ANTICONCEPCIóN Y ABORTO: UNA CONEXIóN FUNDAMENTAL
Padre Walter J. Schu, L.C.
¿Evita el aborto la anticoncepción?
En los años de 1950, tuvo lugar un acontecimiento revolucionario, que afectó las relaciones más
íntimas entre hombres y mujeres: la píldora. Las repercusiones se sintieron en las parejas, las
familias, la sociedad y hasta en la Iglesia Católica.
Frente a las objeciones morales que surgieron, los promotores de la píldora ensalzaron sus
muchos beneficios potenciales. El principal era que se esperaba que la píldora redujera la
cantidad de nacimientos fuera del matrimonio, que en ese momento y todavía hoy es un
indicador significativo de la pobreza. ¿Quién iba a dudar que el uso extendido de los
anticonceptivos eliminaría los embarazos no deseados? ¿Y acaso no son los abortos mayormente
el resultado de embarazos no deseados? Muchos llegaron a la conclusión de que al aumentar el
uso de anticonceptivos, se reducirían drásticamente los nacimientos fuera del matrimonio. Aun
luego de legalizar el aborto en los Estados Unidos, cuando se disparó rápidamente el número de
abortos, se recomendó usar más anticonceptivos como solución para reducir las tasas de abortos.
Detrás de este argumento se esconde una tremenda falacia. Hoy, cuando el uso de los
anticonceptivos se ha extendido durante más de cuarenta años, los hechos desmienten claramente
que tal uso conduzca a una reducción del aborto. Desde la decisión del caso Roe vs Wade en el
1973, siguen practicándose cerca de 1.3 millones de abortos al año. De hecho, nuevos estudios
sugieren que el acceso fácil a los anticonceptivos ha empeorado el problema. Un estudio
publicado el 18 de agosto de 2000 en la revista British Medical Journal muestra que las
adolescentes que consultan con un médico sobre los anticonceptivos de hecho poseen una tasa
más elevada de embarazos que aquellas que no lo hacen.i Y sobre el punto de que los
anticonceptivos reducen la cantidad de abortos, otros estudios muestran que "más del 80% de las
jóvenes que se han practicado abortos tienen experiencia con anticonceptivos".ii De hecho, de
acuerdo al Alan Guttmacher Institute, más de la mitad de las mujeres que se han practicado
abortos, dicen que estaban usando anticonceptivos el mes que salieron embarazadas.
La Dra. Janet Smith, profesora de Teología moral en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón
en Detroit, reversa el silogismo de los anticonceptivos con una lógica irrefutable:
La mayoría de los abortos son el resultado de embarazos no deseados, la
mayoría de los embarazos no deseados son el resultado de relaciones sexuales
fuera del matrimonio, y la mayoría de las relaciones sexuales fuera del
matrimonio se facilitan por la disponibilidad de métodos anticonceptivos. Si
volteamos esta progresión: los anticonceptivos provocan que haya más
relaciones sexuales fuera del matrimonio, más relaciones sexuales fuera del
matrimonio producen más embarazos no deseados; más embarazos no deseados
provocan más abortos.iii
Hay otra razón por la cual la anticoncepción provoca más abortos. Es que existe una conexión
fundamental, o concepción mental entre ambos. Esta concepción mental visualiza la vida
humana como algo que no siempre es bienvenido, y cuando no lo es, se puede desechar. Como
resultado, "La gente frecuentemente utiliza el aborto como un respaldo para cuando no resultan
los métodos anticonceptivos".iv
El teólogo católico Germain Grisez nos da una concisa descripción de las dos formas en que la
anticoncepción puede fomentar el aborto:
En primer lugar, fomentar los métodos anticonceptivos, especialmente entre los
jóvenes, excusa y hasta estimula la actividad sexual inmoral. Aun si se proveen y
utilizan los anticonceptivos, esta actividad puede provocar muchos embarazos,
pues todos los métodos anticonceptivos tienen un porcentaje de falla. Más aún,
los niños que son concebidos y no deseados, es probable que sean abortados, o
abandonados o abusados, porque, a diferencia de los niños no planificados pero
por parejas abiertas a una nueva vida, ya fueron rechazados por adelantado.v
La conexión antropológica
En la raíz de este modo de pensar yace un error antropológico fundamental, un error que da en el
corazón de lo que somos como seres humanos. Esto solamente puede combatirse eligiendo la
alternativa a la anticoncepción— la planificación familiar natural.vi Tal como Juan Pablo II
afirmó enfáticamente, la anticoncepción y recurrir a los períodos naturalmente recurrentes de
fertilidad e infertilidad en el ciclo de la mujer se basan en "dos conceptos irreconciliables de la
persona y de la sexualidad humana".vii
Detrás de la mentalidad pro anticoncepción se asoma la concepción materialista que ve el cuerpo
humano como un objeto que puede ser manipulado. Cuando tenemos esa visión de la persona y
de la sexualidad, no resulta sorprendente que cuando falla la anticoncepción, con frecuencia se
recurra al aborto. Las relaciones sexuales se reducen de un acto de entrega personal a uno de
gratificación sensual libre de cualquier responsabilidad hacia una nueva vida.
La conexión fisiológica
La conexión entre anticoncepción y aborto es con frecuencia sutil y hasta capciosa. Esto se
confirma a nivel fisiológico, donde algunos anticonceptivos evitan la implantación del embrión
recién concebido en la matriz. Es de especial preocupación el caso de la "píldora de la mañana
siguiente".viii Pero se cree que otros métodos anticonceptivos, como los dispositivos intrauterinos
y aquellos que manipulan las hormonas algunas veces también son abortivos, no solamente
anticonceptivos.ix Una mujer que use la píldora ni siquiera se da cuenta si tal tipo de aborto
temprano está ocurriendo en su propio cuerpo.
La conexión sociológica
En el campo de la sociología, estudios recientes provenientes de fuentes inesperadas confirman
la conexión entre la "revolución anticonceptiva" y el aumento de la cantidad de abortos. Uno de
esos estudios fue realizado por George Akerlof, un economista ganador del premio Nóbel,
profesor de Berkeley, ex-miembro de Brookings Institution y no se considera conservador. En
dos artículos que publicó en conocidas revistas de economía, Akerlof detalla sus hallazgos y
adelanta argumentos que reivindican las advertencias proféticas del Papa Pablo VI acerca de las
consecuencias sociales de la anticoncepción.x
Según Akerlof, la revolución sexual dejó a las mujeres tradicionales y moderadas (que no
aceptaban el sexo premarital y los anticonceptivos) incapaces de competir con aquellas mujeres
que no tenían grandes objeciones frente al sexo fuera del matrimonio. Si una mujer quedaba
embarazada, esto no le daba derecho a esperar una promesa de matrimonio. El novio siempre
podría decir que el embarazo era una opción de la mujer. Los hombres estaban menos dispuestos
a un "matrimonio a la carrera" debido a un embarazo de lo que habían estado antes de la llegada
de la píldora y del aborto.
Los hallazgos de Akerlof apuntan hacia la conexión sociológica directa que hay entre
anticoncepción y aborto:
Así, muchas mujeres tradicionalistas acabaron teniendo sexo e hijos fuera del
matrimonio, mientras muchas de las mujeres permisivas acabaron teniendo sexo
y anticonceptivos o abortos para evitar tener hijos. Esto explica en gran medida
el porqué la revolución de la anticoncepción fue asociada con un aumento tanto
en la cantidad de abortos como en los hijos ilegítimos.xi
La inmoralidad de la anticoncepción
La anticoncepción no es ética desde el punto de vista moral no solamente por su conexión directa
con el aborto, sino en sí misma. El Papa Pablo VI, en su encíclica de 1968 Humanae Vitae, da
una fuerte definición de la anticoncepción como "toda acción que, o en previsión del acto
conyugal o en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga,
como fin o como medio, hacer imposible la procreación".xii Pablo IV continua afirmando las
enseñanzas constantes de la Iglesia de que dichas acciones son intrínsecamente malas (intrinsice
inhonestum),xiii y explica que la anticoncepción viola "la inseparable conexión que Dios ha
querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del
acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador."xiv
La cultura de la muerte ha emprendido una guerra silenciosa contra la cultura de la vida. De la
balanza no solamente penden las vidas de millones de niños no nacidos, sino también el futuro
de la familia. Juan Pablo II afirmó que "la familia se encuentra en el centro de la gran lucha entre
el bien y el mal, entre la vida y la muerte, entre el amor y cuanto se opone al amor."xv ¿Qué lado
tiene la ventaja hoy? Hay una cifra muy escueta: hoy, menos del 1% de todas las parejas casadas
en edad de procrear en los Estados Unidos utiliza el método de planificación natural.xvi
Una respuesta convincente: la teología del cuerpo, de Juan Pablo II
Podemos cambiar la mentalidad anticonceptiva y ayudar a construir una cultura de la vida
mediante lo que Juan Pablo II nos dejó como legado: una defensa conmovedora de la verdad
sobre la planificación familiar natural. En su Teología del Cuerpo, Juan Pablo II sitúa las
enseñanzas de la Iglesia en el contexto de una visión total del ser humano.
En tres grandes pinceladas, el difunto Santo Padre presenta una visión completa de la persona
humana. Todo comienza con el hombre original antes del pecado. Solo en medio de la creación,
Adán vive la soledad original. Aunque era el amo de todas las criaturas, se siente
extremadamente solo porque sólo él es una persona, un sujeto consciente llamado a entregarse
por amor y a recibir la entrega de otra persona. Cuando Dios crea a Eva, Adán exclama: "¡Esta sí
que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!" (Gen 2:23). Por el cuerpo de Eva, Adán la
reconoce como persona, con la cual él está llamado a formar una comunión de personas
(communio personarum) a imagen del amor que se entrega de la Santísima Trinidad.xvii
Luego sigue una de las frases más bellas del libro del Génesis. "Los dos, el hombre y la mujer,
estaban desnudos, pero no sentían vergüenza" (Gen 2:25). ¿Por qué no sentían vergüenza? Antes
del pecado, Adán y Eva conocían completamente el significado nupcial del cuerpo. Dios los creó
hombre y mujer para que se entregaran uno al otro por amor. Cada uno ve en el cuerpo del otro
una persona para ser amada. "Se ven y se conocen a sí mismos con toda la paz de la mirada
interior, que crea precisamente la plenitud de la intimidad de las personas."xviii
La libertad de entregarse el uno al otro que Adán y Eva viven es destruida pronto por un hecho
misterioso: cometen un pecado. Con el pecado, surge en la escena el hombre histórico. El
pecado trae consigo la capacidad de usar a la otra persona como un objeto en vez de amarla
como persona. El significado nupcial del cuerpo corre ahora grave peligro. El hombre caído ya
no es capaz de hacer el don gratuito de sí mismo que su Creador había ideado.
Es Cristo, en su insondable amor y misericordia, que rescata a la humanidad mediante su
sufrimiento en la cruz y la gloria de su resurrección. Al redimir al hombre, Cristo también redime
el cuerpo. Hace posible para el hombre y la mujer recapturar la libertad de ese don, al caminar
por el estrecho pero jubiloso camino de la vida en el Espíritu Santo.
La visión total de la persona humana se completa al reflexionar sobre el destino futuro de la
humanidad. El hombre escatológico representa la plenitud de nuestro destino con Dios, luego de
la resurrección de nuestros cuerpos. Paradójicamente, el significado nupcial del cuerpo alcanza
su plenitud en el cielo, donde "ni ellos tomarán mujer ni ellas marido" (Mt 22:30). ¿Cómo es
esto posible?
En el cielo, la única respuesta adecuada a la efusión del amor de Dios es entregarnos
completamente a él en todo lo que somos como seres humanos. Es por esto que la entrega
exclusiva entre esposo y esposa en el matrimonio, aunque se haga por el amor de Dios, no existe
más en el cielo. Al entregarnos a Cristo, el Novio, también nos estaremos entregando a todos los
otros en él –la comunión de los santos. La perspectiva de la vida eterna revela la belleza del
llamado al celibato, a la vida consagrada, como otra forma de cumplir con la obligación nupcial
del cuerpo. Los que se consagran a Cristo mediante la pobreza, la castidad y la obediencia, hacen
presente en la tierra, con anticipación, la unión virginal, pero conyugal, con Dios que cada
persona vivirá en el cielo hasta la eternidad.
El vasto panorama de la visión total de la persona que Juan Pablo II presenta hace posible
comprender en toda su profundidad y belleza las enseñanzas de la Iglesia sobre el amor conyugal
y la procreación. Cada acto de unión conyugal es una expresión de la entrega completa de un
cónyuge al otro y de la aceptación de cada uno en toda su totalidad como persona. Este amor que
se entrega es fructífero, tanto en la unión de la pareja en "una sola carne" como en su apertura a
una nueva vida. Es la imagen del amor fructífero de la Trinidad.
Aquí también se revela lo maligno de un acto de anticoncepción. La anticoncepción viola la
verdad del lenguaje del cuerpo. Significa que se miente con el cuerpo. Por un lado, el esposo le
dice a la esposa, en el lenguaje natural del acto conyugal, "me entrego completamente a ti con
todo lo que soy, y te acepto completamente como persona". Pero por el otro lado, el hombre no
da su capacidad de ser padre, y la mujer no aceptar su capacidad de ser madre. En consecuencia,
la anticoncepción impide que el acto conyugal sea un acto de amor verdadero, personal y de
completa entrega, como fue concebido que fuera.
Una cultura de la vida en lo más profundo
¿En qué terreno se ganará o perderá la batalla por la cultura de la vida? No en un juzgado, sino
en la tranquila convicción de innumerables homilías, artículos y charlas sobre las enseñanzas de
la Iglesia sobre el matrimonio y la Teología del Cuerpo del Papa Juan Pablo II.
Entonces, llegará el día cuando se promocione la cultura de la vida, no solamente en las leyes, sino en el corazón mismo de las relaciones más íntimas entre un hombre y una mujer.
El padre Walter J. Schu, L.C. fue ordenado sacerdote de la Legión de Cristo en 1994 y es el autor
de The Splendor of Love: Juan Pablo II's Vision for Marriage and Family. (New Hope, Ky.,
New Hope Press: 2003) ($19.95).
PROGRAMAS MODELOS
Las buenas noticias son que hay muchos excelentes programas y materiales sobre la castidad,
disponibles para uso diocesano y parroquial. "True Love Waits for Marriage" [El verdadero
amor espera el matrimonio], fue utilizado con éxito por Mary Pat Van Epps de la Diócesis de
Memphis, y es un programa básico, fácil de organizar que cualquier parroquia puede ofrecer.
Diseñado para promover la castidad entre los jóvenes y adolescentes, consiste en tres clases de
dos horas durante tardes consecutivas de domingo, de 6:00-8:00 PM. Se puede celebrar una Misa
de clausura con el párroco o el obispo la mañana del sábado antes de la sesión final.
Semana 1: Fiesta de Pizza y "rompehielos", seguidos de un repaso de las enseñanzas católicas
básicas sobre sexualidad. (Vea el Catecismo de la Iglesia Católica, las secciones sobre las
virtudes, la consciencia, el matrimonio y los sacramentos). Dé mucho tiempo para las preguntas
de los jóvenes y sus respuestas. Tenga disponible volantes sobre la castidad. Invite a los padres a
la clausura, par que puedan expresar su apoyo y comprometerse a ser un ejemplo para sus hijos.
(Vea la oración sugerida en la página 47 del manual True Love Waits Resource por la National
Federation of Catholic Youth Ministry o NFCYM).
Semana 2: Brinde picaderas. Presente un video sobre la castidad, como por ejemplo "Sex Has a
Price Tag" (One More Soul, 800-307-7685) o "Sex, Lies and the Truth" (Focus on the Family,
800-232-6459) u otro similar. Invite a católicos que comprendan y vivan las enseñanzas de la
Iglesia sobre la sexualidad para la sesión de preguntas y respuestas. Termine con una oración.
(Vea, por ejemplo, la oración en la página 53 del manual arriba mencionado).
Tarea para la casa: Pida a los jóvenes traer para la próxima sesión canciones, artículos de revistas
y anuncios que tengan una connotación sexual.
Semana 3: Picaderas. Diálogo sobre las letras de canciones contemporáneas y mensajes de los
medios de comunicación, y sobre cómo podemos ir contra esa cultura. Divida a los jóvenes en
grupos de 6-10. Distribuya papel para carteles, plumones y calcomanías. Pídales que preparen
carteles sobre la castidad, para "venderla" entre sus compañeros. Escriba oraciones de peticiones
y asigne roles para la Misa de clausura.
Semana 4: Misa de clausura con los padres seguida de un almuerzo con platos al azar. Utilice las
oraciones de petición del grupo, y repita la "Oración para la Comunidad de Fe" del primer día.
Distribuya las tarjetas de El Verdadero Amor Espera el Matrimonio para que cada participante
la firme y la guarde. Invite a todos a firmar el Libro de Compromiso que se guardará en la
parroquia/diócesis para programas futuros. Utilice la Oración para los Jóvenes y la Comunidad
(página 49 del Manual de NFCYM).
Para información adicional, contacte a Mary Pat Van Epps en el teléfono 901-373-1285 o escriba
a marypat.vaneps@cc.cdom.org.
Otros programas sobre la castidad altamente recomendados:
El material del programa del orador sobre la castidad Jason Evert se pueden encontrar en
www.catholic.com/chastity.asp.
Family Honor, Inc. ofrece una gran variedad de programas sobre la castidad, entrenamientos y
recursos: www.familyhonor.org.
Free to Be ofrece preparación para compañeros en Life Choice One; es un programa de
neutralidad religiosa de Central California Catholic Charities: www.free-to-be.net.
Claves para la castidad (serie de 4 clases para padres y jóvenes por Northwest Family Services
(NWFS): www.nwfs.org/keystochastity.htm).
Retiros LifeSaver (taller de 1 día para jóvenes de NWFS: http://www.nwfs.org/lifesaver.htm).
Peers Educating and Encouraging Responsible Sexuality (PEERS) ofrece programas, material de
capacitación. Vea el video en línea para más información en: www.peersproject.org/index.html.
Real Love, Inc. Programa y materiales por la motivadora/educadora sobre la castidad Mary Beth
Bonacci: www.reallove.net/index2.asp?CID=1.
Reapteam es un ministerio católico de retiros para jóvenes de la Arquidiócesis de San Luis.:
www.reapteam.org.
YAM, Young Adult Ministry of the Archdiocese of Atlanta; vaya a su página digital para
información sobre excelentes programas, muy atractivamente presentados:
http://www.yam.org/yam.cgi/.
También puede visitor los siguientes sitios para ideas, programas y recursos: www.nfcym.org (National Federation of Catholic Youth Ministry), www.nacyml.org (National Association of
Catholic Youth Ministry Leaders), www.nccys.org (National Center for Catholic Youth Sports),
and www.milarch.org/youth/index.html (Youth and Young Adult Ministry of the Archdiocese of
the Military)
MATERIALES
Libros
Ashley, Benedict. Theologies of the Body: Humanist and Christian. Braintree, Mass.: Pope John
XXIII Center, 1985.
Billings, John. The Ovulation Method. Melbourne, Australia: Advocate Press Pty, 1983.
Burke, Cormac. Covenanted Happiness: Love and Commitment in Marriage, San
Francisco: Ignatius Press, 1990.
De Haro, Ramón García, Marriage and Family in the Documents of the Magisterium.
Trans. William E. May. San Francisco: Ignatius Press, 1993.
Dulles, Avery. The Splendor of Faith: The Theological Vision of Pope John Paul II. New
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— Fulfillment in Christ: A Summary of Christian Moral Principles. Notre Dame: University of
Notre Dame Press, 1991.
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Shivanandan, Mary. Crossing the Threshold of Love: A New Vision of Marriage. Washington, D.C.: Catholic University of America Press, 1999.
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. NFP: Myths and Reality. Revised 2002. 8-panel brochure.
i "Este estudio encontró que el 71 por ciento de las 223 jóvenes adolescentes que salieron embarazadas había
hablado sobre la anticoncepción con un profesional sanitario en el curso del año antes de salir embarazadas". Brian
McGuire, "Sex Education Can Backfire, Says British Study," en el National Catholic Register, Vol. 76, No. 36, 3-9
de septiembre de 2000, 1.
ii Vea Stanley K. Henshaw and Kathryn Kost, "Abortion Patients in 1994-1995: Characteristics and Contraceptive
Use," 28 Family Planning Perspectives 140, 145 (table 2) (1996).
iii Janet E. Smith, "Paul VI as Prophet," in Why Humanae Vitae Was Right: A Reader, 523.
iv Germain Grisez, Living a Christian Life (The Way of the Lord Jesus, Volume 2), (Quincy, Ill: Franciscan Press:
1993), 505.
v Germain Grisez, Living a Christian Life, 515-516.
vi. Juan Pablo II afirma que la diferencia entre la anticoncepción y la planifcación familiar natural es "antropológica
y al mismo tiempo moral", Familiaris Consortio, 32. énfasis en el original.
vii John Paul II, Familiaris Consortio, 32.
viii Vea Horacio B. Croxatto, et al., "Mechanism of action of hormonal preparations used for emergency
contraception: a review of the literature," 63 Contraception 111-121 (2001); Chris Kahlenborn et al.,
"Postfertilization Effect of Hormonal Emergency Contraception," 36 The Annals of Pharmacology 465 ( March
2002); John Wilks, "The Impact of the Pill on Implantation Factors – New Research Findings," 16 Ethics &
Medicine 15-22 (2000); Keith L. Moore and T.V.N. Persaud, The Developing Human: Clinically Oriented
Embryology, 7th ed. (2003), 56; Walter L. Larimore and Joseph B. Stanford, "Postfertilization Effects of Oral
Contraceptives and Their Relationship to Informed Consent," 9 Archives of Family Medicine 126-133 (2000).
ix Susan Harlap, Kathryn Kost, and Jacqueline Darroch Forrest, Preventing Pregnancy, Protecting Health: A New
Look at Birth Control Choices in the United States (New York: The Alan Guttmacher Institute, 1991), declara que
cuando no son eficaces de algún otro modo, los artefactos intrauterinos funcionan "al responder con una inflamación
local a un cuerpo invasor, lo cual impide la implantación si hay fertilización" (27), los anticonceptivos orales
"cambian la membran interior del útero al impedir la implantación en caso de que hubiese fertilización" (27), la
píldora de solo progestina funciona "impidiendo la implantación" (28), los implantes anticonceptivos funcionan al
"impedir la implantación del óvulo fertilizado" (28), y las inyecciones de progestina funcionan en maneras similares
a la de la minipastilla y a los implantes" (29). Vea Ashley y O'Rourke, Healthcare Ethics, 3rd ed., 278-79; Kristine
M. Severyn, "Abortifacient Drugs and Devices: Medical and Moral Dilemmas," Linacre Quarterly 57 (Aug. 1990):
50-67; Rudolf Ehmann, "Problems in Family Planning," Anthropotes 7 (1991): 100-101. Citado en Germain Grisez,
Living a Christian Moral Life, 505.
x Vea Humanae Vitae, 17 de Pablo VI.
xi W. Bradford Wilcox, "The Facts of Life and Marriage: Social Science & the Vindication of Christian Moral
Teaching," Touchstone, rnero-febrero 2005. Como fue reimpreso en Zenit Rassegna.
xii Humanae Vitae, 14.
xiii Ibid. The Catechism of the Catholic Church reitera la condena que hizo Paulo VI de que todas las formas de
anticoncepción son intrínsecamente malas, en el numeral 2370.
xiv Humanae Vitae, 12. Catecismo de la Iglesia Católica, 2336.
xv Juan Pablo II, Carta a las familias, 1994, 23.
xvi Joseph B. Stanford, M.D., "Sex Naturally," First Things 97 (November 1999), 28-33.
xvii Juan Pablo II,. Audiencia general del 14 de noviembre de 1979, y en sobre La Teología del Cuerpo (Boston:
Pauline Books and Media, 1997), 46-47.
xviii Juan Pablo II, Audiencia general del 2 de enero de 1980, y en Ibid., 57.