El PAPA JUAN PABLO II: LA MUERTE CON DIGNIDAD
Padre J. Daniel Mindling, O.F.M. Cap.
La enseñanza del Papa Juan Pablo II sobre la enfermedad y la muerte no sólo surgió de sus
discursos, alocuciones y encíclicas. El Santo Padre también nos instruyó convincentemente con
el testimonio de su propia fe a pesar de las heridas, el sufrimiento, las hospitalizaciones, la
enfermedad y la muerte. Esa fue su catequesis durante años.
Nos enseñó a entender la muerte con dignidad, primero aceptando la dignidad de la vida. La
dignidad humana es un don no merecido, no es un estatus ganado. La dignidad en la vida surge
de sus fuentes. Somos la acción amorosa de Dios el Creador. "¿Qué es el hombre para que de él
te acuerdes y el hijo el hijo de Adán para que de él te cuides? Apenas inferior a los ángeles le
hiciste (también se podría traducir: 'apenas inferior a Dios'), coronándole de gloria y de
esplendor" (Salmo 8:5-6). La dignidad del hombre no tiene precio. No fuimos rescatados de
nuestra vana conducta con oro y plata, sino con la preciosa sangre de Cristo (Pedro 1: 18-19). La
dignidad de la vida es clara por nuestro llamado. El plan de Dios para los seres humanos es que
sean "hechos conformes a la imagen de su Hijo" (Romanos 8:29). "Dios creó al hombre para la
incorruptibilidad, y le hizo imagen de su misma naturaleza" (Sabiduría 2:23).i
Todos aquellos que respetan la dignidad que han recibido de Dios son llamados a ser heraldos de
una "cultura de la vida". La misión de Cristo iba dirigida a cada ser humano, y Nuestro Señor,
por su gran misericordia tiene gran interés en los enfermos, los que sufren y los moribundos. En
nuestros días, Cristo continúa su misión y su preferencia por los desamparados por medio de su
Iglesia. Cristo nos mira con compasión ahora y en la hora de nuestra muerte, y la Iglesia
proclama la solidaridad con nuestros hermanos y hermanas al finalizar su peregrinación en este
mundo. La Iglesia es un defensor paciente, que trabaja para conseguir cuidados apropiados para
los enfermos y los moribundos promoviendo el respeto por su dignidad. La Iglesia es médico y
enfermera, el Buen Samaritano que trata a los heridos y abandonados y nunca pasa de largo por
su lado. La Iglesia es también el hostelero que proporciona el hospital, el hogar-asilo y el
hospicio para el cuidado y el sosiego.ii El Papa Juan Pablo, quien conocía bien la enfermedad y el
sufrimiento, alzó compasivamente la voz profética de la Iglesia, insistiendo con frecuencia sobre
el cuidado que le debemos a los enfermos y moribundos.
Tradicionalmente, los católicos han orado por la gracia de una buena muerte: De la muerte súbita
e imprevista, líbranos, Señor. Ahora, los adelantos en la medicina cada vez más presentan el reto
de enfrentarse a una enfermedad mortal que puede durar meses o hasta años. En vez de sólo
preocuparnos de una muerte súbita, muchos ahora se enfrentan al temor de una enfermedad
prolongada y extenuante, de convertirse en una carga para los demás y de tener que enfrentar un
camino marcado por el sufrimiento.iii
"La Iglesia es consciente de que el momento de la muerte va acompañado siempre por
sentimientos humanos muy intensos: una vida terrena termina; se produce la ruptura de los
vínculos afectivos, generacionales y sociales, que forman parte de la intimidad de la persona; en
la conciencia del sujeto que muere y de quien lo asiste se da el conflicto entre la esperanza en la
inmortalidad y lo desconocido, que turba incluso a los espíritus más iluminados. La Iglesia eleva
su voz para que no se ofenda al moribundo, sino que, por el contrario, se lo acompañe con
amorosa solicitud mientras se prepara para cruzar el umbral del tiempo y entrar en la
eternidad."iv
"La realización de que la persona moribunda estará pronto ante Dios por toda la eternidad deberá
motivar a sus parientes, seres queridos, personal médico y religioso a ayudarla en esta fase
decisiva de su vida, prestando atención a cada aspecto de la existencia, incluyendo el
espiritual."v
Y mientras que la verdadera compasión "promueve todo esfuerzo razonable para favorecer la
curación del paciente. Al mismo tiempo, ayuda a detenerse cuando ya ninguna acción resulta útil
para ese fin. El rechazo del ensañamiento terapéutico no es un rechazo del paciente y de su vida.
En efecto, el objeto de la deliberación sobre la conveniencia de iniciar o continuar una práctica
terapéutica no es el valor de la vida del paciente, sino el valor de la intervención médica en el
paciente. La decisión de no emprender o de interrumpir una terapia será éticamente correcta
cuando ésta resulte ineficaz o claramente desproporcionada para sostener la vida o recuperar la
salud. Por tanto, el rechazo del ensañamiento terapéutico es expresión del respeto que en todo
momento se debe al paciente."vi Desde el punto de vista del paciente, esto no significa que "uno
renuncia a curarse" o que ignora el deber de cuidarse, sino más bien, es la aceptación de la
condición humana ante una enfermedad que amenaza la vida.vii
Especialmente en el fin de la vida, cuando está claro que la muerte es inminente e inevitable sin
importar lo que los procedimientos médicos puedan hacer, uno puede renunciar a aquellos
tratamientos que "procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia,
sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares."viii Aun en
la etapa de una enfermedad mortal cuando tratamientos eficaces y proporcionados no son ya
posibles, los cuidados paliativos son apropiados y necesarios. La meta de esos cuidados puede
incluir el alivio de muchos tipos de sufrimiento físico, psicológico y mental. Tales cuidados, nos
dijo Juan Pablo II, pueden incluir a un equipo de especialistas bien calificados en la medicina, la
psicología y la religión que trabajando juntos puedan dar su apoyo al paciente ante la muerte.ix
La muerte con frecuencia incluye dolor y sufrimiento.x El Papa Juan Pablo II reconoció sus
sufrimientos personales y declaró que le ofrecían una nueva fuente de fuerza para su ministerio
papal.xi Leemos en Evangelium Vitae (no. 67): "Vivir para el Señor significa... reconocer que el
sufrimiento, aun siendo en sí mismo un mal y una prueba, puede siempre llegar a ser fuente de
bien. Llega a serlo si se vive con amor y por amor, participando, por don gratuito de Dios y por
libre decisión personal, en el sufrimiento mismo de Cristo crucificado. De este modo, quien vive
su sufrimiento en el Señor se configura más plenamente a él (vea Flp 3:10; 1 P 2: 21) y se asocia
más íntimamente a su obra redentora en favor de la Iglesia y de la humanidad. Esta es la
experiencia del Apóstol, que toda persona que sufre está también llamada a revivir: 'Me alegro
por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las
tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia' (Col 1:24)."
Pueden surgir preguntas éticas sobre el uso de medicamentos analgésicos. El dolor debe ser
controlado de tal manera que los pacientes puedan prepararse para la muerte mientras están
plenamente conscientes. Los moribundos deberán ser mantenidos libres de dolor lo más posible.
Algunos desean obviar la distinción entre el uso de medicamentos analgésicos aunque se corra el
riesgo de acelerar la muerte, y la administración deliberada de una sobredosis letal de
medicamentos analgésicos. Aquellos que dicen que esto último es un homicidio misericordioso
no reconocen que la verdadera "compasión" nos lleva a compartir el dolor de otros; no a asesinar
a la persona cuyo sufrimiento no podemos tolerar.xii
Tristemente hay que decir que hay médicos que ven su función como una de ayudar a terminar
con la vida. Es una tragedia que aquellas personas que han sido preparadas para curar a los que
están enfermos y heridos se hayan convertido en traficantes de la muerte. El Papa Juan Pablo II
fue muy directo en su condenación de tal acto. Aunque un paciente pida un suicidio asistido,
sigue siendo una "injusticia inexcusable". Aunque parezca que la controversia sobre los médicos
que ayudan al suicidio es asunto de nuestro tiempo, el Santo Padre cita a San Agustín quien
escribió hace más de 1500 años: "No es lícito matar a otro, aunque éste lo pida y lo quiera y no
pueda ya vivir... para librar, con un golpe, el alma de aquellos dolores, que luchaba con las
ligaduras del cuerpo y quería desasirse."xiii
Especialmente a la luz del trágico caso de Terri Schiavo, el Papa Juan Pablo II no dejó ninguna
duda sobre la claridad de las enseñanzas de la Iglesia sobre los que padecen de lo que se ha
llamado "estado vegetativo persistente o permanente" (EVP). En la opinión de sus doctores,
estos pacientes han sufrido un daño cerebral tan severo que dan ningún indicio de que están
conscientes de su identidad o de su medio ambiente. Es muy lamentable que a esta condición se
le haya nombrado "vegetativa". Las personas no son vegetales. Esa deplorable terminología
podría llevar a algunos a concluir falsamente que esas personas discapacitadas son más parecidas
a vegetales que a seres humanos. Esto es simple y llanamente falso. Todas las personas
discapacitadas tienen derechos básicos.xiv Aunque sus funciones cognitivas superiores pudieran
estar seriamente afectadas, estos pacientes son seres humanos que poseen el mismo valor
intrínseco y la misma dignidad personal que cualquier otro ser humano.
Hay que ser cauteloso aun en el caso del EVP. Es cierto que mientras más tiempo perdure tal
estado, menos posibilidades hay de una recuperación. Sin embargo, a veces esta etiqueta se
aplica incorrectamente y ha habido más de un caso documentado en la literatura médica de
personas que han vuelto de un estado "vegetativo" después de recibir tratamiento apropiado o
que se han recuperado al menos parcialmente, aún después de muchos años. "Se puede afirmar
que la ciencia médica, hasta el día de hoy, no es aún capaz de predecir con certeza quién entre
los pacientes en estas condiciones podrá recuperarse y quién no."xv
Pacientes en el EVP, al igual que todos los demás pacientes tienen el derecho a los cuidados
médicos básicos. Deberán ser mantenidos cómodamente, limpios y en ambientes templados. Se
procurará que no tengan las complicaciones asociadas con el confinamiento en cama. Deberán
recibir rehabilitación apropiada y se deberán monitorear por señales de mejoría. Las familias que
se enfrentan a esta pesada responsabilidad deberán ser asistidas por el resto de la sociedad, como
lo exige la verdadera solidaridad.
El Papa Juan Pablo II también resolvió un largo debate que existía sobre el cuidado para
mantener vivos a pacientes en el EVP. Nos enseñó inequívocamente que hay una obligación
moral por parte de los que administran los cuidados. Estos pacientes deberán recibir comida y
agua, aunque sea por un tubo alimenticio. Es injusto rechazar el inicio o la continuación de estos
cuidados básicos fundamentándose en la calidad de su vida o bajo el pretexto de que tales
cuidados son muy costosos. Es injusto descontinuarlo aun cuando no haya esperanza de
recuperación. La declaración de Juan Pablo II es explícita. La nutricion y la hidratación son
medios naturales de conservar la vida y "su uso se debe considerar, en principio, ordinario y
proporcionado, y como tal moralmente obligatorio, en la medida y hasta que demuestre alcanzar
su finalidad propia, que en este caso consiste en proporcionar alimento al paciente y alivio a sus
sufrimientos."xvi
Los pacientes con frecuencia desean controlar su cuidado en caso de que luego no puedan
comunicar sus deseos. La declaración del Santo Padre que los pacientes en el EVP deben recibir
agua y alimento como parte del cuidado ordinario al que todos tenemos derecho, suscita
preguntas sobre las directivas anticipadas. Los testamentos en vida no deberán incluir
declaraciones que exprese que uno no desea recibir ni agua ni alimento en la eventualidad de que
uno sea diagnosticado como en un estado vegetativo permanente. Estos cuidados, por principio,
son cuidados ordinarios y proporcionados y son moralmente obligatorios.
Hay mucha confusión sobre la muerte con dignidad. Lo que Juan Pablo II llamó justamente la
"cultura de la muerte" ignora la santidad y la dignidad de la vida, y por lo tanto malinterpreta lo
que es la muerte. Pretende que la vida sólo tiene valor si es productiva, y si proporciona placer y
bienestar. Según esta visión, "la muerte, considerada 'absurda' cuando interrumpe por sorpresa
una vida todavía abierta a un futuro rico de posibles experiencias interesantes, se convierte por el
contrario en una 'liberación reivindicada' cuando se considera que la existencia carece ya de
sentido por estar sumergida en el dolor e inexorablemente condenada a un sufrimiento posterior
más agudo."xvii
Debido a que la cultura de la muerte ignora a Dios, también sobreestima la autonomía humana
con respecto a la vida. Dentro de la cultura de la muerte, el temor de una muerte prolongada o
dolorosa y la preocupación de convertirse en una carga para los seres queridos hace que algunos
caigan en la tentación de "adueñarse de la muerte, procurándola de modo anticipado y poniendo
así fin 'dulcemente' a la propia vida o a la de otros."xviii
Por el contrario, la cultura de la vida rechazaría toda forma de eutanasia. La eutanasia es "una
acción o una omisión que por su naturaleza, o en la intención, causa la muerte, con el fin de
eliminar cualquier dolor."xix Es "una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación
deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana."xx "Entre los dramas causados por
una ética que pretende establecer quién puede vivir y quién debe morir, se encuentra el de la
eutanasia. Aunque esté motivada por sentimientos de una mal entendida compasión o de una
comprensión equivocada de la dignidad que se debe salvaguardar, la eutanasia, en lugar de
rescatar a la persona del sufrimiento, la elimina."xxi
"La eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia
del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante
'perversión' de la misma. En efecto, la verdadera 'compasión' nos hace solidarios con el dolor
de los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la
eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes –como los familiares– deberían
asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos –como los médicos–, por su profesión
específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas."xxii
"Ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo. Si
vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya
muramos, del Señor somos" (Rom 14:7-8). Morir para el Señor significa vivir la propia muerte
como acto supremo de obediencia al Padre (vea Flp 2:8), aceptando encontrarla en la 'hora'
querida y escogida por él (vea Jn 13:1), que es el único que puede decir cuándo el camino
terreno se ha concluido."xxiii
Por último, pero no menos importante, el respeto por la dignidad y la santidad de la vida de los
pacientes incluye el interés por sus necesidades espirituales. "Los enfermos terminales, en
particular, merecen la solidaridad, la comunión y el afecto de quienes los rodean; a menudo
necesitan perdonar y ser perdonados, reconciliarse con Dios y con los demás. Todos los
sacerdotes deberían apreciar la importancia pastoral de celebrar el sacramento de la unción de los
enfermos, de manera especial cuando es el preludio del viaje final a la casa del Padre."xxiv
Juan Pablo II nunca se cansó de rezar por la ayuda de la Madre de Dios, especialmente para los
enfermos y los moribundos. No se puede resumir su catequesis sin acudir a nuestra Madre quien
supo permanecer en vigilia al pie de la cruz con su Hijo. "Encomiendo a todos a la santísima
Virgen.... Que ella ayude a cada cristiano a testimoniar que la única respuesta auténtica al dolor, al sufrimiento y a la muerte es Cristo, nuestro Señor, muerto y resucitado por nosotros."xxv
El P. Mindling es el Decano Académico del Seminario de Mount St. Mary en Emmitsburg,
Maryland y asesor del Comité para las Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos
Católicos de Estados Unidos, (USCCB).
i Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), 1995, no. 7.
ii Motu Proprio, "Dolentium Hominum" para establecer la Comisión Pontificia para el Apostolado de los Operadores
Sanitarios, 11 de febrero de 1985. Vea Discurso para la VIII Jornada Mundial del Enfermo, 6 de agosto de 1999.
iii "La muerte es también parte de la vida". Papa Juan Pablo II, discurso en el Hospicio de Rennweg en Vienna, 21
de junio de 1998.
iv "Amor y solidaridad para los moribundos". Papa Juan Pablo II, Discurso a la Academia Pontificia para la Vida, 27
de febrero de 1999.
v "La Fe responde al temor a la muerte." Discurso del Papa Juan Pablo II a un congreso internacional sobre el
cuidado de los moribundos, 17 de marzo de 1992.
vi Discurso de su santidad Papa Juan Pablo II a los participantes en la XIX Conferencia Internacional del Consejo
Pontificio para la Pastoral de la Salud, 12 de noviembre de 2004, no.4.
vii Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), no. 65.
viii Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF). "Declaración sobre la Eutanasia", 1980, part 4.
ix Ibid. Vea Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), no. 65.
x Salvifici Dolores (Sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano), 1984. Véase especialmente el discurso para
la X Jornada Mundial de los Enfermos, agosto 6 de 2001, no. 2.
xi Discurso para la IX Jornada Mundial del Enfermo, 22 de agosto de 2000.
xii Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), no. 67. "Medicamentos con la capacidad para aliviar o suprimir el
dolor se pueden dar a los moribundos, aun cuando esta terapia pueda acortar, de manera indirecta, la vida de la
persona, siempre cuando la intención no sea la de apresurar la muerte." USCCB, Ethical and Religious Directives,
no. 61.
xiii Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), no. 66.
xiv "Los Derechos Inalienables de los Discapacitados". Discurso del Papa Juan Pablo II al Pontificio Consejo para la
Pastoral de los Agentes Sanitarios, 21 de noviembre de 1993.
xv Discurso de su santidad Juan Pablo II a los participantes en el Congreso Internacional sobre "Tratamientos de
mantenimiento vital y estado vegetativo: Avances científicos y dilemas éticos, 20 de marzo de 2004.
xvi Ibid.
xvii Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), no. 64.
xviii Ibid.
xix CDF. "Declaración sobre la Eutanasia", 1980.
xx Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), no. 65.
xxi Discurso de su santidad Juan Pablo II a los participantes en la Conferencia Internacional para la Pastoral de la
Salud, 12 de noviembre de 2004.
xxii Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), no. 66.
xxiii Evangelium Vitae (El Evangelio de la Vida), no. 67.
xxiv Discurso durante la visita Ad limina del Santo Padre a los obispos católicos de los estados de California, Nevada
y Hawaii, el 2 de octubre de 1998.
xxv "Mensaje de su santidad Juan Pablo II para la XII Jornada Mundial del Enfermo, 12 de febrero de 2004. Esta serie
de mensajes comenzó en 1992.
PROGRAMAS MODELOS
No One Shall Die Alone (NOSDA) es un ministerio de apoyo a pacientes moribundos que no
tienen familiares cerca o cuyas visitas de familiares son limitadas. El personal en las
instituciones que les brindan cuidados (asilos, hospicios, residencias para jubilados, por ejemplo)
identifica a estos pacientes e invitan a los coordinadores de voluntarios parroquiales o diocesano
para que se programen visitas regulares al paciente. Los voluntarios se anotan para turnos de 2
horas en los que visitan a las personas moribundas en su comunidad en calidad de amigos
interesados en ellos: están allí para escuchar, conversar, compartir la oración, sonreír o bromear,
confortar, tomarles de la mano.
Los voluntarios reciben capacitación de parte del personal y párrocos del hospicio quienes
ofrecen buenos consejos sobre la muerte desde el punto de vista de la fe. Los potenciales
voluntarios también tienen la oportunidad de interactuar con voluntarios ya activos en una sesión
de capacitación. Las reuniones mensuales de apoyo al voluntario les permiten hablar sobre sus
experiencias y descargar el estrés emocional que a veces ocurre cuando se sirve a una persona
que está muriendo.
Póngase en contacto con el personal de servicios sociales en los hogares de ancianos/casas de
convalecencia y hospicios y pídales que le ayuden a establecer este programa en su parroquia o
en la comunidad en general. Los párrocos locales pueden ayudar a reclutar voluntarios por medio
del boletín parroquial y otros anuncios. NOSDA fue iniciado hacen varios años atrás por Chuck
Finan, durante su preparación para ser diácono en la Diócesis de Boise, Idaho. Cinco
instituciones de cuidados constantes en el área de Coeur d'Alene participan en el programa.
Aunque el ministerio tiene su base en una parroquia, los voluntarios provienen de otras cuatro
iglesias de la comunidad. Para obtener mayor información, diríjase a Chuck Finan en
cfinan@adelphia.net o llamándolo al 208-765-3230.
Handy Helpers Program. Recluta a adultos de la parroquia y a jóvenes mayores quienes han
participado en entrenamiento del tipo "campamentos de trabajo" (o que de otra manera tienen
habilidad para realizar reparaciones básicas en una vivienda) para que pasen unas cuantas horas
cada semana o cada mes ayudando a los miembros de la parroquia que son ancianos realizando
trabajos básicos de reparación o mantenimiento que resultan demasiado difíciles para que los
ancianos los hagan solos. Se pueden emplear avisos en el boletín dominical y en el vestíbulo de
la Iglesia tanto para atraer voluntarios como para hacer conocer los servicios del Handy Helpers
Program. A algunos jubilados puede resultarles difícil solicitar ayuda, pero si se trabaja con la
Legión de María o un grupo parroquial similar que visita a los ancianos, usted podría identificar
y responder a las necesidades de aquellos que no se adelantaron a pedir asistencia. Puede que los
Caballeros de Colón o el grupo de hombres esté dispuesto a rembolsar el costo de los materiales
empleados.
Project ElderCool entrega e instala aparatos de aire acondicionado que se montan en ventanas a
los residentes ancianos de Kansas City, Missouri para prevenir las muertes relacionadas con el
calor del verano. Los clientes calificados también reciben un depósito de $50 en su cuenta de
electricidad para alentar el uso del aire acondicionado. El programa, que opera desde el Centro
Bishop Sullivan de la diócesis, ha provisto unos 2.000 aparatos de aire acondicionado en los
últimos seis años a clientes que son ancianos o incapacitados a causa de un problema respiratorio
y que están dentro de las pautas sobre ingresos y declaran que les resulta imposible cubrir el
costo de un aire acondicionado. El programa se ha dado a conocer por los medios locales de
comunicación y la compañía de electricidad ha incluido un folleto sobre el programa en el sobre
con la cuenta. Como resultado, ha habido muchas donaciones pequeñas lo que permitió la
compra al por mayor de más de 400 unidades cada año. En 1999 sólo en Kansas City, Missouri,
hubo 21 muertes relacionadas con la ola de calor. Al año siguiente, gracias al programa Project
ElderCool, la mortalidad bajó a 11. Cada año desde 2000, el número de tales muertes continúa
bajando. Para obtener más información, contacte al Bishop Sullivan Center, 6435 Truman Road,
Kansas City, MO 64126, 816-231-0984.
Samaritan Ministry, Inc. (Para enfermos, moribundos, a quienes los cuidan y a los dolientes) fue
fundado formalmente en 1994 en Houston por Tony y Charlotte Maluski para ofrecer
"preparación y otros materiales sobre 'pérdida y tristeza' para grupos e individuos con el fin de
ofrecerles asistencia espiritual, emocional y práctica para quienes atraviesan por Anticipatory
Grief/Tristeza Anticipada, las veces que se ha estado confinado a la casa o sufriendo una
enfermedad grave; Shock Grief/ Choque de Tristeza durante el tiempo del funeral; y Lingering
Grief/Tristeza Persistente durante el tiempo del duelo."
Samaritan Ministry prepara a laicos y al personal a, por ejemplo: organizar una pastoral para el
cuidado de enfermos; ofrece apoyo y consuelo a los dolientes mediante voluntarios capacitados;
trabajar en armonía con los servicios ya existentes dentro de su parroquia; utilizar los sistemas de
apoyo y servicios comunitarios; y reclutar y preparar voluntarios. Ofrece un Manual detallado
del programa, seis guías para la preparación y talleres para lanzar una pastoral coordinada para
los enfermos. Para mayor información, visite: www.thesamaritanministry.org o llame al 281-
589-8936 ó al 800-383-5334.
MATERIALES PARA PROGRAMAS
Documentos eclesiales
Discurso de Juan Pablo II a los participantes en la XIX Conferencia Internacional del Consejo
Pontificio para la Pastoral de la Salud, 12 de noviembre de 2004. Se puede obtener en
www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2004/november/documents/hf_jpii_
spe_20041112_pc-hlthwork_sp.html
Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los participantes en un congreso sobre "Tratamientos de
mantenimiento vital y estado vegetativo", sábado 20 de marzo de 2004. Se puede obtener en
www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/2004/march/documents/hf_jpii_
spe_20040320_congress-fiamc_sp.html.
"La dignidad del moribundo". Discurso del Santo Padre Juan Pablo II en la V Asamblea General
de la Academia Pontificia para la Vida, sábado 27 de febrero de 1999. Se puede obtener en
www.aica.org/aica/documentos_files/sumo_pontifice/Otros_documentos/doc_Otros_Dignidad_d
el_Moribundo.htm.
El Evangelio de la Vida. El Papa Juan Pablo II, 1995. Washington, D.C.: USCCB. ($7.95). Y
también en www.usccb.org/prolife/tdocs/evangel/evangeli.htm.
Declaración sobre la eutanasia. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, 1980. Se puede
obtener en http://www.vidahumana.org/vidafam/iglesia/declaracion.html
Guidelines for Legislation on Life-Sustaining Treatment. NCCB Committee for Pro-Life
Activities, 1984. Secretariat for Pro-Life Activities (60 cents).
"Amor y solidaridad para los moribundos". Papa Juan Pablo II, Discurso a la Academia Pontificia para la Vida, 27 de febrero de 1999. Se puede obtener en
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1999/february/documents/hf_jpii_
spe_27021999_accademia-vita1999_sp.html
Mensajes de Juan Pablo II para la conmemoración anual de la Jornada Mundial del Enfermo
(1993-2005). Se puede obtener en
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/messages/sick/index_sp.htm
Nutrition and Hydration: Moral and Pastoral Reflections. NCCB Committee for Pro-Life
Activities, 1992. Secretariat for Pro-Life Activities ($1.95). Se puede encontrar también en
http://www.usccb.org/prolife/issues/euthanas/nutindex.htm.
El sentido cristiano del sufrimiento humano. Papa Juan Pablo II, 1984. Washington, D.C.:
USCCB ($3.95). Se puede encontrar en
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jpii_
apl_11021984_salvifici-doloris_sp.html.
Declaración sobre la Eutanasia. NCCB Administrative Committee, 1991. Secretariat for
Pro-Life Activities ($7/100; $65/1,000). Se puede encontrar en
http://www.usccb.org/prolife/issues/euthanas/euthnccb.htm.
Impresos
The Case against Assisted Suicide: For the Right to End-of-Life Care. Kathleen Foley, M.D. and
Herbert Hendin, M.D. (eds). Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 2002 ($49.95)
Catholic Health Care Ethics: A Manual for Ethics Committees. Peter J. Cataldo and Albert S.
Moraczewski, OP (eds.). Philadelphia, Pa.: Nat'l Catholic Bioethics Center, 2001 ($39.95).
A Catholic Guide to End-of-Life Decisions. Brighton, Mass.: The Nat'l Catholic Bioethics
Center, 1998 ($2; quantity discounts).
A Catholic Guide to Medical Ethics: Catholic Principles in Clinical Practice. Eugene F.
Diamond, M.D. Palos Park, Ill.: The Linacre Institute, 2001.
Euthanasia and Physician Assisted Suicide: Killing or Caring? Rev. Michael Manning, M.D.
Mahwah, N.J.: Paulist Press, 1998 ($8.95).
Forced Exit: The Slippery Slope from Assisted Suicide to Legalized Murder. Wesley J. Smith.
Dallas: Spence Publishing Co., 2003 ($17.95).
Handbook for Mortals: Guidance for People Facing Serious Illness. Joanne Lynn, M.D. and
Joan Harrold, M.D. New York: Oxford University Press, 1999 ($25).
Handbook of Pain Relief in Older Adults: An Evidence-Based Approach. F. Michael Gloth III,
M.D. Totowa, N.J.: Humana Press, 2004 (with CD-ROM, $99.50).
Handbook on Critical Life Issues. Fr. John Leies et al. Philadelphia, Pa.: Nat'l Catholic Bioethics
Center, 2005 ($24.95).
Last Rites: Assisted Suicide and Euthanasia Debated. Michael M. Uhlmann (ed). Grand Rapids,
Mich.: Wm. B. Eerdmans, 1998 ($35).
Life's Worth: The Case against Assisted Suicide. Arthur J. Dyck. Grand Rapids, Mich.: Wm. B.
Eerdmans Publishing Co., 2002 ($20.00).
Moral Issues in Catholic Health Care. Kevin T. McMahon, S.T.D. (ed.), Wynnewood, Pa.: Saint
Charles Borromeo Seminary, 2004.
Right to Die versus Sacredness of Life. Kalman J. Kaplan (ed.). Amityville, N.Y.: Baywood
Publishing Co., 2000 ($31.95).
Boletines, Folletos, Reimpresiones
Explaining Catholic Teaching: Euthanasia. Philip Robinson, London: The Incorporated Catholic
Truth Society & The Linacre Centre, 2003. Visit www.linacre.org.
The Gift of Life ... in the Face of Death. Secretariat for Pro-Life Activities, 1998, pamphlet
($9/100; $80/ 1,000).
Hope for the Journey: Meaningful Support for the Terminally Ill. Kathy Kalina, RN, CRNH.
Secretariat for Pro-Life Activities, reprint, 2001 (#0101-KAL; 40 cents; quantity discounts).
Human Dignity in the 'Vegetative' State. Richard M. Doerflinger, Secretariat for Pro-Life
Activities, reprint, 2004 (#0444; 40 cents; quantity discounts).
Killing the Pain, Not the Patient: Palliative Care vs. Assisted Suicide. Richard M. Doerflinger &
Carlos Gomez, M.D. Secretariat for Pro-Life Activities, reprint, 1998 (#9801-DOE; 40 cents;
10-49 copies, 30 cents ea., 50+ copies, 25 cents ea).
In Support of Life: Comfort and Hope for the Dying. Brochure. Massachusetts Catholic
Conference (50 cents; quantity discounts).
Audiovisuales
Euthanasia: False Light. Steubenville, Ohio: Intl Anti-Euthanasia Task Force, 1995. Una
excelente conversación con médicos, enfermeras y tres pacientes que sobrevivieron
"enfermedades mortales" ($24.95).
Final Blessing. Washington, D.C.: USCCB, 1997. Documental que hace pensar sobre las
dimensiones espirituales de las personas con enfermedades mortales ($29.95).
Life at Risk: A Closer Look at Assisted Suicide. Doce casetes de un simposio en 1997 de eruditos
internacionales que tuvo lugar en la Universidad Católica de América, copatrocinado por NCCB,
The Catholic University of America y el Center for Jewish and Christian Values. Se puede
obtener de Donehey & Associates ($50 álbum completo; casetes individuales a $5 c.u.).
Physician Assisted Suicide: Not Worth Living? Colorado Springs: Focus on the Family/ Gospel
Light ($20.00).
Internet
Las presentaciones en el Congreso Internacional sobre los tratamiento para sostener la vida y el estado vegetativo se pueden obtener en www.vegetativestate.org. (En inglés e italiano.)
www.cathmed.org (Catholic Medical Assn.)
www.healthinaging.org/public_education/pain (American Geriatrics Society
Foundation for Health in Aging)
www.internationaltaskforce.org (Intl. Task Force on Euthanasia and Assisted Suicide)
www.ncbcenter.org (Nat'1 Catholic Bioethics Center)
www.ncpd.org (Nat'l Catholic Office for Persons with Disabilities)
www.seniorhealthcare.org (Senior Health Care Organization)
www.usccb.org/prolife (USCCB Secretariat for Pro-Life Activities)