Unidad – Un primer principio en la ciudadanía cristiana
Por el Reverendísimo William E. Lori, arzobispo de Baltimore
El siguiente ensayo es un extracto de la carta pastoral, En caridad y verdad: hacia una cultura política renovada.
Entre las primeras palabras del pontificado del Papa León XIV estuvo un llamado a la unidad—unidad en la Iglesia y unidad entre los pueblos de la tierra. La unidad no es una estrategia; está fundamentada en Cristo, quien oró para que Sus discípulos fueran uno. La unidad no es uniformidad. Es armonía en la diversidad. Es el reconocimiento de que nos pertenecemos unos a otros, incluso cuando vemos el mundo de manera diferente.
La unidad requiere responsabilidad. Nos llama a estar unidos primero en la fe y el servicio, fortaleciendo así la comunión de la Iglesia, mientras trabajamos simultáneamente por el bien de las comunidades y la nación en las que vivimos. Este doble compromiso con la fe y el país no significa cerrar los ojos a los defectos de nuestra patria o pretender que nuestra vida cívica esté libre de tensión moral. Desde el principio, los católicos en este país han luchado con cómo vivir fielmente en una cultura que no siempre comparte o apoya el Evangelio. Esa lucha continúa hoy, especialmente en un tiempo en que muchos se sienten políticamente sin hogar e inseguros de dónde encaja su fe dentro del panorama actual.
Parte de nuestro desafío pastoral es que muchos de nuestra gente instintivamente se identifican como estadounidenses, o como demócratas o republicanos, antes de identificarse como católicos. Cuando eso sucede, el Evangelio es fácilmente eclipsado por el partidismo o incluso por una ideología rígida que exige más lealtad que la Palabra de Dios—y así nuestro testimonio se fractura. Señalar esto honestamente no es una condena sino una invitación: una invitación a permitir que nuestra fe forme nuestra identidad cívica en lugar de lo contrario.
La experiencia católica en los Estados Unidos siempre ha incluido tanto gratitud como tensión—gratitud por las libertades que disfrutamos y tensión cuando esas libertades se usan de maneras que hieren la dignidad humana. Esta historia también nos llama a una vigilancia necesaria, asegurando que nuestras libertades fundamentales, especialmente nuestra libertad religiosa, nunca sean restringidas o comprometidas. Sin embargo, nuestra historia también muestra que estas tensiones pueden navegarse con integridad. Los católicos no necesitan abandonar su fe para participar en la vida pública, ni necesitan abandonar la vida pública para permanecer fieles. En cambio, nuestra fe ofrece la brújula que necesitamos para caminar este sendero con claridad y esperanza.
Ser católico en los Estados Unidos de América nunca ha significado lealtad acrítica, ni ha requerido retiro. Significa permitir que el Evangelio forme nuestra conciencia, guíe nuestras decisiones e inspire nuestro compromiso con el bien común. Cuando hacemos eso, contribuimos no solo a la unidad de la Iglesia sino también a la sanación y fortalecimiento de nuestra nación, ayudándola a convertirse en la mejor versión de sí misma, incluso cuando el camino es difícil.
El Reverendísimo William E. Lori es el 16º arzobispo de Baltimore. De 2011 a 2017, fue presidente del Comité Ad Hoc para la Libertad Religiosa. Actualmente sirve como consultor del Comité por la Libertad Religiosa.