Novena al Sagrado Corazón de Jesús
3-11 de junio (Consagración 11 de junio)
Esta Novena al Sagrado Corazón de Jesús toma sus devociones diarias de las Letanías al Sagrado Corazón. Cada día reflexiona sobre la sabiduría de los santos y de los pontífices sobre el Sagrado Corazón y ofrece oportunidades para la oración y la acción, enmarcadas por la encíclica del Papa Francisco Dilexit Nos (Nos amó) y la exhortación apostólica del Papa León XIV Dilexi Te (Te he amado).
Primer Día – Corazón de Jesús, Horno ardiente de caridad
Segundo Día – Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor
Tercer Día – Corazón de Jesús, digno de toda alabanza
Cuarto Día – Corazón de Jesús, paciente y muy misericordioso
Quinto Día – Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad
Sexto Día – Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados
Séptimo Día – Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo
Octavo Día – Jesús, manso y humilde de corazón
Noveno Día – Consagración de los Estados Unidos al Sagrado Corazón de Jesús
Novena al Sagrado Corazón de Jesús
Primer Día – Corazón de Jesús, Horno ardiente de caridad
Orar
En su intención de oración para junio, mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, el Papa León XIV nos anima: “Oremos para que cada uno de nosotros encuentre consolación en la relación personal con Jesús, y aprenda de su corazón la compasión por el mundo”. Al comenzar esta Novena al Sagrado Corazón, nos unimos al Santo Padre en esa oración.
Señor, hoy vengo a tu tierno Corazón,
a Ti que tienes palabras que encienden el mío,
a Ti que derramas compasión sobre los pequeños y los pobres,
sobre los que sufren y sobre toda miseria humana.
Deseo conocerte más, contemplarte en el Evangelio,
estar contigo y aprender de Ti
y del amor con que te dejaste tocar
por todas las formas de pobreza.
Tú nos mostraste el amor del Padre amándonos sin medida
con tu Corazón divino y humano.
Concede a todos tus hijos la gracia del encuentro contigo.
Cambia, moldea y transforma nuestros planes,
para que sólo te busquemos a Ti en cada circunstancia:
en la oración, en el trabajo, en los encuentros y en nuestra rutina diaria.
Y desde este encuentro, envíanos en misión;
una misión de compasión por un mundo
en el que eres la fuente de donde fluye toda consolación.
Amén.
Aprender
Aunque las reflexiones sobre el corazón de Jesús se remontan a los primeros escritos del cristianismo, la devoción moderna al Sagrado Corazón comenzó en Francia en el siglo XVII, cuando Santa Margarita María Alacoque recibió visiones de Jesús que le revelaban su corazón ardiendo de amor por la humanidad. En esta revelación, Jesús expresó su deseo de ser honrado de manera especial a través de su Sagrado Corazón. Esta devoción creció cuando el Papa Pío IX extendió la observancia a la Iglesia universal en 1856, y más tarde cuando la Beata María del Divino Corazón instó al Papa León XIII a consagrar el mundo al Sagrado Corazón de Jesús, lo que hizo en 1899 a través de su encíclica, Annum Sacrum.
Ha habido cuatro encíclicas papales sobre el Sagrado Corazón de Jesús: Annum Sacrum (sobre la consagración al Sagrado Corazón), encíclica del Papa Pío XI de 1928 Miserentissimus Redemptor (sobre la expiación al Sagrado Corazón), encíclica del Papa Pío XII de 1956 Haurietis Aquas (sobre el culto al Sagrado Corazón), y la encíclica del Papa Francisco de 2024 Dilexit Nos (sobre el amor humano y divino del corazón de Jesucristo).
Actuar
Tómense un tiempo hoy para leer Dilexit Nos y explorar los recursos para reflexionar sobre la última encíclica del Papa Francisco. ¿Qué es lo que más les llama la atención de los escritos del Santo Padre sobre el Sagrado Corazón? ¿Cómo podría esta meditación sobre el amor de Jesús por ustedes encender sus propios corazones para amar a los demás?
Segundo Día – Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor
Orar
Al contemplar el Sagrado Corazón como santuario de justicia y de amor, conectamos el amor de Cristo por nosotros con nuestro amor por los demás. Como dijo el Papa Francisco en Dilexit Nos, “la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos, no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor” (n. 167). Mientras meditamos en el amor que Cristo tiene por nosotros, oremos esta Oración al Sagrado Corazón de Jesús para el amor y la misericordia.
Señor Jesús,
diste tu vida por nosotros.
Tu Sagrado Corazón arde con amor.
Tu mano se extiende hacia mí y hacia todos,
ofreciendo amor, misericordia y sanación.
Sagrado Corazón de Jesús que tu amor me transforme.
Consume con tu fuego mis dudas para que pueda convertirme
en tu amor e irradiar tu misericordia.
Amén.
Aprender
Santa Margarita María Alacoque, que reflexionó sobre el Sagrado Corazón, escribió: “Recibí de Dios gracias excesivas de su amor, y sintiéndome movida del deseo de corresponderle en algo y rendirle amor por amor” (Autobiografía, c. VIII, 187).
Tanto el Papa Francisco en Dilexit Nos como el Papa León XIV en Dilexi Te nos enseñan que nuestro encuentro con el amor del corazón de Cristo nos permite construir el reino de Dios en este mundo. El Papa León subraya que Dios tiene un lugar especial en su corazón para “aquellos que son discriminados y oprimidos, pidiéndonos también a nosotros, su Iglesia, una opción firme y radical en favor de los más débiles” (Dilexi Te, n. 16).
Durante siglos, la Iglesia ha establecido misiones centradas en el amor del corazón de Cristo, como la Sociedad del Sagrado Corazón, fundada en 1800. La Sociedad establece en sus estatutos: “Impulsadas por el amor del Corazón de Jesús, buscamos el crecimiento de las personas en su dignidad humana y como hijos e hijas de Dios, a partir del evangelio y de sus exigencias de amor, de perdón, de justicia y de solidaridad con los pobres y marginados” (Constituciones de 1982, n. 7).
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Pensemos en quiénes se sienten rechazados, vulnerables o viven con miedo hoy. ¿Cómo los invita el Sagrado Corazón a ustedes a responder a las necesidades y al sufrimiento de los demás? Pueden involucrarse con las agencias de Caridades Católicas locales, la Sociedad de San Vicente de Paúl o un grupo financiado por la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD por sus siglas en inglés). También pueden utilizar este recurso, Compromisos de semillas de mostaza de la Doctrina Social de la Iglesia, para hacer pequeños compromisos sostenibles para cuidar a nuestros prójimos. Por último, consideren orar por todos los funcionarios electos para que tengan la orientación y la sabiduría para crear una sociedad más justa y pacífica que honre la dignidad humana de todas las personas que viven en nuestra nación.
Tercer Día – Corazón de Jesús, digno de toda alabanza
Orar
San John Henry Newman tomó el lema episcopal Cor ad cor loquitur (“El corazón habla al corazón”), entendiendo que el Señor nos salva hablando a nuestro corazón desde su Sagrado Corazón. Fue en la Sagrada Eucaristía, la mayor forma de alabanza a Dios, donde San John Henry Newman cultivó su encuentro más profundo con el corazón vivo de Jesús. Oremos con San John Henry Newman para que podamos escuchar al Sagrado Corazón que nos habla cuando alabamos y adoramos a Jesús en la Eucaristía.
Sacratísimo y muy amado Corazón de Jesús, estás oculto en la Santa Eucaristía y sufres aún por nosotros. […] Te venero, pues, con todo mi mejor amor y reverencia, con mi ferviente afecto, con mi mayor sumisión y la más resuelta voluntad. Dios mío, cuando condesciendes a sufrir que te reciba, te coma y te beba, y por un momento estableces tu morada en mí, haz que mi corazón lata con el tuyo” (Meditaciones y devociones, Edibesa, Madrid 2007, 310).
Aprender
El Papa Francisco reflexiona en Dilexit Nos que es en la Eucaristía donde el amor siempre presente del Sagrado Corazón nos invita a la unión con Cristo. Al mismo tiempo, el Santo Padre advierte que en el ritmo frenético del mundo actual “olvidamos alimentar nuestra vida con la fuerza de la Eucaristía”, por lo que recomienda pasar una hora de adoración ante el Santísimo Sacramento todos los jueves. El Papa Francisco continúa diciendo: “Cuando alguien vive con fervor esta práctica [adoración] junto con tantos hermanos y encuentra en la Eucaristía todo el amor del Corazón de Cristo, ‘adora juntamente con la Iglesia el símbolo y como la huella de la Caridad divina, la cual llegó también a amar con el Corazón del Verbo Encarnado al género humano’” (n. 85).
En las visiones de Santa Margarita María Alacoque del Sagrado Corazón de Jesús, vemos la luz y el fuego del Señor de la vida que transforma nuestros corazones humanos. Una de estas visiones tuvo lugar durante la meditación ante el Santísimo Sacramento, cuando Santa Margarita ve el misterio pascual de Cristo en todo su esplendor: “Una vez entre otras, estando expuesto el Santísimo Sacramento […] se me presentó Jesucristo, mi divino Maestro, todo radiante de gloria, con sus cinco llagas, que brillaban como cinco soles, y por todas partes salían llamas de su sagrada humanidad, especialmente de su adorable pecho, el cual parecía un horno. Abrióse este y me descubrió su amantísimo y amabilísimo Corazón, que era el vivo foco de donde procedían semejantes llamas” (Autobiografía, c. V, 114-115).
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Busquemos profundizar nuestra relación con el Sagrado Corazón de Jesús en la Eucaristía. Pueden aceptar el desafío del Papa Francisco de realizar la adoración semanal los jueves utilizando este recurso, 250 horas de adoración, que anima a las parroquias a registrar 250 horas de adoración este año. Los Caballeros de Colón ofrecen una plantilla para celebrar una Hora Santa del Sagrado Corazón. También pueden comprometerse a asistir a una Misa en un santuario o parroquia local dedicada al Sagrado Corazón.
Cuarto Día – Corazón de Jesús, paciente y muy misericordioso
Orar
Quizás la reflexión más conocida sobre el corazón misericordioso de Jesús se encuentra en la devoción a la Divina Misericordia. Santa Faustina Kowalska, una religiosa polaca del siglo XX, reveló que Jesús se le apareció con rayos que emanaban de su corazón y le ordenó pintar su imagen con la firma “Jesús, en ti confío”, y que todos los que veneran la imagen de la Divina Misericordia no perecerán. Confiando en la infinita misericordia de Jesús, recemos con Santa Faustina esta oración de la Coronilla de la Divina Misericordia.
Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén (El Diario: La Divina Misericordia en mi alma, 950).
Aprender
El corazón misericordioso de Jesús está en el centro de su ministerio, tanto en las Escrituras como a lo largo de la historia de la Iglesia. San Juan Pablo II reflexiona que cuando nos acercamos al corazón de Cristo, se revela el “amor misericordioso del Padre, que ha constituido el núcleo central de la misión mesiánica del Hijo del Hombre” (Dives in Misericordia, 1980, n. 13). Sobre este punto, San Gregorio Magno nos instruye, “Mira el Corazón de Dios en las palabras de Dios” (PL 77, 706); y vemos el corazón de Dios revelado cuando Jesús cita al profeta Oseas a los fariseos, diciendo: “Vayan, pues, y aprendan lo que significa: ‘Yo quiero misericordia y no sacrificios’” (Mateo 9, 13).
Los primeros santos de la Iglesia tomaron en serio el mandato de Cristo y predicaron que nuestra respuesta a las palabras de Jesús debe ser vivir nuestra fe mostrando misericordia a los demás. En el siglo III, San Gregorio Nacianceno enseñó: “el Señor del universo quiere misericordia y no sacrificio […], ofrezcámosle esa compasión por medio de los necesitados y de los que ahora se encuentran arrojados por tierra, para que, cuando salgamos de aquí abajo, seamos recibidos en las moradas eternas” (Oratio XIV, 40: PG 35, París 1886, 910).
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Al consagrarnos al Sagrado Corazón de Jesús, estamos llamados a imitar la misericordia de Cristo. El Papa León XIV señala la parábola del Buen Samaritano como el máximo ejemplo del amor misericordioso de Cristo: “Las últimas palabras de la parábola evangélica —‘Ve, y procede tú de la misma manera’ ( Lc 10, 37)— son un mandamiento que un cristiano debe oír resonar cada día en su corazón” (Dilexi Te, n. 107). En medio de los muchos desafíos que enfrenta nuestra nación hoy, ¿cómo pueden ustedes ser faros de misericordia? El Papa Francisco nos recuerda que “en las más sencillas obras de misericordia, su Corazón es glorificado y manifiesta toda su grandeza” (Dilexit Nos, n. 203). Exploren este recurso, 250 obras de misericordia y comprométanse a realizar pequeñas y frecuentes obras de misericordia este año.
Quinto Día – Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad
Orar
El amor derramado desde el Sagrado Corazón de Jesús es una fuente constante de renovación para el espíritu misionero de la Iglesia y nuestro llamado a la santidad universal. El Siervo de Dios, Padre Jules Chevalier, quien fundó los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús en 1854, recitó esta oración diaria para permanecer cerca del Sagrado Corazón.
Señor Jesús,
Salvador del mundo y fuente de santidad,
mira con bondad
a todos los que has elegido
para ser Misioneros de tu amoroso Corazón.
Pídele a tu Padre celestial
que nos guarde en tu amor,
y nos santifique en la verdad
para que seas glorificado en nosotros
y podamos reflejar tu bondad.
Pídele a tu Padre que nos guarde del mal
para que siempre permanezcamos unidos por lazos de amor.
Así como eres uno con tu Padre,
que seamos uno con los demás
en tu divino Corazón,
cuyos sentimientos serán por siempre nuestros
y al cual nos consagramos
en el tiempo y por la eternidad. Amén.
Aprender
La devoción a las llagas de Cristo como fuente de vida y santidad se remonta a los primeros cristianos. Los Padres de la Iglesia interpretaron la sangre y el agua que fluían del costado de Cristo como un misterio profundo, cumpliendo su promesa de proveer agua viva (Juan 4, 13-14; 7, 37), que simbolizaba el derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia y las aguas purificadoras del bautismo. Vemos una correlación temprana con el corazón de Jesús en la homilía de Orígenes de Alejandría reflexionando sobre Juan 7, 38: “de su seno brotarán manantiales de agua viva” (cf. In Num., Homil. 12, 1: PG 12, 657).
En el siglo XIII, San Buenaventura relacionó la salvación que fluye del corazón traspasado de Cristo con la vida sacramental de la Iglesia, reflexionando que el precio de nuestra salvación mana “de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia” (Jesucristo, árbol de la vida, 30).
El Papa Francisco alentó la devoción al Corazón traspasado de Cristo como fuente de vida para la misión de la Iglesia. El Santo Padre enseñó que “aun desde el punto de vista de la herida de su Corazón, la mirada dirigida al Señor, que ‘tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades’ (Mt 8, 17), nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás, nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor” (Dilexit Nos, n. 171).
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Cuando Jesús reveló su corazón a Santa Margarita María Alacoque, le impartió 12 promesas a todos los que veneran su Sagrado Corazón. Una promesa de Jesús es: “Bendeciré el hogar o sitio donde esté expuesto Mi Corazón y sea honrado”. Cuando colocamos la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en un lugar destacado de nuestros hogares, significamos que Jesús es el rey y el centro y fuente del amor para todos. Consideren entronizar al Sagrado Corazón en su hogar con este recurso para la ceremonia de entronización de los Caballeros de Colón.
Sexto Día – Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados
Orar
Al considerar el Sagrado Corazón de Jesús y el gran amor de Cristo por la humanidad, reflexionamos sobre cómo hemos fallado en alcanzar su amor y la necesidad de expiar nuestros pecados. También aprovechamos este momento para arrepentirnos como nación por los pecados del pasado de nuestro país. Oremos por el perdón y la sanación de los daños causados por los pecados originales de la esclavitud y el racismo de nuestra nación. Un elemento central de la devoción al Sagrado Corazón es la reparación – la práctica de enmendar los errores que hemos cometido, pidiendo a Cristo que perdone nuestros pecados y convierta nuestros corazones para amar como Él ama. Oremos con San Alfonso María de Ligorio, fundador de los Redentoristas, mientras expiamos nuestros pecados y nos consagramos al corazón de Jesús:
Jesús mío, te amo con todo mi corazón. Lo siento por haber ofendido tantas veces tu infinita bondad. Con la ayuda de tu gracia, me propongo no volver a ofenderte nunca más. Y ahora, aunque indigno soy, me consagro a Ti sin reservas. Renuncio y te entrego enteramente mi voluntad, mi afecto, mis deseos y todo lo que poseo.
Aprender
En la encíclica del Papa Pío XI, Miserentissimus Redemptor (sobre la expiación al Sagrado Corazón), el Santo Padre conecta nuestro amor a Cristo con la comprensión de que las heridas que infligimos a los demás son las mismas heridas infligidas a Nuestro Señor en la cruz. Él afirma: “Un alma de veras amante de Dios, si mira al tiempo pasado, ve a Jesucristo trabajando, doliente, sufriendo durísimas penas ‘por nosotros los hombres y por nuestra salvación’,... De todo lo cual tanto más hondamente se penetran las almas piadosas cuanto más claro ven que los pecados de los hombres en cualquier tiempo cometidos fueron causa de que el Hijo de Dios se entregase a la muerte” (n. 10).
La imagen del Corazón traspasado de Cristo encuentra su significado en nuestra condición de pecadores, y cuando nos consagramos al Sagrado Corazón, nos vemos obligados a reparar el daño que hemos hecho. En una reflexión sobre la búsqueda de una reparación auténtica, el Obispo Joseph Perry explora cómo el Sagrado Corazón puede llevarnos a reconciliar nuestros corazones humanos entre sí. Dice: “En la tradición católica, la reparación no es una transacción, sino una ofrenda sagrada —una que implica no sólo palabras, sino también gestos. Así como el Sacramento de la Penitencia invita a expresiones físicas de contrición (hacer la señal de la cruz, realizar una penitencia, ofrecer restitución), también los actos de reparación en la vida comunitaria requieren gestos de sinceridad y acciones concretas”.
Actuar
Hay muchas maneras en que podemos ofrecer reparación al Sagrado Corazón. Cuando nos presentamos ante Jesús en la Eucaristía, el Papa Pío XI recomienda hacer una Comunión Reparadora o una Hora Santa para la expiación de los pecados (Miserentissimus Redemptor, n. 9). También vemos hoy una falta de amor fraternal, especialmente en nuestra política y en nuestras conversaciones entre nosotros. Lean la encíclica del Papa Francisco sobre la fraternidad y la amistad social, Fratelli Tutti, y reflexionen sobre cómo construir juntos una cultura del encuentro.
Séptimo Día – Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo
Orar
En Dilexit Nos, el Papa Francisco describe la naturaleza consoladora de la devoción al Sagrado Corazón que “se hace carne y sangre en el camino de la Iglesia”; un compartir mutuo del sufrimiento entre Cristo y nosotros (n. 157). Porque Cristo llevó nuestro pecado en las llagas de su pasión y muerte en la cruz, lo consolamos por nuestras afrentas. Porque elevamos también nuestros sufrimientos a Cristo, le pedimos que nos consuele.
Pidamos al Sagrado Corazón de Jesús fortaleza y aumento de la fe con esta oración del Beato Miguel Pro, S.J.
Creo, Señor, pero fortalece mi fe.
Corazón de Jesús, te amo, pero aumenta mi amor.
Corazón de Jesús en Ti confío, pero vigoriza mi esperanza.
Corazón de Jesús te entrego mi corazón, más enciérralo tan profundamente en el Tuyo que ya no pueda separarse de él jamás.
Corazón de Jesús, soy todo tuyo, pero custodia mi promesa, a fin de que pueda ponerla en práctica, hasta el total sacrificio de mi vida. Amén.
Aprender
El corazón de Cristo ha sido siempre fuente de consuelo para la Iglesia. Escuchamos el gran amor de Jesús por nosotros en las Escrituras, como cuando nos asegura el cuidado del Padre en el Sermón de la Montaña. Nos consuela el amor íntimo de Dios cuando se nos dice que nos ha “formado maravillosamente” (Salmo 138, 14) y que “hasta los cabellos de su cabeza están contados” (Mateo 10, 30).
San Francisco de Sales enseña que todos nuestros nombres están escritos en el corazón de Dios: “Ciertamente es asunto de grandísimo consuelo que seamos amados tan entrañablemente por Nuestro Señor que nos lleva siempre en su Corazón” (Sermón en el segundo domingo de Cuaresma, 20 de febrero de 1622).
El Papa Francisco nos dice que cuando contemplamos el corazón de Cristo y su entrega hasta la muerte, nos consolamos en el amor de Cristo por nosotros: “El dolor que sentimos en el corazón abre paso a la confianza plena y finalmente lo que queda es gratitud, ternura, paz; queda su amor reinando en nuestra vida” (Dilexit Nos, n. 161).
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Así como encontramos consuelo en el Sagrado Corazón de Jesús, también debemos orar por los demás para que también ellos puedan encontrar el amor consolador de Cristo. Todos los días, el Padre Pío rezaba la Novena eficaz al Sagrado Corazón de Jesús por las intenciones de todos los que le pidieron que rezara por ellos, terminando cada intención con “Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío plenamente”. Consideren confiar sus intenciones al Sagrado Corazón como lo hizo el Padre Pío.
Octavo Día – Jesús, manso y humilde de corazón
Orar
Santa Teresita de Lisieux, “la Pequeña Flor”, comprendió profundamente el corazón dulce y humilde de Jesús. Al contemplar cómo ser transformada por el amor de Cristo, reflexionó que “Lo que le agrada [a Jesús] es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia… cuanto más débil se es, sin deseos ni virtudes, más cerca se está de las operaciones de ese Amor consumidor y transformante” (Carta 197 a Sor María del Sagrado Corazón, 17 de septiembre de 1896). Unámonos a Santa Teresita en la oración para que nuestros corazones sean humildes como Jesús.
Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, tú nos dijiste: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y vuestra alma encontrará descanso”. Sí, poderoso Monarca de los cielos, mi alma encuentra en ti su descanso al ver cómo, revestido de la forma y de la naturaleza de esclavo, te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles... Te ruego, divino Jesús, que me envíes una humillación cada vez que yo intente colocarme por encima de las demás. Yo sé bien Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa... Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: “¡Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!”.
Aprender
San Juan Pablo II señala que sólo una vez en la Escritura Jesús se refiere a su propio corazón, cuando nos instruye a aprender de su humildad y mansedumbre en Mateo 11. El Santo Padre concluye que nuestro Señor subraya estos rasgos “como si quisiera decir que sólo por este camino quiere conquistar al hombre” (Catequesis, 20 de junio de 1979).
Los santos, ante los desafíos de su época, miraron el corazón de Cristo como modelo para responder con humildad y gracia. San Claudio de La Colombière reflexionó sobre la actitud del corazón de Cristo en sus horas de mayor sufrimiento: cómo durante su pasión, su corazón permaneció firmemente dirigido a Dios, y a pesar de la traición de Judas y el abandono de sus apóstoles, Cristo no respondió con odio o indignación, sino con perdón. San Claudio se propuso “me represento, pues, a este Corazón sin hiel, sin acritud, lleno de verdadera ternura para con sus enemigos” (Ejercicios Espirituales en Lyon, octubre-noviembre de 1674, ibid., p. 71).
Actuar
La devoción al Sagrado Corazón nos permite dejar de lado nuestro orgullo y responder a los desafíos de la vida. San Vicente de Paúl nos enseña: “Todos pondrán también sumo empeño en aprender esta lección que nos enseñó Jesucristo... que, según Él mismo lo dice, con la mansedumbre se posee la tierra, porque con la práctica de esta virtud se ganan los corazones de los hombres para convertirlos a Dios, lo cual no pueden conseguir los que se portan con el prójimo de una manera dura y áspera” (San Vicente de Paúl, Reglas comunes de la Congregación de la Misión, 17 de mayo de 1658, c. 2, 6).
Utilicen este Examen de conciencia a la luz de la Enseñanza Social Católica para reflexionar sobre cómo están actuando según las enseñanzas de Cristo de amar con humildad y mansedumbre. Luego, concluimos con la oración de Santa Teresita de Lisieux: “¡Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!”.
Noveno Día – Consagración de los Estados Unidos al Sagrado Corazón de Jesús
Orar
Hoy consagramos los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús. Se anima a las parroquias y personas de todo el país a unirse a los obispos católicos de los Estados Unidos en esta ocasión histórica, comenzando con esta Oración al Sagrado Corazón de Jesús escrita para la consagración.
Sagrado Corazón de Jesús:
Tú conoces los anhelos de nuestro corazón y deseas que disfrutemos de tu amistad.
De tu costado traspasado has derramado el manantial de vida, del que tenemos sed.
Tu corazón arde de amor para que todas las personas vuelvan a tener una relación correcta contigo.
Celebramos los abundantes dones que has brindado a esta nación, fundada en las verdades evidentes que nuestro Creador ha dotado a todas las personas del derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
Ofrecemos reparación por las ofensas contra ti y contra la dignidad humana ocurridas en esta nación.
Que nuestros corazones se unan al tuyo, para que nuestras familias y comunidades gocen de paz y felicidad; que las relaciones dañadas se reconcilien, las injusticias se reparen y las heridas de nuestra tierra se sanen.
Que tu santa Iglesia católica sirva de signo, mostrando a todos tu amor infinito.
A ti, que eres el Deseo de las Naciones y el Centro de la Historia, te pedimos que bendigas a estos Estados Unidos de América.
Tú que vives y reinas con Dios Padre
en la unidad del Espíritu Santo,
Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, ¡ten piedad de nosotros!
Inmaculado Corazón de María, ¡ruega por nosotros!
Aprender
¿Por qué nos consagramos al Sagrado Corazón de Jesús? En el primer acto de este tipo, en 1899, cuando el Papa León XIII consagró el mundo al Sagrado Corazón de Jesús, escribe en su encíclica, Annum Sacrum: “Puesto que el Sagrado Corazón es el símbolo y la imagen sensible de la caridad infinita de Jesucristo, caridad que nos impulsa a amarnos los unos a los otros, es natural que nos consagremos a este corazón tan santo. Obrar así, es darse y unirse a Jesucristo”.
De igual modo, en la carta de San Juan Pablo II Mensaje con motivo del Centenario de la Consagración del Género Humano al Sagrado Corazón, reflexionó sobre la necesidad de un espíritu misionero de la Iglesia que brota de la consagración al Sagrado Corazón: “La consagración así entendida se ha de poner en relación con la acción misionera de la Iglesia misma, porque responde al deseo del Corazón de Jesús de propagar en el mundo, a través de los miembros de su Cuerpo, su entrega total al Reino, y unir cada vez más a la Iglesia en su ofrenda al Padre y en su ser para los demás”.
Además de llevarnos a una unidad más profunda con Cristo, la consagración al Sagrado Corazón también revela un mensaje que San Juan Pablo II llamó “necesario para la humanidad contemporánea”: Sólo en el amor de Cristo podemos descubrir la mansedumbre y el perdón necesarios para resolver los conflictos que hieren nuestro mundo (Ángelus 2002).
Actuar
Al concluir esta Novena al Sagrado Corazón, reflexionamos con el Papa Francisco en Dilexit Nos. “A veces Jesús nos habla interiormente y nos llama para llevarnos al mejor lugar. Ese mejor lugar es su propio corazón. Nos llama para hacernos entrar allí donde podemos recuperar las fuerzas y la paz: ‘Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré’ (Mt 11, 28)” (n. 43).
Vayamos con este renovado sentido de fuerza y de paz, consolados por el gran amor que Jesús tiene por nosotros y transformados por el fuego misionero de su Sagrado Corazón.
Sostenemos como evidentes estas verdades
Mientras Estados Unidos de América conmemora el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia en 2026, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés) se une a esta celebración destacando las contribuciones de los católicos y el impacto de nuestra fe en la historia de este país.
En un momento histórico, los obispos estadounidenses consagrarán los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús el 11 de junio de 2026 e invitarán a todas las parroquias a unirse a esta consagración.
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