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2014 Declaración para el Mes Respetemos la Vida

 

Declaración para el Mes Respetemos la Vida


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Cardenal Seán P. O’Malley, O.F.M. Cap., Presidente

Comité para las Actividades Pro-Vida de la USCCB

 

Octubre de 2014

Queridos amigos en Cristo:

El Papa Francisco ha cautivado el mundo con su humildad, calidez y compasión por cada persona. Los vívidos relatos de su ternura por “los más pequeños de estos”: los ancianos, los presos, los que padecen discapacidades deformantes, los niños por nacer y muchos más. ¿Por qué?

En el centro de cada una de estas interacciones hay una verdad que resuena en nuestro corazón, revelándonos algo esencial para entendernos a nosotros mismos y entender nuestro propósito.

Somos amados.

En su saludo para La Jornada por la Vida de 2013, el Papa Francisco expresó que "incluso los más débiles y vulnerables, los enfermos, los ancianos, los niños por nacer y los pobres son obras de arte creadas por Dios, hechas a su imagen, destinadas a vivir para siempre y merecedoras del máximo respeto y reverencia". Vemos al Papa Francisco viviendo la verdad de estas palabras en sus acciones.

Queremos ser parte de una sociedad para la cual la afirmación y la protección de los derechos humanos sean sus objetivos primarios y su orgullo. Sin embargo, para las mujeres que enfrentan un embarazo no deseado, el aborto a menudo se presenta como su única “opción”. A un porcentaje grande de niños con prediagnóstico de síndrome de Down nunca se le da la oportunidad de vivir fuera del seno materno. Los miembros ancianos de nuestras familias temen convertirse en una carga y buscan el suicidio asistido por un médico. Vemos a estos y muchos más de nuestros hermanos y hermanas empujados a la periferia.

Estas tragedias atentan directamente contra el respeto por la vida, y representan una amenaza directa a toda la cultura de los derechos humanos. En lugar de ser sociedades de “personas que viven juntas”, nuestras ciudades corren el riesgo de convertirse en sociedades de personas que son marginadas, desarraigadas y oprimidas.

¿Qué se puede hacer para evitar esto? Debemos acercarnos a Jesús en la oración y en los sacramentos. Debemos pedir al Señor la gracia de vernos a nosotros y a los demás como él nos ve: como una obra maestra de su creación. Cuando Dios creó a cada uno de nosotros, lo hizo con precisión y un propósito, y nos mira a cada uno con un amor que no puede superarse en intensidad o ternura. Debemos mirarnos a nosotros y a los demás a la luz de esta verdad y tratar a todas las personas con la reverencia y el respeto debido.

El antídoto de la Iglesia a un individualismo que amenaza el respeto por la dignidad humana es la comunidad y la solidaridad. ¿Nos conmueve el sufrimiento de quienes no tienen refugio? 

¿Buscamos aliviar el temor, la confusión y el pánico que pueden estar sintiendo las mujeres que enfrentan embarazos no deseados? ¿Nos duele el corazón por los ancianos en asilos que se sienten abandonados y no queridos, sin tener quien los visite?

Nuestra misión es mostrar a cada persona el amor de Cristo. Como personas únicas, cada uno tenemos dones particulares que estamos llamados a usar para compartir el amor de Cristo. Continuamente se nos dan oportunidades para compartirlo en nuestras interacciones con el cajero en el supermercado, con nuestro cónyuge, nuestros hijos, amigos e incluso personas que encontramos en la vía pública. Cada uno de estos momentos es más valioso de lo que pensamos. Tal vez nunca sepamos cuánto puede un simple gesto de compasión afectar la vida de alguien.

Al comenzar el Programa Respetemos la Vida 2014, tomemos un momento para reflexionar sobre el tema: “Cada uno de nosotros es una obra maestra de la creación de Dios”, y de qué manera esta verdad afecta nuestro entendimiento de nosotros y de los demás, y la manera en que vivimos. Pueden encontrar recursos pastorales y educativos para el programa en www.usccb.org/respectlife.  

Aunque reservamos el mes de octubre para rezar de manera particular por el respeto por la vida humana, nunca cesemos este trabajo urgente. Estoy agradecido a las muchas parroquias y escuelas en todo el país que participan en octubre en el Mes Respetemos la Vida, y durante todo el año.

El amor y la justicia deben motivarnos a cada uno de nosotros a trabajar para transformar nuestro corazón para que podamos transformar el mundo a nuestro alrededor. Este es el mensaje del Papa Francisco. Que el Señor resucitado ponga el Evangelio de la alegría en nuestro corazón para que demos testimonio de la historia de amor más grande que se haya contado.



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