Foro Asuntos de Vida

Proteger el corazón del matrimonio
Theresa Notare

26 de junio de 2009

En una reunión familiar escuché que una esposa y madre hizo una declaración escandalosa: “la revista Playboy no tiene nada de malo”. Hasta la llamó “inocente”. Tuve que dedicarle el resto de nuestra conversación a ayudarla a comprender que la pornografía –cualquiera que sea– no solo está mal sino que podría causar la ruptura de un matrimonio.

El punto de vista de mi parienta no es infrecuente. La promiscuidad sexual que acepta la cultura actual ha insensibilizado a la gente acerca de lo que son formas dañinas de representar la sexualidad. La prensa sensacionalista comenta las hazañas sexuales de los ricos y famosos. La televisión y las películas muestran personajes solteros que son activos sexualmente y generalmente tienen relaciones pasajeras o cohabitan o, si están casados, mantienen relaciones adúlteras. La música pop celebra la promiscuidad sexual y se burla de la virginidad.

El uso cada vez mayor de la pornografía en Internet revela que estamos en aguas turbulentas. Todos los meses se descargan unos 1.5 mil millones de archivos de pornografía de los sitios de pares en Internet; todos los días se mandan 2.5 mil millones de correos electrónicos pornográficos; y en los Estados Unidos hay 2.84mil  millones de dólares de ventas por Internet de productos y servicios pornográficos anualmente. Los hombres generan la mayor parte de este tráfico.

La pornografía nunca es “inocente”. La pornografía está mal por muchas razones. Convierte al ser humano en un objeto, especialmente a las mujeres, transforma la actividad sexual de otros en un espectáculo primitivo, y explota a mujeres y niños vulnerables a cambio de enormes ganancias. El Dr. Richard Fitzgibbons del Institute for Marital Healing [Instituto para la curación marital] dice que las personas que consumen pornografía de forma habitual desarrollan una “visión desordenada de la belleza, la bondad, el ser humano y la sexualidad”. Esto resulta especialmente venenoso para los matrimonios. El usuario de pornografía se obsesiona con su propio placer. Se reduce la entrega auténtica al cónyuge y disminuye la comunicación entre los esposos. La cuestión fundamental es que la pornografía es un ataque al centro mismo de la intimidad matrimonial. Daña la amistad conyugal.

Un obispo sabio, que se ocupaba de fortalecer los matrimonios, dijo una vez que la unión en una sola carne de los matrimonios no es “un símbolo vacío”. Dijo que los esposos “no se han convertido en la imagen de cualquier cosa terrenal sino en la de Dios mismo” (San Juan Crisóstomo, Homilía 12). Esto está muy lejos de la imagen torcida que da el sexo pornográfico y egoísta.

La Iglesia enseña que el abrazo conyugal es “honesto y digno” (Gaudium et spes, #49). El acto sexual “no es algo puramente biológico, sino que afecta el núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal” (Familiaris consortio, #11). La clave para comprender la naturaleza de las relaciones sexuales conyugales es que son al mismo tiempo unitivas y procreadoras. Tienen por fin aumentar la comunión conyugal de las personas y cooperar con Dios para traer nueva vida al mundo. Afectan a toda la persona, que está llamada a amar como Dios: “La donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona…” (FC, #11).

Los esposos deben proteger su unión y rechazar cualquier cosa, como la pornografía, que pueda poner en peligro su amor. Se deben esforzar por amarse bien: con respeto, con alegría, y sí, con pasión, siempre a la luz del abrazo amoroso de Dios.


Theresa Notare, PhD, es subdirectora del Programa de PFN del Secretariado para los Laicos, el Matrimonio, la Vida Familiar y la Juventud de la United States Catholic Conference of Bishops. Para más información acerca de cómo la pornografía daña el matrimonio y para leer otros artículos sobre el fortalecimiento del matrimonio, visite www.ForYourMarriage.org .

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