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Eucaristía: Somos un Cuerpo

 
La semana pasada mi familia tuvo una gran fiesta. Tengo una familia muy grande y nos gusta reunirnos. Al salir, nos sentíamos renovados y llenos de vida. Yo me fui contento de pertenecer a esta familia. La fiesta en la que estuve la semana pasada fue la Misa del domingo en mi parroquia. Mi familia es la Iglesia, reunida por Dios nuestro padre (representado en los sacramentos por el sacerdote a quien llamamos padre). Las historias de nuestra familia de fe se encuentran en las Escrituras. La comida que compartimos es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La experiencia de estar reunidos y alimentados con el Pan de Vida es lo que llamamos Eucaristía.

Hagan esto en memoria mía

Cuando yo era niño me enseñaron que tenía que "oir Misa" todos los domingos. Pero la Eucaristía es algo que hacemos, no sólo algo que oímos y recibimos. La propia palabra Eucaristía significa dar gracias. Cuando vamos a Misa, vamos a dar gracias a Dios por todo lo que se nos ha dado. En especial, vamos a dar gracias por la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo.

Este dar gracias es algo que hacemos juntos. Hay muchos modos de orar en privado, pero Jesús nos dio la Eucaristía para la comunidad, como familia de los hijos e hijas de Dios.

Yo nunca iría a una fiesta de cumpleaños sólo a mirar o a escuchar. No iría solamente a recibir un pedazo de pastel. Llevaría un regalo, e iría preparado para conversar con los demás y compartir la comida. Nuestra participación en la Eucaristía es mucho más que escuchar o recibir.

En la celebración de la Misa recordamos el mandato de Jesús: "Hagan esto en memoria mía". ¿Qué es lo que quiere Jesús que hagamos? Que nos reunamos con los lazos de amor y perdón que vienen de Dios; que recordemos las maravillas que Dios ha hecho por nosotros. Quiere que compartamos lo que tenemos y que compartamos una comida. Cuando hagamos todo eso, El nos promete ser El mismo la comida que compartimos.

Como una sola familia

Una de las cosas más importantes sobre la Eucaristía es que reúne a muchas personas que de otra manera no tendrían nada que ver con nosotros. Al menos por esa hora, nos podemos llamar "hermano" y "hermana".

La oración más ferviente de Jesús y su mandato más fuerte es que sus seguidores estén unidos. Incluso antes de empezar a enseñar y curar, El reunió a un grupo de discípulos. La noche antes de morir, Jesús oró para que sus seguidores fueran uno, tal como El está unido al Padre (Juan 17, 20-23).

Muchos de los milagros de curación de Jesús se dirigían a devolver a los marginados a un lugar de la sociedad; no se permitía a los leprosos estar con otras personas; el poseso de una legión de demonios estaba encadenado y obligado a vivir en un cementerio; la hemorroísa era considerada impura. Al curar a estas personas, Jesús les devuelve no sólo la salud, sino también la oportunidad de vivir con otras personas. Ahora podrían comer, reir, llorar, orar y trabajar con el resto de la comunidad. Lo que dividió el pecado, Jesús lo vuelve a reunir. Cada vez que celebramos la Eucaristía en nombre de Jesús, El nos vuelve a reunir.

A través de los Evangelios vemos a Jesús comer. Se le critica por comer con pecadores y cobradores de impuestos. Cuando se le une una multitud, Jesús hace lo posible por darles de comer. Después de la resurrección, los discípulos lo reconocen en el partir del pan. Antes de morir, Jesús reúne a sus apóstoles para compartir la Cena Pascual. En esta última cena, les dice cómo quiere que lo recuerden; cuando se reúnan en su nombre a compartir la comida, Jesús mismo será el pan que compartan.

El punto de arranque de la Eucaristía es nuestra reunión: ricos y pobres, jóvenes y viejos, de muchas acionalidades y orígenes, somos llamados por Jesús a ser una familia. Como comunidad que tiene la Eucaristía como fuente y cumbre, debemos ser fieles a nuestros orígenes con Jesús, que nos reunió como comunidad a la que el pecado había dividido.

Nuestra historia

Las familias se acercan más por las historias que comparten. Piense en los cuentos que se cuentan en su propia familia una y otra vez. Conocer estas historias es ser parte de la familia.

En la Misa, como parte de nuestra celebración de la Eucaristía, escuchamos las historias de la familia cristiana. Las lecturas de la Biblia que escuchamos cada domingo nos cuentan las historias de nuestros orígenes como pueblo de fe. Si usted asiste a Misa cada domingo y día festivo, por tres años, habrá escuchado la mayor parte del Nuevo Testamento y mucho del Antiguo. Esta es una de las maneras principales en que aprendemos nuestra fe y nuestra identidad. La idea es escuchar todas las historias. Como las historias familiares, cada pasaje de la Biblia nos ofrece una visión clara de quiénes somos, de dónde venimos y lo que Dios quiere de nosotros.

También tenemos una oportunidad cada semana de escuchar la Palabra de Dios explicada y aplicada a nuestro tiempo. En la homilía, o sermón, el sacerdote, u otra persona, nos ayuda a ver lo que las lecturas que acabamos de oir pueden tener que ver con nuestra vida diaria.

Recibe lo que eres

La Eucaristía es mucho más que una reunión y mucho más que compartir historias. La Eucaristía es el compartir en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esta comunión nos da fortaleza para esta vida y nos guarda para la vida eterna. San Agustín decía a quienes recibían el Cuerpo de Cristo por vez primera: "Recibe lo que eres; sé lo que recibes". San Pablo nos enseña que somos el Cuerpo de Cristo vivo en este mundo. Los miembros de la Iglesia están conectados unos con otros y nuestro destino está unido. Dependemos unos de otros, así como las partes de nuestros cuerpos dependen unas de otras. Y nuestra tarea es continuar el trabajo de Cristo. Somos nosotros quienes tenemos que ofrecer las manos extendidas para curar y cuidar. Somos nosotros quienes debemos decir palabras de esperanza, escuchar, caminar, ver. Si nuestras palabras y acciones son verdaderas expresiones de fe, esperanza y amor ya no sólo recordaremos o imitaremos a Cristo: seremos su presencia entre nosotros y para el mundo.

Cuando nos reunimos como hermanos y hermanas en la Eucaristía somos verdaderamente el Cuerpo de Cristo. Jesús prometió que, cuando nos reuniéramos como El nos enseñó, El mismo sería el pan partido y compartido. Así es como recibimos lo que somos.

Por supuesto, como miembros de la Iglesia, no somos "un solo corazón y una sola alma", como querían los primeros cristianos. No somos tan compasivos y justos, o tan valientes como deberíamos ser siendo el Cuerpo de Cristo. Nuestra participación en la Eucaristía es fortaleza para que nos podamos convertir en lo que recibimos. La Eucaristía no es un premio reservado a la gente buena. Es la comida que Dios ofrece para fortalecer a quienes se esfuerzan por ser mejores.

Enviados a anunciar la Buena Noticia

El sacerdote dijo: "La misa ha terminado. Pueden ir en paz". Y respondimos: "Demos gracias a Dios". Cuando yo era niño pensaba que dábamos gracias a Dios porque por fin había terminado la Misa y podíamos desayunar.

No damos gracias porque la Misa haya terminado, sino porque se nos ha enviado a una gran misión. La palabra clave es vayan. Así como Jesús envió a sus discípulos a compartir la Buena Noticia, así se nos envía al final de la Misa. Se nos envía a compartir lo que hemos recibido. Se nos envía como mensajeros a nuestras familias, nuestros vecindarios, nuestros trabajos y nuestras escuelas. Hemos divisado el Reino de Dios y se nos envía a mostrar a otros cómo lo hemos visto. Se nos envía a practicar la compasión, la justicia, la fe y la esperanza que hemos aprendido; a hacer nuestro mundo un poco más parecido a la Eucaristía que acabamos de compartir. Se nos envía a una difícil misión: hemos de ser esperanza para un mundo desesperanzado, compasión para un mundo frecuentemente egoísta y despiadado, fe para un mundo descreído. Fácilmente podríamos desanimarnos. Por eso es importante que nos volvamos a reunir con nuestra comunidad de fe, de nuevo compartamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y de nuevo seamos enviados a transformar el mundo.

Eucaristía: Somos un Cuerpo (EMC476), © 2004 Claretian Publications.
Este artículo está reimpreso de la serie bilingüe El Momento Católico con permiso del Centro de Recursos para el Ministerio Hispano. Si desea copias a todo color de estos u otros títulos de El Momento Católico a precios asequibles y descuentos por grandes cantidades, puede visitar este sitio web. El Momento Católico y el Centro de Recursos para el Ministerio Hispano son ministerios de los Claretianos.



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