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September 15, 2019

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The ministry of the Word is a fundamental element of evangelization through all its stages, because it involves the proclamation of Jesus Christ, the eternal Word of God.

“The word of God nourishes both evangelizers and those who are being evangelized so that each one may continue to grow in his or her Christian life”

(National Directory for Catechesis [NDC] [Washington, DC: United States Conference of Catholic Bishops, 2005], no. 17).

 

Recurso Para el Parroquia - McBride

 
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Santos que fueron modelo de confesores

por Padre Alfred McBride, O.P

Este trabajo escoge la vida de san Juan María Vianney, san Padre Pío y san Leopoldo Mandic para ilustrar modelos de confesores. La historia de cada santo va seguida por una reflexión. El énfasis es catequético.

San Juan María Vianney
Cura párroco

¿Quién fue este párroco rural que se convirtió en una luz resplandeciente en medio de una Iglesia francesa sumida en la oscuridad por el reinado del terror y la revolución? Nació cerca de Lyon, Francia, en 1786. Cuando tenía cinco años, el reinado del terror en París estaba exiliando o asesinando a sacerdotes y religiosos católicos. Recibió su Primera Comunión justo antes de que los soldados de la Revolución Francesa llegaran y cerraran su iglesia parroquial. Su familia se aferró a su fe católica y lo formó para hacer lo mismo. Sintió un llamado al sacerdocio. Aunque no fue un estudiante sobresaliente, fue ordenado sacerdote en 1815 a los 29 años.

Fue asignado a la parroquia de Ars, donde permaneció durante 42 años porque la gente se opuso repetidamente a su transferencia. Él sí quería un cambio, pero rechazaba las promociones a parroquias más prósperas. La oración colecta de la misa en su fiesta dice, "Dios omnipotente y misericordioso, que hiciste admirable a san Juan María Vianney por su amor a las almas". Cuidó de su parroquia con su predicación, oración, vida sencilla y su constante generosidad con los pobres.

En su Carta a los sacerdotes de 1986, el papa Juan Pablo II dedicó una larga reflexión al extraordinario ministerio del Cura de Ars. Citó la notable influencia del santo. "Su parroquia que solamente tenía 230 personas a su llegada será cambiada profundamente. Ahora bien, se recuerda que en aquel pueblo había mucha indiferencia y muy poca práctica religiosa entre los hombres. El obispo había advertido a Juan María Vianney: 'No hay mucho amor a Dios en esta parroquia, tú lo pondrás'. Pero muy pronto, incluso fuera de su pueblo, el cura llega a ser el pastor de una multitud que llega de toda la región, de diversas partes de Francia y de otros países. Se habla de 80,000 personas en el año 1858. Tienen que esperar a veces muchos días para poder verlo y confesarse.

Lo que atrae no es ciertamente la curiosidad ni la misma reputación justificada. Por unos milagros y curaciones extraordinarias, que el santo trataba de ocultar. Es más bien el Presentimiento de encontrar un santo, sorprendente por su penitencia, tan familiar con Dios en la oración, sobresaliente por su paz y su humildad en medio de los éxitos populares, y sobre todo tan intuitivo para corresponder a las disposiciones interiores de las almas y librarlas de su carga, particularmente en el confesionario... El Cura de Ars se las ingeniaba en tomar iniciativas adecuadas a su tiempo y a sus feligreses. Sin embargo, todas sus actividades sacerdotales estaban centradas en la Eucaristía, la catequesis y el sacramento de la reconciliación". (http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/1986/documents/hf_jp-ii_let_19860316_sacerdoti-giovedi-santo_sp.html)

La mejor biografía de san Juan María Vianney es El secreto del Cura de Ars escrito por Henri Ghéon. Los confesores pueden encontrar un enfoque fascinante para su llamado en el capítulo 8 del libro de Ghéon, "Un rumor de fe". En su mayor parte con profundidad y a menudo con humor, el autor recrea tanto como es posible la forma en que el Cura conducía su ministerio de misericordia en el confesionario. Alegre, pero totalmente en serio, Vianney encontró una manera de vincular el misterio de la conciencia humana, las gracias del perdón de Dios y la variedad de personas que acudían a la iglesia pueblerina del Cura.

Ghéon hace hincapié en el hecho de que Vianney realizó muchos milagros, especialmente a través de la intercesión de santa Filomena, pero esa no era su prioridad. Él creía que su verdadera misión era la condición espiritual de su trabajo. Él quería ganar almas. En general daba penitencias leves a los que venían a confesarse y procedía a asumir una penitencia por el penitente. Lo más importante en su mente era la cruz y el amor de la cruz. "La cruz es una escalera al cielo".

Reflexión

El papa Benedicto XVI escribe:

"Todos los sacerdotes hemos de considerar como dirigidas personalmente a nosotros aquellas palabras que él ponía en boca de Cristo: 'Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita'. Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no sólo confianza infinita en el sacramento de la Penitencia que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales… El Cura de Ars se comportaba de manera diferente con cada penitente. En dicho contexto se comprende la explicación que dio a un hermano sacerdote: 'Le diré cuál es mi receta: pongo a los pecadores una penitencia pequeña y el resto lo cumplo yo'. (El sacerdote, ministro de la misericordia divina, Congregación del Clero, 57, http://www.clerus.org/clerus/dati/2011-08/02-6/sussidio_per_confessori_es.html)

San Padre Pío de Pietrelcina
Capuchino místico, confesor, director espiritual

El Padre Pío es asociado generalmente con San Giovanni Rotondo, un pequeño pueblo en las montañas de Gargano en el sur de Italia. Como fraile capuchino con los estigmas, san Pío vivió allí durante cincuenta años. Nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, un pueblo de otra provincia. Su verdadero nombre era Francesco Forgione, pero una vez que entró en el convento de los capuchinos se convirtió en el Padre Pío. Uno de ocho hijos, creció como un vivaz muchacho en una pequeña granja. Su familia lo formó con una fuerte identidad católica. A los 16 años se convirtió en fraile capuchino.

A partir de agosto de 1918 desarrolló las marcas de los estigmas que reflejaron las cinco heridas de Jesús en su pasión. Debido a esto se le ha llamado el "segundo san Francisco", que también llevó los estigmas. El papa Juan Pablo II se refirió a esto durante la canonización del Padre Pío el 16 de junio de 2002.

"¿No es precisamente el 'gloriarse de la cruz' lo que más resplandece en el padre Pío? En toda su existencia buscó una identificación cada vez mayor con Cristo crucificado. En el plan de Dios, la cruz constituye el verdadero instrumento de salvación para toda la humanidad".

El papa dijo que la eficacia del Padre Pío se debía a sus largas horas dedicadas a la oración y la confesión. Al Padre Pío le gustaba decir: "Soy un pobre fraile que ora", convencido de que "la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios". Otro ejemplo de su impacto fue al fundar un hospital que nombró "Casa Alivio del Sufrimiento". Y también al fundar "grupos de oración", un don a la Iglesia de oración diaria voluntaria de sus grupos en todo el mundo.

San Pío amaba el ministerio de la misericordia divina. Se puso a disposición de miles de miles a través de la dirección espiritual y la celebración del Sacramento de la Reconciliación. A veces podía ser un confesor duro que hacía a la gente consciente de la gravedad de sus pecados y la necesidad de arrepentimiento. Eso no impedía que los penitentes volvieran a él para confesarse. El papa Juan Pablo II dijo: "Ojalá que su ejemplo anime a los sacerdotes a desempeñar con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante también hoy".

Reflexión

"Jesús dijo: 'Médico, cúrate a ti mismo'. (Lucas 4:23) Sus palabras tienen un significado especial para los sacerdotes confesores. ¿No es toda confesión un desafío a los sacerdotes para que perdonen a otros personalmente en su vida cotidiana, para que perdonen hasta que duela? ¿Serán nuestras palabras de absolución un llamado semanal para ser ministros de misericordia en todos los aspectos de nuestro sacerdocio? Si camináramos por nuestra iglesia y recorriéramos los barrios de nuestra parroquia con el corazón lleno de misericordia, ¿no seríamos entonces más inventivos para encontrar formas de ayudar a más gente a venir a confesarse? Cuando nuestras almas están radiantes con la paz de perdonar a otros, ¿no sería una fuente de creatividad para atraer a la gente a confesarse? El mismo desafío es válido para los padres de familia, los catequistas y todos los feligreses. El Padre Pío sufrió el dolor de una gran cantidad de gente en su vida. Aprendió a perdonarlos. Entonces estuvo listo para la multitud de penitentes que hacían cola en su confesionario". (A Priest Forever, P. Alfred McBride, p. 74, Franciscan Media, Cincinnati, OH, ligeramente adaptado [versión del traductor])

San Leopoldo Mandic
Capuchino confesor y director espiritual

El último de doce hijos, Leopoldo Mandic nació en Dalmacia el 12 de mayo de 1866. A los dieciséis años se trasladó a Udine, Italia, donde entró en el seminario dirigido por los padres capuchinos. Dos años más tarde se convirtió en fraile capuchino. Fue ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1890. Después de servir en diferentes ministerios, fue asignado a la comunidad capuchina en Padua, donde sirvió por casi cuarenta años. Amaba los apostolados de confesor y director espiritual, en que sobresalió. Durante el resto de su vida y en el espíritu del Cura de Ars y el Padre Pío, atrajo un enorme número de penitentes y almas en busca de la santidad. El padre Mandic entendió que una clave central para revitalizar a los miembros de la Iglesia Católica era el ministerio de misericordia contenido en especial en el confesionario.

Pese a sus dolencias de artritis crónica, dolores abdominales y tartamudeo, siguió adelante año tras año. Aunque era un hombre pequeño, de 1.35 metros, era un gigante espiritual que mostraba a la gente que él vivía en el poder de Dios y tenía una fe extraordinaria. Cuando la gente le preguntaba cómo manejaba sus problemas, con entusiasmo le decía: "¡Ten fe! Todo va a estar bien. ¡Fe, fe!" Su contagioso testimonio de fe hacía su consejo espiritual más creíble y motivaba a los penitentes y personas en busca de la santidad a una conversión personal radical que tocaba su corazón por el resto de su vida.

Quería ser misionero en su tierra natal, donde las tensiones por rivalidades religiosas y étnicas entre cristianos y musulmanes eran agudas. Quería trabajar entre ellos como mediador de la paz y el entendimiento mutuo. No iba a ser. Su orden se dio cuenta de que su talento sería más valioso en Padua, una previsión que resultó providencialmente sabia. Desde sus primeros años, escuchó a la comunidad capuchina instándolo a renunciar a sus deseos misioneros. La orden se dio cuenta de que sus dotes excepcionales como confesor y director espiritual florecerían en la zona de Padua. Ya sea con pesar o con sentido del humor, dijo: "Soy como un ave en una jaula, pero mi corazón está allende los mares".

Millones de almas a menudo tienen sed de Dios pero de alguna manera han perdido el camino a su presencia y misericordia. Dios ha levantado sabiamente los tres faros espirituales de misericordia en el Sacramento de la Reconciliación y su formación en la conversión continua a través de la dirección espiritual. El llamado a una nueva evangelización exigirá una convocatoria mundial a todas las almas para que se purifiquen del pecado y se revitalicen por la gracia. En vez de una pasión sin vida por el éxito material, la búsqueda personal de un alma purificada y el fuego de la fe en Jesús será un sueño hecho realidad.

Reflexión

La invitación a practicar la dirección espiritual ha de ser un capítulo importante y permanente de cualquier plan pastoral, que debe ser siempre y al mismo tiempo pastoral de la santificación y de la misión. Se puede formar a los fieles en este camino con la predicación, la catequesis, la confesión, la vida litúrgico-sacramental especialmente en la eucaristía, los grupos bíblicos y de oración, el mismo testimonio del ministro que pide también consejo a su debido tiempo y en las circunstancias oportunas. De algunos de estos servicios o ministerios es lógico pasar al encuentro personal, a la invitación a la lectura espiritual, a los retiros espirituales, también éstos personalizados. (El sacerdote, ministro de la misericordia divina, Congregación del Clero, 115, http://www.clerus.org/clerus/dati/2011-08/02-6/sussidio_per_confessori_es.html)


Copyright © 2014, United States Conference of Catholic Bishops, Washington, D.C. Reservados todos los derechos. Se autoriza la reproducción de esta obra, sin adaptaciones, para uso no comercial.

Excerpts from Pope Benedict XVI,Letter Proclaiming a Year for Priests, June 16, 2009,copyright © 2009, Libreria Editrice Vaticana (LEV); John Paul II, Homily, June 16, 2002, copyright © 2002, LEV. Used with permission. All rights reserved.

Excerpts from Pope St. John Paul II, Letters to My Brother Priests: Complete Collection of Holy Thursday Letters (1979-2005) (Woodridge, Illinois: Midwest Theological Forum, 2006), pp. 117-118. Used with permission of Midwest Theological Forum.



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