Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia
Introducción
El 11 de febrero de 2018, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ordenó la inscripción de una nueva memoria obligatoria en el Calendario Romano General, la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia. Se celebra cada año el lunes después de Pentecostés.
La Santa Sede promulgaron la misma día los textos litúrgicos en latín, y el 29 de abril de 2026 el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos confirmó la traducción al español de estos textos.
Se presentan aquí los textos litúrgicos propios para la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia:
Misal Romano
Un formulario completo de esta Misa –Oración colecta, Oración sobre las ofrendas, Prefacio, Oración después de la Comunión, y Antífonas de entrada y de la Comunión– está incluida en el Misal Romano, Tercera Edición. Se usan vestimentas litúrgicas blancas.
De las Misas votivas: 10. De la Bienaventurada Virgen María, B. De la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia.
Leccionario
Se ha asignado un conjunto de lecturas propias (i.e., obligatorias) para este nuevo memorial. Como los versos y aclamación exactas no se encuentran juntos en un mismo lugar del Leccionario, el Secretariado del Culto Divino de USCCB ha preparado recursos en PDF de las lecturas en español y en inglés para facilitar su uso.
Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia (Memoria)
Las lecturas de esta memoria son propias.
Primera lectura – Génesis 3, 9-15. 20
La madre de todos los vivientes.
o bien: Hechos 1, 12-14
Perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la madre de Jesús.
Salmo responsorial – Salmo 87 (86), 1-2. 3 y 5. 6-7
R. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Aclamación antes del Evangelio
¡Oh, dichosa Virgen, que diste a luz al Señor,
oh, dichosa Madre de la Iglesia,
que avivas en nosotros
el Espíritu de tu Hijo Jesucristo!
Evangelio – Juan 19, 25-34
Ahí está tu hijo. – Ahí está tu madre.
Liturgia de las Horas
Del Común de la Santísima Virgen María.
Biografía
Se tributa a la Bienaventurada Virgen María el título de Madre de la Iglesia, ya que ella misma habiendo engendrado a Cristo, Cabeza de la Iglesia, antes que el Hijo entregara el espíritu en la cruz, también fue hecha madre de los redimidos. El Papa san Pablo VI confirmó solemnemente ese mismo apelativo en la alocución a los Padres del Concilio Vaticano II, el día 21 de noviembre de 1964, y estableció que "de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título".
Oficio de lectura
Himno propio a completar
Segunda lectura
De la alocución de san Pablo sexto, Papa, en la clausura de la tercera sesión del Sacrosanto Concilio Vaticano II
(21 de noviembre de 1964: AAS 56 [1964], 1015-1016)
María, Madre de la Iglesia
En consideración de las estrechas relaciones de María con la Iglesia, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, Nos proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título.
Se trata de un título, venerables hermanos, que no es nuevo para la piedad de los cristianos; antes bien, con este nombre de Madre, y con preferencia a cualquier otro, los fieles y la Iglesia entera acostumbran a dirigirse a María. En verdad pertenece a la esencia genuina de la devoción a María, encontrando su justificación en la dignidad misma de la Madre del Verbo Encarnado.
La divina maternidad es el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia en la economía de la salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de las relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de aquél, que desde el primer instante de la Encarnación en su seno virginal se constituyó en cabeza de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. María, pues, como Madre de Cristo, es Madre también de los fieles y de todos los pastores; es decir, de la Iglesia.
Con ánimo lleno de confianza y amor filial elevamos a ella la mirada, a pesar de nuestra indignidad y flaqueza; ella, que nos dio con Cristo la fuente de la gracia, no dejará de socorrer a la Iglesia, que, floreciendo, ahora en la abundancia de los dones del Espíritu Santo, se empeña con nuevos ánimos en su misión de salvación.
Nuestra confianza se aviva y confirma más considerando los vínculos estrechos que ligan al género humano con nuestra Madre celestial. A pesar de la riqueza en maravillosas prerrogativas con que Dios la ha honrado, para hacerla digna Madre del Verbo Encarnado, está muy próxima a nosotros. Hija de Adán, como nosotros, y, por tanto, hermana nuestra con los lazos de la naturaleza, es, sin embargo, una criatura preservada del pecado original en virtud de los méritos de Cristo, y que a los privilegios obtenidos suma la virtud personal de una fe total y ejemplar, mereciendo el elogio evangélico "Bienaventurada porque has creído".
En su vida terrena realizó la perfecta figura del discípulo de Cristo, espejo de todas las virtudes, y encarnó las bienaventuranzas evangélicas proclamadas por Cristo. Por lo cual, toda la Iglesia, en su incomparable variedad de vida y de obras, encuentra en ella la más auténtica forma de la perfecta imitación de Cristo.
Responsorio
El responsorio propio (cfr. Lc 1, 35) espera la aprobación de la Biblia de la Iglesia en América. En este momento, se toma el responsorio del Común de la Santísima Virgen María.
Oración
Dios, Padre de misericordia,
cuyo Unigénito, clavado en la cruz,
proclamó como Madre nuestra
a su propia Madre, María santísima,
concédenos, por su cooperación amorosa,
que tu Iglesia, siendo cada día más fecunda,
se alegre por la santidad de sus hijos
y atraiga a su seno a todas las familias de los pueblos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Oración de la Mañana (Laudes)
Himno propio a completar
Cántico evangélico
Ant. Los discípulos perseveraban unánimes en la oración, junto con María, la madre de Jesús.
Oración de la Tarde (Vísperas)
Himno propio a completar
Cántico evangélico
Ant. Dijo el Señor a su madre: Mujer, ahí está tu hijo. Y dijo al discípulo: Ahí está tu madre.