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Enseñando el Espíritu de la Misión Ad Gentes: Hagamos de Hoy la Continuación de Pentecostés

Una Declaración de la United States Conference of Catholic Bishops
[Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos]

La Gran Llamada al Apostolado

En sus últimas palabras a los apóstoles, Nuestro Señor Jesucristo les confirió una misión: “Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado” (Mateo 28, 19-20).

“Jesucristo, el Verbo hecho carne y el Hijo del Padre —tiene un rol absolutamente único en la salvación del mundo. De manera similar la Iglesia [Católica] . . . contiene en forma exclusiva los medios para continuar la misión salvadora de Cristo” (palabras del Obispo Joseph Fiorenza en su declaración sobre Dominus Iesus, 2000).

Las instrucciones de Cristo a los apóstoles fueron una poderosa exhortación a quienes se convirtieron en los primeros obispos y los primeros misioneros de la Iglesia. A ellos se les dijo que fueran ad gentes —es decir “a las naciones”, a aquellos que no conocían a Cristo— y que proclamaran el Evangelio. La Iglesia de Cristo ha crecido y florecido porque los apóstoles fueron fieles y obedientes a su mandato.

La responsabilidad de cumplir con ese mandato pasa inmutable a los obispos y a todos los católicos de hoy. La palabra “católico” es decir, “universal” encarna el propósito de Dios para su Iglesia. Quiere extenderla a los más lejanos rincones de la tierra. Quiere mostrar a todo el género humano su amor y misericordia.


Las empresas peculiares con que los heraldos del Evangelio, enviados por la Iglesia, yendo a todo el mundo, realizan el encargo de predicar el Evangelio y de implantar la Iglesia misma entre los pueblos o grupos que todavía no creen en Cristo, comúnmente se llaman “misiones”. . . El fin propio de esta actividad misional es la evangelización e implantación de la Iglesia en los pueblos o grupos en que todavía no ha arraigado. (Ad Gentes, núm. 6)

Sin embargo, el propósito de esta misión está lejos de ser cumplido. Hay muchas iglesias jóvenes que necesitan misioneros para desarrollarse y crecer. Hay muchas diócesis, eparquías (diócesis Católicas orientales) y países que luchan contra la pobreza, la persecución, la opresión, la guerra, e inmensos sufrimientos, que necesitan misioneros que den testimonio de la luz y el amor de Cristo, brindando esperanza para el futuro.

La iglesia no puede “sustraerse a la perenne misión de llevar el Evangelio a cuantos —y son millones de hombres y mujeres— no conocen todavía a Cristo Redentor del hombre” (Redemptoris Missio: Sobre la Permanente Validez del Mandato Misionero, núm. 31, itálicas del original). Todos los católicos, por consiguiente, en virtud de su incorporación en la Iglesia al Bautismo, tienen que participar y cooperar con la continua misión de Cristo “a las naciones.”

Nosotros, los obispos católicos de Estados Unidos, reafirmamos nuestro compromiso de apoyar el esfuerzo universal de las misiones y pedimos a todos los católicos acompañarnos en esta tarea.


La Misión Universal Y el Ministerio de Enseñanza

A fin de fortalecer este esfuerzo misionero, dirigimos esta carta en primer lugar a aquellos que desempeñan el papel especial de enseñar y formar a los católicos en nuestras diócesis y eparquías. Sentimos inmensa gratitud por la devoción y habilidad con que los católicos en el ministerio de enseñanza señalan el camino.

  • Catequistas
  • Directores de educación religiosa
  • Sacerdotes, religiosos y diáconos
  • Directores de educación de adultos
  • Ministros de la juventud y de los adultos jóvenes
  • Ministros en campus universitarios
  • Maestros y administradores en escuelas e instituciones de enseñanza superior católicas
  • Profesores e instructores en los seminarios
  • Directores de oficinas de misiones
Invitamos a todos los católicos a prestar particular atención a los pueblos de otras naciones que no conocen a Cristo y la Iglesia. En esta carta exhortamos a todos aquellos que tienen la responsabilidad de enseñar a que guíen a los fieles hacia un fervor renovado por divulgar las Buenas Nuevas mediante la palabra y el testimonio.


Una Palabra de Aliento

Al dirigirse a un grupo de obispos en 2004 en Roma, el Papa Juan Pablo II llamó a la Iglesia en Estados Unidos a recobrar su espíritu misionero.

También deseo expresar mi gratitud personal por la tradicional generosidad de los fieles de Estados Unidos con la misión ad gentes de la Iglesia, a través de la formación y el envío de generaciones de misioneros y mediante las contribuciones de innumerables católicos a las misiones extranjeras. Os animo a realizar todos los esfuerzos posibles para reavivar esta fuerte manifestación de solidaridad con la Iglesia universal. La historia testimonia que un compromiso continuo en favor de la misión ad gentes renueva a toda la Iglesia, fortalece la fe de las personas y de las comunidades, consolida su identidad cristiana y suscita nuevo entusiasmo para superar los desafíos y las dificultades del momento (cf. Redemptoris Missio, núm. 2). Ojalá que la Iglesia en vuestro país descubra las fuentes para una profunda renovación interior a través de una revitalización del celo misionero, sobre todo promoviendo vocaciones para los institutos misioneros y proponiendo, especialmente a los jóvenes, el noble ideal de una vida completamente consagrada al Evangelio. (Discurso del Papa Juan Pablo II al Noveno Grupo de Obispos de Estados Unidos [de las provincias eclesiásticas de Boston y Hartford] en visita “Ad Limina” [Roma, 2 de septiembre de 2004], núm. 4)
El Papa Juan Pablo II nos recordó a todos algo que sabemos es cierto: la misión ad gentes fortalece no sólo nuestra misión en el extranjero, sino también nuestra fe en casa.


Anunciar a Cristo Ad Gentes, “A Las Naciones”

¿De donde proviene la idea de “misión”? ¿Qué es exactamente misión? Consiste en continuar la misión de Cristo. Misión, de la palabra latina enviar, quiere decir obedecer siempre su mandamiento de ir a todas las naciones a bautizar y a enseñar la fe. Miramos al mismo Cristo como el modelo del misionero realmente entregado y celoso.


Cristo Enviado Por El Padre

Cristo fue el primer misionero, enviado por el Padre a vivir entre nosotros. El Padre lo envió al mundo en una gran demostración de amor. “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3, 16).
El Papa Juan Pablo II describió esto en Redemptoris Missio: “Fin último de la misión es hacer participes de la comunión que existe entre el Padre y el Hijo” (núm. 23).

Jesús vivió entre la gente, proclamó las Buenas Nuevas, y reveló la verdad. Tomó para sí las cargas de todo el mundo y al llevarlas hasta la Cruz, transformó todos los tiempos y toda la humanidad en su Resurrección. Somos salvados a través de Él, en cuerpo y alma en el Sacramento del Bautismo y llevamos las Buenas Nuevas del amor, misericordia y redención de Cristo a nuestros hogares, escuelas y lugares de trabajo —de hecho a todos los sitios donde vayamos. Somos portadores de esas Buenas Nuevas porque Dios “pues él quiere que todos los hombres se salven y todas lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

El encuentro personal con Cristo, en especial a través de los sacramentos, nos impulsa a una participación mayor en la misión: pasamos lo que tan maravillosamente nos ha sido dado a aquellos que no lo conocen todavía o que se encuentran en necesidad de renovación. En este sentido, todo católico que haya tenido un encuentro personal con Cristo tiene corazón de misionero. En efecto, el deseo de Dios de la salvación de todos requiere que nosotros seamos misioneros. Porque “ningún otro puede salvarnos, pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como salvador nuestro” (Hechos 4:12).


El Alimento Eucarístico

Los misioneros van a la vanguardia para llevar la Iglesia a donde no ha sido aún establecida y para dar solidez a las iglesias que luchan para sobrevivir. Ellos son portadores de la Palabra y los sacramentos. Los misioneros transmiten a otros el mismo mensaje que Cristo dio a los apóstoles. El mismo fervor por la Eucaristía que los apóstoles compartieron, es ahora llevado a otros por los misioneros. Como dijo Juan Pablo II en el Domingo Mundial de las Misiones en 2004:

¿Podría realizar la Iglesia su propia vocación sin cultivar una constante relación con la Eucaristía, sin nutrirse de este alimento que santifica, sin posarse sobre este apoyo indispensable para su acción misionera? Para evangelizar el mundo son necesarios apóstoles “expertos” en la celebración, adoración y contemplación de la Eucaristía. (Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la Jornada Misionera Mundial 2004, “Eucaristía y Misión”, núm. 3)
Bien sean los misioneros sacerdotes, religiosos o laicos, lo que los sostiene e inspira es Cristo en la Eucaristía y su unidad en el Espíritu Santo.


Una Invitación a Conocer a Cristo

En esta época de relativismo moral y religioso extremo la misión de Cristo al mundo se ha hecho más difícil pero aún más necesaria. La misión no es nunca una imposición sobre el libre albedrío de otro; es una invitación a conocer a Cristo o a conocerlo mejor y se lleva a cabo en espíritu de respeto hacia los demás. Los misioneros tienen un profundo deseo de que todas las personas del mundo participen en la riqueza de Cristo y de su Iglesia.

Una pregunta persiste ¿es correcto invitar a otros a gozar de los dones de Cristo y su Iglesia? Juan Pablo II trató el tema en su encíclica Redemptoris Missio:

A la pregunta “¿Para qué la misión?” respondemos con la fe y la esperanza de la Iglesia: abrirse al amor de Dios es la verdadera liberación. En él, sólo en él, somos liberados de toda forma de alienación y extravío, de la esclavitud del poder del pecado y de la muerte. Cristo es verdaderamente “nuestra paz” (Ef 2, 14), y “el amor de Cristo nos apremia” (2 Cor 5, 14), dando sentido y alegría a nuestra vida. La misión es un problema de fe, es el índice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros. (núm. 11)


Un “Sí” sincero debe por consiguiente ser la respuesta a preguntas sobre la misión. En un espíritu respetuoso de comunión, los católicos tienen que llevar la promesa de los dones de Dios a todas las gentes del mundo.


El Fuego del Espíritu Santo

Tan pronto como los apóstoles recibieron el Espíritu Santo, empezaron de inmediato a proclamar a Cristo a la multitud. Todos los que han sido bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo tienen dentro de sí la semilla del ardiente entusiasmo de los apóstoles por la proclamación. El Espíritu Santo —el Espíritu de la misión— dirige y fortalece nuestro testimonio de Cristo; el mismo Espíritu fue la fuerza que guió la misión del mismo Cristo (ver Concilio Vaticano Segundo, Decreto sobre la Actividad Misionera de la Iglesia [Ad Gentes], núm. 4).

Nosotros los obispos, como líderes diocesanos y sucesores de los primeros apóstoles —y todos los que enseñan la fe como testigos de Cristo— somos discípulos enviados por Cristo a predicar el Evangelio por todos los rincones de la tierra.


La Misión Y La Comunidad Global

La tecnología moderna y los medios de comunicación han unido al mundo entero en cierta manera. ¿Quiere esto decir que es menos necesario que vayamos a las naciones? De ninguna forma. La misión se complace en utilizar los avances tecnológicos en las comunicaciones pero sigue siendo todavía un ministerio de persona a persona. Los católicos quieren que la misericordia de Dios alcance a través de la Iglesia los rincones más lejanos del mundo. La iglesia responde todavía como Isaías lo hizo en otro tiempo: Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame” (Isaías 6, 8).

Aplaudimos todo lo que hay de bueno en la idea de la comunidad global, que en su forma más elevada representa el deseo de paz y comunidad en el mundo.

Reconocemos también que nuestra fe Católica tiene que confrontar aquellas ideas que son peligrosas. Hoy se promueven también otros valores que degradan el espíritu humano: secularismo extremo, relativismo, individualismo, y consumismo —que contribuyen a separar más a la gente. Son contrarios al Evangelio de Cristo y a todo lo que es bueno.

La luz de Cristo brilla desde su Iglesia en sus esfuerzos misioneros para desenmascarar estos males, y para atraer a la gente a una verdadera comunión con Dios y con sus hermanos en la humanidad. La Iglesia en misión es el signo y el instrumento de tal conversión.


Diálogo Interreligioso Y Misión

La Iglesia encuentra en su trabajo misionero numerosas diferencias de fe. En muchas de las creencias y convicciones de las religiones no-Cristianas, la Iglesia encuentra “un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres,” y esta puede ser la base para establecer fuertes vínculos de diálogo entre nosotros (Concilio Vaticano Segundo, Declaración sobre las Relaciones de la Iglesia con las Religiones No Cristianas [Nostra Aetate], núm. 2). Sin embargo, la verdadera conversación interreligiosa empieza siempre con el conocimiento y profesión de la fe propia y con la formación catequética, que depende mucho del importante ministerio de enseñanza. “Poco de bueno resultaría del contacto con otras religiones si los que hablan a nombre de la Iglesia ofrecieran una imagen inadecuada o muy selectiva de la fe Cristiana” (Obispo Joseph Fiorenza, en una declaración sobre Dominus Iesus, 2000).

¿Cómo proclaman los católicos con amor su fe en Cristo respetando al mismo tiempo las diferentes creencias de aquellos a quienes encuentran? Esto se hace mediante el “diálogo interreligioso” y viviendo nuestra fe en Cristo. Mientras invitamos siempre a otros a la fe Católica procuramos también entender —y valorar— lo que hay de positivo en su fe. Tanto los misioneros en el extranjero como nosotros aquí en casa trabajamos en este sentido.

Sobre la base de la seguridad construida mediante el amor todos los católicos ejercen como misioneros y anuncian con confianza las Buenas Nuevas de Cristo en hechos y palabras. El mejor testimonio del Cristianismo es el amor por los demás.


Aprendiendo a Ser Misioneros: La Fomación en el Espíritu Misionero Mediante Una Educación Específica

Igual que en el pasado, el Espíritu Santo está llamando a muchos católicos para que sean misioneros a todo lo ancho y lo largo del globo. Hay tanta necesidad de misioneros como nunca: más de mil diócesis y eparquías en el mundo son todavía consideradas como territorio de misiones. Hay miles de millones de personas que todavía no han encontrado a Cristo cara a cara a través de sus misioneros.

La Iglesia en Estados Unidos tiene que contribuir a que se cumpla el plan de Dios de llegar a todos los rincones de la tierra con el amor de Cristo. Es vital que aquellos que están involucrados en el ministerio de enseñanza de la Iglesia difundan la Palabra. Hay muchas maneras de lograrlo: estableciendo una red de interés y oración por las misiones; invitando a otros a considerar la posibilidad de ser misioneros; alentando a otros para que apoyen las misiones con contribuciones financieras. El Espíritu Santo ha dado a los responsables de la formación de discípulos en nuestros días una gracia especial para iluminar las mentes ajenas. Esperamos que esas mentes se incorporen con mayor entusiasmo en nuestra misión a las naciones.


Misión en La Parroquia

La enseñanza de la misión debe tener lugar tanto en la familia como en la parroquia. Las mentes verdaderamente Cristianas se forman en primer lugar en la familia y la fe de las familias crece en la parroquia. Hay muchas oportunidades excelentes para enseñar sobre la misión en la parroquia:

  • Programas de formación de educación religiosa
  • Programas de preparación para los sacramentos, en especial Bautismo y Confirmación
  • Invitaciones a misioneros locales o a sacerdotes del extranjero a visitar las parroquias y escuelas
  • Publicación de historias de misiones
  • Enseñanza de historia de las misiones, tales como el estudio y reflexión sobre las vidas de los santos patronos de la misión universal de la iglesia, San Francisco Javier y Santa Teresa de Lisieux y la gran misionera de los tiempos modernos, la Beata Madre Teresa de Calcuta
  • Conmemoración de los misioneros mártires y de las iglesias perseguidas en el mundo, lo que trae a la mente la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo

Domingo Universal de Las Misiones

Un domingo cada año la Iglesia renueva públicamente en todo el mundo su dedicación al movimiento misionero. El Santo Padre envía una catequesis especial para el Día Mundial de las Misiones y exhorta a los fieles a meditar sobre ella. Los Pastores y todos los que predican y enseñan a los fieles tienen que acoger con toda seriedad el significado del Domingo Universal de las Misiones, con todas sus implicaciones catequísticas y sacramentales.

Esta celebración, ofrecida en el contexto de la Eucaristía (ver Redemptoris Missio, núm. 81) es una ocasión para que los maestros promuevan el espíritu de la misión en las parroquias:

  • Los niños pueden leer sobre la misión y discutirlo en clase
  • Se puede hacer contacto con misioneros para el Domingo Universal de las Misiones
  • Los grupos de estudios bíblicos y de participación pueden enfocarse en pasajes que se refieran específicamente a las misiones
  • Se puede proyectar una colecta de fondos para las misiones del mundo y las necesidades de las iglesias de misión

Parroquias Hermanas

Algunas parroquias de Estados Unidos han establecido relaciones de hermandad con parroquias de otros países. En esta forma, parroquias enteras se hacen más misioneras, se vuelcan hacia parroquias de misión y forjan vínculos con ellas. Estas relaciones contribuyen a formar el espíritu misionero de los católicos mediante contacto directo y personal y ayudan a asegurar que nunca se olviden las necesidades y vocaciones universales de las misiones. El concepto de proveer a todas las iglesias se remonta a las primeras comunidades Cristianas cuando todo se ponía “a disposición de los apóstoles y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno” (Hechos 4, 35). Esta clase de trabajo debe ser desempeñado bajo las directrices del obispo respectivo.

Pedimos a todos los educadores su ayuda para dar a los católicos una mejor comprensión de la tarea y demandas de las misiones hoy. Los estudios teológicos deberían poner un fuerte énfasis en la misión. Los autores de textos de catequesis deberían subrayar la responsabilidad misionera de todos los católicos de manera que la juventud pueda ser educada desde una edad temprana en los aspectos esenciales de la vida de la iglesia. (Hasta los Confines de la Tierra, núm. 70)


Recursos de Enseñanza

Hay un cúmulo de recursos educativos acerca de nuestra vocación común de misión:

  • Las oficinas Diocesanas y la oficina nacional de las Obras Misionales Pontificias —la Sociedad para la Propagación de la Fe, la Asociación de la Infancia Misionera, la Sociedad de San Pedro Apóstol y la Unión Misional de Sacerdotes y Religiosos— cada una con carisma especial dirigido hacia las misiones (www.worldmissions-catholicchurch.org) “son los medios de infundir en los católicos, desde la infancia, el sentido verdaderamente universal y misionero” (Ad Gentes, núm. 38).
  • La Congregación Vaticana para la Evangelización de los Pueblos (www.vatican.va/roman_curia/congregations/cevang).
  • La United States Conference of Catholic Bishops [La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos] (www.usccb.org) y su Comité de Misión Mundial (www.usccb.org/wm).

La Misión en las Escuelas Y Seminarios Católicos

Las escuelas católicas deben aspirar a ser instituciones verdaderamente universales. Los Seminarios y los centros teológicos católicos en especial deberán entretejer la idea de una auténtica misión universal en el núcleo de su ministerio magistral en las siguientes formas:

  • Prestar atención especial en los cursos sobre las Escrituras a los pasajes sobre los “mensajeros” y explicar su relación con las misiones modernas.
  • Aplicar a las ideas modernas el profundo sentido misionero de los Padres de la Iglesia en todos los cursos de Patrística.
  • Reconocer el tema de la “misión” eterna del Padre, Hijo y Espíritu Santo en estudios de teología fundamental y Cristología.
  • En los cursos de liturgia, recordar que la palabra para la sagrada liturgia, “Misa” viene de la palabra para enviar. Cuando la misa termina, los fieles son enviados a ser misioneros de lo que han recibido.
  • Promover cursos sobre la misión en los campus a través del país.
  • Destacar documentos modernos de la Iglesia que tratan el tema de la misión, como Sobre la Permanente Validez del Mandato Misionero (Redemptoris Missio), Acerca de la Evangelización en el Mundo Contemporáneo (Evangelii Nuntiandi), y el decreto del Concilio Vaticano Segundo, Sobre la Actividad Misionera de la Iglesia (Ad Gentes).
  • Estimular las vocaciones entre la gente joven a órdenes religiosas misioneras.

El Primer Domingo de Misiones

La fiesta de Pentecostés dibuja la imagen de la Iglesia futura. Los apóstoles, los primeros obispos, se reunieron con la Madre de Dios y fueron ungidos con fuego por el Espíritu Santo. Pentecostés fue en verdad el primer Domingo de Misiones. La Iglesia se fundó para la misión, recibiendo vida por la presencia de Cristo y actuando sacramentalmente.

Los católicos reviven hoy esta gracia de Pentecostés y dicen “¡Sí!” a la misión. Nosotros los obispos rezamos para que todos vosotros os unáis a nosotros en la misión apostólica de enseñar a compartir nuestro deseo ferviente de que el espíritu de la misión ad gentes —a las naciones— sea renovado en nuestra Iglesia. La misión termina al final de los tiempos, el fin de la misión de Cristo en la tierra.


Documentos de Referencia

Decreto del Concilio Vaticano II, Declaración sobre las Relaciones de la Iglesia con las Religiones No Cristianas (Nostra Aetate), 1965, www.vatican.va.

Decreto del Concilio Vaticano II, Sobre la Actividad Misionera de la Iglesia (Ad Gentes), 1965, www.vatican.va.

Pablo VI, Acerca de la Evangelización en el Mundo Contemporáneo (Evangelii Nuntiandi), 1975, www.vatican.va.

United States Conference of Catholic Bishops [Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos], Hasta los Confines de la Tierra: Una Declaración Pastoral sobre las Misiones en el Mundo (Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 1984, en inglés).

Juan Pablo II, Sobre la Permanente Validez del Mandato Misionero (Redemptoris Missio), 1990, www.vatican.va.

United States Conference of Catholic Bishops [Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos], Id y Haced Discípulos, Edición del Décimo Aniversario: Plan Nacional y Estrategia para la Evangelización Católica en Estados Unidos (Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 2002, en inglés).

Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2004, “Eucaristía y Misión” (Roma, 19 de abril de 2004), www.vatican.va.

Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de las Provincias Eclesiásticas de Boston y Hartford (EE.UU.) en Visita “Ad Limina apostolorum” (Roma, 2 de septiembre de 2004), www.vatican.va.


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El documento Enseñando el Espíritu de la Misión Ad Gentes: Hagamos de Hoy la Continuación de Pentecostés fue preparado por el Comité de Misión Universal de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB en la sigla inglesa). Fue aprobado por el pleno de los obispos católicos en su Reunión General de junio de 2005. Su publicación ha sido autorizada por quien firma a continuación.

Monseñor David J. Malloy, STD
Secretario General, USCCB


Los extractos de Concilio Vaticano II: www.vatican.va.

Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de setiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados.

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Traductor principal del inglés: Señor José Restrepo, LL.D

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