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2013 Declaración Para El Mes Respetemos La Vida

 

Cardenal Seán O'Malley
el presidente del Comité sobre Actividades Pro Vida
USCCB

6 de octubre de 2013

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Cada octubre, como hijos e hijas adoptivos de Dios, comenzamos las actividades del Mes Respetemos la Vida celebrando el Domingo Respetemos la Vida, que este año cae el 6 de octubre. En las misas de ese día, miles de parroquias de todo el país comienzan una campaña educativa y de oración en defensa de la vida que durará un año. Como presidente del Comité de Actividades Pro Vida de los obispos, tengo el gran placer de presentar el tema de este año, que retoma el llamado que nos hace el Papa Francisco a todos: "Abran el corazón a la vida".

Vivimos en una sociedad sin fe, donde la vida de los no natos, los enfermos y los ancianos no se tiene en cuenta y a menudo peligra por actos de violencia o indiferencia. Este año fue el 40 aniversario de los trágicos fallos de la Corte Suprema de EE. UU. en los casos Roe versus Wade y Doe versus Bolton. Estas decisiones, que no se basaron en la Constitución, ni en la ley natural, ni en las tradiciones de derechos humanos de nuestra nación, legalizaron poner fin a la vida de un niño no nato en Estados Unidos por cualquier razón y prácticamente en cualquier etapa de su desarrollo. Desde entonces, se han tomado las vidas de más de cincuenta y cinco millones de niños no natos, generando gran sufrimiento y una profunda pérdida a muchos millones de madres, padres y familiares. El suicidio asistido por médicos ahora es legal en tres estados, lo que permite a los médicos ayudar a poner fin a la vida de los pacientes en vez de ofrecerles el consuelo tan vital en momentos de dolor y angustia. Estas leyes preparan el terreno para la eutanasia al socavar el respeto y el cuidado verdaderos que necesitan las personas gravemente enfermas.

A pesar de estos desafíos, el Papa Francisco nos recuerda que siempre tenemos esperanza en Cristo. El Santo Padre no solo habla de vida física sino de vida espiritual: nuestra vida en Cristo tiene el poder de transformarnos. Al abrir el corazón a su amor y su misericordia, permitimos que Cristo viva en nosotros y vemos más profundamente la belleza compleja y única de cada persona.

¿Qué significa abrir el corazón a la vida? Significa examinar nuestra alma y reconocer nuestro profundo anhelo del amor de Cristo. Aunque podemos cometer pecados contra la vida humana, como el aborto, el suicidio asistido y la eutanasia, no estamos más allá de la misericordia de Cristo. Es importante que sepamos y compartamos con los demás que Cristo ofrece su perdón incluso a quienes han tomado una vida ajena, si realmente se arrepienten de haberlo hecho.

Debemos responder al llamado del Papa Francisco con la mayor urgencia. Abrir el corazón a la vida en Cristo nos permite tratar con bondad y misericordia a los demás. Debemos dar testimonio del Evangelio de la Vida y evangelizar con nuestras vidas. Debemos invitar a los demás a hacerlo y compartir la verdad sobre la vida humana. Debemos seguir demostrando amor y misericordia, en especial a quienes han participado en un aborto. Todos los miembros de la Iglesia pueden curar al mundo si defienden la belleza de la vida humana y de la misericordia infinita de Dios.

Solo un amor tierno y compasivo, que busca servir a los más necesitados sin importar el sacrificio personal, es lo suficientemente fuerte como para vencer una cultura de la muerte y cultivar la civilización del amor. Abramos el corazón y reflexionemos sobre cómo Dios nos está llamando a cada uno de nosotros a dar testimonio del valor sagrado de la vida humana y a ayudar en los esfuerzos pro vida. Quizás se nos llama a ayudar a los padres a recibir a su hijo no nato como un milagro de la creación de Dios, a visitar a los ancianos o a ofrecer ayuda a los enfermos y a los que sufren, a rezar y ayunar por la vida, a apelar a la buena voluntad de nuestros funcionarios o a participar de esfuerzos educativos en nuestras parroquias.

Encomendamos todos estos esfuerzos a la intercesión de María, Madre de Dios, y de su esposo San José. Ambos son ejemplos de virtud y santidad, y dieron todo para recibir a Jesús en sus vidas a pesar de las dificultades. Que cada uno de nosotros tenga, con su ayuda, la valentía de abrir el corazón a la vida.



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