Presidente de la Conferencia Episcopal lidera a los fieles en un Momento de Oración este Viernes Santo

April 10, 2020 By Public Affairs Office

WASHINGTON – El Arzobispo José H. Gomez, de Los Ángeles, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos lideró a la nación en un momento de oración. . . este Viernes Santo por el fin de la pandemia del COVID-19 (coronavirus). Rezar las Letanías al Sagrado Corazón. . . de Jesús todos juntos brindó un momento especial de unidad para la feligresía, en un tiempo en el que las comunidades en Estados Unidos y el mundo están imposibilitadas de congregarse físicamente por la Semana Santa y la Pascua debido al COVID-19.

Texto preparado de la homilía del arzobispo Gomez:

Mis queridos hermanos y hermanas,

Hoy nos encontramos al pie de la cruz con María, nuestra Santísima Madre, y miramos a su Hijo, crucificado. Y le preguntamos a Dios: ¿Por qué tuvo que morir? ¿No podría haber sido de alguna otra manera?

Hoy también le preguntamos a Dios: ¿Por qué este coronavirus? ¿Por qué has permitido que esta enfermedad y muerte desciendan en nuestro mundo?

Sabemos que Jesús en la cruz es la única respuesta. En el corazón de Cristo, herido por la lanza del soldado, clavado por nuestros pecados, vemos cuánto Dios ama al mundo. Vemos lo preciosos que somos a los ojos de nuestro Padre.

Como escuchamos en nuestra lectura del Evangelio: De su corazón salió sangre y agua, sangre que nos redime del pecado y de la muerte; agua que lava nuestra vergüenza y hace que todo sea nuevo.

Hermanos y hermanas, mientras estamos parados hoy al pie de su cruz, en medio de esta pandemia, Jesús nos está llamando a confiar en su Sagrado Corazón.

Oremos a menudo al Sagrado Corazón de Jesús: ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

¡Dios proveerá! Lo sabemos. Él tiene un plan de amor para su creación, un plan de bondad y misericordia para cada nación y para cada corazón.

Jesús no muere sin razón. El Viernes Santo es "bueno" porque abre el camino al Domingo de Pascua.

Dios dio a su propio Hijo por nosotros. Entonces, sabemos que nos librará de este mal del coronavirus. La cruz nos muestra que su amor por nosotros es más fuerte que la muerte.

Hermanos y hermanas, estamos viviendo el momento del testimonio cristiano.

Jesús ha abierto su corazón por nosotros. Él ha dado su vida por amor a nosotros. Ahora nos llama a confiar nuestras vidas a él: todo nuestro corazón, toda nuestra mente; todos nuestros sentimientos y pensamientos, nuestras palabras y acciones.

En este momento, Jesús está invitando a cada uno de nosotros en la Iglesia a tomar nuestra cruz y seguirlo por el camino del amor humilde, el camino de la reverencia a Dios y el servicio a nuestro prójimo.

¡La misericordia de Dios no se termina! ¡La fe, la esperanza y la caridad no han muerto!

Estamos presenciando esto de una manera hermosa todos los días durante esta pandemia: en nuestros hospitales y hogares, en nuestras parroquias y ministerios, en cada acto silencioso e invisible de auto sacrificio y servicio en nuestras familias y comunidades.

Esto es lo que Dios quiere que aprendamos en este momento de crisis mundial: que somos una familia, un Cuerpo unido en la sangre y el agua que fluye del corazón de Cristo, unidos en una hermosa y sobrenatural solidaridad de compasión.

Amándonos los unos a los otros, uniendo nuestros sufrimientos al corazón de Cristo, abriéndonos en la cruz. Sacrifiquémonos los unos por los otros, cuidémonos los unos a los otros, perdonémonos los unos a los otros.

¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

Que nuestra Santísima Madre María interceda por nuestras penas.

Que ella nos ayude a ser mansos y humildes de corazón, y a perseverar en este Viernes Santo de enfermedad y muerte, para acelerar la mañana de Pascua de la resurrección.

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