Reflexión sobre la Consagración al Sagrado Corazón
Por el arzobispo Alexander K. Sample, presidente del Comité para la Libertad Religiosa.
On November 11, the bishops of the United States voted to consecrate this nation to the Sacred Heart of Jesus. The consecration will take place in 2026 to celebrate America’s semiquincentennial, that is, the two hundred and fiftieth anniversary of the signing of the Declaration of Independence. What does this mean? Why consecrate the nation to the Sacred Heart?
El 11 de noviembre, los obispos católicos de los Estados Unidos votaron a favor de consagrar esta nación al Sagrado Corazón de Jesús. La consagración tendrá lugar en 2026 para celebrar el semiquincentenario de Estados Unidos de América, es decir, el doscientos cincuenta aniversario de la firma de la Declaración de Independencia. ¿Qué significa esto? ¿Por qué consagrar la nación al Sagrado Corazón de Jesús?
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se ha desarrollado a lo largo de los siglos a raíz de las experiencias de Santa Margarita María Alacoque y las apariciones que presenció en el siglo XVII. Los Papas han elogiado la práctica de consagrar uno mismo, el hogar e incluso naciones enteras al Sagrado Corazón de Jesús.1 En su encíclica que instituye la Solemnidad de Cristo Rey, el Papa Pío XI, basándose en la enseñanza del Papa León XIII,2 recomendó la “piadosa práctica” de consagrar la nación al Sagrado Corazón de Jesús como una forma de reconocer la soberanía de Cristo.3 Al celebrar este importante aniversario nacional con esta devoción, tenemos la oportunidad de animar a todos los católicos a honrar a nuestro Señor y a “saturar del espíritu del Evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes”.4
Con su encíclica, Dilexit Nos, el Papa Francisco puso la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en primer plano de nuestra vida y cultura católica contemporánea. Él señaló: “Aun desde el punto de vista de la herida de su Corazón, la mirada dirigida al Señor, que ‘tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades’, nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás, nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor. Si contemplamos la entrega de Cristo por todos, se nos vuelve inevitable preguntarnos por qué no somos capaces de dar la vida por los demás”.5 En Dilexi Te, el Papa León XIV nos invitó a contemplar el amor de Cristo, que nos impulsa en nuestra misión de atender a nuestros hermanos y hermanas que sufren en el mundo actual, especialmente en el cuidado de los pobres y más vulnerables. Al reflexionar con gratitud sobre las bendiciones que Dios ha otorgado a nuestro país, nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús nos exige considerar cómo podemos fomentar la verdad, la justicia y la caridad en la vida estadounidense. Estamos llamados a incorporar nuestra fe en las acciones que emprendemos y en la vida que llevamos en nuestras comunidades. Celebramos las maneras en que la Iglesia ha contribuido a un mundo más justo, e invitamos a todos en nuestra sociedad a ver el rostro de Cristo reflejado en cada hermana y hermano. Damos la bienvenida al “Reino de justicia, fraternidad y solidaridad”,6 recordando que Dios “se preocupa particularmente de aquellos que son discriminados y oprimidos, pidiéndonos también a nosotros, su Iglesia, una opción firme y radical en favor de los más débiles”.7 Este aniversario y consagración será una gran oportunidad para promover la hermosa devoción al Sagrado Corazón de Jesús y para animar a los laicos a ofrecer sus vidas al servicio de Dios y de su país.
1 Por ejemplo, el Papa Pío XII, Haurietis Aquas, n. 4: “Pues, en efecto, muchas iniciativas, y muy acomodadas a las necesidades de nuestros tiempos, han surgido para favorecer el crecimiento cada día mayor de este mismo culto: asociaciones, destinadas a la cultura intelectual y a promover la religión y la beneficencia; publicaciones de carácter histórico, ascético y místico para explicar su doctrina; piadosas prácticas de reparación y, de manera especial, las manifestaciones de ardentísima piedad promovidas por el Apostolado de la Oración, a cuyo celo y actividad se debe que familias, colegios, instituciones y aun, a veces, algunas naciones se hayan consagrado al Sacratísimo Corazón de Jesús”.
2 “Una consagración así, aporta también a los Estados la esperanza de una situación mejor, pues este acto de piedad puede establecer y fortalecer los lazos que unen naturalmente los asuntos públicos con Dios. En estos últimos tiempos, sobre todo, se ha erigido una especie de muro entre la Iglesia y la sociedad civil. En la constitución y administración de los Estados no se tiene en cuenta para nada la jurisdicción sagrada y divina, y se pretende obtener que la religión no tenga ningún papel en la vida pública. Esta actitud desemboca en la pretensión de suprimir en el pueblo la ley cristiana; si les fuera posible hasta expulsarían a Dios de la misma tierra. Siendo los espíritus la presa de un orgullo tan insolente, ¿es que puede sorprender que la mayor parte del género humano se debata en problemas tan profundos y esté atacada por una resaca que no deja a nadie al abrigo del miedo y el peligro? Fatalmente acontece que los fundamentos más sólidos del bien público, se desmoronan cuando se ha dejado de lado, a la religión. Dios, para que sus enemigos experimenten el castigo que habían provocado, les ha dejado a merced de sus malas inclinaciones, de suerte que abandonándose a sus pasiones se entreguen a una licencia excesiva” (Annum Sacrum, n. 10).
3 Quas Primas, n. 26.
4 Apostolicam Actuositatem, n. 20.
5 Dilexit Nos, n. 171.
6 Dilexi Te, n. 16.
7 Dilexi Te, n. 16.