Foro Asuntos de Vida
13 de noviembre de 2009
El 7 de noviembre, el Congreso les dio una gran sorpresa a muchos observadores. Por 240 votos contra 194, la Cámara de Representantes aprobó una enmienda para mantener en la reforma propuesta del sistema de salud las políticas establecidas desde hace mucho tiempo en contra de la financiación de abortos con fondos federales.. Y más significativo, a continuación, la Cámara adoptó un ambicioso proyecto de ley de reforma de la salud, y la inclusión de la enmienda pro vida fue aplaudida como fundamental para lograr esa aprobación.
Dos factores contribuyeron a producir este resultado. Primero, hace mucho tiempo que en el partido Demócrata hay un importante comité pro vida, cuyo número de miembros aumentó en las elecciones del 2006 y el 2008. Los demócratas pro vida, encabezados por el representante Bart Stupak (D-MI), se unieron para exigir que los líderes de la cámara permitieran una votación sobre una enmienda que corrigiera el problema del aborto en el proyecto de ley.
La segunda realidad es que una de las voces más fuertes a favor de la reforma de la salud –la Iglesia Católica– ha insistido sistemáticamente en que una reforma verdadera debe respetar la vida de todos, y esto incluye a los inmigrantes, los pobres y los niños por nacer. La Iglesia goza de credibilidad a causa de sus enseñanzas morales claras, su apoyo durante décadas a la reforma, su experiencia en la gestión del servicio de salud sin fines de lucro más grande del país, y su amor preferencial por los pobres y vulnerables. Los obispos apoyaron el esfuerzo pro vida de los demócratas para que la reforma tan necesaria no se volviera un medio para obligar a más estadounidenses a pagar abortos. Cuando el esfuerzo tuvo éxito, más legisladores pudieron apoyar el proyecto.
Los defensores del aborto, asombrados por esta derrota, han acelerado su maquinaria de manipulación de la información. Aducen que la Iglesia Católica se apropió del proceso legislativo para que se adoptara una enmienda extrema que va mucho más allá de la legislación actual y que restringe la cobertura privada del aborto.
Sin embargo, lo que la Iglesia hizo en este caso fue, a gran escala, lo que siempre hace: presentó hechos y argumentos para apoyar un esfuerzo en el Congreso, encabezado por miembros del partido mayoritario, para mejorar una ley que incide directamente en los valores católicos; e informó a los católicos laicos de todo el país para que también se hicieran oír.
Las críticas a la enmienda misma también están equivocadas. La enmienda Stupak es un fiel reflejo de la enmienda Hyde y de otras disposiciones que rigen desde hace mucho tiempo los programas de salud federales: impide que fondos federales se utilicen para subsidiar los abortos electivos y los planes de salud que incluyen este tipo de abortos. Los planes de salud que solo usan fondos privados no se ven afectados; aquellas personas que usan subsidios federales para adquirir su plan integral de salud pueden usar su propio dinero para comprar una póliza suplementaria de aborto, si lo desean.
La enmienda Stupak únicamente garantiza que cuando se usen fondos federales, los estadounidenses no estarán obligados, contra su voluntad, a pagar por los abortos de otras personas. En un país donde la mayoría de los ciudadanos no quiere que los abortos sean financiados con fondos públicos, y no quieren que su propio seguro de salud cubra el aborto, esta es una enmienda justa y moderada que permitirá a millones de católicos y otros ciudadanos apoyar la reforma del sistema de salud con tranquilidad de conciencia.
Sin embargo, todo indica que veremos muchos ataques errados a esta disposición y a los esfuerzos de la Iglesia, ahora cuando el asunto pase al Senado. Es necesario armarnos con la verdad y levantar nuestra voz en Washington. La reforma auténtica de la salud –una reforma que ayude a los pobres, defienda la dignidad de los inmigrantes y respete la vida y conciencia de todos– puede estar a nuestro alcance, a menos que permitamos que nos la quiten.
Visite
www.usccb.org/healthcare para informarse mejor, y
www.usccb.org/action para levantar su voz sobre este asunto.
El Sr. Doerflinger es el subdirector del Secretariado de Actividades Pro Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Para más información sobre las actividades pro vida de los obispos, visite www.usccb.org/prolife.