El primer objetivo de la primera actividad es crear un ambiente de
bienvenida y hospitalidad. El segundo objetivo es comenzar la sesión partiendo
de la experiencia humana del niño, es decir, con la "historia" del niño. La
Biblia, junto a una vela, debería estar colocada en el salón en una posición
reverente y de privilegio. Reúnanse alrededor de la Palabra para la oración.
Comience la sesión mostrando la brújula. Dígales a los niños que hoy les ha
traído un instrumento especial para que lo vean. Dígales que les hablará de
este instrumento especial más tarde pero que, por ahora, usted quiere que lo
vean por turnos y se lo pasen de uno a otro en silencio, sin hablar entre
ellos.
Oremos.
Espíritu de Dios,
te damos gracias por haber hecho de nuestros corazones tu hogar.
Ayúdanos a reconocer tu presencia en nosotros.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.
Pida a los estudiantes que se sienten. El
catequista toma la Biblia de donde está colocada reverentemente y proclama la
lectura. Asegúrese de marcar la lectura con antelación.
Proclame la lectura (Romanos 2:14-16):
Lectura de la Carta de san Pablo a los Romanos…
Guarden un breve momento de silencio al terminar la lectura. A continuación, el catequista hace a los niños las siguientes preguntas, o similares:
Después de las primeras respuestas de los niños, lea de nuevo la lectura.
Lectura de la Carta de san Pablo a los Romanos…
Explíqueles que san Pablo está hablando acerca de una ley que está escrita en nuestro corazón. Pregúnteles:
Si nadie lo sabe, explíqueles que la ley que Dios escribe en nuestro corazón se llama "conciencia". Escriba la palabra en el pizarrón o en una hoja grande de papel.
A continuación, saque la brújula que les mostró al principio de la sesión. Pregúnteles:
Si alguien lo sabe, deje que explique lo que es. Quizás tenga que ayudarles, explicándoles que independientemente de donde se encuentre uno, la brújula siempre indica el norte. Es un instrumento que nos ayuda a encontrar nuestro camino o la dirección en la que debemos ir. Explíqueles que la conciencia, es decir, la ley que Dios pone en nuestro corazón, es como una brújula. Nos ayuda a tomar buenas decisiones cuando estamos confundíos o cuando no estamos seguros de lo que debemos hacer.
Si necesitan ayuda, pregúnteles si
alguno de ellos ha encontrado alguna vez algo que no era de él o ella, o si
vieron a alguien más joven que ellos lastimarse.
El catequista pasa de la reflexión sobre la Sagrada Escritura al diálogo
acerca de la enseñanza de la Iglesia, citando el párrafo 17 de Ciudadanos
fieles:
"[L]a conciencia es la voz de Dios que resuena en el corazón humano, revelándonos la verdad y llamándonos a hacer el bien a la vez que a rechazar el mal."
Pregunte a los niños:
Explíqueles que tenemos que aprender cómo escuchar nuestra conciencia.
Ayude a los estudiantes a entender que la conciencia de una persona se forma con el paso del tiempo. Lo que aprendemos en la clase de religión en la parroquia o la escuela nos ayuda a formar nuestra conciencia. Leer la Biblia nos ayuda a saber lo que está bien y lo que está mal (por ejemplo, la Biblia nos dice que tenemos que cuidar de las personas a nuestro alrededor que son débiles y vulnerables). Los adultos en quienes confiamos, como nuestros padres y maestros, ayudan a enseñarnos lo que dicen la Biblia y la Iglesia, y a cómo rezar y reflexionar. Todo esto nos ayuda a formar nuestra conciencia.
Finalmente, ayude a los niños a ver la relación que existe entre las decisiones individuales y el ámbito público, preguntándoles:
Explíqueles que todos estamos
llamados a escuchar nuestra conciencia y a ayudar a nuestros líderes a tomar
decisiones que reflejen lo que creemos. Por ejemplo, deberíamos recordar a
nuestros líderes que deberían intentar proteger a los pobres y vulnerables.
Regresen a donde están reunidos los adultos o al círculo de oración.
Saque la brújula que usó en la primera actividad. Colóquela respetuosamente en
el centro del lugar de oración, cerca de la Biblia. Una vez que todos se hayan
reunido en silencio, proclame la lectura.
Lectura de la Carta de san Pablo a los Romanos …
(Romans 2:14-16).
Al terminar la lectura, guarde un momento de silencio. A continuación, termine con esta oración:
Oremos.
Padre celestial, que tu voz en nuestro corazón y las enseñanzas de nuestros padres y maestros nos ayuden a formar nuestra conciencia y a vivir como discípulos fieles.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, tu Hijo, por el poder del Espíritu Santo,
un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
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