorias de nuestra nación?
  • Si cree que la política inmigratoria necesita modificaciones, ¿qué cambios sugeriría?
¿Cuál debe ser nuestra actitud para con los inmigrantes indocumentados?
  • ¿Cómo debe Estados Unidos considerar y tratar a los inmigrantes indocumentados?
  • ¿Cómo podemos proteger los derechos de estas personas cuando son tratadas injustamente por sus empleadores?
  • ¿Qué servicios gubernamentales deben proporcionarse a las personas indocumentadas?
  • ¿Cuál debe ser el mensaje de la Iglesia a las personas indocumentadas? ¿Cómo deben éstas ser tratadas en la parroquia local?
Considere las siguientes situaciones y ofrezca ideas de cómo pueden responder usted y su parroquia. Para cada situación ofrezca ideas sobre cómo moldear actitudes y abogar por los derechos humanos.

  • La política inmigratoria que favorece a profesionales altamente calificados por encima de la reunificación familiar y el movimiento de personas pobres que buscan una vida mejor.
  • La renuencia de barrios, parroquias e individuos a aceptar culturas, idiomas y costumbres diferentes.
  • El encarcelamiento de inmigrantes indocumentados mientras éstos buscan que se resuelvan sus derechos legales.
  • Inmigrantes indocumentados que tratan de matricular a sus hijos en escuelas públicas.
  • Crisis de refugiados en África o la desintegrada Yugoslavia.

Otras actividades sugeridas
  • Asista a misa con una comunidad inmigrante y reflexione sobre la experiencia.
  • Aprenda algunas palabras de los idiomas maternos de los inmigrantes que practican el culto en su parroquia.
  • Visite inmigrantes mantenidos en prisión mientras esperan que se resuelvan sus casos.
  • Pida reunirse con representantes del Immigration and Naturalization Service (Servicio de Inmigración y Naturalización) para ponerse al tanto de su trabajo y sugerir formas en las que puedan aplicarse mejor las leyes de la nación respetándose a la vez los derechos y necesidades de los inmigrantes.
  • Identifique a inmigrantes de su parroquia que siguen esperando que se permita a sus familiares ingresar a Estados Unidos. Póngase al corriente del proceso de patrocinio familiar, y escriba a los que todavía esperan en el extranjero para prometerles amistad y acogida cuando finalmente lleguen.
  • Reúnase con personal de hospitales y salud pública locales para preguntar cómo pueden las personas indocumentadas recibir atención médica.
  • Reúnase con funcionarios de educación pública para preguntar cómo pueden los hijos de inmigrantes indocumentados asistir a la escuela.
  • Consulte, para muchas más ideas, la sección "Desarrollo de un plan de acogida para la parroquia" en el inserto ¿Cómo acogemos al "forastero" en nuestras parroquias?

Este recurso fue escrito por el padre Thomas Betz, OFC, director de los Servicios de Inmigración y Refugiados de la arquidiócesis de Filadelfia, y es usado con permiso. Las citas bíblicas que se usan en este documento han sido tomadas de la Biblia Latinoamericana, Edición Pastoral © 1989, Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault 1972. Se usan con permiso.

COPYRIGHT © 2001, UNITED STATES CONFERENCE OF CATHOLIC BISHOPS, INC., WASHINGTON, D.C. FAVOR FOTOCOPIAR Y DISTRIBUIR ESTE RECURSO.
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