|
|
Guía litúrgica
2003-2004
Respetemos la vida
Respetemos la vida (5 de octubre de 2003)
Homilías por la vida
Reflexiones sobre la vida
Intercesiones por la vida
Oraciones litúrgicas por la vida
Recordemos la vida durante el año litúrgico
Doce semanas por la vida (del 12 de octubre al 25 de diciembre de 2003)
El Secretariado de Actividades Pro-Vida agradece al Reverendo Monseñor James P. Moroney,
Director Ejecutivo del Secretariado Litúrgico de USCCB, la preparación de todo el material que
presentamos aquí. Gracias en especial a los siguientes artistas por sus ilustraciones: Joseph
Wills (cubierta, 4 y 15), Samantha Pak (5, 7, 12 y 15) y Dolores Daly-Flessner (8). Todos los
derechos reservados.
Citas de la traducción inglesa de Pastoral Care of the Sick: Rites of Anointing and Viaticum ©
1982, Comité Internacional de Inglés en la Liturgia, Inc. (ICEL); citas de la traducción inglesa
del Bendicional © 1988, ICEL. Derechos reservados.
Citas del Book of Blessing, bendiciones adicionales para uso en los Estados Unidos de América
fueron traducidas al espñol. © 1988 Conferencia de Obispos Católicos de los EE.UU., Inc.,
Washington, DC. Derechos reservados.
Para recursos litúrgicos adicionales, ver www.usccb.org/prolife/liturgy y Preaching on
Abortion, de Priests for Life: 888-PFL-3448
Traducción: Marina A. Herrera, Ph.D. Bethesda, MD.
27 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
5 de octubre de 2003
Génesis 2:18-24/ Hebreos 2:9-11/ Marcos 10:2-16 or 10:2-12
(LFM 140)
Homilías por la vida
Merecen algo mejor
Merecen algo mejor. El joven y la joven que se enamoran. El mundo les dice que satisfagan sus
deseos y que lo único importante es el placer. Se les aconseja que eviten compromisos si les
causan molestias, que usen contraceptivos para evitar el embarazo y que no dejen que un
embarazo problemático les estorbe.
Merecen algo mejor. Merecen saber que han sido llamados a una noble vocación: a "una alianza
por la cual un hombre y una mujer sellan un compromiso mutuo para toda la vida, una alianza
que deriva su fuerza, su fortaleza y su dignidad de la creación". Merecen saber que han sido
llamados a cooperar ¡con el Creador de la Vida!
Merecen algo mejor. Las mujeres que acaban de concebir y los hombres que esperan su primer
hijo. La cultura de la muerte los tienta a tratar a su hijo por nacer como algo prescindible, una
inconveniencia pasajera. Merecen algo mejor. Merecen saber que son custodios del más preciado
regalo.
"[Ellos] merecen nuestro amor, nuestra ayuda, nuestro respeto. Los niños por nacer
merecen algo mejor que un aborto, Señor: merecen nuestro cuidado y protección. Y esta
nación merece algo mejor, Señor: merece leyes que reconozcan el inalienable derecho a la
vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". (Obispo Wilton Gregory, "Una Oración
por la Vida")
El viejo y el enfermo, el débil y el olvidado merecen algo mejor. La oscuridad, el pecado y la
muerte los engañan haciéndoles creer que son indignos, inútiles y débiles. Olvidados por gran
parte del mundo, son tentados en su soledad por el desaliento, el temor y la desesperación.
Merecen algo mejor. Merecen saber que Dios que los crió a imagen y semejanza suya, les ha
conferido un valor infinito y una dignidad duradera.
Merecemos algo mejor. Cuando el mundo nos dice que somos el resultado de una coincidencia
accidental de los astros, merecemos saber que Dios ha colocado la creación en nuestras manos
como sus administradores, formados a su imagen y semejanza por amor.
Cuando el mundo ve el sexo como un foro más de poder político y opresión, merecemos saber
que Dios nos creó hombre y mujer para que su amor se hiciera carne en el amor de un hombre y
una mujer que, dejando padre y madre, se unen el uno al otro para formar una sola carne. Por esta
sagrada unión, el hombre y la mujer participan en el acto creador de Dios. Dan vida a un hijo
concebido y nacido en el amor de Dios.
Cuando el mundo ve al pequeño y al débil, al olvidado y al frágil como dispensables, merecemos
saber que cada ser humano es un hijo de Dios, y que en el último de nosotros podemos encontrar
y amar a Cristo, nuestro Salvador.
Cuando el príncipe de las tinieblas trata de engañarnos con sus oscuras y mortales mentiras,
merecemos algo mejor. Merecemos la verdad del Evangelio de la Vida.
Reflexiones por la vida
La alianza matrimonial, por la que el hombre y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda
la vida, reciben su fuerza y vigor de la creación, pero además, para los fieles cristianos, se eleva a
una dignidad más allá, ya que se cuenta entre los sacramentos de la nueva alianza. Por su índole
natural, la misma institución del matrimonio y el amor conyugal se ordenan a la procreación y
educación de la prole, que son como su cumbre y coronación, y los hijos son realmente el don
más excelente del matrimonio y contribuyen en gran manera al bien de los mismos padres.
(Prenotandos del Ritual del Matrimonio, nos. 1, 3)
La íntima comunidad de vida y de amor, por la cual los cónyuges "ya no son dos, sino una sola
carne" ha sido creado por Dios, dotada de leyes propias, y enriquecida con aquella bendición, la
única que no fue abolida por la pena del pecado original. Por tanto, este sagrado vínculo no
depende del arbitrio humano, sino del autor del matrimonio, que quiso que tuviera unos
peculiares bienes y fines. Cristo Señor, al hacer una nueva creación y renovarlo todo, quiso
restituir el matrimonio a la forma y santidad primitivas, de tal manera que lo que Dios ha unido
no lo separe el hombre, y, además elevó este indisoluble pacto conyugal a la dignidad de
sacramento, para que significara más claramente y retornara con m'as facilidad al modelo de su
alianza nupcial con la Iglesia. (Prenotandos del Ritual del Matrimonio, nos. 4, 5)
El verdadero ejercicio del amor conyugal y toda la estructura de la vida familiar, sin subestimar
los demás fines del matrimonio, tienden a que los cónyuges cristianos están dispuestos con
fortaleza a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos amplía y
enriquece día a día su familia. Y así confiando en la divina providencia y ejercitando el espíritu
de sacrificio, glorifican al Creador y se esfuerzan por la perfección en Cristo cuando, con la
generosa función de procrear, asumen una responsabilidad humana y cristiana. (Prenotandos del
Ritual del Matrimonio, no. 10)
Oración para concluir la marcha por la vida en 2002
por el Obispo Wilton D. Gregory
Presidente de USCCB
Padre celestial,
Fuente de todo lo vivo y de todo lo bueno.
Nos has reunido
bajo la cúpula del Capitolio,
para ser testigos ante tus jóvenes:
de que matar a un niño inocente es un gran mal
y que el aborto es un pecado contra Dios y contra el hombre.
Las mujeres tentadas a abortar merecen algo mejor, Señor:
merecen nuestro amor, nuestra ayuda y nuestro respeto.
Los niños que esperan nacer merecen algo mejor que un aborto, Señor:
merecen nuestra protección y nuestro cuidado.
Y esta nación merece algo mejor, Señor:
merece leyes que reconozcan el derecho inalienable a la vida, a la felicidad y a la
búsqueda de la felicidad.
Padre de la vida,
Que este día sea un nuevo comienzo,
Que siguiendo el ejemplo de la Santísima Virgen María,
Podamos proclamar la verdad:
Que eres el Dios uno y verdadero
que nos da la vida.
Y por eso escogemos la vida,
Por Cristo Nuestro Señor.
Amén.
Por todos los niños no nacidos:
que nuestro amor los proteja
hasta el feliz día de su nacimiento;
Roguemos al Señor:
Por las madres y los padres que esperan el nacimiento de un hijo:
que experimenten el gozo de la noble vocación
que Dios les ha encomendado;
Roguemos al Señor:
Por todos los niños pequeños:
que los aceptemos y los protejamos
como signo del infinito amor de Dios por nosotros;
Roguemos al Señor:
Por todos los jóvenes profesionales, especialmente doctores,
abogados y servidores públicos:
que conozcan y aprecien
la verdad del Evangelio de la Vida;
Roguemos al Señor:
Por todas las jóvenes parejas:
que Dios haga de ellas una imagen
de su amor por la Iglesia;
Roguemos al Señor:
Por los ancianos,
especialmente los padres y los abuelos:
que el amor y el respeto de sus hijos
los sostenga y les brinde alegría;
Roguemos al Señor:
Por quienes viven en hogares para ancianos,
y especialmente por aquellos que padecen soledad y dolor:
que apreciemos el don de su sabiduría,
y el ejemplo perdurable de su fe;
Roguemos al Señor:
Por los moribundos,
y por sus familias:
que Dios los guíe serenamente a su casa;
Roguemos al Señor:
Por un creciente respeto por la vida entre nuestros gobernantes:
que nuestras leyes respeten el derecho a la vida y la libertad
de todo ser humano desde su concepción hasta su muerte natural;
Roguemos al Señor:
Por todos los que luchan por defender la vida:
que Dios les premie su fidelidad;
Roguemos al Señor:
Los libros litúrgicos de la Iglesia nos brindan oraciones, antiguas y nuevas, por las
víctimas de la cultura de la muerte y aquellos que luchan por el Evangelio de la Vida.
Entre estas oraciones tenemos
Bendición de una pareja casada (Bendicional [BDL] 103)
Te alabamos y te bendecimos,
oh Dios, creador de todas las cosas,
que al principio creaste al hombre y a la mujer
para que formaran una unidad de vida y de amor;
también te damos gracias,
porque te dignaste bendecir la unión familiar
de tus servidores N. y N.
para que fuera imagen de la unión de Cristo con su Iglesia;
tú que los has mantenido unidos por el amor
en sus penas y alegrías,
míralos hoy con benevolencia;
renueva constantemente su alianza nupcial,
acrecienta su amor, fortalece su vínculo de paz,
para que (junto con esta corono de hijos que los rodea)
gocen siempre de tu bendición.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
Oración por una madre antes de un parto (BDL 230)
Señor Dios, creador del género humano,
cuyo Hijo, por obra del Espíritu Santo,
quiso nacer de la Virgen María,
Para redimir y salvar a los hombre,
librándolos de la deuda del antiguo pecado,
atiende los deseos de esta hija tuya,
que te suplica por el hijo (o hija) que espera,
y concédele un parto feliz;
que su hijo (hija) se agregue a la comunidad de los fieles,
te sirva en todo y alcance finalmente la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oración a la Santísima Virgen María por una madre antes del parto (BDL 231)
Bajo tu protección nos acogemos,
snta Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigmos en nuestras necesidades;
antes bien, líbrnoa siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.
Bendición de las Madres el Día de las Madres (BOB 1728)
Oh Dios de amor,
al igual que la madre da vida y alimento a sus hijos,
tu cuidas a tu Iglesia.
Bendice a estas mujeres,
para que sean fortalecidos como madres cristianas.
Que el ejemplo de su fe y amor brille ante todos.
Concédenos, que nosotros hijos e hijas,
podamos honrarlos siempre
con espíritu de profudno respeto.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Bendición para los Padres el Día de los Padres (BOB 1733)
Oh Dios nuestro Padre,
en su sabiduría y amor creaste todas las cosas.
Bendice a estos hombres,
para que sean fortalecidos como padres cristianos.
Que el ejemplo de su fe y amor brille ante todos.
Concédenos, que nosotros hijos e hijas,
podamos honrarlos siempre
con espíritu de profudno respeto.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oración por los enfermos (Cuidado pastoral de enfermos y moribundos [PCSD 61A])
Todo el honor y toda la gloria son tuyos, Señor, Dios nuestro,
porque nos has llamado a servirte con amor.
Bendice a N.,
para que él/ella pueda soportar su enfermedad
unido/a a los sufrimientos de tu obediente Hijo.
Devuélvele su salud,
y guíalo/la a la gloria.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Oración por un anciano enfermo (PCSD 61B)
Todo el honor y toda la gloria son tuyos, Señor, Dios nuestro,
porque nos has llamado a servirte con amor.
Bendice a todos los que han envejecido en tu servicio
y dale a N. fortaleza y valor para continuar siguiendo a tu Hijo Jesús.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración por un niño enfermo (PCSD 69A)
Dios de amor,
siempre atento,
siempre fuerte,
acompáñanos en nuestras necesidades.
Cuida a nuestro hijo N., que está enfermo,
protégelo de todo peligro,
y concédele salud y paz.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.
Oración por los moribundos (PCSD 220C)
Recibe a tu servidor, Señor, en el lugar de salvación
que por tu misericordia espera alcanzar.
Respuesta: Señor, salva a tu pueblo.
Libra a tu siervo, Señor, de toda preocupación. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a Noé del diluvio. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a Abraham de Ur de Caldea. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a Job de sus sufrimientos. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a Moisés de las manos del faraón. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a Daniel de los leones. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a los tres jóvenes del horno ardiente. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a Susana de sus falsos acusadores. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a David de los ataques de Saúl y de Goliat. R.
Libra a tu siervo, Señor, como libraste a Pedro y a Pablo de la prisión. R.
Libra a tu siervo, Señor, por Jesús nuestro Salvador, que murió por nosotros y nos dio la
vida eterna. R.
Las siguientes fechas brindan la oportunidad de recordar la importancia del Evangelio de
la Vida en el curso de la celebración de los Sagrados Misterios durante el año.
2003
8 de diciembre Inmaculada Concepción
Esta fiesta patronal de los Estados Unidos de América es la ocasión perfecta para que
quienes profesan el Evangelio de la Vida pidan a Dios leyes justas que protejan a todos
los ciudadanos desde su concepción hasta su muerte natural. Cada año, el Santo Padre
coloca una corona al pie de la estatua de la Inmaculada Concepción en la Plaza de España
en Roma. El año pasado, mientras colocaba la corona, rezó a la Santísima Virgen una
oración que nosotros debemos apropiarnos: "Protege a todas las familias de modo
especial:
que el amor sellado por el Sacramento reine siempre entre los esposos,
que los niños caminen por el sendero de la bondad y de la verdadera libertad, y
que los ancianos se sientan rodeados de atención y afecto."
12 de diciembre Nuestra Señora de Guadalupe
Patrona de América, quien trajo la fe a esta tierra. Es también la patrona del Evangelio de
la Vida, mediante el cual el débil, el pobre, el olvidado y el desposeído conocen el amor y
el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. En la canonización de Juan
Diego Cuauhtlatoatzin el año pasado, el Santo Padre pidió al nuevo Santo, que entregó la
imagen de la Santísima Virgen a América, interceder por esta causa: "¡Bienaventurado
Juan Diego, hombre honesto y fiel! Te encomendamos a nuestros hermanos y hermanas
seglares para que, sintiendo el llamado a la santidad, puedan impregnar toda el ambiente
de la vida social con el espíritu del Evangelio. Bendice a las familias, fortalece a los
esposos en su matrimonio, y sostén los esfuerzos de los padres por dar a sus hijos una
formación cristiana. Mira favorablemente el dolor de quienes sufren en cuerpo o en
espíritu, de los afligidos por la pobreza, la soledad, la discriminación o la ignorancia. Que
todas las personas, autoridades cívicas y ciudadanos ordinarios, actúen siempre de
acuerdo con las exigencias de la justicia y con respeto por la dignidad de cada persona,
para que en esa forma la paz pueda ser fortalecida." (Papa Juan Pablo II, 31 de julio de
2002)
2004
22 de enero Día de penitencia y de oración
En noviembre de 2001, La Conferencia de Obispos Católicos de los EE.UU. aprobó la
siguiente adaptación de la Instrucción General del Misal Romano. Después de su
confirmación por la Santa Sede en febrero de 2002, la siguiente se constituyó en ley
particular para las diócesis de los EE.UU.: "En todas las diócesis de los Estados Unidos
de América, el 22 de enero (o el 23 de enero cuando el 22 caiga en domingo) se observará
como un día particular de penitencia por violaciones a la dignidad de la persona humana
cometidas mediante actos de aborto, y de oraciones por la completa restauración de la
garantía legal del derecho a la vida. La Misa 'Por la Paz y la Justicia' (no. 21 de 'Misas
por Varias Necesidades') debe celebrarse con vestuarios violeta como observación
litúrgica apropiada para este día".
La primera opción para la Oración de Apertura para la Misa por la Paz y la Justicia
comienza recordando que quienes trabajan por la paz serán llamados hijos de Dios. La
segunda frase de la oración nos recuerda las palabras del Papa Pablo VI en su famoso
discurso a las Naciones Unidas: "Si quieres paz, lucha por la justicia." La oración pide a
Dios la gracia de ayudarnos a "trabajar sin descanso por la justicia que trae paz verdadera
y duradera." El homilista puede reflexionar hoy sobre la verdad de que nunca
encontraremos verdadera paz mientras no reine la justicia Divina. La verdadera paz
reinará solamente cuando todos los seres humanos, especialmente los más humildes e
indefensos, disfruten las bendiciones de esa paz. La labor de difundir el Evangelio de la
Vida y de defender el derecho a la vida de los aún no nacidos debe ser la mayor, la
constante agenda de cada persona que busca establecer en nuestro tiempo "la paz que el
mundo no puede dar". La Oración después de la Comunión pide que así como Dios nos
ha renovado con el cuerpo y la sangre de su Hijo, nos llene con "el espíritu de amor".
Para que podamos ser fortalecidos para la labor de establecer entre todos el "regalo de
despedida de Dios, su paz". Al relacionarla con la oración de apertura, queda claro que
para establecer esta paz debemos trabajar por la justicia, una justicia que reconoce el
infinito valor de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.
25 de marzo La Anunciación del Señor
En este día recordamos cómo el Ángel Gabriel anunció a la Santísima Virgen María que
sería Madre de Dios. El Papa Juan Pablo II nos recuerda el significado de esta fiesta para
el Evangelio de la Vida en su encíclica Evangelium Vitae: "Quien acogió 'la Vida' en
nombre de todos y para bien de todos fue María, la Virgen Madre, la cual tiene por tanto
una relación personal estrechísima con el Evangelio de la vida. El consentimiento de
María en la Anunciación y su maternidad son el origen mismo del misterio de la vida que
Cristo vino a dar a los hombres (cf. Jn 10, 10). A través de su acogida y cuidado solícito
de la vida del Verbo hecho carne, la vida del hombre ha sido liberada de la condena de la
muerte definitiva y eterna."
26 de julio Santos Joaquín y Ana
San Joaquín y Santa Ana fueron los abuelos de Jesús. ¿No sería este día (y aún todas las
Misas de los fines de semana anteriores) un tiempo apropiado para bendecir las familias?
El Bendicional provee ritos y oraciones para bendecir las familias en el capítulo uno
(Bendicional, nos. 62-66). Joaquín se casó con Ana en Nazaret cuando aún era joven.
Después de algunos años, fueron ridiculizados por no tener hijos y dice la leyenda que
hasta el sacerdote del Templo rehusó el cordero que Joaquín ofreció. Joaquín se retiró al
desierto y ayunó por cuarenta días pidiéndole a Dios el regalo de un hijo, mientras Ana
lloraba a la sombra de un laurel, temiendo no solamente ser estéril, sino que había ahora
perdido a su esposo. Fue entonces cuando un ángel se le apareció y le dijo que Dios
escucharía su oración y les daría a ella y a Joaquín una criatura que sería bendecida en el
mundo entero. Así fue que la Virgen María fue concebida inmaculada por el amor y la
fidelidad de Joaquín y Ana.
14 de agosto San Maximiliano Kolbe
San Maximiliano Kolbe vivió y murió por el Evangelio de la Vida. Cuenta la historia que,
mientras arrastraba, obligado, una carreta con cadáveres para ser incinerados en
Auschwitz, iba rezando en voz baja: "Et Verbum caro factum est... Santa María, ruega
por nosotros". Aún en este sitio de perdición, el mártir reconocía la victoria de la vida
sobre la muerte, una victoria de fe y amor.
15 de septiembre Nuestra Señora de los Dolores
Sin duda, el corazón de la Santísima Virgen María fue atravesado muchas veces con la
espada del dolor. Sin embargo, ella había nutrido en su vientre el Verbo encarnado por
quien todo fue hecho, permaneciendo fiel en todo momento al Evangelio de la Vida. Al
pie de la cruz, frente a la muerte, se abraza a la fuente de la vida. ¿Puede haber una
imagen de invencible amor y vida más poderosa que la Pietá: el amor fiel de una madre
que perdura mientras unge el cuerpo asesinado de su hijo con sus lágrimas y su abrazo?
María conoció el Evangelio de la Vida y replicó: "¡Hágase en mí según la voluntad de
Dios!"
El 5 de octubre de 2003, el 27 Domingo en Tiempo Ordinario, celebramos el Domingo
de Respeto por la Vida. Las siguientes páginas contienen notas de homilías, intercesiones
y reflexiones para las próximas doce semanas que nos conducen a la celebración de la
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Que estas semanas que culminan en la Navidad
nos brinden la oportunidad de renovar nuestra dedicación a la protección de la vida y a la
proclamación del Evangelio de la Vida en el mundo entero.
12 de octubre 28 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Sabiduría 7:7-11/ Hebreos 4:12-13/ Marcos 10:17-30 ó 10:17-27 (LFM 143)
Homilías por la vida
Merecemos la esperanza
A veces es fácil desalentarnos cuando la cultura de la muerte parece estar ganando
terreno. Nos sentimos tentados a perder la esperanza cuando los abortos abundan, los
ancianos se olvidan, el prisionero se abandona y se abusa al más pequeño y al más débil.
En esos momentos debemos recordar que el Señor está siempre con nosotros, hasta el fin
de los tiempos. El autor de la Carta a los Hebreos lo sabía cuando nos recordó: "Toda
criatura es transparente ante ella; todo queda desnudo y al descubierto a los ojos de aquel
a quien deberemos dar cuentas", Así, el mismo Cristo que nos ordena no matar, ser fieles
en el matrimonio, no robar o mentir o defraudar, honrar a nuestros padres y dar todo lo
que tenemos a los más pequeños y a los más pobres, ese mismo Cristo vendrá de nuevo
glorioso al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos.
A veces es fácil desesperarse, hasta que nos detenemos y escuchamos nuevamente la voz
del autor de la Vida.
Reflexiones por la vida
La Iglesia, escrutando asiduamente el misterio de la Redención, descubre con renovado
asombro este valor y se siente llamada a anunciar a los hombres de todos los tiempos este
"evangelio", fuente de esperanza inquebrantable y de verdadera alegría para cada época
de la historia. El Evangelio del amor de Dios al hombre, el Evangelio de la dignidad de
la persona y el Evangelio de la vida son un único e indivisible Evangelio.
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 2
19 de octubre - 29 DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Isaías 53:10-11/ Hebreos 4:14-16/ Marcos 10:35-45 ó 10:42-45 (LFM 146)
Homilías por la vida
Merecen estar en la lista
Dentro de unos pocos meses, al acercarse el final del año, las revistas comienzan a hacer
sus listas de las personas más célebres. Entre estos estarán los ricos, los famosos y los
políticos más poderosos del mundo.
El niño que fue abortado la semana pasada en tu pueblo no estará en la lista, ni la madre
anciana a quien sus hijos han olvidado. El prisionero que espera la muerte por sus
crímenes y la madre soltera abandonada por el padre de su hijo, ni por casualidad. El más
pequeño, el más débil y el más vulnerable entre nosotros nunca estará en esas listas
acompañadas de sus lustrosas fotos.
Pero ellos estarán en la lista de Cristo entre los más benditos en el Reino de los cielos.
¡Benditos los pobres, los que sufren, los desheredados y los rechazados! ¡Y bendito tú
que los has defendido! El que quiera ser grande, debe servirles y el que quiera ser el
primero, debe ser el esclavo de todos. Eso dice el Hijo del Hombre que "no vino a ser
servido sino a servir y a das su vida por la salvación de muchos." Y esa es la única lista
que realmente importa.
Reflexiones por la vida
En el servicio de la caridad, hay una actitud que debe animarnos y distinguirnos: hemos
de hacernos cargo del otro como persona confiada por Dios a nuestra responsabilidad.
Como discípulos de Jesús, estamos llamados a hacernos prójimos de cada hombre (cf. Lc
10, 29-37), teniendo una preferencia especial por quien es más pobre, está sólo y
necesitado. Precisamente mediante la ayuda al hambriento, al sediento, al forastero, al
desnudo, al enfermo, al encarcelado --como también al niño aún no nacido, al anciano
que sufre o cercano a la muerte-- tenemos la posibilidad de servir a Jesús, como El
mismo dijo: "Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo
hicisteis" (Mt 25, 40). Por eso, nos sentimos interpelados y juzgados por las palabras
siempre actuales de san Juan Crisóstomo: "?Queréis de verdad honrar el cuerpo de
Cristo? No consintáis que esté desnudo. No le honréis aquí en el templo con vestidos de
seda y fuera le dejéis perecer de frío y desnudez".
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 87
26 de octubre 30 DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO
Jeremías 31:7-9/ Hebreos 5:1-6/ Marcos 10:46-52 (LFM 149)
Homilías por la vida
Merecen algo mejor
Bajo la lluvia frente a una clínica para abortos rezando el rosario, tienes derecho a
imaginar cómo terminará todo esto. Dentro de décadas, cuando nuestro trabajo haya
concluido, ¿qué habrá pasado con el Evangelio de la Vida en este país? La respuesta no se
nos ha dado.
Pero la respuesta a nuestra pregunta de cómo terminará todo esto, la proclama el profeta
Jeremías hoy: En el ultimo día, Dios "juntará de los extremos del mundo "a ciegos y
cojos, a los muertos antes de su hora; "las mujeres en cinta y con hijos", y todos los que
partieron de este mundo llorando. Él los consolará y los guiará y los llevará a su casa.
Empapados bajo la lluvia, nos consuela saber cómo terminará todo.
Reflexiones por la vida
Al final de esta Encíclica, la mirada vuelve espontáneamente al Señor Jesús, "el Niño
nacido para nosotros" (cf. Is 9, 5), para contemplar en El "la Vida" que "se manifestó" (1
Jn 1, 2). En el misterio de este nacimiento se realiza el encuentro de Dios con el hombre y
comienza el camino del Hijo de Dios sobre la tierra, camino que culminará con la entrega
de su vida en la Cruz: con su muerte vencerá la muerte y será para la humanidad entera
principio de vida nueva.
Quien acogió "la Vida" en nombre de todos y para bien de todos fue María, la Virgen
Madre, la cual tiene por tanto una relación personal estrechísima con el Evangelio de la
vida. El consentimiento de María en la Anunciación y su maternidad son el origen mismo
del misterio de la vida que Cristo vino a dar a los hombres (cf. Jn 10, 10). A través de su
acogida y cuidado solícito de la vida del Verbo hecho carne, la vida del hombre ha sido
liberada de la condena de la muerte definitiva y eterna.
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 102
2 de noviembre CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
Cualquier lectura tomada de las Misas por los Difuntos (LFM 1011-1016)
Homilías por la vida
La muerte no merece nuestro temor
Cuando el mundo ve la muerte, tiembla. Sin embargo desde esa primera mañana en la
tumba vacía, los seguidores de Jesús se han regocijado frente a la muerte.
Por eso celebramos la conmemoración de todos los fieles difuntos hoy. El día de los
muertos recordamos el Evangelio de la Vida. Ningún niño, anciano, ser humano que ha
muerto injustamente permanecerá muerto para siempre. La muerte es una mentira --no es
para siempre. En ese último día cuando Cristo regrese glorioso, cada uno de ellos
resucitará de su tumba y comparecerá ante el Señor Jesús, que premiará al justo con vida
eterna en su presencia y castigará al condenado con la muerte eterna apartado de él.
Quienes trabajamos por el Evangelio de la Vida, por los más pequeños, los más débiles y
los más olvidados entre nosotros, jamás debemos temblar, ni aún ante el asesinato o el
infanticidio. Porque Cristo ha triunfado sobre el pecado y sobre la muerte, y todos
resucitarán para presentarse ante él en el último día.
Reflexiones por la vida
El Cordero inmolado vive con las señales de la pasión en el esplendor de la resurrección.
Sólo El domina todos los acontecimientos de la historia: desata sus "sellos" (cf. Ap 5, 1-10) y afirma, en el tiempo y más allá del tiempo, el poder de la vida sobre la muerte. En
la "nueva Jerusalén", es decir, en el mundo nuevo, hacia el que tiende la historia de los
hombres, "no habrá ya muerte, ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo
ha pasado" (Ap 21, 4).
Y mientras, como pueblo peregrino, pueblo de la vida y para la vida, caminamos
confiados hacia "un cielo nuevo y una tierra nueva" (Ap 21, 1), dirigimos la mirada a
aquélla que es para nosotros "señal de esperanza cierta y de consuelo".142
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 105
9 de noviembre DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA LATERANA EN ROMA
Cualquier lectura tomada del Canon de la Dedicación de una Iglesia (LFM 701-706)
Homilías por vida
Las piedras rechazadas merecen nuestro amor
La Iglesia está construida con piedras vivientes. De modo que cuando celebramos la
dedicación de la Basílica Laterana, madre de todas las iglesias, celebramos la Iglesia
universal.
La Iglesia está formada por hombres y mujeres vivos, cada uno dotado por Dios desde el
momento de su concepción hasta el momento de su muerte natural con la dignidad de
hijos de Dios. No importa el tamaño o la fortaleza o la prominencia de la piedra, todas
forman parte de la Iglesia.
Cristo, la piedra angular, fue rechazado por los constructores, y todo el que lo busca lo
encontrará en las piedras que todos los demás han rechazado. ¡Qué afortunados somos
por ser llamados a ser parte de la familia de Dios!
En efecto, si muchos y graves aspectos de la actual problemática social pueden explicar
en cierto modo el clima de extendida incertidumbre moral y atenuar a veces en las
personas la responsabilidad objetiva, no es menos cierto que estamos frente a una realidad
más amplia, que se puede considerar como una verdadera y auténtica estructura de
pecado, caracterizada por la difusión de una cultura contraria a la solidaridad, que en
muchos casos se configura como verdadera "cultura de muerte". Esta estructura está
activamente promovida por fuertes corrientes culturales, económicas y políticas,
portadoras de una concepción de la sociedad basada en la eficiencia. Mirando las cosas
desde este punto de vista, se puede hablar, en cierto sentido, de una guerra de los
poderosos contra los débiles. La vida que exigiría más acogida, amor y cuidado es tenida
por inútil, o considerada como un peso insoportable y, por tanto, despreciada de muchos
modos. Quien, con su enfermedad, con su minusvalidez o, más simplemente, con su
misma presencia pone en discusión el bienestar y el estilo de vida de los más aventajados,
tiende a ser visto como un enemigo del que hay que defenderse o a quien eliminar. Se
desencadena así una especie de "conjura contra la vida", que afecta no sólo a las
personas concretas en sus relaciones individuales, familiares o de grupo, sino que va más
allá llegando a perjudicar y alterar, a nivel mundial, las relaciones entre los pueblos y los
Estados.
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 12
16 de noviembre 33 DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO
Deuteronomio 12:1-3/ Hebreos 10:11-14, 18/ Marcos 13:24-32 (LFM 158)
Homilías por la vida
El día de los justos postres
Al acercarse el fin del año litúrgico, la Iglesia reflexiona sobre el fin del mundo. No es
mala idea para quienes trabajan por defender el Evangelio de la Vida. Daniel nos recuerda
que quienes duermen en el polvo de la tierra despertarán para vivir por siempre. El
Salmista nos asegura que el Señor nos mostrará el sendero hacia la vida, gozo y felicidad
completes a su derecha para siempre. Y Cristo mismo nos llama a observar las señales de
los tiempos y estar preparados para ese día cuya fecha "ni los ángeles en el cielo, ni el
Hijo, sino únicamente el Padre" la conocen.
Reflexiones por la vida
Esta repugnancia natural a la muerte es iluminada por la fe cristiana y este germen de
esperanza en la inmortalidad alcanza su realización por la misma fe, que promete y ofrece
la participación en la victoria de Cristo Resucitado: es la victoria de Aquél que, mediante
su muerte redentora, ha liberado al hombre de la muerte, "salario del pecado" (Rm 6, 23),
y le ha dado el Espíritu, prenda de resurrección y de vida (cf. Rm 8, 11). La certeza de la
inmortalidad futura y la esperanza en la resurrección prometida proyectan una nueva luz
sobre el misterio del sufrimiento y de la muerte, e infunden en el creyente una fuerza
extraordinaria para abandonarse al plan de Dios.
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 67
23 de noviembre CRISTO REY
Daniel 7:13-14/ Apocalipsis 1:5-8/ Juan 18:33b-37 (LFM 161)
Homilías por la vida
El Rey que no merecemos
Cristo es nuestro rey. Pero ¿qué clase de rey es que lava los pies de sus súbditos, se junta
con pecadores, toca a los leprosos y sufre una muerte ignominiosa? Él es la clase de rey,
en sus propias palabras, cuyo reino no es de este mundo.
Que es precisamente por lo que somos llamados a trabajar ¡por la venida de su reino!
Cada mañana y noche y mediodía rezamos ¡venga tu reino! ¿Realmente lo deseamos?
¿Buscamos a los perdidos y los traemos a casa? ¿Libramos a los injustamente cautivos,
defendemos a los asaltados por el mal, trabajamos por preservar la vida de los niños por
nacer?
Su reino vendrá. Pero nuestro primer deber es clamar con Juan Bautista: ¡Reformen su
vida! ¡Preparen el camino! Porque el Reino de Dios está cerca!
Reflexiones por la vida
El hombre, imagen viva de Dios, es querido por su Creador como rey y señor. "Dios creó
al hombre -escribe san Gregorio de Nisa- de modo tal que pudiera desempeñar su
función de rey de la tierra... El hombre fue creado a imagen de Aquél que gobierna el
universo. Todo demuestra que, desde el principio, su naturaleza está marcada por la
realeza... También el hombre es rey. Creado para dominar el mundo, recibió la semejanza
con el rey universal, es la imagen viva que participa con su dignidad en la perfección del
modelo divino". Llamado a ser fecundo y a multiplicarse, a someter la tierra y a dominar
sobre todos los seres inferiores a él (cf. Gn 1, 28), el hombre es rey y señor no sólo de las
cosas, sino también y sobre todo de sí mismo y, en cierto sentido, de la vida que le ha
sido dada y que puede transmitir por medio de la generación, realizada en el amor y
respeto del designio divino. Sin embargo, no se trata de un señorío absoluto, sino
ministerial, reflejo real del señorío único e infinito de Dios. Por eso, el hombre debe
vivirlo con sabiduría y amor, participando de la sabiduría y del amor inconmensurables
de Dios. Esto se lleva a cabo mediante la obediencia a su santa Ley: una obediencia libre
y gozosa (cf. Sal 119118), que nace y crece siendo conscientes de que los preceptos del
Señor son un don gratuito confiado al hombre siempre y sólo para su bien, para la tutela
de su dignidad personal y para la consecución de su felicidad.
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 52
30 de noviembre 1er DOMINGO DE ADVIENTO
Jeremías 33:14-16/ 1 Tesalonicenses 3:12-4:2/ Lucas 21:25-28, 34-36 (LFM 3)
Homilías por la vida
No merecedores del Evangelio de la Vida
¿Para quién es el Evangelio de la Vida?
¿Es para los humildes? Sí, el Salmista nos dice que se les conducirá a la justicia y se le
enseñarán los caminos del Señor.
¿Es para los justos? Sí, porque Cristo les dice que cuando el Hijo del Hombre venga con
poder e infinita gloria, se enderecen y levanten sus cabezas, pues habrá llegado el día de
su liberación.
¿Es para los injustos y para quienes ofenden a los inocentes? Sí,.porque Cristo les
advierte estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones en los vicios, borracheras y
preocupaciones de la vida. Estén alerta y vivan el Evangelio de la Vida, no sea que el día
de su llegada "los sorprenda como una trampa que se cierra."
Reflexiones por la vida
El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada
día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres
de todas las épocas y culturas.
En la aurora de la salvación, el nacimiento de un niño es proclamado como gozosa
noticia: "Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy,
en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor" (Lc 2, 10-11). El nacimiento
del Salvador produce ciertamente esta "gran alegría"; pero la Navidad pone también de
manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano, y la alegría mesiánica
constituye así el fundamento y realización de la alegría por cada niño que nace (cf. Jn 16,
21).
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 1
7 de diciembre 2 DOMINGO DE ADVIENTO
Baruch 5:1-9/ Filipenses 1:4-6, 8-11/ Lucas 3:1-6 (LFM 6)
Homilías por la vida
Merecedores de nuestras plegarias
Nuestro corazón debe estar siempre lleno de júbilo, porque sabemos que "quienes
siembran con lágrimas cosecharán con alegría." La madre que fue persuadida a abortar a
su hijo, limpia con las lágrimas del arrepentimiento, ¡se regocijará un día con su hijo en el
Reino de los Cielos! Todo el que se arrepiente de su complicidad en la cultura de la
muerte posee la seguridad y la absoluta esperanza de la misericordia de Cristo.
Por eso debemos hacer nuestra la oración de san Pablo siempre que pensemos en quienes
continúan viviendo la cultura de la muerte: "Pido en mis oraciones que el amor crezca en
ustedes, y con él alcancen conocimiento y buen juicio en todo. Así sabrán reconocer lo
que conviene en cada momento y, caminando con rectitud, llegarán sin tropiezo al día de
Cristo, llevando como fruto maduro esa santidad que procede de Cristo Jesús, para gloria
y alabanza de Dios."
Que Dios les conceda el don del arrepentimiento, para que se aparten del mal y de la
muerte y del egoísmo del pecado para "¡preparar el camino del Señor y hacer rectos sus
senderos!"
Reflexiones por la vida
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 105
14 de diciembre 3er DOMINGO DE ADVIENTO
Sofonías 3:14-18a/ Filipenses 4:4-7/ Lucas 3:10-18 (LFM 9)
Homilías por la vida
¿Merecen una respuesta?
¿Por qué es todavía legal el aborto? ¿Por qué matan a hombres y mujeres antes de su
hora? ¿Por qué le quitamos la vida a una persona porque esa persona ha quitado la vida a
otro? ¿Por qué los débiles y los pobres e indefensos entre nosotros son explotados y
víctimas de la violencia?
Las respuestas a veces reposan solamente en los inescrutables caminos de Dios. Pero esto
es seguro: nuestra única esperanza de que haya justicia y paz, y de que podamos vivir el
Evangelio de la Vida, es nuestra dependencia radical en el autor de la Vida. Debemos
confiar, aún en los días más oscuros, en el Rey de Israel, el SEÑOR y saber que él está
entre nosotros y no tenemos que temer más desgracias.
Con el Salmista valerosamente proclamamos que nuestra fortaleza y nuestro valor están
en el SEÑOR,
¡y solo él es nuestro Salvador!
Reflexiones por la vida
La "Mujer vestida del sol" -pone de relieve el Libro del Apocalipsis- "está encinta" (12,
2). La Iglesia es plenamente consciente de llevar consigo al Salvador del mundo, Cristo el
Señor, y de estar llamada a darlo al mundo, regenerando a los hombres a la vida misma de
Dios. Pero no puede olvidar que esta misión ha sido posible gracias a la maternidad de
María, que concibió y dio a luz al que es "Dios de Dios", "Dios verdadero de Dios
verdadero". María es verdaderamente Madre de Dios, la Theotokos, en cuya maternidad
viene exaltada al máximo la vocación a la maternidad inscrita por Dios en cada mujer.
Así María se pone como modelo para la Iglesia, llamada a ser la "nueva Eva", madre de
los creyentes, madre de los "vivientes" (cf. Gn 3, 20).
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 103
21 de diciembre 4 DOMINGO DE ADVIENTO
Miqueas 5:1-4a/ Hebreos 10:5-10/ Lucas 1:39-45 (LFM 12)
Homilías por la vida
Merece obediencia
¿Quién está realmente encargado? Con frecuencia pensamos que somos nosotros y que
mañana depende de nuestros horarios, planes y programas. Pero que el Evangelio de la
Vida venza la cultura de la muerte depende poco de nuestra iniciativa y completamente de
la voluntad de Dios.
Desde los oscuros días de la Diáspora, Israel imploró a Dios que lo salvara. Pero mientras
Israel buscaba la salvación de conquistadores terrenales y de las desgracias de la guerra,
Dios buscaba salvarlos del pecado y de la muerte. ¿Envió otro rey terrenal poderoso, otro
David, para ser el Mesías?
No. Envió en cambio esta profecía por medio del profeta Miqueas: "hasta que aquella que
debe dar a luz tenga su hijo... Él se pondrá de pie y guiará su rebaño con la autoridad de
Yavé, con la Gloria del Nombre de Dios.... Él mismo será su paz".
Y así, mediante una Virgen, un bebé, una cruz y una tumba vacía, Dios nos salvó del
pecado y de la muerte. ¿Cómo podemos hacer otra cosa sino buscar su voluntad? ¿Cómo
podemos hacer otra cosa sino ser contados entre aquellos "que creyeron que lo que Dios
había proclamado se cumpliría?"
Reflexiones por la vida
El proyecto de vida confiado al primer Adán encuentra finalmente su cumplimiento en
Cristo. Mientras la desobediencia de Adán deteriora y desfigura el designio de Dios sobre
la vida del hombre, introduciendo la muerte en el mundo, la obediencia redentora de
Cristo es fuente de gracia que se derrama sobre los hombres abriendo de par en par a
todos las puertas del reino de la vida (cf. Rm 5, 12-21). Afirma el apóstol Pablo: "Fue
hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida" (1
Cor 15, 45).
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 36
25 de diciembre Natividad del Señor (Navidad)
Vigilia: Isaías 62:1-5/ Hebreos 13:16-17, 22-25/ Mateo 1:1-25 ó 1:18-25 (LFM 13)
Media noche: Isaías 9:1-6/ Timoteo 2:11-14/ Lucas 2:1-14 (LFM 14)
Amanecer: Isaías 62:11-12/ Timoteo 3:4-7/ Lucas 2:15-20 (LFM 15)
Día: Isaías 52:7-10/ Hebreos 1:1-6/ Juan 1:1-18 ó 1:1-5, 9-14 (LFM 16)
Homilías por la vida
El inmerecido regalo de la vida
"¿Cómo puede alguien entristecerse en el nacimiento de una vida?" decía san Agustín.
Alegría es la única respuesta justa al increíble amor de Dios por nosotros, que celebramos
en este sagrado día.
Alégrate hoy por el momento en que tu vida comenzó. Alégrate por los dos seres que te
concibieron con amor. Alégrate hoy por quienes te alimentaron y te protegieron cuando
niño, amando tu vida y cuidándola. Alégrate hoy por todas las personas que Dios ha
enviado para enseñarte a amar a ejemplo de Jesús, su hijo unigénito. Alégrate hoy por tu
consorte, mediante quien Dios ha manifestado su amor por ti y con quien ha compartido
el milagro de una nueva vida. Alégrate hoy por los hijos y los nietos, signos del
interminable ciclo del eterno amor de Dios. Alégrate por aquellos cuya avanzada edad nos
muestra la madurez del amor de Dios, cuya sabiduría se revela solamente en debilidad y
cuya fortaleza sólo se experimenta en nuestra fragilidad.
Alégrate hoy por el nacimiento de la vida. No hay excusa para estar triste porque Dios ha
amado tanto al mundo que ha enviado a su Hijo único para que tengamos vida ¡y nunca
más temamos la muerte!
Reflexiones por la vida
Quien acogió "la Vida" en nombre de todos y para bien de todos fue María, la Virgen
Madre, la cual tiene por tanto una relación personal estrechísima con el Evangelio de la
vida. El consentimiento de María en la Anunciación y su maternidad son el origen mismo
del misterio de la vida que Cristo vino a dar a los hombres (cf. Jn 10, 10). A través de su
acogida y cuidado solícito de la vida del Verbo hecho carne, la vida del hombre ha sido
liberada de la condena de la muerte definitiva y eterna.
Por esto María, "como la Iglesia de la que es figura, es madre de todos los que renacen a
la vida. Es, en efecto, madre de aquella Vida por la que todos viven, pues, al dar a luz esta
Vida, regeneró, en cierto modo, a todos los que debían vivir por ella".138
Al contemplar la maternidad de María, la Iglesia descubre el sentido de su propia
maternidad y el modo con que está llamada a manifestarla. Al mismo tiempo, la
experiencia maternal de la Iglesia muestra la perspectiva más profunda para comprender
la experiencia de María como modelo incomparable de acogida y cuidado de la vida.
--El Evangelio de la Vida, Papa Juan Pablo II, no. 102
|