General
Una invitación a la conversión ecológica para los católicos de los Estados Unidos
“Pues reflexionando sobre la grandeza y hermosura de las creaturas se puede llegar a contemplar a su creador”. - Sabiduría 13,5
Un llamado a la conversión
Entramos en este tiempo de Cuaresma reconociendo los anhelos de nuestro corazón que sólo pueden cumplirse en Cristo. Los Padres y Madres del Desierto comprendieron que, para escuchar la voz de Cristo, debemos entrar en la soledad del desierto. Para quien escucha, el desierto no es un lugar árido, muerto y desolado. Es más bien un lugar rebosante de vida, cuya soledad revela al Señor, presente entre nosotros en toda la creación.
Este tiempo de Cuaresma nos recuerda que necesitamos conversión, porque como escribió el Papa Francisco en Laudato Si’:
“Si ‘los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores’, la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior” (n. 217).
La indiferencia y la distancia entre unos y otros han tenido consecuencias devastadoras para la creación de Dios, incluyendo los pobres. La conversión que necesitamos es tanto metafórica como física.
El clamor de la tierra y el clamor de los pobres
Así como están las cosas, rara vez nos detenemos a escuchar “el clamor de la tierra y el clamor de los pobres”, ni reflexionamos regularmente sobre cómo nuestras decisiones impactan a nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo. Nuestro mundo se dirige hacia condiciones climáticas insostenibles que afectarán el desarrollo de las personas en todo el planeta. Esta situación insostenible se debe, en parte, a un consumo cada vez mayor, posibilitado por la capacidad de acumular con un simple clic, y a una comercialización incesante que busca convencernos de que todos necesitamos más.
Al mismo tiempo, nuestro país está dando un paso atrás en los esfuerzos globales y nacionales para cambiar el rumbo. El progreso para frenar el cambio climático sigue siendo difícil de alcanzar, aun cuando los casos de fenómenos meteorológicos extremos, incendios forestales, sequías e inundaciones son ahora comunes. Quienes reciben el peso de la carga son las personas que buscan refugio de los desastres, los agricultores que luchan por adaptarse a los patrones climáticos erráticos, los niños que sufren deshidratación y hambre, los migrantes que huyen de sus hogares debido a la pérdida de sus medios de vida, y la disminución de especies en los bosques y arrecifes de coral. Nunca ha quedado más claro que todo está interconectado.
Frente a estos desafíos, las Iglesias de África, Asia, América Latina y el Caribe levantan una voz profética desde el Sur Global para compartir una convicción común: “sin justicia climática no hay paz, sin conversión ecológica no hay futuro, sin escucha de los pueblos no hay soluciones reales”.
Este llamado a escuchar es acertado. Al tratar de responder a estos desafíos, no debemos tener miedo de ir al desierto, escuchar y discernir. ¿Qué tan bien escuchamos el clamor de la tierra y el clamor de los pobres? ¿Cómo podemos reconocer mejor nuestra responsabilidad unos hacia otros? ¿A qué más podríamos estar llamados en este sentido?
Un llamado a la solidaridad, al discernimiento local y a la acción
El camino a seguir debe discernirse juntos, como reflejo de nuestra unidad como Cuerpo de Cristo. A través de la conversión de nuestros corazones y de la solidaridad vivida con los pobres, los vulnerables y la creación, podemos encontrar un camino para que todos vivamos de una manera que refleje la dignidad humana dada por Dios.
Cada uno de nosotros debe reconocer el poder que tenemos como individuos y en comunidad. Haciendo eco del Papa Francisco en Laudate Deum (n. 69) y Laudato Si’ (n. 179), señaló el Papa León XIV en su mensaje a los participantes en la conferencia “Levantando la esperanza”, “Todos los miembros de la sociedad, a través de organizaciones no gubernamentales y grupos de defensa, debemos presionar a los gobiernos para que desarrollen e implementen normas, procedimientos y controles más rigurosos. Los ciudadanos deben desempeñar un papel activo en la toma de decisiones políticas a nivel nacional, regional y local”. Incluso cuando los desafíos son enormes, debemos seguir abogando por cambios para cuidar la tierra y a los pobres, y para garantizar oportunidades para los trabajadores mientras realizamos la transición hacia enfoques más sostenibles. Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar a la hora de instar a los líderes de todos los niveles a convertir sus corazones junto con nosotros.
Además, cada uno de nosotros debe tomar decisiones diarias que reflejen nuestra conversión a un mejor cuidado de la creación de Dios y de las personas, las comunidades y los medios de vida que están interconectados. La Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés) y muchas organizaciones ofrecen oportunidades regulares para que las personas expresen y practiquen la conversión, en su propia vida diaria y abogando por la justicia ambiental.
Le invitamos a discernir en oración cómo usted, su parroquia y su comunidad podrían participar en cualquiera de las acciones a continuación.
Familias e individuos pueden adquirir productos de empresas que priorizan el cuidado de la creación y consideran fuentes de energía renovables para sus hogares.
Líderes empresariales pueden trabajar para aumentar la sostenibilidad y garantizar la justicia hacia sus trabajadores y comunidades en las áreas que rodean sus operaciones.
Escuelas pueden integrar el cuidado de la creación en los planes de estudio.
Parroquias pueden crear oportunidades para orar en la naturaleza, ofrecer peregrinaciones y celebrar una Misa por el cuidado de la creación.
Diócesis pueden realizar una auditoría energética de las instalaciones en sus propiedades, lo que puede suponer un ahorro de energía y, a menudo, de costes. Pueden convocar conversaciones de escucha sinodales para aprender más sobre las necesidades de la comunidad y colaborar localmente para desarrollar resiliencia climática. Los sacerdotes, diáconos y seminaristas pueden recibir formación sobre la Doctrina Social de la Iglesia sobre el cuidado del medio ambiente, que pueden compartir a través de homilías.
Comunidades religiosas pueden compartir con otras personas sobre sus éxitos en la utilización de prácticas de inversión socialmente responsables, que trabajan para alinear las inversiones con los valores de la Doctrina Social de la Iglesia, incluyendo el cuidado de la creación.
Legisladores pueden escuchar las voces de los más afectados por los desafíos ambientales y buscar crear políticas justas que tengan en cuenta su bienestar, teniendo también en cuenta a otras poblaciones vulnerables, como los trabajadores.
Todos tienen un papel que desempeñar a la hora de instar a los líderes de todos los niveles a convertir sus corazones y establecer políticas para cuidar mejor la creación de Dios.
Finalmente, todos los católicos y las instituciones pueden desarrollar un Plan Laudato Si’ con la ayuda del sitio web del Vaticano.
Un desafío para la Cuaresma
Esta Cuaresma es una oportunidad para el discernimiento y la acción. Que aquietemos nuestros corazones y entremos en la soledad del desierto, para que podamos escuchar la voz de Dios y escuchar el clamor de sus hijos alrededor del mundo, cuyos medios de vida se ven afectados por nuestras propias acciones y estilos de vida. Que cada uno de nosotros reflexione profundamente —individualmente y como comunidad— y discierna cómo actuar. ¿Cómo estamos llamados a entrar en el desierto de la Cuaresma y discernir cómo el Espíritu nos invita a actuar para proteger el libro de la naturaleza, la creación de Dios?
Una oración para la Cuaresma
Oh Dios,
durante este tiempo de Cuaresma,
llévanos al desierto, un lugar de ayuno y oración,
alejados de las distracciones del mundo.
Ayúdanos a escuchar la voz de la creación.
Vuelve nuestros corazones hacia ti.
Ayúdanos a escuchar más atentamente,
en lo más interior de nuestro ser,
a la creación, a los demás y a ti.
Ayúdanos a escuchar la voz de la creación.
Mientras nos conmueve al escuchar
tu presencia encarnada,
recuérdanos de tu amor y misericordia,
tu iniciativa y actividad.
Ayúdanos a escuchar la voz de la creación.
Muéstranos tu atención
al clamor de la tierra y al clamor de los pobres,
a los pequeños heridos por la cultura del descarte,
y a los que sufren por los desastres naturales.
Ayúdanos a escuchar la voz de la creación.
Escuchando a la voz de la creación,
ayúdanos a unirnos al santo testimonio
para proteger a los más vulnerables
y proteger nuestra casa común.
Amén.
Adaptada de Ayúdame a escuchar a la voz de la creación
Monseñor Shelton J. Fabre
Arzobispo de Louisville
Presidente, Comité de Justicia Doméstica y Desarrollo Humano
Monseñor A. Elías Zaidan
Obispo de la Eparquía Maronita de Nuestra Señora del Líbano
Presidente, Comité de Justicia y Paz Internacional