Foro Asuntos de Vida
23 de enero de 2009
Un distintivo de las naciones libres es el reconocimiento la libertad de conciencia de los individuos. Los estados tiránicos no protegen la conciencia: la estrangulan.
El derecho a la libertad de conciencia es tan antiguo como la civilización Occidental. Hace más de 2,400 años, se tuvo en alta estima a Antígona, el personaje de Sófocles, porque siguió el dictado de su conciencia y le dio sepultura a su hermano desafiando el edicto del rey.
En el siglo IV A.C. se documentó por primera vez el derecho a la libertad de conciencia de los médicos. Juramento Hipocrático: "Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos ... A nadie daré una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer supositorios destructores". El derecho a la libertad de conciencia está reconocido en la Constitución de EE. UU., en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Código de ética Médica de la Asociación Médica Mundial y en 47 estados hay leyes que protegen los derechos relativos a la libertad de conciencia de los proveedores de cuidados médicos.
El Catecismo dice que la conciencia es "el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella". (CIC, 1776)
Atento a la universalidad y la historia del derecho a la libertad de conciencia entre los pueblos libres, resulta escandaloso que la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés) y otros hayan iniciado acciones solicitando la revocación de reglamentos que aplican las leyes federales de larga data promulgadas para proteger los derechos de conciencia de los profesionales e instituciones de la salud.
En su ataque contra reglamentos recientes, la ACLU apunta contra tres leyes federales. El Congreso promulgó la "Enmienda Church" (por el apellido del representante que la propuso) inmediatamente después del fallo de Roe v. Wade para asegurar que los profesionales de la salud y los hospitales no serían forzados a participar en abortos o esterilizaciones. La Enmienda Coats fue promulgada hace más de una década para dejar sin efecto el intento del consejo de acreditación médica de obligar a las escuelas de medicina a enseñar procedimientos abortivos a los residentes de ginecología y obstetricia. Desde 2004, la Enmienda Weldon impide que el gobierno discrimine contra las entidades de servicios médicos por su negativa a "prestar, pagar, dar cobertura o hacer remisiones para abortos".
A pesar de todo su discurso sobre la "elección", la industria del aborto y sus partidarios están decididos a eliminar la posibilidad de que entidades y profesionales médicos elijan no ser cómplices de la muerte de niños y niñas por nacer. A pesar de todo su discurso sobre la "privacidad", la industria del aborto y sus partidarios están decididos a pisotear la zona de mayor privacidad de los profesionales de la salud, ese "núcleo más secreto y sagrario" que se conoce como la conciencia. Ya no basta, a sus ojos, que las mujeres y las jóvenes puedan obtener drogas potencialmente abortivas en casi todas las farmacias de EE. UU. o que las mujeres y las jóvenes puedan tener abortos a pedido en cada ciudad donde se pueda obtener una ganancia. No descansarán hasta que todas las farmacias, los hospitales, los profesionales de los servicios de salud y los contribuyentes colaboren en la cultura de la muerte.
En las próximas semanas, es posible que veamos un ataque sin precedentes a los derechos relativos a la libertad de conciencia: tal vez los contribuyentes se vean obligados a financiar organizaciones que promueven y practican abortos en el exterior, entre las cuales el UNFPA que hizo posible la política abusiva de China de control de la población; o tal vez se exija a los contribuyentes que financien anticonceptivos y drogas abortivas en volúmenes cada vez mayores; o que financien abortos para las personas de bajos ingresos o que no tienen seguros; y los profesionales e instituciones de la salud pueden verse obligados a violar lo que les dice su conciencia o tener que dejar de brindar sus servicios.
Debemos rezar y actuar para detener el ataque a las conciencias.
Susan Wills es Subdirectora de Educación y Difusión, Secretariado de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Visite
www.usccb.org/prolife para saber más de las actividades pro-vida de los obispos.