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Proclamación del Evangelio por Parte del Laicado

 

¿Es apropiado que una persona laica proclame el Evangelio en una celebración litúrgica?

Entre los deberes propios del diácono está la proclamación del Evangelio (cf. Institución General del Misal Romano, nn. 175 y 212; prenotandos al Leccionario, n. 50; Ceremonial de Obispos, n. 24). En ausencia de un diácono, un sacerdote podría proclamar el Evangelio (cf. Institución General del Misal Romano, n. 212; prenotandos al Leccionario, n. 49).

En ausencia de un sacerdote o diácono, algunos de los libros litúrgicos hacen provisiones para que pueda proclamar el Evangelio un ministro laico, particularmente Las celebraciones dominicales en ausencia de un sacerdote, y el Bendicional. La introducción al Bendicional trata de la cuestión muy directamente:

"[S]iempre que esté presente algún sacerdote, es mejor que se le ceda a él la presidencia, y que el diácono le sirva en la acción litúrgica, ejerciendo sus funciones propias" (n. 18).

Por tanto, en presencia de un obispo, sacerdote o diácono, no le está permitido a un laico proclamar el Evangelio ni cumplir ninguna de las funciones propias de los anteriores. Esto, por supuesto, refleja la antigua tradición de la Iglesia según la expresaron los padres del Vaticano II:

"En las celebraciones litúrgicas, cada cual, ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio, hará todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas" (Sacrosanctum Concilium, n. 28).

¿Puede un lector laico tomar la parte de Cristo en la lectura del relato de la Pasión durante la Cuaresma y el Triduo, o está ese papel reservado al sacerdote?

Las rúbricas del Domingo de Ramos y Viernes Santo son bastante claras en este punto, como se dice en la Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales (1988) de la Congregación de Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos:

"La narrativa de la Pasión ocupa un lugar especial. Se debe cantar o leer de manera tradicional, esto es, por las tres personas que toman las partes de Cristo, el narrador y el pueblo. La Pasión es proclamada por diáconos o sacerdotes, o por lectores laicos, en este último caso, la parte de Cristo se debe reservar al sacerdote" (n. 33).



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