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FORO ASUNTOS DE VIDA: La angustia de la fertilización in vitro

 

Mary McClusky

1 de junio de 2018

En su deseo por tener un hijo, las parejas con problemas de infertilidad a veces recurren a la fertilización in vitro (FIV). La industria en rápido crecimiento que brinda FIV ofrece la realización del sueño de una pareja de convertirse en padres. Para algunos, el sueño se convierte en una pesadilla si después de múltiples intentos de FIV no producen un hijo. Desgarradas entre los ciclos de esperanza y de angustia, estas parejas sufren los efectos de lo que el arzobispo Joseph Naumann de Kansas City recientemente llamó una "crisis de Dios" que describió como "la crisis más grave" que enfrenta nuestro país. Como resaltó el arzobispo Naumann, cuando ponemos fin a nuestra relación con Dios y rechazamos su plan, vemos a la gente como si fueran cosas.

¿Por qué acudir a la fertilización in vitro es un rechazo al plan de Dios? Considera el proceso: se extraen los óvulos de los ovarios de la madre, son fertilizados por el esperma del padre en un laboratorio, y la nueva vida se implanta en el útero. En palabras de Robert Edwards, uno de los científicos que creó el primer bebé "probeta" hace 40 años: "Quería averiguar exactamente quién estaba en control, si Dios o los científicos en el laboratorio". Su respuesta: "Fuimos nosotros".

Es admirable cuando las parejas buscan superar la infertilidad, pero no todos los actos son aceptables en términos morales. Muchas parejas desconocen la enseñanza de la Iglesia de que la FIV es moralmente ilícita. La creación de un niño en el laboratorio elimina el sexo como medio de procreación. Dios desea regalarle al esposo y a la esposa hijos biológicos en una unión amorosa y sexual. Esto es esencial para respetar la plenitud del amor al cual está llamada la pareja, y el derecho del niño a ser concebido de la unión expresada físicamente de padres que se aman. Con la FIV, las parejas "están en control" y ven al niño como una cosa que logra el objetivo de tener una familia, en lugar de verlo como un regalo conferido según la voluntad de Dios.

Contrario a las palabras de Edwards, Dios es quien está en control. Fue Dios quien creó el mundo y a toda la humanidad de manera amorosa y, en cada momento, nos mantiene a todos en la existencia. Nuestros intentos de controlar la vida y la muerte datan de Adán y Eva, que libremente eligieron actuar como si fueran Dios.

Las clínicas de fertilidad han estado vendiendo sus productos y promesas y las mujeres han comenzado cada vez más a contar historias desgarradoras de llorar a sus hijos que fueron concebidos pero luego destruidos o congelados en forma permanente a partir de la FIV. Historias recientes detallan la tristeza y rabia de los padres cuyos embriones y óvulos congelados se perdieron después de que un apagón causara el inesperado descongelamiento de los tanques congeladores. Algunos buscan la ayuda de la Iglesia después de descubrir la realidad de la FIV.

¿Cómo permanecemos fieles a la verdad pero misericordiosos hacia quienes lloran a los hijos que perdieron por la FIV? Respondemos reconociendo su pérdida y expresando nuestra compasión. Siempre afirmamos que los niños que se conciben por la fertilización in vitro son un bien. Consideramos que puede ser más apropiado en entornos educativos exponer la crucial distinción de que la FIV es moralmente inaceptable.

Quienes luchan con el deseo no realizado de tener un hijo tal vez encuentren consuelo y orientación en las oraciones de la Iglesia y la Sagrada Escritura. En el Credo Niceno, profesamos la fe en el Espíritu Santo: "Señor y dador de vida…". En la carta a los Gálatas, vemos al Espíritu crear vida física, pero también conceder gracia y vida espiritual (Gál 5,5). San Pablo habla sobre la esperanza, de esperar con resistencia, y sobre los "gemidos" de la humanidad mientras esperamos nuestra realización final: la unión con Dios (Rom 8,26).

Recemos por todos los que lloran a sus hijos, por quienes tienen dificultades para concebir, y por el plan de Dios de crear vida que sea aceptada en nuestro corazón, en nuestra familia y nuestra cultura.


Mary McClusky es subdirectora para el Desarrollo del Ministerio Proyecto Raquel en el Secretariado de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de obispos católicos de los EE. UU. Para recibir ayuda confidencial después de un aborto, visite www.esperanzaposaborto.org o www.hopeafterabortion.org.

 


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